Cumpleaños parte 1
Sábado 7 de diciembre
El despertador sonaba con insistencia en aquella alcoba que ahora se sentía sombría y fría. ¿Cómo era posible esto, cuando la noche anterior el omega y el alfa se entregaban para satisfacer sus más bajos deseos, inundando aquel lugar con sonidos vulgares que se podía jurar que se escuchaban por todo el departamento del peliblanco?
Satoru tenía la esperanza de que su alfa se encontrara aún dormido a su lado, pero al pasar su mano hacia el costado de su cama, la encontró vacía.
Sin mucho ánimo, se sentó en la orilla de su cama, estiró su brazo para tomar el despertador que se encontraba en la mesita de noche para apagarlo. Al tomarlo, vio una nota que estaba doblada. Sabía quién la había dejado ahí. No quería leerla, pero le ganó la curiosidad.
Feliz cumpleaños, mi amor. Perdón por haberme ido sin despedirme, pero estoy un poco ocupado. Te prometo que volveré pronto y, cuando menos te lo esperes, estaremos juntos de nuevo.
Te amo mucho.
Att: Sukuna Itadori
Posdata: Tu regalo se encuentra en la isla de la cocina.
Satoru solo suspiró, se levantó y fue directo a la cocina. Tal como decía la nota, ahí se encontraba su regalo. Pasó de largo para dirigirse al refrigerador y tomar una botella de agua. Destapó la botella y le dio un trago, pero no podía ignorar la caja. De verdad no quería abrir el regalo, pero otra vez la curiosidad le ganó. La caja aterciopelada de color rojo resaltaba en la isla. La tomó y quitó la tapa de la caja. Una pequeña sonrisa adornó su rostro, no, no era de felicidad, sino más bien de ironía: el mismo regalo que le ha estado dando durante estos tres años... Un brazalete de oro rosado y piedras incrustadas y el grabado de siempre: "Te amo Satoru". Cerró la caja con brusquedad y dejó el regalo en el lugar donde lo encontró.
Con rapidez, caminó hasta su alcoba, subió a su cama y se cubrió con las sábanas. Aún se podía percibir el olor a licor de chocolate del alfa pelirosa, ese olor que lo embriagaba y amaba con todo su ser.
El peliblanco era consciente de que debía dejarlo. Ser la amante de aquel alfa le hacía daño, no solo por estar destruyendo un matrimonio sólido, sino también se estaba destruyendo a sí mismo.
¿Por qué conformarse con migajas?
Él era un Omega hermoso que podía tener a cualquier alfa a sus pies. Cada vez que trataba de hablar con él para terminar con su absurda relación, su aroma lo envolvía y hacía que su omega pidiera por ese alfa que lo volvía loco. Le gustaba la forma en cómo lo tomaba y lo hacía suyo, además de lo posesivo que era con él... ¿Se podía considerar masoquista?
A su mente le llegaban miles de ideas, se regañaba a sí mismo, pero siempre llegaba a la misma excusa: no podría vivir sin él.
Los pensamientos de Satoru se vieron interrumpidos al escuchar que el timbre de su departamento sonaba con insistencia. No quería abrir la puerta, pero tenía una vaga idea de quién llamaba. De mala gana, salió de nuevo de la cama, caminó hacia la puerta y, al abrirla, sus dos mejores amigos le gritaban emocionados:
"¡Feliz cumpleaños, Toru!"
Shoko y Suguru traían consigo globos, su comida favorita, postres y, sobre todo, un pastel. El albino no esperaba que lo sorprendieran de esa forma. Dejó pasar a sus amigos a su departamento. Solo por esa tarde, dejaría de pensar en su tormento y se dejaría mimar por sus amigos, en este día tan especial.