ÚNICA PARTE
DÍA 1
El sonido de los grilletes chocando uno contra otro a medida que varios pasos resonaban anunciando la cercanía de las personas que iba a ver.
Los vellos de su nuca se erizaron. La ausencia de aromas le tenía abrumado, era demasiado extraño no poder identificar nada, no percibir sentimientos, sobre todo la verdad.
Sin embargo, el único requisito que había pedido el señor Styles era que su entrevistador usara inhibidores no solo de su aroma, sino para percibir el de los demás. Parpadeó con incomodidad ante la luz tintineante de aquel oscuro salón
Pensó que probablemente eran trucos Hollywood la ambientación de ese tipo de entrevistas, él ciertamente se sentía en alguna clase de montaje sin sentido. Por supuesto no lo era, él había organizado toda la entrevista, incluso había hablado con el director del Penal, quien a su vez habló con el reo que él quería entrevistar.
Harry Styles era un reconocido estafador que tenía incluso investigaciones por homicidio para el momento en que se le descubrió. El alfa estaba condenado a veinte años, sin embargo, su pena actual había aumentado a cuarenta.
Es extraño que alguien tan joven tuviera tal prontuario criminal. No había fotos recientes de Styles, pero cuando fue procesado y sentenciado había un rostro juvenil y tranquilo en cada uno de los retratos.
Harry tenía 23 años cuando obtuvo su primera condena.
Había estafado empresarios, gente que se presume inteligente, estudiada. El alfa no tenía estudios superiores, sin embargo, los analistas conductuales se quedaron impactados por la forma de responder elocuente y tranquila del alfa.
Cuando le mencionaban familias acabadas, algunos suicidios a raíz de las estafas millonarias realizadas por él, el alfa no respondía, no manifestaba arrepentimiento, pero tampoco alardeaba de lo que había hecho.
Louis se había encargado de estudiar cada artículo, había hablado con personas que previamente se habían entrevistado con el alfa, como psicólogos y psiquiatras. De alguna forma, no había nada malo que hablar del alfa, no había infancia traumática o algo que lo hiciera haber actuado como lo hizo.
Harry parecía ser único; egocéntrico.
En el momento en que la puerta se cerró con un golpe seco, levantó la mirada y escondió sus manos debajo de la mesa. La tenue luz de la habitación solo le permitía ver el cuerpo hasta el torso del custodio que llevaba al alfa.
Arrugó la nariz nuevamente notando la ausencia de aromas, desesperado por poder descifrar lo que le rodeaba como su olfato. Entonces nuevamente el ruido de las cadenas que ajustaban las esposas resonó en el espeso silencio.
Bajo la luz de la lámpara que iluminaba la tenue habitación, lo primero que vio fueron unos ojos verdes helados, lo que causó que los vellos de su cuerpo se erizaran y un vacío se asentara en su estómago.
Harry Styles era un alfa adulto, habían pasado al menos ocho años de su primera condena. Los vestigios de juventud habían abandonado su rostro, su cabello era ligeramente corto y se ondulaba alrededor de su rostro. Había una barba adornando su mandíbula fuerte y cuadrada.
El traje anaranjado que demostraba su calidad en aquel recinto; no tenía mangas largas para protegerle del frío, por lo que Louis podía apreciar los tatuajes que salpicaban su brazo.
Louis no notó estar tan concentrado hasta que escuchó el rechinar de una silla moviéndose y el ruido de unas esposas abriéndose.
Aquella mirada vacía se posó en él analizando su rostro cuidadosamente. Pero Louis no podía leer nada, a pesar de la claridad del tono de sus ojos, su pupila parecía ser amplia y tan oscura que él sentía que se perdía en ella.
Sus mejillas se acaloraron y se dio la orden no dejarse intimidar.
—Vamos, Sheldon —escuchó por primera vez la voz gruesa del alfa sentado en frente él, en una aparente renegación por el amarre de sus esposas a la mesa—. ¿no crees que esto es demasiado?
El custodio tras él resopló y pareció pensarlo. Sin embargo, le miró a él como esperando su apreciación. Louis no sabía si se sentiría seguro de que aquel alfa mucho más grande y fuerte, sobre todo un criminal, estuviera sin esposas en un recinto cerrado con él.
Pero los guardias debían quedarse allí con él ¿no?
Louis carraspeó y entonces dio un asentimiento.
A pesar del beneficio otorgado de no estar esposado mientras hacía la entrevista, el alfa delante de él no pareció inmutarse, tenía una expresión aburrida y acarició sus muñecas una vez fueron liberadas.
—Señor Styles, soy Louis Tomlinson —intentó presentarse, aun manteniendo sus manos ocultas, evitando tocarle como le habían dicho en el protocolo.
—¿Tienes un cigarrillo? —fue lo primero que le preguntó el alfa poco interesado en lo que él tenía para decir.
Louis elevó su mirada hacia el custodio. El masculino se rio sagazmente.
—No jodas, Styles —dijo el custodio con tono burlesco—. Tú cargas los tuyos.
Louis notó como el alfa se pasaba la lengua por sus labios resecos y le miraba fijamente. El alfa se puso los dedos sobre los labios imitando una señal de silencio y entonces, la risa del custodio cesó.
—Me gusta evaluar la amabilidad de la gente, Sheldon —esbozó con voz oscura que causó que él quisiera encogerse. Louis empujó sus gafas sobre el puente de su nariz con nerviosismo. No solía usarlas, pero creyó que sería bueno emplearlas en ese caso—. Este omega viene con un interés de saber más de mí, gratuitamente, al menos espero un gesto de cortesía. A veces es aburrido consumir la misma clase de cigarros. Probablemente por su traje compuesto y su naturaleza, él tenga de aquellos refinados; los mentolados.
El omega se estremeció ante la forma en que fue analizado. Presionó su mano bajo su saco, sacando una caja de cigarrillos mentolados que solía usar cuando estaba muy nervioso. Probablemente acabaría con los pulmones jodidos, pero nunca le había importado demasiado.
En silencio, tendió la cajetilla notando que el alfa le observaba con alguna clase de satisfacción tomando uno y poniéndolo entre sus labios sonrosados. Louis observó anonadado como el custodio de aquel infame ser se acercaba y le proporcionaba fuego.
Él pensó que solo eran rumores el hecho que aquel criminal era el jefe de aquella cárcel de alta seguridad, todo sin derramar una gota de sangre. No podía ser. Sin embargo, él averiguaría que había detrás.
