Capítulo 01

4:12 a.m.
―Tengo que llegar al hospital.
El silencio de la madrugada era interrumpido por el eco lejano de los autos que se deslizaban por las calles casi vacías. Un hombre tambaleante corría por la acera, su figura era iluminada por los parpadeos intermitentes de un farol defectuoso. Tenía los ojos inyectados de sangre y respiraba con dificultad, dejando un rastro de sangre que goteaba de su brazo izquierdo, envuelto torpemente con una camisa.
Con movimientos erráticos, se aproximó al hospital central, sus manos temblorosas empujaron las puertas automáticas que se abrieron con un suave siseo. Dentro, un puñado de pacientes dormía en las sillas de la sala de espera, mientras una enfermera detrás del mostrador escribía en su computadora con expresión cansada. El sonido de los pasos desiguales del hombre atrajo su atención.
—¿Se encuentra bien, señor? —preguntó la enfermera, alzando la vista hacia él. Sus palabras se entremezclaron con el débil pitido de monitores cardíacos que venían desde las salas aledañas.
El hombre se desplomó de rodillas, jadeando con fuerza. Su rostro estaba pálido, sus ojos vidriosos. Antes de que pudiera responder, un espasmo recorrió su cuerpo, arqueando su espalda de manera antinatural. La enfermera soltó un grito ahogado y corrió hacia él, mientras un guardia de seguridad se acercaba apresurado.
—¡Llamen a un médico! —gritó la enfermera al ver cómo el hombre empezaba a convulsionar, su cuerpo era sacudido por violentos temblores.
El caos comenzó cuando el equipo médico llegó. Cuatro personas rodearon al hombre, tratando de inmovilizarlo y colocarlo en una camilla. Su cuerpo despedía un calor abrasador, y su piel adquiría un extraño tono grisáceo. Un médico colocó un termómetro en su oído, pero retrocedió con sorpresa.
—¡Cuarenta y dos grados! —dijo, mirando al equipo. El hombre dejó de temblar y quedó inmóvil. Su pecho subía y bajaba con dificultad.
Un pesado silencio cayó en la habitación. Los sonidos del hospital parecían apagarse, y el único ruido era el zumbido de las luces fluorescentes. De repente, el hombre abrió los ojos. No eran los mismos. El blanco había sido reemplazado por un rojo intenso, como brasas encendidas. Intentó hablar, pero de su garganta solo surgió un gorgoteo inhumano. Luego, con un último espasmo, su cuerpo quedó inerte.
—Hora de la muerte, 4:47 a.m. —susurró el médico con una mezcla de tristeza y desconcierto, anotando en su libreta.
Antes de que alguien pudiera reaccionar, el cadáver se incorporó bruscamente, emitiendo un gruñido gutural que resonó en todo el hospital. Sus movimientos eran torpes, pero rápidos, y antes de que el guardia pudiera desenfundar su arma, el hombre saltó sobre él, hundiendo los dientes en su rostro con una fuerza descomunal. El sonido de su piel siendo desgarrada fue grotesco.
El guardia cayó al suelo, convulsionando, mientras la criatura alzaba la vista, su rostro cubierto de sangre fresca. Sus ojos escanearon la sala, y en un abrir y cerrar de ojos, se lanzó contra una enfermera que no tuvo tiempo de gritar. El hospital se llenó de alaridos desgarradores.
—¡Cierren las puertas! ¡Cierren las malditas puertas! —gritó un médico mientras trataba de empujar una camilla para bloquear la entrada.
El caos se extendió rápidamente. Los monitores cardíacos emitían pitidos frenéticos, y el sonido de cristales rompiéndose llenaba el aire. Más infectados comenzaron a levantarse; pacientes que habían sido mordidos o arañados se transformaban en cuestión de minutos. Sus cuerpos se movían con una rapidez inhumana, atacando a todo aquel que encontraran en su camino.
El sonido de puertas golpeándose, pasos acelerados y gritos se mezclaba con los gruñidos de las criaturas. En un rincón, una madre intentaba proteger a su hija pequeña, abrazándola mientras las sombras se aproximaban. Un médico armado con un desfibrilador intentó detener a una de las criaturas, pero fue derribado con brutalidad.
—¡Auxilio! ¡Por favor, que alguien me ayude! —gritó una mujer, su voz quebrada por el miedo.
En el cuarto piso, un grupo de sobrevivientes logró refugiarse en una sala de operaciones. Las ventanas temblaban bajo el peso de las criaturas que golpeaban desde el exterior. Los gemidos y golpes resonaban como una sinfonía macabra. Afuera, la ciudad comenzaba a despertar al infierno. Sirenas de ambulancias y patrullas se escuchaban a lo lejos, pero era evidente que ninguna ayuda llegaría.
—¿Qué demonios está pasando? —preguntó un paramédico, con las manos ensangrentadas y temblorosas. Nadie tenía una respuesta.
Mientras tanto, en la planta baja, la criatura original seguía atacando a más personas sus movimientos eran más coordinados y letales. Era como si poseyera un instinto predador. Arrastró los restos de un cuerpo inerte por el pasillo, dejando un rastro oscuro en el suelo brillante. Los pocos sobrevivientes intentaban escapar por las salidas de emergencia, pero cada puerta conducía al mismo destino:
Gritos y muerte.

