Capítulo 01
Agencia 1-0-3
Volumen 01: Iniciación.
Por Marco A. Udave & Luther A. Lehmann.
Idea y concepto original de Marco A. Udave.
1.
Septiembre 23 de 1997, aeropuerto internacional de la Cuidad de México.
Por más vueltas que le diera al asunto en su cabeza, Jessica Rivkin, estaba más que ansiosa por comenzar su misión. Se encontraba en el avión con su mesa en posición horizontal dándole un repaso a los informes. Escalofriantemente, los análisis estadísticos revelaban una relación entre los desastres naturales o crímenes atroces y de naturaleza “extraña” que han ocurrido en los últimos meses, en ciudades donde previamente el Yunque había hecho acto de presencia política. Sin embargo, al principio sus compañeros se miraron escépticos. Hasta donde se sabía esa organización estaba compuesta por humanos comunes y corrientes, con influencia y poder sin duda, pero comoners. Y siendo una rama política tan radical y fundamentalista, sería ilógico que se hubieran hecho de algún instrumento demoniaco para sus fines. Aunque no carece de sentido, si es que se piensa de manera tan sínica, como para llegar a la conclusión de que los líderes de dicha organización no se creen ni una palabra de lo que predican.
Más adelante la nueva agencia tendría que dar con las pistas de que posiblemente haya espers de varias clases que por alguna u otra razón está poyando a la organización. No había otra explicación plausible. Pero eso no lo averiguaría si no hasta arribar a su destino. Antes que nada, su deber era localizar y reclutar a un esper para la organización, que, aunque ella no lo comprendiese, era de suma prioridad.
Por el expediente que había leído en el informe, una melancolía terrible le invadió su cuerpo, aunque sin que esta lograse cambiar la expresión tranquila en su rostro. El chico al que tenía que contactar primero prácticamente tuvo en su juventud y posiblemente en la actualidad una vida de mierda. Pero tal vez no se comparaba con lo que había vivido en el pueblo de mierda donde ella paso sus primeros años.
Jessica era una muy guapa chica pelirroja. Mestiza, medio judía, medio rumana. Y había vivido su juventud en la Rumania de Ceausescu. Apenas atesoraba algún recuerdo feliz de sus padres, ya que la vida en ese lugar era bastante dura. Recordaba remotamente el jugar y el reír con su madre caminando largas horas de regreso de las extenuantes y largas filas del mercado. O aquellas pocas cenas en que podían reunirse, para comer algún pobre pájaro desafortunado alcanzado por las postas del cartucho de la vieja escopeta de su abuelo en aquellos primero años antes de que se mudaran a Bucarest.
Hasta ese día, se preguntaba cómo sería su vida a esa edad, si es que jamás hubiera ocurrido aquel genocidio orquestado por el ejército comunista. Probablemente seguiría siendo una campesina que lo más lejano que habría visto en su vida, sería alguna costa en el mar negro. Puede que hubiera terminado como una gris burócrata en la Rumania posterior a la Guerra Fría. O traería en su panza un pequeño ladrón de nutrientes que perteneciera algún chico esbelto que se la pasara todo el día recogiendo y guardando paja en el granero de la granja de su tío. Eso no lo sabía, pero seguramente, sería una mujer distinta de lo que es ahora. Algunas veces soñaba con semejante vida, pero sabía que eso jamás pasaría. Por más que tuviera la sensación de soñar. Se preguntaba al mirar por la ventana, cuando se había vuelto tan fría y tan inexpresiva. Sentía que toda su vida había sido una guerrera que vio demasiados inviernos. Y al haber servir en su juventud para la agencia en cierto modo se podría decir algo similar.
Trataba de recordar el por qué era un “refrigerador andante”, como en más de una ocasión le habían llegado a decir algún que otro de sus pretendientes, que habían salido enfadados del pub, cuando ella les había dejado en claro a veces de modo cortes a veces de un modo muy directo que eran unos imbéciles. No estaba segura, pero probablemente era el recordar a su padre con la cara desecha de una lluvia de balas, y el rostro de su madre ensangrentado y en lágrimas que le suplicaba que corriera, que fuera fuerte y que no volteara atrás jamás.
