Píntame la vida a colores

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Summary

Ojalá pudieras elegir de quién te enamoras, porque cada vez que lo hago, la cago. Me enamoro de quién menos me conviene, de quién me va a complicar la vida y esta espero y ruego que esta vez sea la excepción y elija a la correcta. Estoy entre la espada y la espada, porque en este caso ambas quieren un pedazo de mí o mejor aún me quieren entera ¿Pero con cuál me quedo? Por favor Dios, y Nona, guíenme para que elija bien.

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34
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18+

1 Hola, tipa desagradable

Griselda me ha insistido mucho en ir a pintar el negocio de una amiga de Giovanna que está por abrir, yo accedí básicamente porque necesito el dinero y ese mural que quiere que le haga no es nada barato. Le di un precio por pintar eso y todo el local, ser una experta el colorimetría, tenía que servir de algo, ojalá hubiera terminado de estudiar mi carrera en “artes”, pero un artista necesitaba, necesito el dinero todavía aún y no puedo estudiar y trabajar al mismo tiempo, los trabajos nunca me duran demasiado tiempo, porque me aburren o me siento asfixiada y renuncio luego de no más de 6 meses en el mismo lugar.

—Hola, buenos días me están esperando, con una reservación al nombre de Giovanna Ferrari —la recepcionista me mira con mala cara.

«Bueno eh, que con esa carita de vasija tampoco tienes porque mirarme mal» Cerebro no empieces «Ella nos vio mal primero» Lo sé, pero basta.

Me pide que la siga y diviso a la rubia de Giovanna en una mesa riendo con una castaña de pelo lacio frente a ella con ondas, al momento de verme me hace seña con la mano y se para recibirme, al voltear momento de que su acompañante voltea, veo lo hermosa que es, sus ojos cafés, las ondas de su cabello, su anillo de casada, está casada.

«No te preocupes es tan gay que se le nota el arcoíris» ¡QUE TE CALLES, PUTA MADRE!

Pero en cuanto ella me ve parece que ha visto un espectro, porque la cara de desagrado que pone que ni siquiera se molesta en ocultar. No entiendo que es tengo tan desagradable, me vine con los mejores pantalones que tenía, con una blusa bonita que me prestó Griselda, porque me dijo y cito “gritas lesbiana solo con respirar” ¿y qué tiene de malo que se me note que me gusten las mujeres? es mejor así no se me acercan los hombres.

Tal vez mi cabello castaño claro quedó aplastado por la moto, pero si me fijé antes de entrar en el reflejo del espejo que da a la calle y me veía bien, también me limpié los dientes y arreglé mi ropa, hasta me fijé el culazo que me hacen estos pantalones y me guiñé un ojo porque estoy di-vi-na. Tal vez debe ser por el pelo color azul que llevo debajo de mi castaño, o por le piercing en medio de las fosas nasales de mi nariz, pero si hasta me delinee mis ojitos verdes claros como una hetero lo haría, o una lesbianita linda y muy femenina «Nos gustan mucho las mujeres» Un montón cerebro, un montón, y no solo a ti o a mí.

Aparte me he venido muy bonita, hasta me miré en el espejo antes de salir de casa y casi me beso, pero me vi tan hetero que hasta se me fueron las ganas. La cuestión es que Erin no quita la expresión de su rostro ante mi disfraz de hetero, a mí me pareció linda hasta que vi su sortija y su cara de desagrado.

—Hola, espero no haber llegado tarde.

—En realidad estás justo a tiempo, Valentiana ella es Erin, Erin ella es nuestra artista, Valentiana, de la que tanto te hemos hablado tanto y tan bien.

Giovanna me hace sentir como si fuera la mamá orgullosa presentando a su hija, tomándome de los hombros colocándose a mi lado, y yo un poco me siento así, y no es por su edad, bueno un poco sí, es más grande que mi amiga y están casadas. La castaña se para y le estiro la mano para saludarla.

—Hola, un gusto —ella baja la vista a mi mano y no la toma—, me puse alcohol en gel y no tengo ninguna enfermedad contagiosa, radioactiva y mortal —Giovanna toma la mano de su amiga y la obliga a estrechármela, pero solo es un roce antes de que ella la aparte rápidamente.

—Nos sentemos —dice seria— ¿Has comido algo o toca alimentarte también?

—Sí, comí en un basurero antes de venir acá y estoy bastante llena —hace un gesto de desagrado y la rubia se ríe—, pero supongo que un vaso de agua no me vendría mal.

—Claro es lo que debe estar dentro de tu presupuesto —suspira negando con la cabeza.

«Ah, yo a esta la mato ¿quién se piensa que es?»