Luego de unos segundos cuando la ausencia de aromas en aquella habitación fue nublada por el humo del cigarrillo, él tomó su grabadora de mano pensando en que decir a continuación para irrumpir aquel inquietante silencio.
—Bien, omega —habló el alfa primero mirándole con curiosidad—. He hecho un acuerdo para esto, no todos han conseguido hablar conmigo más que aquellos patéticos psicólogos. Cedí bajo el entendido que es de su interés hacer un libro sobre mí.
Louis pasó su lengua por sus labios en un esfuerzo patético de humedecer su boca seca. Los ojos del alfa siguieron su movimiento y sonrió con prepotencia. Correcto.
—En realidad es de interés de la revista realizar un artículo sobre usted. Es por eso que estoy aquí —explicó.
—¿Artículo? —preguntó el alfa con una ceja elevada—. ¿No cree que he tenido suficiente de eso? Creo que la pared de mi celda está llena de cada foto tomada, cada nota... Cada conjetura de lo que soy o podría ser. Es muchas veces naturaleza de lo incomprensible, convertirse en famoso.
—Señor Styles, el libro es algo accesorio que podría surgir después de lo que eventualmente decida decirme —explicó—. Como es nuestro primer día de entrevista, ¿cree que es posible que iniciemos con cosas triviales?
Louis estiró la mano sobre la mesa dejando en medio de ambos una grabadora. Presionó el botón de su bolígrafo en un ruido seco contra la mesa y anotó el nombre completo en su cuaderno.
Elevó su mirada consciente que necesitaba hacer contacto visual para iniciar la entrevista. Ignoró el calor en su vientre y cruzó sus piernas bajo la mesa.
A Louis siempre le gustaron los alfas malos, lo que debió llevarlo a tomar un empleo distinto, sin embargo, ahí estaba.
Aquellos ojos verdes oscuros le miraban fijamente retándolo a atreverse a preguntar algo. Styles posó el nuevo el cigarrillo sobre sus labios y tomó una calada, aun en silencio solo mirándole. Él imploró porque el deseo no se trepara por su columna y le llevara a cometer errores. Ante él estaba lo que los periódicos de años atrás habían referido como una personificación del mal.
Un narcisista, arrogante, pero encantador alfa que tenía a todos en sus manos. Alguien que les costó descifrar como uno de los más grandes estafadores de la historia y un posible asesino.
Por supuesto, Harry había pregonado su inocencia, había hablado de montajes, de que los asesinatos eran rumores, sin embargo, tampoco había reconocido su autoría en millonarias estafas.
Era inteligente, tal vez demasiado. Un genio de las computadoras por supuesto. Alguien sin estudios universitarios que había logrado equiparar y burlar un sistema al igual que aquellos empresarios
—Podríamos empezar por ti, Louis —dijo el alfa inclinándose sobre la mesa mostrando un interés en sus gestos a pesar de la oscuridad de su mirada que exploraba su rostro.
—No estamos para hablar de mí, señor Styles —expresó con suavidad, reconociendo que no podía darle nada al alfa que pudiera usar para manipularle.
—De ser así, me temo que no será fructífera nuestra conversación, Louis.
—Ambos podemos construir esto, señor Styles.
—El señor Styles es mi padre, o al menos creo que solía serlo —afirmó tomando una calada—. Impresionante que las personas abandonen todo por temor al qué dirán ¿no lo cree? —entonces movió sus manos en un gesto restado importancia a lo que acababa de decir—. De cualquier manera, mi nombre es Harry. Me gustaría que de esa manera me llamaras.
Aquellas pupilas oscuras se mantenían sobre él, sin perder contacto visual y Louis de alguna forma se sintió cohibido, entonces, una sonrisa tironeó sus labios y unos hoyuelos marcaron sus mejillas.
Louis se acomodó en la silla ignorando aquel extraño calor que inundaba sus entrañas. Aquel enigmático alfa no podía parecerle atractivo, no debería parecerle caliente su elocuencia. Él pensó que aquellos omegas que fueron durante cada juicio y pregonaban sobre la inocencia de aquel alfa en razón de su atractivo y carisma debían estar completamente locos; se rehusaba a ser uno de ellos.
—Podríamos iniciar hablando de su pasado, Harry —titubeó.
El alfa sonrió y se inclinó un poco sobre la mesa causando que él por instinto se echara hacía atrás con su espalda completamente pegada al respaldo de la silla.
—¿Eso está grabando? —señaló con su nariz la grabadora en medio de la mesa.
Louis estiró su mano y con un dedo tembloroso presionó el botón causando que una luz roja se encendiera inmediatamente.
—Ahora lo hace —afirmó
El alfa dio un ligero asentimiento, pero continúo inclinado sobre la grabadora.
—No hay nada en mi pasado que me haya convertido en la persona que soy, sin embargo, eso debe saberlo ¿acaso los periodistas no hacen una investigación previa a las entrevistas?
—Sé lo que usted ha querido contar, Harry —replicó—. ¿No es la idea de este «libro» hablar más de usted? la verdad; no la que aparenta contar. Después de todo ya está condenado.
Harry sonrió a pesar de su hostilidad, lo cual era aún más extraño
—Si has estudiado mi caso, omega —en ese momento Louis sintió escalofríos—. Sabrás que estoy siendo investigado por homicidio, nada sencillo ¿eh?
Louis se concentró en aquella mirada oscura tratando de hallar la verdad a través de la frivolidad.
—¿Te parece si cada uno responde preguntas del otro y podemos ser más amena la charla? —preguntó el alfa antes que él pudiera responder algo.
—Se supone que el libro se trata sobre usted, no sobre mí, Harry.
—¿Qué hay de malo en que respondas algunas preguntas sobre ti? —replicó—. Créeme la vida en prisión es aburrida. Cada prisionero en esta esta cárcel tiene una historia similar de abuso, maltrato, pobreza o falta de oportunidades —tarareó antes de presionar el cigarrillo contra la mesa apagándolo cuando estaba por consumirse—. Uno que otro desorden mental, lo cual suele ser aburrido. En cambio, la normalidad me parece ciertamente fascinante, incluso hablar con alguien fuera de aquí.
—Usted no es psicólogo, Harry —dijo con voz tensa notando que la risa del alfa desaparecía, antes de parecer nuevamente fascinado
—¿Estamos de acuerdo en que estás tratando duramente de mostrar alguien que no eres? —comentó tranquilamente—. Si hubiera aromas aquí, probablemente mi razonamiento estaría probado.
