Prólogo
Prólogo
Sus ojos se llenaron de lágrimas, y pude ver el miedo por el temblor de su cuerpo, pero no me importaba. Solo quería que empezara hablar de una vez por todas.
—Tu padre... solo seguía ordenes de él.
Todo se nubló en cuanto escuché sus palabras. Me levanté con rapidez del sofá en un instante. Mis pasos eran pesados, firmes, y el eco de cada uno resonaba en el reducido espacio que ahora parecía aplastarnos. Sentía como todo a mi alrededor se comprimía con una intensidad sofocante mientras avanzaba hacia ella.
—¿Qué órdenes? —mascullé entre dientes. Mi voz ya no era mía, había salido de mis entrañas como un gruñido. La paciencia ya no tenía cabida en mí—. ¡Termina de hablar maldita sea! —grité. Mi puño golpeó la puerta a su lado. La madera crujió bajo mis nudillos, y Andrea dio un salto, su miedo tan expuesto como un libro abierto.
Dentro de mí todo ardía. Cada pensamiento, cada duda, cada sospecha que había intentado reprimir se desbordaba ahora como una cascada imparable. Ya no había calma en ninguna parte de mi ser. Lo que yo esperaba escuchar era lo que ya sabía, lo que mi intuición llevaba gritando durante tantos años.
Andrea volteó el rostro. Pude ver cómo buscaba una salida, una escapatoria que no existía. Su respiración era errática, igual que la mía, la diferencia era que la mía estaba alimentada por una ira que amenazaba con consumirlo todo.
—Las fotos... —murmuró, su voz trémula. Apenas la escuché, pero esas dos palabras fueron como un golpe directo a mi estómago—. Me llamó para que las falsificara... —su voz se quebró y vi cómo se hundía bajo el peso de sus palabras.
—No —negué mientras el hueco en mi pecho se hacía cada vez más grande.
—Él siempre quiso separarlos. Todo fue su idea.
Mis puños se cerraron y mi cuerpo entero se tensó al escucharla. La miré fijamente, buscando algo en sus ojos, alguna señal de que todo eso era una mentira, pero no lo era. Lo sabía. Lo había sabido desde siempre. Y aún así, escucharla decirlo... era como si cada palabra fuera una daga más clavándose en mi pecho.
Andrea siguió hablando, su voz rápida, atropellada, como si estuviera desesperada por deshacerse de todo lo que había guardado en silencio durante tanto tiempo.
—Planeó irse del pueblo lo más pronto porque sabía que si la veías te darías cuenta de todo. Nos amenazó a todos, a Carmelo, al chico rubio lo obligó a posar con esa chica que se hizo pasar por ella en las fotos. Tu padre aprovechó que Maya había ido a visitarlo al hotel ese día para tomar las fotos de ella saliendo del lugar... Pero solo seguíamos órdenes. Por favor, debes creerme.
Mi padre. Él lo había planeado todo. Todos, absolutamente todos, habían sido piezas en su retorcido juego y yo había creído todo como un completo imbécil...