—Bueno Valen, estuvimos viendo tu Instagram con Erin —interviene Gio antes de quedarse sin amiga— y le ha encantado tu trabajo, quiere que diseñes algo para pintar el muro la pared de su nuevo local de batidos que está por abrir.

—Claro ¿tienes algún diseño en mente?

—Prefiero que no me tutees.

—Claro, prefiero lo mismo —le digo seria y saco mi tablet para diseñar lo que la doña quiere.

Me deja su celular en la mesa y me dice que vaya pasando las imágenes sacadas de pinterest, que van desde diseños tropicales con palmeras a diseños psicodélicos dónde parece que Dalí tuvo una orgía con unicornios, cocaína y mucho color lila. Tendrá el dinero y la apariencia atractiva, pero en cuanto a gustos se refiere, es el tipo de personas que seguro como una puta psicópata pondría un sillón blanco en su casa teniendo hijos y no faltaría de mal gusto el piano blanco también, seguro combinaría bien con una habitación blanca acolchonada «sí y bien insonorizado así se la pasan ambas ya tú sabes» Uy sí, que rico ¡Oye! ¿Qué haces aquí? «Soy tu cerebro, idiota, siempre estoy aquí, mono parlanchín»

—¿Tienes algún tipo de dificultad auditiva? —Giovanna explota en una carcajada y la miro sin entender— Te estaba hablando y parece que se tomó un tren a nunca jamás volver.

—Ella es así, a veces suele perderse en sus pensamientos.

—¿Tiene TDAH? —«¿Tienes ganas de morir? Mejor ni te la cojas» ¡Es que no me la voy a coger!— ahí va de nuevo, parece que el trencito chu chu, deja bastante seguido la estación.

—Ya terminé el primer boceto ¿quiere verlo o seguirá hablando mal de mí mientras estoy presente? algo que por cierto no es muy educado de su parte —ella se pone roja y no sé si de vergüenza o enojo, pero me vale un pito, bueno dos, bueno que sea una hectárea y mejor de vaginas «Amén hermana» Amén.

En cuanto ella ve el diseño abre un poco la boca y no se si es bueno o malo, solo sé que lo mira y me mira, como que no puede creer que esto que le he entregado haya salido la hippie roñosa que tiene en frente. Espero un momento y le pregunto si le gustó, pero está muy enfrascada pensado.

—Parece que la del TDAH es otra.

«De hecho si lo tenemos» claro que sí, cerebro, pero mis dos ovarios que ella no lo sabrá nunca «Ya lo dedujo sola, eres muy idiota» ¿Y de quién es la puta culpa? así me gusta, calladito.

—Está muy bien, pero ¿eso entra en el presupuesto que me pasó, Giovanna? porque no pienso pagar un peso más —bueno confirmo que solo es linda, porque es una rata desagradable.

—Sí, entra en el presupuesto, sino hubiera diseñado algo más simple ¿cuándo es la apertura?

—En tres meses, tengo que esperar que me lleguen unas máquinas ¿lo tendrás hecho para esa fecha?

—Por supuesto, cuente con ello —«como si te sobrara el trabajo, lo que te sobra es tiempo» Un día de estos me hago una lobotomía.

—¿Cuándo puede empezar?

—Cuanto antes, mejor.

—El lunes a las 8, deme su número y la contacto —se para tomando su bolso que cuelga de su brazo. Le dicto mi número se despide de Giovanna con dos besos y a mí me da un simple adios antes de darse la vuelta y desaparecer.

—Erin es algo especial —me dice Gio.

—Sí, justo “especial” no es la palabra que usaría para describirla ¿por qué me miró tan mal cuando entré? no le hice nada.

—Ven siéntate donde estaba ella.

La miro levantando una ceja y me siento, luego de un rato me doy cuenta a lo que se refiere, el gran espejo donde me estuve arreglando y viendo que daba a la calle, es una de las ventanas del restaurante, no solo ella me vio hacer el ridículo sino todo el mundo aquí dentro. Siento el calor apoderarse de mí y agacho la cabeza muy avergonzada, que ganas de llorar todos se deben haber reído, quedé como una payasa.

—Disculpa olvidé mi saco —escucho de nuevo la voz de Erin y por inercia levanto la vista a verla— ¿tienes fiebre? —toca con el dorso de su mano donde lleva la sortija mi mejilla y me aparto «No, solo tiene una vergüenza que se muere».

—Estoy bien —me aparto antes de que me toque y ella frunce el ceño para luego tomar su saco e irse.

—Interesante —dice Giovanna y la miro extrañada— ¿quieres tomar un café? —asiento— pero no acá —asiento y ella sonríe. como alguien tan buena como ella puede tener una amiga tan estúpida como Erin, me agrada más Úrsula, Nova y Alexandria.