╭¹╮
La etapa de los quince de toda persona, sin duda, fue la etapa donde te importaba un pepino el rumbo de tu vida y solo querías ser divertido, tener amistades y, sobre todo, poder conocer a tus ídolos.
Recuerdo que en esa época era muy buen estudiante, más que todo porque mamá siempre estuvo presente. No fue que Gordon no estuviera, pero siempre interponía su trabajo más que a mí. Eso no me importó en su momento, mucho menos ahora.
Pero para seguir con mi relato, mi vida a los quince años fue muy tranquila. Mi madre me lo agradece a todo pulmón. Todo era perfecto y normal hasta que, por cuestiones de la vida y por culpa de Simone, mi madre, y de Eugene, mi tía, conocí al chico que me haría hacer todo tipo de locuras. Hoy nos reímos, pero en aquel entonces fue desesperante.
Recuerdo la primera vez que lo vi: era su debut en la pantalla gigante. Estrenaba una película nueva, un llamado remix de otra película que en su momento fue popular. Recuerdo que mi madre me insistió en ir al estreno básicamente porque no tenía con quién dejarme, ya que Gene, mi tía, y mi primo Georg venían con nosotros. Así que asistí.
La película era interesante, obviamente, pero cuando salió él a escena fue magistral y único. Mis ojos no despegaron por un momento de la pantalla. Tom Kaulitz era expresivo y neutral, te atrapaba en el minuto uno con su magnífica actuación.
La película acabó, pero desde allí comenzó mi fanatismo por ese actor de 25 años, hijo de unos famosos actores y que el escogió con seguir su legado. Tom Kaulitz hizo muchas películas que, obviamente, vi junto con mi madre y tía. A ellas también les picó la curiosidad por ese actor, hasta pertenecíamos a su fandom. Éramos orgullosamente "Tomatelovers".
Georg decía que éramos unos tontos, que los ídolos no les importaban sus fans y solo nos utilizaban para hacerse más populares. De pronto, mi primo tenía razón, y algunos eran así, pero no Tom. Tom era tan sencillo y tan empático que era imposible pensar en eso. Tom era un sueño hecho realidad, y por dos años lo seguí fielmente.
Pocas veces tuve la oportunidad de verlo, siempre fue de lejos, pero tenía la satisfacción de haberlo tenido en el mismo entorno. Tom Kaulitz es alemán, igual que yo. Por eso, cuando su primera película como protagonista iba a ser lanzada, pidió que fuera en Leipzig, Sajonia, su ciudad natal, que se ubicaba a dos horas de Magdeburgo, mi ciudad natal.
Tom iba a estar en Alemania durante dos semanas. Aprovecharía su estancia para visitar a su familia y amigos, pero también lo hacía por trabajo. Aparte de promocionar su película, Tom debía asistir a muchos programas, tanto televisivos como emisoras, o dar entrevistas por internet.
Allí es donde entra mi primo Georg Listing. Aparte de burlarse de nosotros, mi primo conducía un programa por Instagram muy famoso en toda Alemania. El productor de dicho programa, David Jost, era amigo de infancia de Gustav Schafer, el manager de Tom Kaulitz.
Esta oportunidad no la podía desaprovechar David, así que contactó con Gustav para pedir una entrevista. El manager de Tom siempre ha sido un tipo familiar. Su esposa e hija viven en Berlín, así que ama su país. Aceptó de inmediato, claro que también le convenía un poco de publicidad.
Georg nos lo contó como modo de queja, pero para nosotros fue la mejor noticia. Uno de nosotros podría conocer a nuestro actor favorito, y aunque al principio mi primo se negó, accedió a pedirle unos autógrafos y, claro, las respectivas fotos.
Los días pasaron y el tan anhelado día llegó.
La entrevista sería a las dos de la tarde y yo estaba pegado a mi laptop. Faltaba una hora, pero quería ver si Tom subía algo a su Instagram, pero no hubo suerte. Dejé un momento la laptop en la cama y bajé para tomar algunas cosas. No me despegaría de esa pantalla por mucho tiempo, así que debía subir bebidas y comida.
Cuando bajé, mi madre también miraba su laptop, esperando el comienzo. —No sé por qué no estamos allí junto con Geo— lo dijo más para ella que para mí. Yo sonreí porque estaba de acuerdo, pero la seguridad que manejaba Tom era inmensa. Por mucho que quisiéramos estar allí, sería imposible. Toda Leipzig estaría agolpada para recibir a su coterráneo. Sería una travesía muy estresante. Era mejor verlo por pantalla, total, eso es lo que era: mi amor de pantalla.
—Esperemos que Geo nos traiga, así sea, los autógrafos—
—Como ese niño no lo traiga, lo desheredo de mi testamento—
—¿A quién vas a desheredar?— preguntó mi tía Gene, que entró en ese momento. Ni por ser madre de uno de los conductores del programa tuvo ese privilegio. —Si es a Georg, te apoyo. Es un mal hijo— se quejó, sentándose junto a mi mamá.
