Donde duermen las mariposas

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Summary

Rubí fue la primera. Después vino el miedo. En Salemora, un pueblo que se esconde tras oraciones y costumbres, alguien ha comenzado a matar. Las víctimas no desaparecen sin más: son halladas con una mariposa tallada en el pecho, como una firma hecha con odio... o devoción. Dinah, hija del pastor local y blanco constante de acoso escolar, comienza a recibir notas inquietantes: palabras que mezclan ternura, amenaza y una peligrosa fascinación. A medida que las muertes aumentan y los susurros la señalan, ella no sabe si está siendo acechada... o elegida. Pero hay algo peor que el miedo a morir: la sospecha de que alguien te ama lo suficiente como para matar por ti. Cada cuerpo tiene un mensaje. Cada nota, una advertencia. En Salemora, alguien mata por amor... y Dinah es el centro de todo. Aclaró que esta historia es solo por gusto al terror y misterio, todo lo que se escribe es ficticio. No soy experta así que si hay algunos errores los arreglare conforme avancé con este mini proyecto :)

Status
Ongoing
Chapters
15
Rating
4.3 4 reviews
Age Rating
18+

Alegría del hogar

Las tardes de verano siguen siendo frías. La brisa que pasa con el viento a través de los árboles me resulta relajante. Llevo viviendo en el mismo pueblo desde que tengo memoria, nada tan moderno como las grandes ciudades, pero tampoco tan antiguo como para que no hubiera wifi.

Me gustaría ser como las protagonistas de los libros, que se ponen “lo primero que encuentran” y se ven como modelos de revistas, pero sinceramente soy demasiado perfeccionista, así que arreglo mi ropa un día antes de usarla. Tengo clases a partir de las 8 a.m., por lo que tengo el tiempo medido para poder hacer mi rutina: bañarme, secar mi cabello, lavar mis dientes, vestirme, maquillarme, desayunar, lavar de nuevo mis dientes, sacar a mi perro, pasar por café y entrar a clase, todo perfectamente calculado. La escuela no está lejos de mi casa, por lo que suelo llegar a tiempo, ver a mis amigos y entrar. Llegué a buscar a mi grupo de amigos exactamente a las 7:45 a.m., como de costumbre. Saludé a todos con un beso en la mejilla y un abrazo. Por un momento, dentro de la plática, Sofía me hizo un cumplido. —Di, ¡amo tu vestido, siempre te ves tan linda! Sonreí mirando mi vestido lila con flores blancas. —Gracias, Sofí, se me hizo algo tarde, entonces no lo pensé mucho —reí después de eso. Sé que mentí sobre planear mi conjunto, pero sería tonto admitir que me gusta tener mi vida bajo control.

Mi celular vibró en cuanto dieron las 7:55 a.m. Me despedí de todos y caminé hacia mi salón. La escuela no es enorme, pero llegar a tiempo es parte de lo que hace que pueda tener un buen día. La señora Alicia ya estaba sentada tras su escritorio mirando unas hojas a través de sus lentes. Parecía una tierna abuelita vista desde mi lugar, pero era lo suficientemente exigente como para que, si la tinta era de un color distinto, reprobaras el parcial. La clase inició con un regaño por la pésima presentación de los ensayos sobre la mitología. La profesora me miró y buscó mi ensayo para mostrarlo al frente. Fue un halago recibir esa ligera atención de ella, sabiendo cómo evalúa. Al terminar la clase, justo a las 11, tomé mis cosas y salí del aula camino al patio para continuar conversando con mis amigos, pero el ambiente se sentía diferente. Llegué y unos brillantes ojos verdes me recibieron. Bruno, uno de mis amigos, estaba contento como de costumbre. —Di, ¡no te vi en la mañana! —¿Cómo te fue en la clase? —Me senté junto a él en la mesa y comenzamos a charlar de la escuela, hasta que llegó la pregunta que me hizo sentir que nada sería lo mismo. —¿Te enteraste de lo que pasó con Rubí? Un escalofrío recorrió mi espalda. Rubí era la típica “chica mala” de la escuela; le gustaba molestarme durante las clases que compartíamos. Se puede decir que no me agrada. Miré a Bruno confundida y me reí sintiéndome nerviosa.— ¿Qué, por fin descubrieron que era una idiota aprovechada y sin cerebro?Él me miró un poco más serio y miró alrededor por si alguien se acercaba.— Dicen que la vieron por el río hace tres días y desde ahí nadie sabe nada de ella.Miré detrás de mí para que nadie pudiera escucharme.— No creo que debamos preocuparnos por ella, sinceramente espero que no le pase nada; pero aún así quizás es como la vez que desapareció dos días y resultó que se fue el fin de semana a la ciudad.Volvió a mirarme y sonrió burlonamente.— Creí que estarías feliz porque le pasara algo malo, pero veo que alguien es cero rencorosa y buena cristiana.Ambos reímos y cambiamos de tema.

