El bosque
“Sabiduría es andar por la vida con humildad”
Lucas era un niño pequeño, curioso y travieso. Un día se había pasado del límite permitido por sus padres y se adentró en el bosque, donde se perdió. Al verse solo y perdido, rompió en llanto.
—¿Por qué lloras?—le pregunta alguien.
Lucas, sorprendido, se levanta rápidamente y mira a su alrededor, pero no ve a nadie.
—¿A quién buscas?—pregunta de nuevo la voz misteriosa.
—A ti—le respondió el niño.
—¿A mí? Pero yo estoy delante de ti—
Lucas miró hacia el frente. Pero, delante de él, solo había una pequeña y tierna ave.
—¿Eres tú?—le preguntó a la pequeña ave, aún dudando.
—Sí—le respondió mientras sacudía sus blancas plumas.
—¡Oh! pero las aves no hablan—
—¿Quién te dijo eso?—preguntó curiosa.
—Mi papá—dijo con orgullo.
—Mmm, ya veo, algunos humanos, cuando son adultos, pierden la habilidad de escucharnos junto con su amor por la naturaleza—le explicó brevemente.
—¿Yo también perderé la habilidad?—preguntó preocupado.
—No lo sé, eso solo dependerá de ti—le respondió a su pregunta mientras volaba hacia el niño, posándose sobre su cabeza—Aún no me has dicho por qué llorabas—
El niño suspiró, limpiándose los mocos con las mangas de su enguatada.
—Lloraba porque me perdí, no le hice caso a mis padres y entré en el bosque—después de decir eso, empezó a llorar nuevamente.
—No, no llores—le dijo el ave con voz dulce mientras volaba sostenida en el aire delante del niño—Yo te ayudaré a llegar a tu casa—
Lucas se limpió las lágrimas con las manos.
—¿De... de verdad?—
—¡Por supuesto! He vivido en este bosque toda mi vida y sé de memoria cada camino que hay en él, entre ellos el que lleva a tu casa—
—Muchas gracias—le agradeció de corazón a la pequeña ave blanca.
Y así el niño regresó a su casa gracias a la ayuda de su pequeña amiga emplumada que había conocido en el bosque. Desde ese día, le hizo caso a sus padres y no se adentró más en el bosque, pero sí se acercaba de vez en cuando, con la esperanza de ver a su amiga emplumada nuevamente.
FIN








