Muse • ChanBaek

Summary

Baekhyun era la musa perfecta de Chanyeol, el chico pulcro que amaba retratar en sus obras. Aquellas que tanto expresaban sin necesidad de palabras y que además, amor por detrás cargaban. Era una pena que su hermosa fuente de inspiración nunca pudiera ver con sus propios ojos la belleza detrás de aquellos luceros blancos, que brillaban tanto como el sol y abarcaban como la neblina.

Genre
Poetry
Author
exoscore
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Muse

En 1900, el pueblo de Gyeongju se erguía como un relicario de historia ambigua. Las calles empedradas decoradas por edificios tradicionales coreanos cuyos tejados curvos parecían danzar junto a la brisa, le eran secretos susurrados o por lo menos casi tangibles. No había tal cosa como los colores chirriantes ni seductores, mucho menos un ambiente vibrante e impalpable. Sin embargo la apariencia desgastada en musgo y las enredaderas de flores silvestres le atraían.


Aquella villa solo poseía testigos mudos llenos de pasión que moldeaban con perspicacia aquella redonda. Podía sentir el olor a incienso trascender por sobre los puntos de venta alineados con la piedra esculpida de la avenida, había un ruido metalizado mezclado con un coro armonioso de pájaros que lo hacía virar de izquierda a derecha. En el corazón del lugar se escuchaba el surgir de los murmullos templarios y el arrebato de la cultura anglosajona cubrir por completo la vibra antigua.


Era un entorno de serena belleza cubierta por árboles que ayudaban a filtrar los rayos del sol, eran tan altos como las mismas estructuras; Lo que solo brindaba aquella imagen de pulcritud y simpleza qué tanto parecía adueñarse de Gyeongju. Un pueblo equívoco que al mismo tiempo sembraba magia en cada amaderado rincón. Y por ello Chanyeol estaba encantado.


La vida cotidiana bullía en variedad peculiar. Los artesanos declamaban en sus talleres, creando piezas idóneas con miles de materiales naturales e impecables. Los barrenderos pleiteaban de manera inverosímil; lanzándose miradas cómicas llenas de gracia y cero prepotencia, sacudiendo con esmero el polvo tras las piedras. Los clerigos de los templos aledaños se movían con sosiego en busca de realizar sus rituales diarios junto a los diáconos. Por supuesto también habían puestos cubiertos por la oligarquía, como lo era la administración y la armada. Y de entre todos ellos Chanyeol no era parte.


El nicho artístico solo tenía gracia si era ejercido bajo el mando de una buena familia de aristocratas o por lo menos esa fue la realidad hasta hacía poco; Él no era como aquellos maestros del arte que habían nacido con una cuchara de plata bajo la axila y ni por asomo fue criado en un entorno de refinamiento lujoso. Park era solo un visionario que amaba pintar extrañezas, plasmando aquella realidad añorada que al mismo tiempo criticaba. Nunca tuvo carretillas ni catapultas que lo lanzarán lejos, por mucho tiempo solo fueron él, su pincel y los pergaminos que su padre desechaba.


Ni siquiera había tiempo de detenerse a pensar en los Pojangs, aquellos cantos y rimas que lo absorbían cuando era mancebo solo podían terminar en deseos insaciables que nunca podía suplir. Ya había crecido con ciertos metros de más y aquello que caracterizaba lo imposible, no lo describía.


Él era un hombre poseedor de un oscuro cabello negro, sus ojos usualmente brillaban con curiosidad insaciable y su sonrisa, aunque de más esquiva, podría iluminar la amplia plaza con mucha facilidad. Chanyeol poseía una belleza singular que reflejaba con perfección su ya introspectiva personalidad. Él se movía con una gracilidad silenciosa que contrastaba con la intensidad de sus pinturas.


Amaba estar en un lugar como ese pues su mirada siempre encontraba una fuente de deseo tras posarse en los mercaderes, buscaba materiales para sus nuevas obras pero al mismo tiempo se inducia en un mar de ideas oportunas que le permitirían plasmar la esencia fantástica de la vida en sus lienzos. La poca luz del sol se reflejaba en los colores vibrantes de las telas y pinturas, todo ello lo seducía pues era una belleza palpable, un cuadro vivo y palpitante. Tanto como las flores.


