Two Omegas and a baby in the way {One-shot}

Summary

Genya y Muichiro son una pareja poco común, dos Omegas emparejados, amantes, lo cuál la sociedad lo podía llegar a considerar tabú o algo extraño. No se supone que dos Omegas puedan estar juntos, o formar una familia... Pero ellos dos nunca fueron buenos obedeciendo las normas, ¿Verdad? ---- Volví a hacer uso de mi viejo estiló de diálogo que consistía en "", pero creó que solo lo usare en este One-shot. No habra +18, a lo mejor se hara referencia de que hubo, pero nada más. Espero que os guste la historia. (Ya publicada en mas plataformas.

Genre
Other/Romance
Author
PolK
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Milagro inesperado

La lluvia caía suavemente sobre la ciudad mientras Genya caminaba por el pasillo del hospital, sus pasos algo vacilantes. No había nada grave, pensaba, solo se sentía extraño, cansado, como si algo en su cuerpo no estuviera funcionando bien. Había estado teniendo náuseas, mareos, y un cansancio que no podía sacudirse, lo que lo había llevado a hacer una cita con su médico. Aunque trató de tranquilizarse, sabía que algo no estaba bien.


Muichiro caminaba a su lado, observándolo con preocupación. Su pareja, su compañero y protector, siempre tan calmado, tan distante en su manera de ser, pero Genya conocía esa mirada. Sabía que Muichiro sentía que algo iba mal, aunque no decía nada. El silencio entre ellos se había alargado mientras se dirigían hacia la consulta. Genya lo notaba, pero no quería preocuparlo más de lo necesario.


"Te sientes realmente mal, ¿verdad?" preguntó Muichiro en voz baja, su tono suave pero lleno de esa calidez tranquila que siempre lo caracterizaba.


"Sí..." Genya respondió, rascándose la cabeza, sintiendo un nudo en el estómago. "Pero… no creo que sea para tanto. Solo algo raro. Lo más probable es que sea por el estrés, o por no estar durmiendo bien." No quería preocuparlo, pero en el fondo sabía que algo estaba más allá de lo común.


Cuando llegaron a la sala de espera, fueron recibidos rápidamente por la enfermera, quien los condujo a la consulta. El médico, un hombre de expresión amable pero atento, ya los estaba esperando. Después de saludar y de que Genya le explicara sus síntomas, el doctor procedió con una revisión rápida.


El ambiente era tranquilo, pero Genya sentía cómo su nerviosismo aumentaba. Muichiro estaba allí, siempre en silencio, pero presente. Después de un breve análisis, el doctor les pidió que se quedaran en la sala unos minutos mientras revisaba los resultados de los exámenes que le habían realizado.


Cuando el médico regresó, su rostro era serio, pero había algo de suavidad en su mirada, como si estuviera preparándose para darles una noticia importante.


"Genya, después de revisar los resultados, hay algo que debo explicarles", comenzó el doctor, mirando a ambos con atención. "Lo que está sucediendo es algo poco común, incluso para Omegas. Los resultados muestran que estás... embarazado."


El impacto de esas palabras golpeó a Genya con una fuerza abrumadora. Embarazado. Su mente no pudo procesar las palabras de inmediato. Estaba en shock. Miró a Muichiro, quien seguía tan calmado como siempre, aunque sus ojos reflejaban una ligera sorpresa, como si también estuviera procesando lo que acababan de escuchar.


"¿Embarazado?" repitió Genya, sin poder creerlo. Las palabras flotaban en el aire, pero no lograba encajarlas con la realidad de lo que estaba sucediendo. La posibilidad de que un Omega pudiera embarazar a otro Omega era casi un mito, algo de lo que rara vez se hablaba. No se mencionaba, no era común, y nadie realmente sabía cómo sucedía o las implicaciones que tendría.


"Sí, Genya," dijo el doctor, asintiendo con suavidad. "Sabemos que en los Omegas, el embarazo generalmente es algo muy raro entre dos Omegas. La biología humana no suele permitirlo, pero en algunos casos excepcionales, puede suceder. Es un milagro en sí mismo. Sin embargo, tienes que entender que esto no es algo común y que puede haber complicaciones. Estás en las primeras semanas, pero es importante que te cuides y sigas nuestras indicaciones."


Genya se quedó mirando al doctor, sintiendo que el mundo se desmoronaba a su alrededor. No podía creerlo. "¿Cómo? ¿Por qué…? Yo pensé que era imposible para… dos Omegas…" La idea de que esto pudiera pasarle a él le parecía un sueño extraño, algo de otro mundo. La genética de los Omegas era compleja, y las posibilidades de embarazo entre dos de ellos eran casi nulas. Siempre se había hablado de eso en sus círculos, pero nunca pensó que viviría algo como esto.