Terminé mis clases a las 2 en punto, caminé a mi casa, busqué mis llaves y entré. Me recibió Elior, mi perro; saludé a mi papá, que estaba sentado en el comedor y tenía varios papeles desperdigados en la mesa. Algunos tenían oraciones como el Ave María, el Credo, el Padre Nuestro, etc. Pero el que llamó mi atención tenía la cara de Rubí en grande, con sus datos, su descripción y con la última vez que la vieron escrita en letras grandes. —¿Papá, para qué es esto? —Mi padre volteó a verme y me tomó de las manos con una expresión bastante preocupada. —Hija, los papás de tu amiga vinieron hace rato y nos pidieron ayuda para encontrar a su hija. Sé que no es mucho, pero sé que Dios podrá darle calma a esa familia.

Una sensación amarga me recorrió la garganta hasta sentir acidez en el estómago. Rubí no era alguien que me agradara; tal vez le deseé el mal cada que me molestaba por no ser como ella. Honestamente, su desaparición me hizo sentir paz. Acaricié el hombro de mi padre para que supiera que lo apoyaba. Me alejé dejándolo organizar el sermón de la tarde y me fui a la cocina para alimentar a Elior. Pasó media hora en punto; me acerqué a la estufa y comencé a hacer la comida: verduras asadas, carne y un poco de puré de papa. No pasó mucho tiempo hasta que mis hermanos llegaron a casa, sudados de llegar en sus bicicletas y riéndose de estar llenos de tierra. —¡Hola, Di! —Mira lo que te traje. —Mi hermano Asael corrió hacia mí con unas flores blancas con manchas naranjas; les llaman “alegría del hogar”, pero la sonrisa de mi cara se desvaneció al recordar que crecen cerca del río. Me arrodillé y tomé sus hombros. —¿De dónde las sacaste? Lo miré de forma firme y él se sorprendió, me miró con sus pequeños ojos marrones llenos de lágrimas. —F-f-fuimos al río, solo un poquito. —Quería traerte un regalo —dijo con voz baja a punto de llorar. Solo lo abracé. —Perdóname, Asa, solo me asusté por lo que pasó con Rubí. Ten más cuidado y evita ir por ahí, ¿sí? Él se limpió la cara y me abrazó. —Lo siento, Di. Me levanté y acaricié su cabello. —Perdóname tú a mí, pequeño. Ve y lava tus manos; ya deberíamos comer. Me sonrió y salió corriendo; al mismo tiempo iba entrando, casi atropellado, por Asael, mi hermano Saúl. —No deberías hablarle así, es tu hermano, no tu hijo. También eres una niña todavía. Lo miré algo molesta con las manos en la cintura. —Tal vez si no lo dejaran hacer todo lo que quiere, me preocuparía menos. Saúl sonrió y me abrazó. —Está bien, señora adulta. ¿Qué tal tu día? ¿Supiste de la chica desaparecida? Me volteé a servir los platos. —Sí, Rubí estaba en mi clase. —¿Qué, por novato estarás en el caso? Mi hermano solo fingió una risa y se levantó para ayudarme a llevar los platos a la mesa. —Mejor platicamos de eso luego. Acomodamos la mesa, mi padre movió sus papeles y Asael llegó corriendo a sentarse.

—¿Abrahán no va a venir? —preguntó mi padre. —Dijo que tenía que cerrar el café, así que llegará tarde —le dijo Saúl. Y tomó las manos de mi padre y Asael, mientras que Asael me ofrecía su mano y tomé la mano derecha de mi padre. —Señor Dios, te damos gracias porque nos haces partícipes de tus maravillas; te alabamos por los dones de tu amor y te bendecimos por la amistad que nos concedes vivir en torno a esta mesa. Que esta comida, en sencillez de corazón y en alegría, sea profecía del banquete del reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. La oración que conozco desde que tengo memoria y que jamás puede faltar para comer, como cada martes, Saúl la hizo. Pero antes de que pudiéramos responder, mi padre habló. —Te pedimos, Señor, que inspires a todas las personas involucradas en la búsqueda de Rubí, desde las autoridades hasta los voluntarios y aquellos que la conocen. Concede a su familia la paz interior para mantenerse unidos. Todos miramos nuestros platos, ligeramente incómodos por el tema. Al terminar de comer, levantamos los platos y Asael me ayudó a secarlos. Mientras hacíamos esto, él solo interrumpió el silencio: —¿Rubí está muerta? Dejé de lavar los trastes, algo inquieta. —No, Asa, solo está perdida, pero ya verás que pronto aparecerá. Terminé de lavar y secamos los trastes. Asa corrió a ver lo que hacía mi padre, mientras que Saúl sacaba sus papeles para continuar trabajando. Era como si mi madre hubiera predicho el futuro. Siempre quiso que mi hermano fuera alguien que ayudara a las personas y ahora acababa de iniciar a trabajar con la policía. Mi hermano Abrahán tiene el café más popular del pueblo, algo que mi madre le impulsó a hacer, y mi hermano Asael es un niño alegre, como ella quería.

Pasaron las horas, como tenía organizado: 4 p.m. hacer tareas, 4:30 p.m. pasear a Demian, 5 p.m. ir a comprar verdura en la tienda y luego tiempo libre, hasta que el teléfono de Saúl comenzó a sonar como loco. Se veía alterado y me volteó a ver. —Encontraron a Rubí... Mi padre y yo lo miramos, pero él tenía una mirada que nos decía que no era una buena noticia.

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