Louis se removió inquietamente.
—Hablemos de su infancia, Harry —intentó por última vez en el día.
—No hay nada en ella, Louis —respondió el alfa en un suspiro—. Mi padre no era violento o abusivo, tuve la mejor madre que podría haber deseado, unos hermanos perfectos. ¿Has oído hablar a mi madre de mí? Siempre fui alguien normal, aún considero que lo soy, puesto que la normalidad es relativa, querido —explicó—. Sin embargo, supongo que los medios, la sociedad no concibe que alguien bien parecido, académico, elocuente sea uno de los delincuentes más perseguidos. Aunque no me percibo como un delincuente, no lo soy.
—Estás condenado por múltiples delitos, sobre todo estafa, incluso inducción al suicidio.
Hubo una sonrisa soñadora en el rostro del alfa, antes de inclinarse un poco más al punto que él podía percibir el tibio aliento contra su rostro.
—¿Crees genuinamente que un ser humano podría obligar a otro a suicidarse? —preguntó—. Vaya poder en mano de los humanos de ser así, Louis. No soy culpable de todo lo que me acusan, aunque debo admitir que, si acudes a mí con ideas preconcebidas, será complejo que trabajemos en mi libro juntos.
Louis sostuvo la mirada al alfa ante él, estaba tan cerca y su omega se sentía inquieto de una forma positiva, como dominado, deseando posicionarse en lordosis.
¿Harry era capaz de incitar al suicidio?
Él estaba viviendo en carne propia el aura que tenía el alfa, aquella actitud que le hacía querer doblegarse.
—No son ideas preconcebidas —dijo sin aliento—. Está condenado por esos delitos, hubo un proceso judicial en el cual se demostró con pruebas que estafó muchas personas, causando la muerte de algunas por estrés; otras incitándolas a tomar tal determinación.
El alfa se pasó la lengua por los labios y sonrió tan inocentemente, que Louis por un momento flaqueó. Aguantó el quejido que quería salir de su garganta en el momento en que el alfa se apartó y se irguió en su silla de nuevo.
—Suena como algo que haría Charles Manson —replicó—. Sin embargo, yo soy inocente. ¿Qué hay de ti? ¿Eres culpable de algo?
Louis se quedó en silencio un poco sorprendido por tal pregunta.
—De decidir tomar este caso —se atrevió a soltar en un acto de valentía.
El alfa parecía complacido con su respuesta, aunque hubo un atisbo de sorpresa que duró unos segundos en su mirada. Se echó hacia atrás con relajo y cruzó los brazos sobre su pecho.
—¿Qué crees que construye un criminal, Louis?
—No lo sé, pretendo responder esa pregunta por medio de esta entrevista —replicó.
—Has venido al lugar equivocado —el alfa pareció reconsiderar su respuesta—. En realidad, estás en el lugar adecuado con la persona incorrecta. ¿Sabes? Aun me es difícil entender el interés que causa en algunos mi mente. Sobre todo, porque soy inocente de los cargos que me fueron impuestos, sin embargo, ante unos abogados mediocres, pudieron llevarme incluso a la pena de muerte.
Louis mordisqueó su labio tomando nota en su mente sobre la negativa superficial de Styles sobre la comisión de sus crímenes.
—Son aproximadamente 20 cargos.
—Solo fui condenado por 7, sin embargo —replicó el alfa—. Así que bueno, para mí resultan fáciles de desvirtuar. Me temo que, ha venido usted con un sesgo, señor Tomlinson.
—Usted reconoce que como periodista debo investigar, solo afirmo lo que la justicia ha decidido por usted —replicó, aunque temía porque el alfa se retractara de su decisión de hablar causando que su editor arrancara su cabeza, luego de que le haya dado aquella oportunidad que todos pedían.
—¿Cree usted en la correcta impartición de la justicia? ¿Qué realmente la justicia funciona en este país? —le preguntó el alfa—. De ser así, no habría casos millonarios de indemnización en favor de personas condenadas injustamente por el sistema.
—Estadísticamente, me temo que esos casos afectan a las minorías —respondió en tono ácido. El alfa parecía notar exasperación, pues una sonrisa tiró un costado de sus labios hacia arriba, sin embargo, aún lucía calmo y nada afectado por sus respuestas—. Usted no es una persona de color, tampoco es latino, menor de edad, en habitabilidad de calle, no necesitó abogados de oficio. Usted es un alfa, blanco, privilegiado, estrato medio-alto y aunque no tiene estudios superiores, ciertamente tuvo buenos empleos y enlaces en el mundo empresarial y político que aún desconozco como logró.
—Tú lo has dicho, omega —insistió en llamarlo por su género causando que él fingiera no sentirse tan afectado por el aura del alfa—. Soy un alfa blanco privilegiado —entonces una sonrisa completa llenó sus labios.
Louis supo que probablemente ese día ellos no podrían llegar a nada, desde luego, el alfa no parecía cooperar.
—Sheldon —llamó el alfa al guarda que le custodiaba en ese momento. Este respondió con un tarareo, mientras él miraba fijamente—, creo que es hora que me lleves a la celda, creo que Louis no logró interesarme lo suficiente por el día de hoy.
Louis se quedó estupefacto por la actitud del alfa quien se puso de pie aún con la mirada fija en él, casi que ordenándole que se doblegara a sus deseos. Sin embargo, él solo pudo permanecer quieto en su asiento demasiado abrumado por la situación.
El alfa tendió sus manos hacia el custodio para que este le volviera a esposar.
Cuando aquellos ojos verdes se separaron de él, Louis se puso de pie con piernas temblorosas sintiéndose fastidiado por como su cuerpo y omega reaccionaban al alfa.
—No espere de mí alguien que le va adular y mirar con fascinación —soltó con voz temblorosa.
Entonces el alfa se giró y el guardia a su lado pareció contener el aliento. La lengua rosada del alfa salió a humedecer sus labios mientras le miraba de arriba hacia abajo. Louis cerró sus manos en un puño sobre la mesa.
—Si no hubiera una fascinación interna de ti sobre mí, no temblarías como lo haces ahora, omega. Tus labios no estarían tan sonrojados por lo mucho que los mordisqueaste en mi presencia, no estarías tan descolocado. Cosas que debería saber controlar un periodista de tu tipo —le dijo el alfa con voz suave, que Louis apenas pudo sentirse ofendido—. Hoy ha sido un mal día, sin embargo. Mañana será uno nuevo, espero verte.
