Chapter 1
El sol agonizaba en lo alto cuando el mercenario entró al pueblo. Su espada de dos metros una mancha oscura contra el polvoriento camino hacía eco con cada paso, como si arrastrara consigo el peso de mil batallas. La bolsa que llevaba al costado emitía un leve zumbido, pero nadie pareció notarlo.
El pueblo respiraba contradicciones. Las casas, grises y descascaradas, contrastaban con la animación de sus habitantes. Los niños corrían hacia él, risas pegajosas como miel envenenada. Todos menos una. En el umbral de la taberna, una niña de ojos demasiado viejos para su rostro lo observaba. Sus pupilas eran pozos negros donde el mercenario creyó ver algo moverse.
"Desaparecen", susurró el posadero mientras servía un trago turbio. "Cada luna llena, dos o tres. Los buscamos, pero el bosque... el bosque no los devuelve igual". El mercenario fingió indiferencia, aunque sus nudillos palidecieron alrededor del vaso. La miseria ajena no pagaba sus deudas.
Cuando la noche estranguló los últimos rayos de sol, el pueblo se transformó. Las risas se convirtieron en susurros, los susurros en silencio. Y entonces... los silbidos. Notas discordantes que se colaban por las rendijas.
Al asomarse, vio a la niña de los ojos viejos liderando una procesión de niños sonámbulos. Sus pies descalzos no levantaban polvo al caminar. El mercenario los siguió hasta donde los árboles se hacían tan densos que parecían muros.
Allí presenció el banquete. La niña alzó manos esqueléticas y los niños se arremolinaron alrededor suyo como polvo hacia un remolino. Sus pieles se arrugaron, sus cabellos encanecieron en segundos. Cuando los labios de la niña se posaron sobre la frente del último niño, este abrió unos ojos que habían olvidado incluso el concepto de infancia.
El mercenario retrocedió, pero ya era tarde. Un dolor glacial le perforó la espalda. Al girar, encontró a la niña no, a las niñas, porque ahora eran dos sonriendo con dentaduras demasiado afiladas.
Con manos temblorosas, sacó la piedra de su bolsa. El artefacto pulsó con luz enfermiza antes de susurrar: "Todo préstamo exige pago, forastero". La primera arruga apareció en su muñeca como un gusano abriéndose paso bajo la piel.Fin.