El Ultimo Testigo

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Summary

“Cuando Julián, un periodista desempleado, recibe una carta anónima que promete revelar la verdad sobre un pueblo desaparecido del mapa, su instinto lo empuja a seguir la pista. Lo que encuentra es más que una historia: es un testigo que ha visto el paso del tiempo y guarda secretos que desafían la realidad. Pero mientras se adentra más, Julián descubre que no es el único que busca la verdad… y que no todos quieren que esta salga a la luz."

Status
Complete
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1 - El Llamado

Julián se encontraba en su modesto apartamento, un refugio que parecía haberse quedado atrapado en el tiempo. Las paredes, adornadas con recortes amarillentos de viejos periódicos y fotografías en blanco y negro, contaban la historia de un hombre que había vivido sus días entre el éxito y el desencanto. Desde que lo despidieron por recortes presupuestarios, la rutina de rechazar ofertas y pagar facturas había consumido su energía y creatividad.

Un escalofrío recorrió su espalda. El nombre de Santa Marea, hasta entonces solo una palabra olvidada entre anécdotas y leyendas urbanas, se transformaba en la promesa de un misterio por desvelar. La incertidumbre y el escepticismo se mezclaron con una chispa de esperanza. ¿Podría ser esta la oportunidad que lo impulsara de nuevo a reescribir su destino?

Julián se quedó mirando la carta, sintiendo cómo su pulso aceleraba y su mente se llenaba de imágenes de un pueblo sumido en secretos, de historias que clamaban por ser contadas. El peso de los años y de las decepciones parecía disiparse ante la inminente posibilidad de renacer como narrador de verdades ocultas.

Sin perder un instante, tomó una decisión que cambiaría el curso de su vida. Con la determinación renovada, se levantó y comenzó a empacar lo esencial: su cuaderno de notas, la confiable grabadora de voz y, por supuesto, el misterioso sobre que ahora llevaba consigo el peso de un pasado olvidado. Al cerrar la puerta de su apartamento, el sonido de sus pasos resonaba en el pasillo, marcando el inicio de un viaje hacia lo desconocido.

Esa noche, mientras la ciudad dormía, Julián se dirigió a la terminal de autobuses, sabiendo que, sin importar los peligros o las sombras que pudiera encontrar, esa llamada era su oportunidad de redención y de darle voz a una historia que exigía ser contada.

La terminal de autobuses estaba casi vacía. Un par de viajeros dormían en los asientos de plástico desgastados, mientras una vieja máquina de café vibraba con un zumbido intermitente. Julián esperó su transporte mirando el sobre blanco una vez más. La tinta negra seguía tan firme como su curiosidad.

El autobús llegó envuelto en una nube de polvo, como si él mismo emergiera de una carretera olvidada. El conductor, un hombre de mirada cansada, ni siquiera le preguntó a dónde iba. Solo asintió cuando Julián mencionó su destino: “Lo más cerca que pueda de Santa Marea.”

El Viaje

Las horas pasaron lentas. El paisaje cambiaba de campos verdes a colinas áridas, cada vez más desolado. A medida que el autobús avanzaba, los pueblos se volvían más pequeños y las paradas más distantes.

Julián intentaba leer notas antiguas sobre desapariciones misteriosas y asentamientos fantasmas en su cuaderno, pero el ajetreo del vehículo lo hacía difícil. La carta seguía clavada en su mente. ¿Quién se la había enviado? ¿Por qué a él?

En la siguiente parada, subió un hombre mayor con la piel curtida por el sol y una barba gris desordenada. Se sentó a unas filas de distancia. Julián notó que el hombre le lanzaba miradas rápidas, casi evaluándolo.

Encuentro con el Informante

Cuando el autobús se detuvo en una estación de gasolina vieja, el hombre se acercó a Julián.

—¿Buscas Santa Marea? —preguntó con voz rasposa.

Julián sostuvo la mirada.

—Sí. ¿La conoce?

El hombre bajó la mirada.

—Santa Marea no debería ser buscada. Solo quedan cenizas y muertos olvidados allí.

—¿Qué ocurrió?

El anciano tragó saliva, visiblemente incómodo.

—Los que preguntan no siempre vuelven. —Se levantó y le susurró antes de alejarse—: Si llegas… busca al último testigo. Él sabe la verdad.

Julián quiso preguntar más, pero el hombre ya había bajado del autobús y se perdió entre la bruma de la carretera.

Pasos de misterio

El viaje continuó, pero algo cambió en la atmósfera. Julián sintió por primera vez que no estaba solo. Cada vez que miraba por la ventana, una misma camioneta negra aparecía a lo lejos, manteniendo una prudente distancia.

Al principio creyó que era coincidencia. Luego, tras varias horas y desvíos por caminos secundarios, la camioneta seguía allí.

Su mente se llenó de preguntas. ¿Quién más sabía que iba a Santa Marea? ¿Estaban tratando de detenerlo?

Intentó tomar notas, pero la ansiedad lo mantenía inquieto.

Llegada a las Sombras de Santa Marea

Al anochecer, el autobús se detuvo en una carretera polvorienta. El conductor miró a Julián por el espejo retrovisor.

—Hasta aquí llego. El resto del camino es a pie.

Julián bajó con su mochila. El aire olía a mar y óxido. La carretera se estiraba hacia la costa como una cicatriz abierta en la tierra. A lo lejos, entre la bruma marina y los restos de un bosque quemado, vio estructuras derruidas.

Caminó despacio. El crujido de sus botas sobre la grava era el único sonido. A medida que se acercaba, el viento trajo consigo el chillido de un cartel viejo que se balanceaba en una estructura corroída.

“Bienvenidos a Santa Marea.”

La pintura estaba casi borrada, pero el nombre seguía allí, como desafiando al olvido.

Julián tragó saliva. Algo en su interior le decía que no estaba solo en ese pueblo muerto.

A sus espaldas, entre las sombras, la silueta de la camioneta negra se asomaba a la distancia.