Alrededor de las 6 P.M. hora local de la Ciudad de México, había podido atravesar la aduana y que las autoridades correspondientes pusieran el sello verde característico sobre el visado de su pasaporte. El guardia fronterizo, al ver el pasaporte rumano le había hecho una pequeña broma, diciendo que, en México, no solían recibir vampiros con frecuencia. Hablando un pésimo inglés, al estilo de un salvaje en una película de John Wayne. Lo que Jessica hace es solo mirarle con esa misma expresión neutral. Primero le mostró que perfectamente podía hablar castellano. Acto seguido, le felicitó por saber si quiera en qué país se localizaba Transilvania, aunque el verdadero Vlad Tepes nunca estuvo en el castillo de Bran. Le recomendó separar la ficción de la realidad. El guardia perdió la sonrisa al ver que la chica le comentaba eso el mismo tiempo que guardaba su pasaporte en su bolso sin mirarle a los ojos mientras murmuraba entre dientes un sentido ”mamona”, cosa que Jessica escucho, pero ignoro como solía hacerlo ante esa clase de improperios.
En la gran sala de espera del aeropuerto Benito Juárez, estaban esperándola dos agentes de la PGR, que estaban al tanto de quien era su respectiva invitada. Uno de ellos, de tez clara, llevaba un cabello quebrado y revuelto, además de vestir untraje ya algo pasado de moda. Su corbata estaba desalineada, a la par de que su camisa ya estaba casi desfajada. Solo estaba de pie mirando ir y venir a las personas sosteniendo una bolsa de cacahuates japoneses, mientras los masticaba con la boca abierta. El otro agente era un chico esbelto y de piel oscura, con el cabello corto, casi rapo. Su manzana de Adán era prominente, y tenía unos largos dedos. Su aspecto hacia parecer que el moderno traje negro que llevaba puesto lo hicieran lucir como un niño que jugaba a ser su papá.
Este último sostenía un cartón que decía “Rivkin”, y el oficial que masticaba los cacahuates, le pregunta:
- ¿Te aseguraste de escribir bien el nombre?
- Si no soy tú. ¡Por dios! ¿Con lo que “¿La Señora” te paga, no te puedes comprar mejores ropas?
- Ya me conoces Renaldo, prefiero gastármelo en otras cosas. – Lo dice aun teniendo cacahuates en la boca.
- Si, ya me imagino. Pareces un puto adicto a los pericos. Me das asco guey.
- Si silo que digas “Milhouse”.
El detective voltea a su izquierda, en dirección a los accesos al aeropuerto y ve salir a una atractiva joven pelirroja, que vestía un entallado y elegante vestido tipo Chanel, una chamarra con unas botas negras y altas, aquella joven no solo era bella, el solo verla andar era un verdadero espectáculo.
- Oye Renaldo, ¿esa belleza de pelos rojos no es quien buscamos?

Renaldo saca una carpeta de su portafolio, cual estaba en el suelo de lado de su pie izquierdo, y saca la capeta de archivo, con un sello que decía “clasificado”. Comparó a la mujer de la fotografía con la que había salido de la puerta y responde positivamente.
La mujer había volteado en su dirección y esta se acerca a ellos.
- ¡Qué nervios! – Exclama Renaldo. – Estuve practicando ingles estas semanas. Espero poder hablar con ella más allá de los negocios si me entiendes.
El otro oficial acabándose sus cacahuates, le dice en tono de burla:
- Por favor, te apuesto quinientos pesos a que ni te va a entender.
Hector, quien tenía el cartón en sus manos se aproxima a esa mujer y se presenta, hablando en un paupérrimo inglés:
- “Good morning miss, mi name is Renaldo, i commander from PGR agency, this is partner”
- Señor, ahórrese las molestias. no tiene por qué hablar así conmigo. Puedo hablar castellano perfectamente.
El comandante Renaldo se sonroja un poco. Mientras su compañero lo miraba de manera burlona.
- Usted debe ser la agente Rivkin.
- Así es. – Responde de manera neutral.
- Soy el comandante Renaldo Francos, y mi compañero el subcomandante Héctor Serrano. Le advierto que tiene una personalidad un poco extravagante.
- Supongo que ustedes son quienes tienen autorización sobre los asuntos de “AGENCIA”.
- Desde luego señorita Rivkin, “La señora” se toma muy en serio su trabajo.
- “¿La Señora?” – Pregunta extrañada.
- Si, nuestro jefe. – Masculla Héctor.
La chica rumana hizo una expresión de no entender.
- Le pusimos ese apodo porque es un gordo seboso, asqueroso y mal oliente, con nalgas de señora tamalera, o de esas que lavan ajeno.
Ambos sujetos se ríen, al recordar el por qué el apodo de su jefe, pero sus expresiones cambian cuando ven que la expresión en la rumana no cambió en lo más mínimo.
- Bueno permítame que le ayude con la maleta señorita.