Un tumulto de peonias combatirían junto a las rosas por su atención, de pronto aquel embrollo lo succionó pues el olor fresco se comío el lugar y lo convirtió en un olimpo lleno de paz. Él disfrutaba de la simpleza refinada, le gustaba la belleza en todas sus formas, algo como una mezcla entre elegancia y sofisticación. El arte, la literatura e incluso la filosofía. Ese mundo de sonidos, emociones e indulgencias.


La gallardía de Gyeongju donde su propia gente sonreía con compromiso encantador pero que a su vez escondía los prejuicios de una sociedad tradicional, pues artistas emergentes como él nunca fueron el estilo más remarcado en ese ambiente, menos los intelectuales o los que amaban diferente.


Y a él también lo detallaba lo último, amaba con una pasión que lo consumía por completo. Su corazón latía emocionado mientras los trazos no cubrían por completo aquella ligereza en sus lienzos. Byun Baekhyun era hermoso, su sola presencia fue un susurro de terciopelo elegante al momento en que sus ojos se posaron en su figura. Venía acompañado por dos criadas ataviadas con vestidos convencionales, su hermosura cayó como un rayo de luz en mitad de la plaza. Ese día llevaba una larga bata blanca de mangas amplias y cuello alto, confeccionada justo para su cuerpo. Traía su cabello negro como la noche sobre sus hombros, tal cascada de seda. Su rostro irradiaba brillo propio con aquellos labios rosa. Sin embargo, lo que más llamaba la atención era el bendaje de tela porosa que cubría sus ojos.


Aunque al principio tuvo mucha curiosidad, por un momento se preguntó cómo alguien que no podía ver emitía tanta belleza. No pasó mucho tiempo para entender en que aquel encanto no residía en su capacidad para observar, sino en la manera en que parecía sentir el mundo a su alrededor. Aquel mundo fantasioso que Chanyeol tanto evocaba. Su sonrisa, su postura, la manera en que se movía con gracia y seguridad. Era como si un fulgor interior lo guiará entre la oscuridad. Un tipo de Tiresias qué veía la vida de una manera que él nunca llegaría a entender.


Por ello fue que Baekhyun había empezado a aparecer en sus obras, la oleada de inspiración lo llevo a desear capturar aquella lúcida imagen incluso en el anonimato. Era una presencia muy poderosa que emanaba energía atrayente e irresistible, él sabía que nunca podría capturar con jovialidad la esencia del chico en sus pinturas, pero pese a eso no podía evitar sentirse atraído por el desafío que traía consigo intentarlo. Cada trazo, cada pincelada parecía tomar sentido a medida en que intentaba plasmarlo en su lienzo. La luz, la sombra, la textura de su cabello y piel, todo parecía cobrar una dimensión nueva y más profunda a punta de trabajo. Chanyeol sabía que solo estaba raspando la superficie de algo mucho más complejo. Eso que el chico llevaba consigo, ese aura invencible que lo definía.


Los rayos del sol comenzaron a declinar, proyectando sombras largas y sinuosas en la villa. Chanyeol absorto en su labor, no se dio cuenta del tiempo que pasó hasta que el olor aceitoso de las lámparas reemplazó aquel aroma floral que tanto le agradaba. Esa era la sensación de desconexión que le ocasionaba el solo pensar en aquel chico. El mismo que se encontraba a cierta distancia de ahí, rodeado de una gran multitud de personas que parecían admirarlo. Park sintió un escalofrío recorrer su espalda al darse cuenta de que Baekhyun parecía estar mirándolo directamente, a pesar de que sus ojos estaban cubiertos por el bendaje.


Ahí se sintió como si hubiera sido atrapado en una red de fascinación, no podía apartar la mirada de su figura, sonriendo a su dirección con determinación. La muchedumbre que lo rodeaba parecía haber desaparecido, solo quedando los dos, conectados por una mirada invisible. Byun comenzó a caminar hacia él con fuerza sobrenatural, sus pasos eran lentos y deliberados, como si estuviera savorizando cada momento. Se sintió hipnotizado indudablemente, incapaz de moverse o apartarse de los Pojangs. La distancia entre ambos se redujo con cada paso, hasta que finalmente se detuvo frente a él.


El aire comenzó a faltarle por lo denso que se había vuelto, no podía sentir aquella suave respiración sobre sí pero falta tampoco le hizo pues, aquel rostro pálido de porcelana qué yacía cerca de él le fue suficiente para poder retratarlo con mucha mayor claridad, Baekhyun era un hombre hermoso de lejos pero lo era mucho más de cerca. Con facciones delicadas y dientes resplandecientes en posesión. Se sintió como si estuviera al borde de un precipicio, listo para saltar hacia lo desconocido.