Luego de eso, el alfa se marchó.
DIA 3
Louis despertó con el ruido de su despertador aquella mañana. Aún daba vueltas en el asunto una y otra vez, sobre si debía rendirse, aunque apenas llevaba un par de días entrevistando a Styles.
El día anterior, el alfa había permanecido en silencio y solo había empezado a hablar en el momento en que Louis le habló de lo que implicaba el proceso editorial. Lucía genuinamente interesado y él había cambiado radicalmente su humor en el momento en que obtuvo algo.
Louis tomó su mochila de cuero, esta vez dejo de lado las gafas, estaba siendo francamente ridículo con el tema Styles no lucía como alguien que le respetara con o sin ellos. Lograba empujarle a la incomodidad, a causarle hormigueos, dudar de él mismo.
No era la primera vez que lidiaba con aquel tipo de criminales, era especialista en crónica judicial, había hecho podcast antes incluso, ¡diablos! Hasta había publicado un libro. No había salido tan afectado ni siquiera después de entrevistar un asesino serial que le encaba contar la forma en la que asesinaba a sus víctimas.
A él le fascinaba la mente humana, lo privilegiada y perturbada que podría ser al tiempo ¿por qué permitía que en esta oportunidad fuera distinto?
Ya en el penal, aún nublado por sus pensamientos se roció el inhibidor luego que una omega le hiciera el registro corporal. Su tercer día, el ruido de la apertura de la puerta ya esa vez no le hizo sobresaltarse, caminó con pasos lentos a la misma sala, nuevamente puso todo sobre la mesa y aguardó.
Nuevamente hubo pasos, esta vez era un guardia diferente el que llevaba a Harry, deliberadamente lo llevaba sin esposas en las manos, al punto que el alfa avanzó tranquilamente tomando la silla en sus largos dedos, antes de sentarse. La pupila llena de Harry le miró antes de elevar la comisura de sus labios en una sonrisa bravucona y recostarse en el respaldo de la silla.
El guardia solo se apostó al fondo de la habitación mientras la luz incandescente de la lámpara se mecía ligeramente, por un viento inexistente.
—¿Qué desayunaste? —le preguntó el alfa después de unos segundos de silencio.
—Hola Harry —respondió en su lugar—. Hoy podríamos iniciar hablando de tu capacidad de negocios y buen manejo de la tecnología.
—¿Qué hay que decir sobre eso? —replicó el alfa, haciendo círculos con su dedo índice sobre la mesa, mientras le miraba fijamente. Louis se saboreó siguiendo el movimiento del dedo.
—Quiere un libro ¿no?, de qué podría hablarse si para usted nada es relevante.
Entonces, el alfa sonrió y se irguió en la silla y apoyó sus codos sobre la mesa acercando su rostro al suyo. Louis contuvo la respiración, sin embargo, se mantuvo incólume sin moverse ni un poco hacia atrás.
Harry se inclinó un poco más y sus manos rozaron las suyas, en un toque ligero, antes de presionar el botón de la grabadora que él mantenía en sus manos.
—Yo soy relevante, Louis —aclaró—. Después de todo estás aquí por mí ¿no?, en el sentido más profundo que pueda imaginar. ¿Cuántos compañeritos tuyos tuviste que descabezar para estar aquí sentado ante mí? Muchos seguramente, eso sí es una curiosidad, como alguien como tú tan frágil como una ardilla pudo ser mejor que cualquiera de esos viejos intelectuales. ¿Tal vez eres la putita del editor?
Louis enrojeció, sin embargo, no se dejó afectar, por más que algo se hubiera deslizado húmedamente de su interior.
La voz gruesa y pesada del alfa parecía afectarle. Por supuesto Harry era un alfa tan atractivo, que era inevitable fijarse en él, sin embargo, lo que parecía ser su fortaleza ante él, era el tomo dominante que usaba para atosigarle.
—Estoy aquí, porque me he sentado con los criminales más peligrosos del país y tengo un libro publicado y premiado, Harry —afirmó—. Tú no eres más ni menos que ellos, por eso estoy aquí.
Entonces el alfa soltó una carcajada, antes de pasar su lengua humedeciendo sus labios antes de volver a su postura relajada en la silla.
—Ya que no quieres hablar de ti, tal vez podrías decirme algo jugoso sobre aquellos maniáticos y yo te daré algo en su lugar.
—Hecho.
—Empieza —ordenó el alfa en voz de mando. Louis tembló un poco, levantó su mirada y notó que el guardia se sacudió incómodo. Nunca se había hablado del nivel del alfa que sería Harry, al punto que este ni siquiera se movió o adoptó una postura para dar una orden.
Un poco más escurrió y él pretendió que su pantalón no le incomodó. Cruzó las piernas debajo de la mesa y adoptó una postura rígida.
—Michael Herrera, solía encomendarse a la virgen cada día antes de cometer un asesinato.
Una ceja de Harry se levantó, antes de replicar.
—«¿Qué hay detrás de ellos?», Louis Tomlinson, editorial Larce, página 78 —Louis boqueó ante tal precisión—. Si vas a recitar lo que está en tu libro, ya lo leí. Sí vas a recitar cualquier articulo o estudio sobre la mente criminal de Herrera lo he leído. Si dices cosas que ya sé, no hay lugar que te diga algo interesante sobre mí ¿no?... ¿Qué pesa más? Tu ambición por escribir algo novedoso sobre mí o la constante forma en que pareces subestimarme. No soy los otros intentos de experimentos sociales…
Entonces el alfa se levantó de su silla y Louis vio inminentemente otro día de fracaso. Seguiría el fin de semana donde el debería pensar algo, a partir de allí tendría 5 días para presentar un avance.
Harry posó sus manos sobre la mesa inclinándose sobre él acercándose peligrosamente, haciendo que su mirada se fuera directamente al guardia en un signo de alerta, sin embargo, este sonreía maliciosamente.
El alfa se inclinó sobre él, con sus ojos oscuros mirándole fijamente, antes de acercarse a su oído izquierdo y susurrar con voz ronca:
—Tendrás que hacerlo mejor para mí —propuso—. Y tal vez, deberías evitar escurrir en presencia de un lobo cariño, ¿no sabes lo que les pasa a las putas en sitios como este?
Entonces se apartó sin dirigirle una nuevamente la mirada, abandonando la habitación.
Louis se levantó mojado y con las piernas a punto de flaquear. Él estaba tan caliente por aquel convicto.