Muichiro, que hasta ese momento había permanecido callado, miró a Genya con una expresión más suave de lo habitual. Se acercó a él y le tomó la mano con delicadeza. "Lo vamos a superar," dijo en voz baja, casi un susurro. "Nosotros dos, juntos. No importa lo raro que sea esto. Yo estaré aquí."


Las palabras de Muichiro, tan simples y directas, fueron todo lo que Genya necesitaba escuchar. Era cierto, aunque todo parecía abrumador, lo enfrentaría con él. Siempre lo harían juntos.


El doctor continuó con la explicación sobre el seguimiento necesario, los cuidados y los pasos a seguir, pero Genya no dejaba de mirar a Muichiro, buscando algo en sus ojos, algo que le diera seguridad. Muichiro lo miró, y a pesar de todo, había algo en él que era indestructible. Genya no lo sabía aún, pero entendió que, en ese momento, estaba a punto de embarcarse en un viaje increíble, y no estaba solo.


"Genya," dijo Muichiro, su tono más serio ahora, pero con esa suavidad que solo él podía transmitir. "Lo que sea que venga, lo vamos a hacer juntos. Yo estaré a tu lado. Siempre."


Genya sintió una oleada de emoción en su pecho. Estaba completamente abrumado, pero las palabras de Muichiro, esa promesa tácita que siempre había hecho, le dieron un consuelo que ninguna explicación médica podría haberle dado.


"Lo sé," susurró Genya, apretando su mano con más fuerza. "Lo sé."


Salieron del hospital en silencio, bajo la lluvia, pero ahora con algo nuevo, algo más grande que las dudas. Un embarazo, un milagro que ni ellos se esperaban, pero que en ese momento sentían como una nueva oportunidad. Sabían que sería un camino difícil, lleno de preguntas y miedo, pero también estaba claro que no lo caminarían solos.


Muichiro caminó a su lado, y aunque el futuro era incierto, el amor entre ellos brillaba más que nunca.


Los días siguientes fueron una mezcla de emociones. Genya, aún asimilando la noticia de su embarazo, se encontraba en un estado constante de sorpresa, miedo y, por momentos, esperanza. La idea de ser padre le parecía surrealista. No es que no hubiera considerado esa posibilidad antes, pero la realidad de la situación era completamente diferente a lo que había imaginado.


A pesar de todo, había algo en el ambiente de su hogar que le daba calma. Muichiro, quien solía mantener su naturaleza distante y reservada, comenzó a mostrar más cuidado y atención hacia él. Era un hombre de pocas palabras, pero sus gestos, su presencia silenciosa, hablaban por sí solos. Siempre estaba allí para sostenerlo, para asegurarse de que no se sobrecargara.


Una mañana, cuando el sol comenzaba a filtrarse tímidamente entre las nubes, Genya despertó con un leve mareo. Aún estaba asimilando la noticia, y aunque había comenzado a acostumbrarse a los cambios en su cuerpo, la incertidumbre lo seguía acechando. ¿Qué pasaría si algo salía mal? ¿Estaría preparado para ser padre?


Muichiro, al notar que Genya no se levantaba de la cama, se acercó a él con esa calma que tanto lo caracterizaba. Se sentó en el borde de la cama y le acarició suavemente el cabello.


"¿Cómo te sientes hoy?" preguntó, su voz baja y tranquila, como si intentara aliviar el peso de las preguntas que inundaban la mente de Genya.


Genya suspiró, apoyando la cabeza contra la almohada. "A veces me siento bien, otras no tanto," confesó, mirando a Muichiro. "Es solo que… no sé si estoy listo. Esto es tan raro. ¿Quién iba a imaginar que esto podría pasar entre dos Omegas? Todos los demás siempre hablan de lo imposible, de que nunca sucede."


Muichiro lo miró fijamente, sin decir una palabra. En lugar de eso, tomó la mano de Genya con firmeza y la sostuvo entre las suyas. "No importa si es raro o inesperado," dijo en voz baja, su tono sereno pero lleno de una seguridad que Genya admiraba. "Lo que importa es lo que hacemos con lo que tenemos. Y tú y yo lo haremos juntos, sin importar lo que el mundo diga."


Las palabras de Muichiro fueron lo que Genya necesitaba en ese momento. Era cierto, tal vez el embarazo fuera un milagro o algo que no se esperaba, pero en ese momento, el solo hecho de estar con Muichiro lo llenaba de una calma inexplicable.


"Lo haremos juntos," repitió Genya, con una pequeña sonrisa que, aunque insegura, era sincera. "Pero… ¿qué pasa si no soy un buen padre? ¿Qué pasa si no puedo hacerlo bien?"


Muichiro lo miró con esos ojos fijos, los mismos ojos que le daban fuerza cuando más lo necesitaba. "No tienes que ser perfecto. Solo tienes que ser tú. Y yo estaré aquí, siempre."