El chico llevaba consigo un aroma intenso que llenaba sus sentidos. Podía ver la suavidad de su piel, el brillo de sus labios y la forma en que su cabello crespo caía por los lados de su cabeza, era como si el tiempo se hubiera detenido, se sentía suspendido en un vacío de sensaciones.


De pronto Baekhyun levantó una mano, la que parecía estar esperando algo, pero sin saber qué. La extremidad se detuvo en el aire, como si estuviera sopesando para luego, con un movimiento lento acercarlo a su rostro, Chanyeol contuvo la respiración, esperando la continuación sobre lo que hacía de él. La yema de sus dedos rozaron su mejilla, el tacto fue como una descarga eléctrica, sin embargo al siguiente acto el chico retrocedió con sorpresa.


─ Lo siento tanto.


Park no pudo evitar sentirse confundido por la disculpa que realmente no buscaba, la situación era un poco ridícula porque después de todo él había estado pintando a Baekhyun de todas las formas y angulos por semanas. Siempre manteniendo la compostura.


Había algo en la forma en la que el chico se retractó, como si hubiera cometido un error grave, esto no lo hizo sentir menos que incómodo. Byun no se detenía en su ademan y aquello solo lo hizo rememorar la forma en la que había estado observando al chico por días. Tenía tan memorizado sus lunares que era casi increíble el como aún podía seguir aprendiendo cosas sobre ese hermoso rostro. Se sentía avergonzado de igual forma, era una conexión que no sabía explicar.


Por su parte, el muchacho parecía estar tratando de recuperar la compostura. Su rostro estaba serio y sus manos crispadas a los lados de su cuerpo. Chanyeol realmente se preguntaba el qué había pasado.


─ Estoy acostumbrado a acariciar al perro de este Pojang.


El joven de ojos ciegos se había acercado a él con tanta confianza que no había dado con la posibilidad de que alguien o algo estuviera allí, los ladridos del canino comenzaron a rebotar por el lugar cuando su posible existencia se vio en juego. Esto hizo que Chanyeol se diera cuenta de que Baekhyun debía haber estado muy acostumbrado a moverse por ese lugar sin ver, que era probable que ya tuviera un mapa mental de la zona. Así sabiendo exactamente donde estaba cada cosa.


─ Realmente no pasa nada, fue mi culpa por no moverme ─ el artista respondió amablemente para luego ver caer la coraza sería que se había ensamblado en aquel rostro pereno.


─ Me alegra que no haya pasado nada ─ dijo el chico con voz suave y melodiosa. ─ No me gustaría haber lastimado a alguien.


─ No te preocupes, estoy bien ─ respondió Park. ─ Y me alegra que hayas sido honesto sobre el perro. No sabía que había uno por aquí.


Baekhyun sonrió ligeramente y Chanyeol se dio cuenta de que era la primera vez que lo veía estirar sus labios de esa manera.


─ Sí, se llama MongRyong ─ aclaró el chico mientras volvía a extender la mano en busca del cachorro. Él lo observaba de cerca, estaba fascinado por la forma en que aquella alma desamparada se movía con tanta convicción.


De repente, un ladrido se escuchó desde una esquina de la plaza y quedo aún más atónito cuando el pequeño cuerpo vestido en batas corrió siguiendo el sonido.


─ Ah, MongRyong ─ su voz llena de alegría dio la bienvenida.


El cachorro apareció de detrás de una pila de cajas, su cola larga moviéndose emocionada. Baekhyun se agachó y acarició al perrito que se restregó contra su mano.


Chanyeol se sintió conmovido por la escena. La forma en que Baekhyun interactuaba con el animal era tan natural y fluida, aquel bendaje que lo limitaba parecía no ser un inconveniente en absoluto. No debía preocuparse nunca por aquel muchacho que en demasía había demostrado lo mucho que podía defenderse a pesar de salir solo, sin criadas.


─ Es un cachorro muy afortunado ─ dejó escapar el pintor, sonriendo.


Baekhyun rió y se puso de pie con MongRyong siguiéndolo de cerca. La figura baja se erguía con una elegancia que parecía desafiar cualquier restricción. Chanyeol se sintió hipnotizado por la escena, su mirada fija en la forma en que Baekhyun guiaba al cachorro. A medida que el joven ciego se movía, su bata blanca parecía flotar a su alrededor como si estuviera envuelto en una nube de algodón.