DIA 4
Louis quería creer que tenía energías renovadas para afrontarle de nuevo, había acudido a inhibidores de celo a pesar de este no estar cerca, había usado todos sus juguetes buscando que la satisfacción sexual calmara su equivocado fuego interior. Haría su mejor esfuerzo, en medio de la bruma de un fin de semana ocupado había reflexionado sobre cómo lidiar con la clase de criminal que parecía ser Harry.
Guardó aquella biblia en su bolso y salió de su apartamento con dirección al penal. Esta no sería una más fallida, él sabía cómo jugar, luego de empujar su deseo al fondo de su mente.
Harry parecía extrañamente cansado, lo cual no era usual, al menos no lo había sido los días anteriores. El primer guardia que había conocido, Sheldon estaba allí de nuevo al fondo de la habitación.
Él no dijo mucho, evitó saludar. Revisó su bolso y sacó la biblia que había en él. Su secreto, tal vez uno de tantos de su labor periodística, pero cuando él iba tras de algo ponía todo lo necesario para lograrlo.
—¿Se te ha olvidado saludar? —preguntó el alfa con voz que sonaba por primera vez irritada, casi apagada.
No respondió y empujó la biblia a través de la mesa.
—Me temo que no soy creyente —respondió el alfa a su gesto y entonces, volvió esa sonrisa prepotente a cuál se manifestó en el levantamiento de la esquina de su boca.
—Dijiste que querías algo interesante para hablar —habló por primera vez—. Pues bien, este es el primero de ellos. Herrera en su entrevista me la dio, hay anotaciones en el interior.
El alfa levantó la ceja con interés antes de tomar con sus dedos largos la biblia y abrir la solapa. Todo se quedó en silencio mientras el alfa leía con genuino interés lo escrito adentro.
—Tendrás más cosas como estas probablemente —aseguró el alfa, antes de levantar la mirada y observarle con sus intensos ojos verdes—. ¿No te incomodó que te dijera que, aunque mirabas como el hielo, le provocaba romperte como a sus múltiples chicos?
Louis se sorprendió por la pregunta pensando que al alfa le generaría fascinación la forma de escritura de Herrera, pero Harry parecía más preocupado por su reacción al peligro, a lo enfermo, lo antinatural.
Su mente caviló rápidamente, por supuesto Harry Styles no tenía el mismo perfil de Herrera. Herrera era aquel que se aprovechaba de la debilidad, que en el fondo era cobarde, tenía miedo a los alfas grandes y prominentes por lo que reafirmaba su poder con omegas jóvenes y pequeños.
—Los alfas como él no se les debe mostrar ningún indicio que permita ponerse sobre su presa —admitió—. Sin embargo, genuinamente no sentí nada; más que una ligera molestia conociendo su historial de crímenes. Solo eso, mi interés es más académico, me interesa saber cómo funciona su mente, el por qué son así.
El alfa cerró la biblia y la empujó de nuevo hacia él.
—Por eso tanto interés —afirmó antes de echarse sobre el respaldas de la silla y mirar el techo.
Louis observó aquel cuello estirado y la forma en la que las venas se pintaban en el mismo. El alfa soltó un suspiro y habló desde su posición.
—Es fácil que la gente te llegue a apreciar y te sobrevalore —soltó con tranquilidad—. No tenía los suficientes medios económicos para estar en el ambiente de las personas de las que llegue a rodearme y quienes finalmente me dieron su dinero. No hubo engaño, solo falsas expectativas que ni me molesté en alentar. Te sorprendería la cantidad de gente que confía en una cara bonita, pero sobre todo, que cree en lo que quiere creer.
—¿Los ves cómo tontos? —preguntó Louis tomando un poco de notas, finalmente su libreta no estaba en blanco.
—No son tontos, son confiados desde su ego —admitió—. La gente con poder en su mayoría llegó por un golpe de suerte, luego de ello aprendieron a administrar. Son unas sanguijuelas, se aprovechan de los ingenuos, de su poder; sin embargo, no conciben la posibilidad de ser engañados, de ser víctimas. Algunos de ellos, ni siquiera se reconocen víctimas de estafa ¿lo has notado? El ego, Louis… el mal de la mayoría de los hombres.
Entonces Harry se enderezó en la silla y le miró fijamente con la pupila escondiendo casi por completo el verde de sus ojos.
—No puede ser tan simple —adujo con voz baja.
—Sí lo es, querido. Lo seres humanos somos simples, ¿no me digas que no te has dado cuenta?, peor aún esta mutación que nos dotó de un sentido animal, solo sirvió para caer en impulsos más rápidamente —sentenció, mientras se acercaba a él. Sospechosamente Harry, olía un poco—. Los alfas caen por su nudo, los omegas por su humedad, por el hambre de llenarse así sea visualmente, como tú conmigo.
Entonces sin darle tiempo a responder el alfa se puso de pie y los grilletes de sus pies resonaron contra el suelo.
—No vengas mañana, no tengo nada para ti. Sin embargo, podría olerte en dos días.
Entonces el guardia tras él le siguió a través de la puerta que lo devolvía a su celda.
DÍA 10
Él había estado más ansioso de lo normal días después de la última vez que Harry se había inclinado hacia él solo por olerlo. Había llegado incómodo con una mezcla de sudor corporal que no había notado durante la entrevista y una humedad fluyendo de su interior. El alfa no había intentado acercarse a él nuevamente, desde luego tampoco es como si hubieran hablado sobre el poder “olerle” después de dos días.
Reconocía que cada cosa que le decía Harry él la sobrepensaba de una manera abismal, daba vueltas y vueltas intentando descifrar si había un mensaje oculto entre su dicho, pero no encontraba nada.
Sin embargo, él se rehusaba a pensar que Harry era un ser simple. Aun en su mente, desconocía el porqué, siempre pensaba en el alfa como un intelectual, alguien calculador y un poco maquiavélico, a pesar que este siempre se mostraba como alguien simple.
Alguien simple con suerte de estafar gente poderosa y supuestamente más inteligente que él.
Harry entró y le sonrió. El guardia que estaba era diferente al anterior, era moreno, alto más incluso que Harry su rostro era un poema y le observaba con curiosidad incluso con un poco de morbo. Entonces, el alfa le habló:
—Omega —le saludó.
