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Aquél polvo blanco se encontraba puesto con sumo cuidado en la orilla de la mesa, era una pequeña línea. Varios de los presentes ya lo habían inhalado, así que su cuerpo no tardó en reaccionar a tal alteración.
Algunos sonreían a la nada, otros solo se relajaban. Parecían tan idos en su propio mundo, así podían tener a alguien teniendo sexo a su lado y no lo notarian. Había alcohol por dónde miraras, música en su máximo volumen. Pero lo que reinaba en ese lugar era aquel polvo blanco.
Sujeto su cabello rosa, no quería que resultará manchado. No era la primera vez que hacía ésto y estaba segura que tampoco sería la última.
Calo un poco al momento que el polvo entró en su nariz, después de eso todo se volvió felicidad. Recosto la cabeza sobre el sillón que estaba atrás, dejo que la consumiera aquella felicidad dada por la droga, al igual que ignoro cuando todos empezaron a gritar y correr fuera.
- ¡Mierda Jimin! jodida drogadicta, debemos irnos ya-, El baso sobre la mesa contenía algo, no tenía tiempo para averiguar que era, solo lo arrojo contra el rostro ajeno. - ¡Vamos!-
- Señor, la policía está cerca, debemos salir ya de este lugar-
Ella aún estaba aturdida, por eso se encontraba sobre el hombro de su novio, sonrió al ver a un policía correr tras ellos. Su cerebro no procesaba que si los atrapaban la diversión acababa.
- Investiga quien nos traicionó-
- Descuide, tendrá a ese idiota frente a usted mañana-
- ¡Eres un imbécil!-, Se burló. - Por eso siempre te encuentran-
- Estás tan drogada que dices puras estupideces. Si me atrapan, tu caes conmigo, tú ayudas en este negocio. Recuerda amor, estamos juntos en esta mierda-, Sello sus palabras con un tosco beso.
Era verdad, más de una vez ella llevo mercancía fuera del país, ella cerraba tratos. Estaba hasta el cuello en ese negocio de porquería.
- Dame más-
- No consumas la porquería que vendes, esa es la primera regla-
- Métete tu regla por el culo Hyunjin, dame lo que te estoy pidiendo-
- No más viajes por hoy. Sabes controlar esto, lo dejaras por un tiempo-
- Jodete-
No era como si ocupará estar todo el tiempo drogándose. Normalmente lo hacía cuando iban a fiestas o quería olvidar en donde estaba metida, la relación de ellos dos era bastante peculiar. Por no decir tóxica, seguían juntos porque les convenía, Jimin tenía como convencer a las personas para comprar la mercancía, Hyunjin era quien le daba los contactos.
Los dos ganaban, dinero, placer, no podían decir que eran novios pero tampoco lo podían negar. Ellos podían pelear todo el día, desearse la muerte y siempre seguirían juntos, nada que un buen sexo no arreglará.
Así era hasta esa noche o eso pensó Hyunjin, pensó que todo inició en aquella noche.
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Sabía que corría peligro en ese lugar, era territorio enemigo. Le importaba una mierda, si quería alejarse de Hyunjin debía encontrarlo a él.
Entre todas esas personas que bailaban sin parar, mandando a la mierda el espacio personal, importando poco si se conocían o no a la hora de compartir un beso, de irse a una habitación. Ella estaba segura que a quien buscaba no estaría abajo con sus clientes.
- No puedes entrar-
- Cuando tenga a tu jefe entre mis piernas, le susurré tu nombre y hare que te mate-, Regreso a la mesa donde estaba anteriormente.
Tenía que darse prisa antes de que Hyunjin notará su ausencia. Sentía un par de ojos sobre su espalda, fue cuando giro y lo miro.
Tan atractivo como siempre, sus miradas siempre estuvieron conectadas, aún cuando él llamó a uno de su guardaespaldas. No supo que le dijo hasta que se acercó a ella y la llevó a dónde estaba su objetivo.
Quería reir como nunca al ver que una mujer pasaba por su lado, su expresión no era nada alegre.
- Eres muy valiente al estar aquí-, Una de sus manos rodeo la delgada cintura, mientras que con la otra delineaba el escote. - Podría poner una bala en tu frente y nadie haría nada-, Sello sus palabras con una leve mordida en el cuello ajeno, mordida que dejó una marca.
- No serías capaz de matarme, no cuando te he dado placer como ninguna otra-, Finalmente hizo lo que tanto deseaba, besarlo a su antojo.
Era un beso feroz, uno que carecía de sentimientos. La corta falda se terminó de alzar apenas estuvo sentada en el regazo de aquel hombre.








