Prólogo
El sonido del teclado resonaba en la habitación en penumbras. Maciel pasó la última página de sus apuntes y dejó escapar un suspiro. La pantalla de su computadora reflejaba su rostro cansado; llevaba horas estudiando para el examen final. "Solo un poco más", se dijo, aunque sabía que su cuerpo pedía descanso.
Cerró el cuaderno, se estiró y apagó la luz de su escritorio. El reloj marcaba las 2:37 a. m. Se dejó caer sobre la cama y cerró los ojos, sintiendo cómo la pesadez del sueño lo envolvía lentamente.
Pero entonces... algo cambió.
Un frío inexplicable recorrió su piel, como si su cuerpo flotara en un vacío desconocido. Intentó moverse, pero era como si el aire mismo lo retuviera. Su respiración se aceleró, y un fuerte estruendo le llenó los oídos.
-¡Maciel! -una voz susurró su nombre en la oscuridad.
Intentó abrir los ojos, pero la luz era cegadora. Un calor extraño lo envolvió y, de repente, sintió que su cuerpo caía. No había suelo, no había paredes, solo un abismo sin fin.
Luego, todo se detuvo.
El sonido de la ciudad, el murmullo de voces desconocidas, el zumbido de tecnología avanzada. Maciel abrió los ojos de golpe y su corazón se aceleró al notar que no estaba en su habitación. Edificios futuristas se alzaban a su alrededor, pantallas luminosas cubrían el cielo nocturno y una voz robótica anunciaba algo en un idioma que no entendía.
Se miró las manos, su reflejo en un cristal cercano le devolvió la mirada. Era él, pero algo se sentía... diferente.
"¿Dónde estoy?", pensó con el corazón latiendo con fuerza.
El juego había comenzado.