Louis trató de mantener sus emociones al margen, no le agradó la forma en la cual Harry le saludó, era una manera de saludar a omegas en confianza, como pareja, como familiar… Ellos no eran nada de eso y aunque se sintió un aleteo extraño, no era para nada profesional y lo notó más aun por la forma socarrona en que lo dijo y como sonrió burlón el guardia.
Empujó la grabadora al centro de la mesa y restó importancia al saludo del alfa e ignoró los gestos que el guardia hizo con las cejas.
—Caso Whitman, muerto en la silla eléctrica —habló una vez el alfa se sentó delante de él. Harry le miró con intensidad, casi que leyendo su alma mientras ponía sus manos sobre la mesa. El ruido de las esposas le hizo mirar su cuaderno—. Él fue mi primera entrevista, a decir verdad, era reservado. Su última violación fue descubierta porque él indicó que tuvo una revelación y se entregó —levantó la mirada y observo al alfa quien se había inclinado hacia adelante, escuchándole con interés—. Dijo que todo había pasado porque la víctima se ofendió porque él le preguntara si era gay y el omega le atacó primero.
—¿Qué se siente hablar con un asesino de omegas? —le preguntó el alfa inclinando un poco más su rostro hacia él, sus pupilas de repente parecían amplias y escrutadoras.
—Nada, es solo trabajo —soltó con tranquilidad.
Un silencio inquietante llenó la estancia. Harry se inclinó aún más hacia él y Louis se pasmó, juntó sus manos inquietantemente, sin embargo, sostuvo la mirada.
Un aroma.
Notó que los ojos de Harry se abrieron y los de él probablemente estaban igual, se olían, podías olerse. Los prisioneros, no podían tener olor, por ley federal eran obligados a usar supresores para evitar riñas internas por supremacía o marcas de olor.
Las cárceles tenían un aroma estéril, casi fastidioso. No poder oler nada era inquietante, era como un mundo de secretos, donde serán forzados a vivir de la intuición. Pero ahora se olían y probablemente el alfa estaba tan confundido como él.
—Dime la verdad —soltó el alfa en un suspiro, con un tono cortante que le hizo sacudirse un poco. Apretó las piernas y definitivamente vio el aleteo en la nariz del alfa.
Puede olerme, pensó. Se tensó con las mejillas calientes.
—Mírate —dijo el alfa de repente en tono bajo y oscuro—. ¿Estás mojado por mí, omega? ¿O estás mojado por hablar de mentes oscuras? ¿Te gustan las mentes oscuras?
—No —replicó en tono firme—. Me repugnan, pero es el trabajo —la última parte no sonó tan seguro.
La comisura de los labios de Harry se elevó.
—Entonces ¿cómo es que puedo confiar en tu imparcialidad si odias los de mi clase?
—Tú no eres de su clase —respondió sin pensar.
El alfa se inclinó más y las esposas sonaron sobre la mesa, el guardián carraspeó tras él en una advertencia.
—Cálmate, Rob. Sólo necesito más privacidad con mi entrevistador —dijo Harry en respuesta tan cerca de él que Louis podía sentir su aliento—. Responde —ordenó.
Louis sintió la urgencia de morder sus labios y apretó un poco más sus piernas.
—¿A qué? —respondió en su lugar.
—¿Por mí? ¿por las mentes oscuras?, talvez ¿una mezcla de ambas?
—Por nada
—Puedo olerte ¿lo sabes no? —Louis pasó saliva, mientras Harry movía su olfato hacia él—. Una deliciosa humedad corriendo por tu bonito culo, con aroma a vainilla, pero con el picor de la canela. ¿Pondrás en tu libro como te pusiste de cachondo mientras me escuchabas hablar? O ¿cómo te mojabas por contarme a mí, un convicto, lo que otros criminales te relataban?
—No… no lo hago
—¿No haces qué? —le increpó. Louis sintió sus ojos vidriosos, el aroma romero se hacía más fuerte, tanto que ardía su nariz—. Casi puedo saborearte, estoy seguro que sabes tan picante como hueles.
—Basta —soltó con voz ahogada casi seguro que al levantarse tendría su pantalón húmedo.
—¿O qué? Tal vez todos aquí pueden oler tu perversión, por los criminales, debajo de esa camiseta fea y encajada y ni hablemos de esos ridículos pantalones café. Aunque, unos jeans… probablemente marquen mejor tu trasero.
—Se acabó la entrevista —soltó un poco después, mientras sus miradas permanecían conectadas y oprimió el botón de la grabadora, poderosamente consciente de lo que acababa de ocurrir, así como el hormigueo en sus entrañas.
—Escúchame bien, omega —advirtió el alfa—. Hoy vas a llegar a tu cama y te vas a envolver en tus bonitas sábanas blancas, porque sé que lo son. Escucharás mi voz en esa grabadora, una y otra vez, te correrás tres veces con uno de esos juguetes tuyos. Probablemente no sean de mi tamaño, porque eres un omega conservador ¿no? —aseguró—. Pero aun así te vendrás —entonces su voz se oscureció y Louis sintió el aroma fuerte, la voz alfa del alfa tronó en su garganta—. Volverás aun después de esto, porque lo que causa esto en ti, soy yo. Vendrás y me contarás lo que hiciste. Es una orden.
Los grilletes chocaron contra la mesa y el ruido de la silla resonó como un eco, él no había podido decir ni una palabra, hasta que observó la borrosa mancha naranja frente a él levantarse luego de ello el golpe de una puerta cerrándose.
Aquella noche, Louis oprimió por tercera vez el botón de reproducción de la grabadora, sus piernas estaban adoloridas por la posición, la sábana blanca bajo él estaba completamente húmeda, el sudor perlaba su piel y entonces, la voz ronca de Harry inundó la habitación. Con su muñeca adolorida empujó de nuevo el pequeño juguete en su interior, la sensibilidad era demasiado, pero él debía ser obediente.
DÍA 20
Ya no tenía la misma fuerza que el primer día, se sentía más nervioso sus manos sudaban y mientras pasaba por el sensor de metales. Había tardado más en volver, sabía que, si bien no estaba obligado a contarle nada al alfa, sentía que la vergüenza le delataría, Harry sabría lo que él había hecho.
Ese día uso el doble de supresores y simplemente esperó que su aroma no se escapara, que sus pantalones no se humedecieras. El pretendió arrojar los pantalones de aquel día que se humedeció con las palabras del alfa, sentía que todo estaba mal con él, era enfermo y poco profesional. Sin embargo, se encontró oliendo su propio pantalón, su camisa, todo lo que había llevado aquel día para conocer si había un atisbo del olor de Harry en él y entonces lo conservó.
