El primer encuentro
Todo empezĂł un dĂa normal, caminando lentamente con la firme decisiĂłn de no volverme a enamorar. Pero, en cualquier momento, un pensamiento puede cambiar drásticamente. Justo cuando girĂ© la esquina, vi pasar a un muchacho de cabello oscuro y ojos cafĂ©s claros que me hicieron perderme en su profundidad. Era como estar frente a un paisaje cautivador; su sonrisa iluminĂł mi mundo y me preguntĂ©: "ÂżQuiĂ©n es Ă©l?"
SeguĂ caminando, pero mi mente continuaba atrapada en ese rostro. Al entrar a clase, apenas podĂa concentrarme. La curiosidad me consumĂa. AsĂ que, cuando decidĂ pedir permiso para ir al baño, el destino decidiĂł jugar en mi contra. Al doblar la esquina, tropecĂ© con el chico de los ojos bonitos. Ignorándolo rápidamente, seguĂ mi camino, sin saber que ese encuentro cambiarĂa mi vida para siempre.
Lo que no sabĂa era que Ă©l era el chico más popular de la escuela y que todas las chicas deseaban conquistarlo. Sin embargo, Ă©l parecĂa tener ojo solo para aquellas que le convenĂan. En la hora libre de clases, mis amigos comentaban sobre el chico misterioso y yo sentĂa cĂłmo mi curiosidad crecĂa como una llama incontrolable. DecidĂ preguntarles su nombre.
“¿Te gusta? Sabes que le gustan todas,” bromeó uno de ellos. “Pero si tanto tienes curiosidad, creo que se llama Josué.”
“¿Cómo que creen?” respondà con un tono de incredulidad.
“SĂ, creemos que se llama JosĂ©,” dijo otro amigo con una sonrisa traviesa. “Pero es un chico presumido al que no todos tienen el privilegio de ser sus amigos.”
“Te damos un consejo,” añadieron con tono serio. “No te fijes en él; te lastimará. Mejor busca a alguien con mejores sentimientos.”
Me quedĂ© pensando si lo que decĂan sobre Ă©l era verdad. RecordĂ© mi decisiĂłn inicial y decidĂ dejar el tema de su fama atrás y enfocarme en mis estudios. DespuĂ©s de todo ese tiempo sin pensar en Ă©l, pasĂ© al siguiente año de clases.
Y fue allà donde lo volvà a ver. En un giro del destino, un amigo se acercó y dijo: “Te presento a José, Erika.”
“Asà que te llamas José,” pensé mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.
“Mucho gusto,” respondĂ tĂmidamente.
“Bonito nombre,” contestó él con una mirada sincera.
“Gracias,” murmuré mientras trataba de ocultar mi nerviosismo.
Mi amigo interrumpió: “Los dejo solos para que se conozcan.”
“Bueno,” respondió José sin dudarlo.
Entonces me preguntó: “¿Qué te gusta hacer en tus tiempos libres?”
“Escuchar mĂşsica,” respondĂ, intentando sonar casual.
“Está bien,” dijo él con una sonrisa intrigante.
“¿Y a ti quĂ© te gusta hacer?” le preguntĂ©, sintiendo cĂłmo la conversaciĂłn fluĂa entre nosotros.
“Me gusta tocar guitarra,” respondió con orgullo.
“Interesante,” dije genuinamente interesada mientras nuestras miradas se encontraban.
Continuamos hablando por horas; cada palabra parecĂa acercarnos más. Justo cuando estaba disfrutando del momento, recibĂ una llamada inesperada. Él me mirĂł curioso y preguntĂł: “¿Es tu novio quien te está marcando?”
ReĂ suavemente y respondĂ: “¿Y si fuera quĂ©?” En ese instante, algo cambiĂł entre nosotros; habĂa una chispa en el aire que prometĂa más aventuras por venir.