- Se lo agradezco. – Renaldo toma el equipaje de la agente rumana mientras regaña a su compañero que debía ayudarle con su otra maleta de mano.
Se dirigían a la salida para tomar un pequeño carrito que los dejara cerca del estacionamiento.
- Dígame señorita…
- Rivkin.
- Señorita Rivkin. ¿Tuvo un buen vuelo?
- Si, gracias. – Masculla Jessica sin expresión.
- Dígame, ¿quiere que la llevemos a cenar algo antes de llevarla al hotel? Conocemos un sitio donde hacen unos estupendos tacos al pastor y te puedes servir toda la horchata de arroz que puedas tomar. – Decía Renaldo, llevando tras de sí la maleta con ruedas de la agente Rivkin.
- No, gracias. Prefiero que me lleve al hotel que me asignaron para descansar y comenzar a trabajar en el caso a primera hora mañana.
- Bueno señorita se cambia de opinión avísenos. No puede dejar esta ciudad sin probar los tacos del Danny.
- Claro que sí. No se preocupe. – Dice Rivkin, sin voltearlo a ver.
Ambos sujetos ponen las maletas en su lugar, y justo antes de que Héctor pudiera abrirle la puerta Jessica la abre rápidamente sola y sube al auto en el asiento trasero.
El tráfico en la ciudad ya era de por si espantoso, mientras se dirigían a la colonia los doctores.
Héctor que estaba en el asiento del copiloto. Comenzó una boba conversación, en un fútil intento de amenizar el viaje.
- Es una linda noche. Por fin toca un poco de viento fresco, la ciudad de México es un cuenco caluroso en julio y agosto. Por no mencionar que la maldita nata de smog que cubre el cielo no deja respirar. Y como está Rumania señorita.
- Agradable, por estas fechas. Sin smog.
- ¿Dónde aprendió hablar español, señorita? – Pregunta Renaldo.
- En la academia militar de Moscú. Tenían una escuela de lenguas. Se hablar rumano, inglés, español, alemán, ruso, francés, y algo de mandarín. Con el respaldo Katherinne Gwilym.
- ¡Órale! Mis respetos señorita. Yo apenas puedo con el inglés. – Dice Renaldo.
- No se sienta tan mal. Hablo el mandarín igual que usted el inglés.
- ¿A si?
- Si. Como un salvaje.
Héctor se carcajea, de su compañero.
- Bueno, nuestro sistema educativo no es muy eficaz señorita. Es una mierda, como todo en este país, si bien entiende. – Trata de justificar Renaldo.
- Esa es la razón por la que sostengo esta conversación con ustedes. ¿No es así caballeros?
- Si. – Dice Héctor. – Desconozco que tan actualizada tenga su información señorita, pero esperamos que pueda determinar que, la inseguridad creciente en esta ciudad tiene algo que ver con lo que está pasando… con todo ese asunto del Yunque.
- ¿Que tan efectiva es su seguridad en “LI-Alfa”?.
- El hermetismo se mantiene, casi igual o mejor que el del banco de México. Pero si hemos tenido intentos de ataques, y por fortuna los Firewalls o lo que sea que lo proteja, los han repelido con éxito. Por lo menos me han informado de incidentes que concuerdan con la característica esper, pero como sabe las autoridades deben encubrirlo todo, y de ser necesario con una chica de grandes curvas en las portadas de los periódicos de la tarde.
- ¿La inseguridad ha crecido?
- Como la espuma. Y naturalmente esto beneficia a ciertas personas.
- A quien debemos buscar señorita, dentro de la carpeta clasificada hay otra que está sellada con una llave magnética que se abre con huella digital.
- Lo sabrá en su momento, me quedaré con este informe. – Ella toma la carpeta que traía el detective.
- He escuchado tantas historias sobre estos seres. ¿Será seguro para nosotros el enfrentarnos a ellos?
- No se preocupen caballeros, llevo conmigo el equipo necesario. Ella dice esto, estando sentada en medio del asiento trasero. Sin voltearlo a ver, ella se poniéndose unas gafas rectangulares de armazón dorado ya que al doblar en una esquina el sol pegaba directamente en el rostro de Jessica limitando su visión.
Se le queda mirando un poco Héctor y le comenta:
- Se le ven bien esos lentes señorita. – Ella le voltea a ver, mientras el sujeto le sonreía
- Tiene un trozo de maní entre los dientes.
El expresivo del tipo cambia radicalmente, y de inmediato se dirige la mano a la boca. La chica prosigue con la lectura de sus documentos.
