Capítulo único
Bill miraba con escutrinio a su hermano, no era posible que realmente lo ignorara, Heidi había acaparado casi todo el tiempo de Tom, y su maldito hermano estaba permitiéndoselo. Era inconcebible, el trato no era ese, no podía Tom ser en su totalidad parte de aquella bruja. Tenía que hacer algo y pronto.
El primer intento fue en el desayuno, inclinándose sobre la mesa, preguntándole sugestivamente si iba a desear más huevos pero Tom, sin dejar de reírse con Heidi ni lo oyó.
El segundo intento fue cuando Tom quería ir al baño con urgencia, Bill se ofreció a darle una mano y él sólo rió ante el comentario y fue al sanitario.
El tercer intento fue cuando estaban en la piscina, se había puesto una tanga que mostraba la cantidad de piel adecuada para captar la atención de Tom, sin embargo, justo cuando iba a cantar victoria, entró la abuelita en escena en topless, haciendo que Tom se lamiera los labios y Bill sintiera agruras.
La sensación de tener el ego herido era algo que no era digno de un Kaulitz, así que sin importarle que recién se hubiera metido al agua, salió de ella para buscar solucionarlo ahora mismo.
...
Sonrió satisfecho frente a su reflejo, el estilista asintiendo en aprobación frente a su nuevo look. Su rubio californiano era por mucho superior al de Heidi y Tom lo vería.
...
Bill llegó con toda la seguridad del mundo, y muy aparte, cargado de determinación. Encontró a Tom viendo televisión con Heidi en la sala, y se hizo espacio entre ambos para sentarse.
—Wow, Bill, me gusta tu nuevo look —halagó Heidi, tocando su cabello sin consultarle, cosa que detestaba pero no iba a mencionárselo, Tom giró a verle y parpadeó, evidentemente notando el parecido entre ambos.
—Sí, te queda muy bien —coincidió Tom. Bill sonrió con autosuficiencia.
—¿Me ayudas con unas cosas, Tom?
El mayor asintió y Bill lo tomó por la mano para ir hacia su habitación.
—Dime, para qué soy bueno.
Bill lanzó a Tom a la cama y subió encima suyo.
—Me has tenido muy desatendido, Tomi. Y aparte tienes que notar que luzco mucho mejor que Heidi el rubio —dijo Bill peligrosamente cerca de su rostro, con mirada predatoria. Tom tragó saliva sin notarlo.
—Perdón, Bibi, sabes que tengo deberes maritales.
—Los cuales me importan un carajo porque sabes que eres mío —sentenció Bill, tocando su entrepierna con dureza. Tom gimió frente al roce, y Bill sintió cómo iba creciendo en su mano.
—Sí... Soy tuyo, Bill.
—Así me gusta... —susurró contra sus labios, para luego besarlo e ir bajando con sus besos por su cuello, alternando el gesto con lamidas, mordiscos, nada que dejara marca...
Se separaron sólo para desvestirse con apremio, la puerta estaba asegurada, pero igual sabían que Heidi no interrumpiría el “tiempo de gemelos”, al cual en reiteradas ocasiones había querido unirse pero sin nunca conseguirlo.
Bill vio satisfecho cómo latía el miembro de Tom, dando un respingo contra su vientre, totalmente receptivo cuando lo tocó, como si acariciara la piel de su mano, abrió su palma y fue bajando el roce hasta sus testículos, aculándolos con gusto, masajeándolos, haciendo que Tom se derritiera bajo suyo.
Tom sin esperar indicaciones, sacó lubricante del buró, y jaló a Bill por las caderas, el cual sonrió por lo ansioso que tenía a su hermano. Se giró en un exquisito 69, donde su gemelo lamía su perineo para luego introducir dedos, uno a uno, tanteando y curvándolos, mientras que él se derretía, estremeciéndose, llenándose de saliva mientras succionaba su miembro ahuecando la mejilla, el sabor salado... A piel, a la piel de Tom... El sentirlo latir en su boca, el que moviera sus caderas para más profundidad hasta casi ahogarlo por momentos hacía que blanqueara los ojos, podía sentir su preseminal goteando en el pecho de Tom.
Cuando Tom le apretó las nalgas supo que era la señal de parar, se giró para sentarse en su pene.
—Dime que soy mejor que esa perra...
—Tú eres una perra por mucho superior...
—Dímelo —pidió Bill, moviéndose tortuosamente lento, haciendo que Tom sintiera que iba a venirse en aquel instante.
—Eres mejor que Heidi...
—Y que me queda mejor el rubio —pidió mientras daba sentones sobre Tom, haciéndole morder su labio inferior por la sensación de entrar y salir de aquella caliente y apretada cavidad.
—Te ves mucho mejor en rubio que ella... —mencionó casi sin voz.
Bill amaba sentir aquel poder, de estar siendo penetrado pero con el completo dominio en la cama, la sensación de sus entrañas recibiendo a Tom era placentera y sanaba a su ego herido, principalmente por cómo lucía su hermano bajo suyo, tan fuera de sí mismo, con manos temblorosas aferrándose a sus caderas, a punto de correrse... Se masturbó a sí mismo, embebido con la doble estimulación rodó los ojos, sintiéndose lleno, Tom se había corrido adentro, provocando que Bill lo hiciera como efecto dominó.
Salió de encima suyo y se echó a su lado, viéndolo sudado y sonriente.
—Diablos, si va a ser así cada vez que ge ignoro lo haré más seguido —comentó Tom, Bill le dio un puñetazo en el hombro—. Ouch.
—No seas imbécil, si me ignoras llegará un punto en que dejaré de insistir y te irás a la mierda.
—Prometo que evitaré ignorarte, Bibi —soltó Tom con solemnidad, viéndole fijamente.
—Más te vale.
Así fue que Tom entendió que el rubio californiano le quedaba por mucho mejor a Bill que a Heidi, y que no debía ignorarlo o podría pagarlo muy caro.