9:24 a.m.
Jungkook y Jimin salían del supermercado con una pequeña bolsa de víveres en cada mano. Era una mañana tranquila en apariencia, aunque las nubes grises que comenzaban a cubrir el cielo parecían presagiar algo.
—¿Seguro que no olvidaste nada? —preguntó Jungkook, ajustando su gorra mientras caminaba junto a su amigo.
—Estoy seguro. Traemos todo: agua, pan, ramen... ¿Y tú? ¿No querías comprar más café? —respondió Jimin con una sonrisa ligera.
Jungkook rodó los ojos, haciendo un gesto despreocupado.
—Tengo suficiente para un par de semanas. Si comprara más, terminaría tomando diez tazas al día.
Jimin rió, pero su risa pronto se desvaneció. Mientras avanzaban hacia la salida, un sonido distante llamó su atención. Era como un murmullo, una mezcla entre gritos y pasos apresurados que se intensificaba con cada segundo.
Al cruzar las puertas automáticas del supermercado, se encontraron con una escena desconcertante. La calle, que momentos antes estaba tranquila, ahora era un mar de gente corriendo en todas direcciones. Un auto chocó contra un poste cercano, y los ocupantes salieron tambaleándose, gritando desesperados.
—¿Qué demonios está pasando? —preguntó Jungkook, frunciendo el ceño. Su mirada seguía a una mujer que tropezaba en la acera, levantándose rápidamente mientras gritaba algo incoherente.
Jimin, con los ojos muy abiertos, señaló hacia un hombre que pasaba corriendo cerca de ellos.
—¡Oiga, señor! —gritó Jimin, alzando la voz sobre el caos. —¿Qué está pasando?
El hombre se detuvo apenas un instante, el pánico era evidente en su rostro sudoroso.
—¡Corran! —fue todo lo que dijo antes de desaparecer entre la multitud.
Jungkook y Jimin intercambiaron miradas de confusión y miedo. Ninguno de los dos sabía qué hacer, pero el instinto de supervivencia comenzaba a apoderarse de ellos.
—¿C-corramos a dónde? —preguntó Jungkook, su voz quebrada por la incertidumbre.
—¡A casa! —respondió Jimin con firmeza, tomando a Jungkook del brazo. —Tenemos que salir de las calles, esto no me gusta nada.
Comenzaron a correr, zigzagueando entre la gente que se empujaba, caía y gritaba. Los sonidos eran ensordecedores: bocinas de autos, vidrios rompiéndose, y gritos de angustia llenaban el aire. Justo cuando cruzaban una esquina, algo los obligó a detenerse en seco.
Frente a ellos, un hombre se tambaleaba en medio de la acera, con las manos extendidas hacia otro que retrocedía lentamente. Parecía enfermo, su piel grisácea y sus ojos inyectados en sangre. Antes de que alguien pudiera reaccionar, el hombre se abalanzó sobre el otro, hundiendo los dientes en su cuello con una ferocidad inhumana.
—¡¿Qué diablos?! —exclamó Jungkook, retrocediendo instintivamente.
La víctima cayó al suelo, sus gritos desgarradores se extinguieron rápidamente en un gorgoteo húmedo mientras la sangre manchaba el pavimento. El atacante levantó la cabeza, su rostro estaba cubierto de sangre, y giró los ojos hacia ellos. No era humano, o al menos ya no lo parecía.
Jimin soltó un jadeo, llevándose una mano a la boca. Su cuerpo entero temblaba mientras intentaba procesar lo que acababa de ver.
—Jungkook... ¿Qué... qué es eso? —susurró, sin apartar la vista de la criatura que comenzaba a levantarse. Jungkook lo tomó del brazo.
—No lo sé, Jimin... pero tenemos que correr. Ahora.
No esperaron más. Con el corazón latiendo frenéticamente, comenzaron a correr como nunca antes. Los pies de Jungkook golpeaban el pavimento con fuerza, y podía escuchar los jadeos de Jimin detrás de él.
El sonido de gritos y pisadas los rodeaba, pero lo más aterrador era el ruido de gruñidos inhumanos que comenzaba a acercarse.
—¡Por aquí! —gritó Jimin, señalando un callejón estrecho.
Se desviaron rápidamente, sus cuerpos chocando contra las paredes mientras intentaban escapar del caos. Cuando creyeron haber ganado algo de ventaja, otro grito resonó cerca.
Un hombre salió corriendo de un edificio con el brazo ensangrentado, seguido por una mujer con los mismos ojos rojos y movimientos antinaturales.
—¡Están por todas partes! —gritó Jungkook.
Jimin tropezó y cayó de rodillas, soltando un grito de dolor. Jungkook se detuvo de inmediato, girando hacia él.
—¡Jimin, levántate! ¡Vamos! —le rogó, extendiendo una mano.
—No puedo... —jadeó Jimin, con los ojos llenos de lágrimas. —Mis piernas... no puedo moverme.
Jungkook no lo pensó dos veces. Lo levantó de un tirón, colocando el brazo de Jimin sobre sus hombros para apoyarlo.
—Tienes que intentarlo. No voy a dejarte aquí.
Continuaron corriendo, con Jimin cojeando y apoyándose en Jungkook. A lo lejos, se escuchaban más gruñidos y gritos. La ciudad entera parecía estar siendo consumida por algo inexplicable, algo aterrador.
Cuando finalmente llegaron a una intersección que reconocían, vieron su edificio al final de la calle. Parecía tan cerca, pero el camino estaba lleno de personas que corrían y criaturas que atacaban sin piedad.
—Jungkook... ¿crees que podamos llegar? —preguntó Jimin, su voz apenas un susurro.
Jungkook lo miró, su mandíbula apretada con determinación.
—Vamos a llegar, Jimin. No importa lo que pase, te lo prometo.
Tomaron aire y comenzaron su última carrera hacia lo que esperaban fuera un refugio seguro.
El caos a su alrededor era un recordatorio constante de que la ciudad, su hogar, ya nunca volvería a ser la misma.

Les deseo un lindo día a todos.
Gracias por leer, espero que les guste ♡
-Darky-