Finalmente, después de una hora y media de trafico insufrible. Llegan al hotel San Juan, donde tenía su reservación por parte de la PGR. Era imposible para los dos sujetos discernir si es que la chica rumana estaba decepcionada por que el edificio lucía como una casa de dudosa reputación. Cuando los tres bajaron del vehículo. Ambos hombres le ayudaron a bajar su equipaje, y le entregaron sus números de bíper y sus tarjetas de presentación. Junto con el número de sus departamentos. Amablemente se despiden, esperando poder verla mañana para empezar.
- ¿Y cómo la vez?
-La verdad no entiendo porque es tan joven, además es una payasa, a de pensar que por estar buena puede ser una sangrona.
-Esa actitud mamona, como le llamas no me preocupa. Desde que supimos todo este desmadre por casualidad, ni la Señora ni nadie importante de la “procu”nos dice más, aparte nos piden que no preguntemos, y ya sabes cómo es cuando dice “no preguntes”. Si no hubiéramos presenciado lo que paso con ese “muchacho salvaje” en Puebla pensaríamos que esto es algo sacado de una de esas caricaturas de monos chinos del canal 7.
Ambos hombres quedan en silencio un momento y miran de reojo a Jessica. Cuando ella finalmente cruza la puerta del hotel ambos sujetos se retiran para buscar algo que cenar. La chica se pone frente a recepción y pica unas tres veces la campanilla sobre el mostrador. Se aparece detrás de los armatostes una señora de sesenta y tantos años que tocia, y con voz ronca le recibe para atenderla.
- Si señorita en que le puedo atender.
- Tengo una reservación para este hotel a mi nombre.
- Y usted es…
- Jessica Rivkin. Aquí muestro una copia de mi pasaporte.
La anciana se acerca a la vieja computadora tras el mostrador y verifica su identidad y su reservación. Y le da las llaves del cuarto 12 del tercer piso. Llama a un joven que le ayuda con el equipaje, el cual inevitablemente queda sorprendido al ver a la bella pelirroja. En lo que el joven se despabila y predispone a dirigirse al cuarto de Jessica con el equipaje, esta presta atención a un aparador con un montón de cajas de películas en VHS.
- Si que tienen buen repertorio. – Comenta Jessica en tono desinteresado.
- Temo que todas están ocupadas niña. Pero tengo disponible… ¡esta! – Tose la anciana. – Es una película muy especial que me piden a veces los clientes.
- ¿A si?
- Sí. Es de policías y ladrones. – La anciana tose aparatosamente, mientras le entrega la película en una caja sin portada.
Cuando llegan a su habitación el nervioso joven le abre la puerta y le entrega las llaves a Jessica, sonriente este le desea una buena noche. El cuarto apestaba a tabaco y café. Las lámparas estaban sucias lo cual hacía un ambiente un poco obscuro. Y el decorado en acabado de madera, estaba muy pasado de moda. El baño estaba limpio al parecer, pero no tenía buena pinta. Podía oírse el gotear cavernoso de la ducha, una pocilga. Aunque esto no era ni de lejos el sitio más lúgubre dónde se ella se aposentara. Ella pone sus maletas en la cama para ponerse su corpiño, escuchando el murmullo de la ciudad, y los claxonazos de los automóviles.
Sentía curiosidad por el VHS que le había entregado la anciana decrépita, y lo reproduce en la videocasetera sobre el viejo televisor Sony de 20 pulgadas. La cinta no estaba rebobinada pero la videocasetera se puso en Play automáticamente. Y aparece la imagen de un preso con el torso desnudo y los pantalones abajo, teniendo sexo con una guardia de seguridad, cual tenía grandes senos. La mujer en el video gemía como una loca, diciendo palabras sucias al hombre que la penetraba. Mientras este le daba fuertes azotainas.
Jessica gimotea, con algo de sorpresa en su rostro. Mientras mascullaba.
- ¿Se supone que esto me debe dar risa?
De pronto, de un modo improvisto y súbito se escucharon relámpagos. Cuando llegó a la ciudad no había indicios de tormenta. No podía adelantar conjeturas, pero ¿y si era el significado de que alguien sabía que ella había arribado a la ciudad? Después de todo sus experiencias previas como agente a prueba ya le habían enseñado a hacerle caso a si instinto.
Apagó el televisor y desempacó su equipo del maletín grande. Y activo una diadema que sostenía unas lentillas de cristal, que funcionaban como un medidor para detectar radiación esper, junto a ello una computadora de un modelo especial, una tecnología algo avanzada para las computadoras comerciales. Y evidentemente, los instrumentos chisporroteaban al detectar la presencia de un esper. Y era de los grandes.