LA NUEVA CONDESA

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Summary

Cárpatos, 1872. Atravesar el viejo continente hasta Žilina por la invitación de una dama muerta era un caso que no pude reprimirme desentrañar. La nueva condesa ha tenido la cortesía de hospedarme; y, ella, me ha advertido. Los lobos aúllan una canción de cuna y la luna llena ejerce su poder. Silencio entre la niebla, cuando viene la noche. Temo que sea demasiado tarde. Para mí y para el amor que he descuidado. Son arrebatados mis deseos y recuerdo tan sólo sus palabras: "Porque él nos ha librado de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado hijo, en quien tenemos redención; y, por su sangre, el perdón de los pecados." Jamás creí en tales cosas, pero en esta tierra no puedo eludir ampararme en la fe.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

EPÍLOGO



Primavera

31 de Marzo



Londres, 1873


Ciertamente, si tras lo sucedido sigo hoy aquí, es algo incomprensible que no sabré relatarles ni explicarles. Cuando le demandé al portero del edificio al respecto, éste me comunicó que el cochero de la condesa me trajo hasta casa, estando yo en ebrio estado y con ciertos delirios que él mismo pudo comprobar; y le permitió el acceso sólo al recibir confirmación no persuasiva por mi parte. El criado de la noble dama se marchó en cuanto yo estuve a resguardo, entendí. La mañana siguiente, sintiéndome yo aturdido; tal vez por el viaje de retorno —sigo sin recordarlo— o por mi estado febril, encontré el diario con mi crónica en distinto estado en que yo lo hubiera dejado: con sangre, en el bolsillo interior de mi abrigo. Mi sangre, creo. —¿Cómo puedo saberlo?— No negaré mi turbación ante este hecho, puesto que sin duda hubo la condesa de haberlo leído durante mi estancia en castillo; y, sin embargo, me ha permitido conservarlo, sabiendo que iba yo a concluirlo y a ponerlo en conocimiento. No consigo discernir su motivación ante esto, ¡de no ser que, efectivamente, lo que pretenda es que me tomen por loco! Aun así, y considerando mi estado, debo yo de hacerlo público. Tras páginas por mí escritas, en referencia a las revelaciones contraídas y divulgadas por el doctor Martin Hesselius —y convencido yo, a su vez, de la muerte de la dama con la que mantuvo él extensa correspondencia—, recibí un correo remitido por la misma, el cual he de presentarles:




Carta de Invitación


A la atención de,

Det. Insp. M. Holt:


Esta carta le será algo desconcertante, dadas las noticias que obtuvo usted sobre mi muerte… Recientemente, he sido informada de su investigación y, ante la posibilidad de entablar una relación postal que atendiera el asunto de mi pasado que ambos conocemos, he sopesado el tratamiento de una reunión formal con mi persona. Me complacería si aceptara usted la invitación a mi residencia. He considerado nuestro encuentro como el inicio de una revelación que sacudirá los cimientos de sus creencias; y he ordenado, por tanto, que preparen su alcoba para el tiempo que desee usted instalarse, mientras le arrojo yo luz con la verdad. Puede tomar sus notas al respecto, sé que esto le hará más feliz; luego, cuando todo el conocimiento sea puesto en sus manos, podrá usted decidir qué hacer con él. Así pues, me he permitido reservarle un pasaje para cuando ya esté en Žilina, Eslovaquia. La diligencia saldrá la madrugada siguiente a las 3:00 de la hora nocturna, desde la misma calle de la Posada Paprika. Tiene allí un cuarto reservado a su nombre, donde podrá disfrutar de las delicias culinarias de mi tierra, a su llegada. A la hora marcada, el cochero le esperará de pie en la entrada, con el carruaje dispuesto; cargará su valija y podrá concluir la travesía hasta mi paradero. El invierno transcurre aquí con más fiereza —y el viaje le llevará algunas jornadas—, abríguese usted. No aceptaré una negativa.

Deseo, por tanto, despedirme hasta entonces. Tenga usted un agradable viaje.

PD: Tome la ruta del norte para cruzar el viejo mundo hasta Žilina, se sentirá usted más seguro. Insisto en esta petición. Hay cosas que cambiarán su percepción de lo conocido.

Condesa Raula




He de considerar el hecho de haber deseado yo mismo más que ella tal encuentro, por lo que me emocionó la oportunidad de conocer su historia. Tal vez por este motivo, no reparé debidamente en… su rúbrica. Preparé mi ropa de abrigo y mi set de afeite, junto con algunas hojas y tinta para mis cartas, todo en una valija; y me dispuse a partir hacia el este desde Londres. Tenía la intención de continuar mi correspondencia con el Dr. Hesselius y ponerle en asunto acerca de mi visita próxima a tierra no lejana a su fallecida informante, y obtener de este modo una resolución a mi investigación, la cual pudiera calmar su acuciada ansiedad. No pude, sin embargo, percibir el peligro que esto significaba. ¿Estaba ella viva? ¿Con más de un siglo de existencia? ¿Quién era la condesa? Había de ser cauto y no despacharme con respecto a su no muerte, esto pudiera incrementar sus delirios; y desconocía, ciertamente, si existía tal condesa, en todo caso. Francamente, aunque la dama no perteneciera a la nobleza por sangre, quizá su buena posición le hubiera permitido desposarse con el conde de aquellos lares, por lo que no le di importancia. Toda mi búsqueda se resumía entonces en alguien capaz de ofrecerme lo que tanto deseaba. La diferencia entre un detective propiamente y un detective investigador de lo oculto reside en que el primero halla las pruebas para reconstruir los hechos y resolver el caso —con la intención de atrapar al sospechoso—; el otro, ha de hacerlas suyas y, por tanto, ha de vivirlas. En las sospechas, queda impresa nuestra fe. Indudablemente, lo que concernía a esta carta iba más allá de toda evidencia. De ser cierto, tenía la prueba definitiva. El viaje me daría la oportunidad de hablar con las gentes de aquella tierra lejana y conocer sus supersticiones; sólo así descubriría si estaban fundadas o eran una mera superstición.