Chanyeol estaba enamorado del aura de tranquilidad que rodeaba a Baekhyun, como si su propio cuerpo estuviera haciendo drawn hacía un remolino de serenidad. Su corazón latía con una emoción que no podía explicar, donde sus sentidos estaban siendo llamados por algo más profundo que la simple curiosidad.


Finalmente después de lo que pareció una eternidad, Baekhyun se detuvo frente a él de nuevo, con su rostro alineado al suyo; Lo que sucumbio con coraje al artista que por primera vez estaba siendo visto, pero con verdadera seguridad.


El chico solo estiraba sus labios de un lado a otro sin decir nada o moverse, pero él tampoco necesitaba de más. Gustaba de esa faceta y estaba completamente a gusto de lo mucho o poco que veía de aquel chico ciego.


Podía sentir que el momento de su conexión con Byun terminaba pues sintió esa extraña sensación de melancolía que lo envolvía cada que su fuente de inspiración y eterno amor desaparecía. Baekhyun comenzó a alejarse hasta intentar perderse en lo más profundo de la plaza, entre aquellos locales que en ningún instante dejaron de salpicar sus miradas sobre ellos. Él no quería interrumpir el momento por lo que se mantuvo en silencio, observando como el chico se iba. Dejando escapar la palabra adiós en el segundo en que el muchacho estuvo lo suficientemente lejos para no escucharlo. Sin embargo, Baekhyun se detuvo por un instante, sonrió ligeramente y respondió con la misma palabra suave que tanto le costó dejar salir. No era su último adiós pero así se sentía. Chanyeol había quedado con una sensación de vacío y una imagen que ya nunca podría olvidar.


Estaba melancólico a ciencia cierta, la brevedad de su encuentro había sido lo más efímero que había sentido en mucho tiempo, un momento fugaz que se había esfumado en el aire sin dejar rastro. Pero pese a eso, también se sentía reconfortado por la certeza de que había podido compartir un instante de conexión con aquel hermoso ser humano.


Cuando el cuerpo contrario bañado en un blanco puro desapareció por completo, él también se fue. Se arrepentía un poco de no haber puesto punto final a su tarea de retratarlo a escondidas, sintiendo que había dejado algo al pendiente. Pero ya que más daba.


Al llegar a su hogar, Chanyeol se dirigió rápidamente a aquel pequeño estudio, su espacio íntimo y acogedor donde podía dejar volar su imaginación. Estaba ansioso por pintar a su musa de nuevo, pero esta vez de manera diferente. Quería capturar la esencia de su personalidad, su fuerza y aquella belleza que lo embelesaba. Plasmar en una amplia tela los únicos colores chirriantes y seductores de todo Gyeongju. Vivir esa emoción de hacer lo que le gusta gracias a la persona que más le gusta.


Se sentó frente a su caballete, comenzando a pintar con pinceladas suaves y delicadas. Por esa vez omitió el boceto porque ya no era necesario. La imagen de Baekhyun comenzó a formarse en la tela, su rostro sereno y aquella tranquila sonrisa. Estaba siendo transportado a un mundo de ensueño, donde la realidad y la fantasía que tanto amaba se entrelazaban en un baile etéreo.


Siempre gozaba de no omitir ciertas cosas gracias a la ayuda de su memoria pero esta vez no ilustró la benda porosa que cubría los ojos del muchacho. En su lugar pintó unos ojos grandes y blancos. Que parecían ver más allá de la misma superficie. Ojos que no veían nada pero que al mismo tiempo lo miraban todo, con una intensidad y profundidad que eran casi palpables. Su idea iba tomando forma y no había manera de sentirse más satisfecho. Había capturado la imagen de Byun, su fuerza y formosura. Donde quedaba tan legible lo increíble que parecía ser una persona al no ser limitada por una discapacidad, sino que por el contrario parecían ser aún más fuertes que cualquiera de ellos.


Park se alejó de la pintura para luego mirarla con detenimiento, estaba orgulloso de su creación y sabía que le había hecho justicia por primera vez a Baekhyun. Pues sus ojos blancos llenos de pulcritud le había brindado la oportunidad para entender que el chico no solo sí veía el mundo, sino que también tenía la gran dicha de sentirlo de manera diferente.