Genya asintió, sus dudas un poco más apagadas por esas palabras de consuelo. No sabía lo que depararía el futuro, pero tenía la certeza de que lo enfrentaría con Muichiro a su lado.


Los días pasaron lentamente, con las citas médicas y los chequeos regulares que comenzaron a volverse más comunes. Genya aprendió a lidiar con los cambios en su cuerpo, las náuseas y el cansancio que lo acompañaban. Pero también empezó a sentir algo nuevo: la pequeña chispa de vida que crecía dentro de él. A veces, cuando se quedaba quieto, podía sentir una ligera presión en su abdomen, como si el bebé estuviera allí, dándole señales de su presencia. Era un recordatorio constante de lo que estaba ocurriendo, de la nueva vida que estaba formando junto a Muichiro.


Una tarde, cuando Genya estaba descansando en el sofá, Muichiro entró a la sala con una taza de té en las manos. Se acercó a él y se sentó a su lado, ofreciéndole la bebida.


"¿Cómo te sientes hoy?" le preguntó, como si no hubiera habido un solo día de diferencia. Pero Genya podía ver en sus ojos el pequeño brillo de preocupación, esa ligera sombra que siempre estaba presente en las personas que se preocupaban genuinamente por los demás.


"Me siento... bien," respondió Genya con una sonrisa débil. "Hoy no ha sido tan malo. Creo que me estoy acostumbrando."


Muichiro asintió y puso la taza en la mesa, mirando a Genya con esa intensidad tranquila que lo caracterizaba. "Genya, quiero que sepas algo. Aunque esto sea inesperado para ambos, lo vamos a hacer bien. No sé qué traerá el futuro, pero estoy seguro de algo: no estaremos solos."


Genya lo miró, sus ojos llenos de incertidumbre, pero también de una creciente confianza. "Sí… lo sé. No quiero que me dejes solo, Muichiro. No me imagino este camino sin ti."


Muichiro sonrió suavemente, esa sonrisa que solo él compartía en momentos tan íntimos, tan suyos. "Nunca te dejaré solo. Estaré contigo cada paso del camino."


En ese momento, Genya supo que, aunque el camino por delante estaría lleno de incertidumbre y desafíos, nunca tendría que recorrerlo solo. Estaba embarazado de un milagro, sí, algo raro, algo que ni siquiera ellos habían esperado, pero lo más importante era que lo harían juntos. Y con Muichiro a su lado, estaba listo para enfrentar lo que viniera.


El futuro, aunque incierto, se sentía un poco más brillante, un poco más esperanzador. Genya miró a Muichiro, sintió la calidez de su presencia y supo que, de alguna forma, todo estaría bien. De ahora en adelante, no importaba lo que la gente dijera sobre lo improbable que era para dos Omegas tener un hijo. Lo que importaba era lo que ellos crearan juntos.


Y ese milagro, ese pequeño ser que crecía en su interior, sería la prueba de que, a veces, lo imposible puede suceder.




Enfrentamiento



Sanemi aún no había dicho una sola palabra. Se había quedado mirando a Genya y a Muichiro con los ojos entrecerrados, como si intentara asegurarse de que lo que había escuchado no era un malentendido. Pero no lo era. 


Genya sintió un sudor frío recorriéndole la espalda mientras el silencio se volvía cada vez más pesado. Sanemi cruzó los brazos sobre su pecho y exhaló bruscamente, como si intentara calmarse. 


"¿Me están jodiendo?" 


Su tono era bajo, pero cargado de tensión. 


"No, Sanemi," dijo Genya, apretando los puños. "No es una broma. Estoy embarazado." 


Sanemi pasó una mano por su rostro, frotándose los ojos con frustración. Luego, miró fijamente a Muichiro. 


"¿Tú sabías esto?" 


Muichiro, que hasta ahora había mantenido su serenidad, simplemente asintió. "Desde hace algunos días." 


"¿Y por qué mierda soy el último en enterarme?" 


Genya sintió un pinchazo de culpa, pero no dejó que Sanemi lo intimidara. "Porque no sabía cómo ibas a reaccionar, ¿vale? No es fácil decirle a tu hermano, que su hermano menor, está embarazado. No es como si esto pasara todos los días." 


Sanemi dejó escapar un gruñido bajo. Caminó un par de pasos por la habitación, frotándose la nuca, claramente tratando de procesar la noticia. 


"Esto no tiene sentido," murmuró. "Omegas no pueden... ya sabes..." 


"Lo sabemos," intervino Muichiro con calma. "Es algo inusual. Pero pasó." 


Sanemi dejó de caminar y se quedó mirando a Genya con intensidad. 


"¿Estás bien?" Su voz había cambiado. Seguía tenso, pero ahora había preocupación genuina en su tono. 


Genya sintió un nudo en la garganta. Sanemi no estaba enfadado con él. Estaba asustado. 