No era su primera vez haciendo eso, sin embargo, parecía que había algo que le afectaba más de lo usual con este caso. Había escrito un poco con lo que había recopilado de otras fuentes más que del mismo Harry, al menos había tenido algo que entregar.
Se sacudió una vez le ordenaron levantarse de aquella máquina donde se detectaban drogas.
El alfa le había escrito tentándole, dándole por escrito algunos detalles y él quería resistirse, quería decirle a su jefe que al carajo el libro y toda la mierda con Styles, no quería someterse a la vergüenza de desear un alfa, pero más que todo a un criminal. Leyó la carta una y otra vez y al final encontró el anzuelo un abierto “Hay cosas que se detallan mejor en persona”.
Al abrir la puerta, no tuvo que esperar, era extremadamente consciente que aquellos ojos oliváceos le miraban fijamente una vez la puerta se cerró tras él. Al fondo Sheldon el que solía acompañar más usualmente a Styles a sus entrevistas, su cabello grasoso estaba peinado hacia un costado y sus ojos le anunciaban algo en el fondo que él no fue capaz de descifrar.
Caminó con pasos lentos apretando su cuaderno contra su pecho antes de sentarse en el escritorio. Sus gafas volvieron a su rostro tratando de recoger tal vez un poco de cordura que le quedaba. Mantuvo sus manos firmes lo más que pudo para evitar temblar, sacó abrió su cuaderno y empujó la grabadora como era usual al centro de la mesa.
—Señor Styles —saludó ante el silencio del alfa.
Sabía que estaba siendo ridículo después de haberse tuteado días atrás; pero no importaba. Harry no le contestó lo que le obligó a levantar la mirada encontrándose con aquellos ojos verdes.
El alfa parecía un poco más grande, su cabello estaba desordenado y caía sobre la frente. Es inusual que los reclusos usen el cabello largo, sin embargo, parecía que no había reglas para el alfa. Al menos, la mayoría del tiempo.
—Frente al político Strauss, fue sencillo ingresar a su círculo, su interés era puramente sexual a través del sexo sueles conseguir lo que deseas, e incluso manipular dándolo o no.
—Pero, él es un beta —soltó sin mayor reparo, casi escupiendo sobre aquellos seres simples. O tal vez había un tinte de desagrado, después de todo pensar en el alfa con alguien más…
—Que le gustan los nudos aunque su culo sangre —entonces aquella sonrisa socarrona y coqueta atravesó el rostro del alfa causando que él cruzara sus piernas—. La primera acción de su compañía me la entregó a título gratuito a los dos meses de conocernos y con mis contactos logré que obtuviera un puesto en el senado.
—¿Qué contactos?
El alfa rio y entonces puso sus manos sobre la mesa. Las venas se marcaban en ellas y no había grilletes alrededor de sus muñecas. El alfa presionó el botón de grabar y entonces Louis se dio cuenta de su propia torpeza, ni siquiera había empezado a grabar.
—Aún tengo varios pendientes en vida, no me interesa irme contra la élite. Aunque ellos mismos me den protección y dinero suficiente para vivir tan bien como quiera.
—¿Por qué no ofertan tu libertad? —se atrevió a preguntar.
—No me necesitan en el juego de nuevo, puedo llegar tan lejos como quiero… Desde luego, saldré cuando necesite hacerlo.
Louis ató cabos y entendió, Harry también tenía un papel aquí, en doble vía. Por primera vez el alfa estuvo tan abierto, que pudieron hablar de su ascenso sin algunos nombres por más de media hora. Hasta que notó que el alfa elevó su mano y entonces Sheldon abrió la puerta que comunicaba con la parte interna de la cárcel por lo que supuso que la entrevista que había tenido por primera vez coherente, había terminado.
Sin embargo, notó que el guardián no se acercó al alfa sino que salió y cerró la puerta tras él.
Louis empezó a escuchar su corazón palpitar tan fuerte que podía escucharlo en sus oídos. Harry se levantó de su silla y entonces él pudo notar que ni siquiera tenía restricciones en sus pie… Harry podría… podría irse contra él y nadie estaba para protegerle.
Trato de levantarse; pero por alguna razón sus piernas no se movían. En su lugar, Harry caminó bordeando la mesa hasta que se colocó tras él y puso sus manos en espaldar de la silla. Un escalofrío recorrió su piel y de inmediato su agujero se apretó.
—Después de fingir que hablábamos cosas interesantes, me temo que estaba esperando que lo primero que me dijeras sería sobre la orden que te di. ¿Cómo usaste aquel juguete tuyo en ti aquel día en que mi aroma te afectó?
—Harry, no…
—No ¿qué? —preguntó el alfa con voz gruesa y entonces un aroma invadió el espacio—. ¿No lo hiciste? —susurró en su oído y Louis gimoteó una vez aquel aire caliente golpeó en su oreja.
—Alfa…
—Correcto —soltó con sorna—. Dilo ahora. Cuéntale a tu alfa como te corriste no menos, ni más de 3 veces tal como te ordené.
Louis suspiró y sintió que sus ojos se ponían vidriosos, empezó a ver borroso mientras el aroma parecía abrigarlo más. Sus manos empezaron a temblar sobre la mesa y entonces lubricó, su aroma superó la barrera de los supresores y sabía que Harry podría olerlo.
Un balbuceo salió de su boca en el momento en una lengua de paseó por su cuello. Y una mano empezó a desabrochar los botones.
—Habla ahora —ordenó el alfa usando su voz en él y ya no pudo resistirse más.
—Yo… encendí… encendí la grabadora y escuché tu voz —aceptó con voz temblorosa—. Estaba húmedo y solo tome… mi vibrador y lo use tres veces en mí.
—Tres corridas —dijo el alfa contra su cuello—. Tal como lo ordené. Una perra obediente. Pero también provocadora, ¿es por eso que hoy llevas jeans?
—Sí, alfa…
—Solo no imaginaste que estaría llenando tu hermoso culo con mi nudo. Te mantuvo cuerdo pensar en que no podría hacer nada aquí…
—No me harás nada aquí —afirmó con un hilo de voz.
—Tal vez debería enseñarte, que yo puedo hacer lo que quiera aquí. Incluso tomar mi puta.
Entonces el alfa tomó un puñado de su cabello y la adrenalina de Louis incremento. Harry iba a golpear, pero dentro él…porque tan alto como era giró su rostro y bajó su pantalón naranja liberando una gruesa y pesada polla.
