Autorretrato
De pie frente al lago, miro fijamente el reflejo que este me devuelve. El cabello rubio apagado y liso que cae cuál cascada sobre mi cara, tapando a medias las gafas de plástico que cuelgan sobre el puente de mi nariz, ocultando mis pequeños ojos azabache. Siguiendo el curso de mi cara, la nariz termina donde los labios empiezan, sin pasar por alto un pequeño lunar sobre estos, en la parte izquierda. Unas mejillas sonrojadas terminan de adornar mi cara.
Alta y de constitución media, yo, delante del lago, observo mi figura que ha ido empeorando con el paso del tiempo desde que dejé el deporte de lado por falta de tiempo. Hombros rectos, brazos estrechos y fuertes, cadera algo ancha, y unas piernas que parecen no terminar nunca.
Pero lo que el lago no refleja, es aquello que nadie ve mas aquellos que algo me conocen. La timidez y la vergüenza que suelo tener frente a nuevos comienzos, el nerviosismo que tengo a todas horas y la locura que pocas veces sin confianza dejo salir. Apasionada en cuanto a la música, el baile, el dibujo y la literatura, se refiere, y adicta, también, por aquello a lo que solo se puede llegar por ecuaciones matemáticas o físicas.
Cierro los ojos, pues, para no ver más ese reflejo que ha ido cambiando a medida que el tiempo ha ido avanzando y que va a cambiar más, sin embargo, ya que el tiempo prosigue sin pausa, estés o no dispuesto a seguir su curso.