"Estoy bien, Nii-san." 


Sanemi lo observó con detenimiento, como si quisiera asegurarse de que no le estaba mintiendo. Luego miró a Muichiro. 


"¿Y tú?" 


Muichiro ladeó la cabeza. "¿Yo qué?" 


Sanemi frunció el ceño. "¿Vas a hacerte responsable de esto?" 


Muichiro no se inmutó. "Por supuesto." 


Sanemi chasqueó la lengua. "Más te vale." 


El silencio se instaló entre los tres. Genya sintió que su corazón finalmente se relajaba un poco. Sanemi seguía tenso, sí, pero no los había rechazado. 


Sanemi suspiró y se pasó una mano por el cabello, claramente agotado. 


"Voy a necesitar un trago," murmuró. "O dos." 


Genya soltó una risa nerviosa. "No eres el único." 


Sanemi resopló y luego, de la manera más torpe y brusca posible, extendió una mano y le revolvió el cabello a Genya. 


"Supongo que voy a ser tío, ¿eh?" 


Genya parpadeó, sorprendido. "¿Eso significa que estás bien con esto?" 


Sanemi resopló de nuevo. "No, todavía no. Pero eres mi hermano. Y si esto está pasando de verdad, entonces... voy a estar aquí. Para lo que necesites." 


El alivio llenó el pecho de Genya. Sabía que Sanemi no era del tipo que aceptaba las cosas fácilmente, pero el simple hecho de que no se alejara significaba más de lo que podía expresar con palabras. 


Muichiro miró a Sanemi con una leve sonrisa. "Gracias." 


Sanemi gruñó. "No me lo agradezcas todavía. Voy a tener muchas preguntas. Y si este embarazo pone en riesgo la salud de Genya, no me voy a quedar de brazos cruzados." 


Genya rodó los ojos. "Sí, sí, ya lo sé. Pero voy a estar bien." 


Sanemi lo miró un largo momento antes de asentir. "Más te vale." 


Genya sonrió. Tal vez esto no iba a ser fácil, pero al menos, no tenía que enfrentarlo solo.


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Sanemi no se quedó mucho tiempo después de la conversación. Después de gruñir que necesitaba despejar la cabeza, salió de la casa con las manos en los bolsillos, mascullando que llamaría más tarde. Genya lo observó irse con una mezcla de alivio y agotamiento. 


Muichiro, que hasta ahora se había mantenido sereno, se acercó a él y le pasó una mano por la espalda en un gesto silencioso de apoyo. 


"Eso fue mejor de lo que esperábamos," comentó con su tono tranquilo. 


Genya dejó escapar una risa breve. "Si por 'mejor' te refieres a que no nos gritó ni amenazó con darnos un sermón de tres horas, entonces sí, fue mejor." 


Muichiro asintió. "Creo que está más preocupado que enojado." 


Genya se frotó la cara con las manos. "Sí, lo noté. Es raro verlo así. No sabe qué hacer con esto, pero... al menos no nos rechazó." 


Muichiro le dio un leve apretón en el hombro. "Sanemi es alguien que protege a su familia. No importa cuán sorprendido esté, seguirá estando aquí para ti." 


Genya sonrió un poco. "Sí... supongo que tienes razón." 


Muichiro lo miró por un momento y luego tomó suavemente su mano. "Deberíamos descansar. Ha sido un día largo." 


Genya asintió. Aún tenía muchas emociones revueltas en su cabeza, pero al menos, ahora podía respirar un poco más tranquilo. 


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Más tarde esa noche...

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Sanemi no había llamado, pero Genya tampoco lo esperaba. Sabía que su hermano necesitaba tiempo para procesar las cosas. Sin embargo, mientras estaba acostado en la cama, sintió vibrar su teléfono. 


Lo tomó y vio un mensaje de Sanemi. 


Sanemi:¿Tienes todo lo que necesitas?

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Genya parpadeó, sorprendido por el mensaje. 


Genya: Sí, ¿por qué?

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La respuesta llegó casi de inmediato. 


Sanemi: Porque si necesitas algo, dime. Y no hagas estupideces.

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Genya sonrió, sintiendo un calor familiar en su pecho. Esa era la forma de Sanemi de decir "Te apoyo". 


Muichiro, que estaba acostado a su lado, notó su expresión y le lanzó una mirada curiosa. "¿Sanemi?" 


Genya asintió y le mostró el mensaje. Muichiro lo leyó y esbozó una pequeña sonrisa. 


"Te dije que seguiría cuidando de ti," murmuró. "Eres prácticamente su bebé. Su bebé que tendrá un bebé."


Genya dejó el teléfono a un lado y se acomodó mejor, cerrando los ojos con un suspiro. 


Sí. Su familia estaba cambiando, pero al menos, sabía que no estaba solo en esto.