Yo sonreí y busqué mi comida para luego subir otra vez a mi habitación. Tomé la laptop y miré que ya estaba por comenzar. Geo hablaba de su trayectoria y de la nueva película, pero yo solo veía por la puerta donde seguramente entraría.
—Bien, es momento para recibir a nuestro invitado de hoy...— dijo Geo, haciendo una pausa para levantarse. —Si señoras y señores, hoy nos visita Tom Kaulitz, el famoso actor de la nueva película que está pronto a estrenar y que ha venido a promocionarla en Leipzig. Tenemos el privilegio de tenerlo aquí, así que desde ya está habilitado el chat para que manden sus preguntas—
—¡Qué!— escupí el jugo que en ese momento me tomaba. ¿Por qué el estúpido de mi primo no nos lo dijo? ¿Y ahora que hacía? ¿qué pregunta le haría? Obviamente, iba a participar. Siempre era optimista y tenía la seguridad de que Robert leería mi pregunta y, claro, Geo vería mi user de Instagram y sabría que esa era la mía.
Me llené de nervios. Tenía que ser una pregunta bien realizada y no una de esas mamadas que suelen preguntar. Pero ¿qué o cuál? Tom entró y saludó a mi primo con un apretón de manos. Le cortaría esa mano después, a mi primo. No mentiras, o quién sabe.
Tom se veía extremadamente guapo como siempre, pero esta vez se veía mucho mejor. Llevaba su típico pelo recogido en un moño alto, una camisa blanca, su chaqueta negra, pantalones negros, zapatos tenis negros y con unas gafas negras que se quitó para dejarlas en la mesa donde estaba el micrófono. Se sentó y sonrió cuando agradeció por haberlo invitado.
La entrevista empezó y no estuve atento porque todo lo que decía ya me lo sabía de memoria, y porque estaba pensando en la dichosa pregunta que iba a hacerle.
—Bueno, Tom, ¿qué te parece si leemos unas preguntas de tus seguidores? —preguntó Geo.
—Me parece perfecto —respondió Tom con esa voz que me derretía.
—Bueno, por aquí hay una —dijo Geo, haciendo una pausa para leer—. ¿Qué es lo que más te gusta a la hora de actuar?
—Oh, bueno, sería que puedo interpretar a varias personas, puedo tomar su esencia y después puedo dejar ese personaje colgado en algún lugar para ponerme este personaje, o sea, el que soy yo —respondió Tom.
-Lindo- suspiré.
Preguntas sin sentido fue leyendo entre mi primo y Robert, el otro conductor, hasta que por fin vino mi minuto de gloria. Mi primo leyó la siguiente pregunta que, obviamente, no era la mía.
—¿Tendrías una cita con uno de tus seguidores? —El rostro de Tom fue de simpleza; seguramente, la pregunta era tan banal para él, pero aún así la contestó.
—Claro que sí, estoy para y por mis seguidores —
—Oh, entonces aceptarías cualquier cita o tienes un tipo específico de chica para poder aceptarla —preguntó Rober.
—Mi tipo son todas las chicas hermosas, todas son mi tipo —respondió Tom con una sonrisa.
—¿Qué debe tener esa chica para poder llamar tu atención? Y esta pregunta la hace tu primo, Georg —interrumpió Robert.
Ay que chismoso era Robert, pero estaba expectante por su respuesta lo dudo un poco, pero finalmente la contestó.
—Solo creo que una sola cosa, y es que sea auténtica. Creo que si tú eres auténtica y real, podríamos tener una conversación muy amena —
—Oh, bueno, chicas auténticas, aquí Tom deja la puerta abierta —murmuró Georg, pero Robert interrumpió.
—He estado pensando esto desde que supe que vendrías a tu ciudad, y ahora que dejas la posibilidad de aceptar una cita con una seguidora, pues debo y estoy obligado a pedirte esto: queremos que tú tengas una cita con una de tus fans —
—¿Qué? —exclamé, Ahora amaba a Robert por esa sugerencia.
Tom sonrió, y por un momento, solo pasó por mi mente que ser yo quien estuviera cenando con él.
—Pero ¿cómo haríamos eso? —preguntó Geo, extrañado, y de paso borrando mi imagen mental.
—Haremos un concurso, y la que gane tendrá la oportunidad de poder tener una cena —
—¿Y qué tal no solo una cena, sino un día con él? Podemos preparar todo para que la afortunada ganadora esté contigo un día —sugirió Geo.
Tom no decía nada, solo sonreía, y yo rezaba e imploraba a todos los dioses conocidos que aceptara. Pero eso no pasó, y en lugar de eso, el tiempo del programa acabó, y la transmisión fue terminada.