—Abre la boca —ordenó.
Louis miró a través de sus pestañas aquellos ojos verdes reducidos a un hilo lleno por una pupila negra. Barrió sus labios con su lengua y la abrió y entonces Harry empujó contra su boca hasta el fondo causando que por reflejo en las primeras estocadas el hiciera arcadas hasta que se acostumbró.
Era salado pero su omega lo sentía tan placentero que sentía la necesidad de tocarse, pero no podía, su cuerpo sin ningún agarre se mantenía quieto solo permitiendo que ocurriera todo, gimiendo alrededor tan gustoso, tan caliente por aquel alfa que dominaba todo de él.
—No esperes una corrida, no la habrá. Ella irá donde debe estar, en tu vientre llenado todo. Justo después que tu culo apretado se cierre alrededor de mi nudo.
Entonces aquella verga salió de su boca y sin controlarlo un quejido salió de su boca causando que el alfa se mordiera el labio inferior y acariciara concienzudamente su labio inferior antes de empezar su pulgar en la boca. Louis se apresuró a cerrar los labios alrededor del dedo y chupar, aún sin orden.
—Toda una zorra. Mi linda zorrita. Lo supe desde el momento en que atravesaste esa puerta —Harry sacó su pulgar de la boca y le ayudó a ponerse de pie, cuando le tuvo enfrente el alfa se inclinó y devoró su boca, en un asalto fuerte, empujando su lengua contra la suya, persiguiendo… persiguiendo. Louis se desmoronó y se sostuvo con de sus hombros enterrando sus uñas—. Tu boca sabe a mí, a mi verga.
—Alfa… —gimió cuando este empezó a desabrochar su pantalón.
—Esto no será lindo, nene. Mis cogidas serán duras y rápidas mientras esté aquí. Pero será lo que necesitas, lo que yo necesito para tener todo de ti —El alfa bajó su pantalón hasta que cayó a sus tobillos y le empujó contra la mesa recostando su pecho y dejando su culo al aire—. Lo tomarás y me darás dos corridas.
Louis yació indefenso son sus manos y su mejilla derecha contra la fría mesa cuando Harry empujó contra él. Con la punta gruesa de su verga bordeándole en su agujero hasta que empujó.
—Uh, papi… —soltó en un sollozo, por más que la humedad desbordara de él, Harry era grande, grueso estiraba su agujero un estirón que le hacía sentir como si no hubiera tenido sexo antes, no había un antes Harry y Louis dudaba de un después.
Las embestidas eran larga y poderosas, dando estocadas contundentes que hacían que su pecho se deslizara por la mesa, antes de ser jalado y embestido de nuevo. Gimió cuando su polla fue tomada por una mano gruesa masturbándole una y otra vez a un ritmo más rápido que las estocadas.
—Vaya culo lindo el que me gane —soltó el alfa inclinándose sobre él asfixiándole un poco. Otra mano se posó cobre su nuca presionándole aún más contra la mesa impidiendo que se moviera, teniendo el control sobre él todo el tiempo—. Un agujero hecho para mí, apretado y delicioso. Como chorrea mi zorrita por mí, esto querías ¿no?
Louis se sentía torturado, sobre estimulado, con su polla a punto de explotar en la mano del alfa y su agujero apretando más y más, corriéndose una primera vez. Gimiendo de frustración cuando el alfa apretó la base de su pene solo permitiendo una corrida anal.
—Tendrás el otro una vez yo le anude dentro de ti. Ya casi precioso…
Louis apretó los ojos luchando por mantenerse de pie, sus piernas temblaban por la intensidad del orgasmo anterior y por la anticipación del que estaba por llevar. Harry le presionó tanto contra la mesa que le costaba respirar, la espalda del alfa se pegó contra su espalda y las estocadas empezaron a ser más rápidas y él no pudo evitar elevar el sonido de sus gemidos.
La mano de Harry cubrió su boca con su mano y otra vez su lengua pasó por su cuello y oreja y entonces estalló causando que él mordiera la mano del alfa corriéndose una segunda vez, con su polla aún dura, porque solo su culo podía liberarse alrededor de esa deliciosa polla.
Cuando el nudo empezó a hincharse las lágrimas salieron por sus ojos.
—Eso es, perra. Tómala toda —susurró ronco a su oído y él se desvaneció en sus brazos.
Cuando el nudo se desvaneció y Harry se deslizó fuera, Louis podía jurar que escuchó un pequeño ruido sordo que anunció tal situación… la humedad, el semen escurriendo por su trasero. No lo sabía, no podía moverse.
En silencio el alfa alzó sus pantalones y le levantó. Aunque Louis pensó que había acabado, Harry apretó su dura polla sobre lo pantalones mientras le miraba fijamente a los ojos.
—Córrete —le dijo antes de besarle nuevamente, lento acariciando su lengua con la suya antes de dejar una mordida en su labio causando que se corriera en un suspiro probablemente mojando sus pantalones.
Luego de ello, Harry se alejó de él y le giñó el ojo.
—Más vale que tapes eso —indicó señalando con su barbilla la parte frontal de su pantalón.
Y entonces se alejó de él, tocando con su puño la puerta por donde había desparecido el guardián, notando que la puerta se abría y el alfa desaparecía a través de ella.
DÍA 260
Louis presionó “enviar” para luego quedarse mirando fijamente su computadora, con alivio, preocupación, intranquilidad, en fin, una revoltura de sensaciones. Era la versión final para la revisión del editor, no sabía si aquel escrito resultaría ser un éxito o un completo fracaso, sin embargo, el tránsito del mismo, había sido una montaña rusa de emociones y situaciones.
Soltó un suspiro antes de beber lo poco que quedaba de su vaso de agua y se impulsó a ponerse de pie. Pasó con afecto su mano por su vientre. Se encontró de frente con el espejo de su estudio viendo cuan hinchado estaban, 8 largos meses… ¿Una mala decisión? ¿Una acción premeditada del alfa?
No podía decirlo con exactitud, lo seguro es que no era tan ingenuo como para creer que todo lo que el alfa había buscado de él, lo había obtenido; eso incluía lo feo, lo bueno y lo sucio.
Dos meses atrás, la última vez que le vio supo que estaba enamorado, porque aún con su vientre abultado, con Harry observándole con apreciación y satisfacción, al momento en que el alfa le preguntó si había estado con alguien más, él simplemente respondió “No papi, te estaba esperando a ti”.