Capítulo 1: Lagos de quietud
Capítulo 1: Lagos de quietud.
El viento no puede agitar una montaña. Había dicho alguna vez el mismísimo Buda.
Pero Gyomei sabía que eso no era verdad. El viento podía agitar, doblegar y hacer pedazos a una montaña, pues era una fuerza natural y nada tenían que hacer las montañas contra las fuerzas implacables e insaciables de la naturaleza.
El día en que descubrió eso fue en su quinto año como cazador, a sus jóvenes 24 años, cuando el patrón le pidió como favor especial vigilar los exámenes de cazador debido a la enfermedad de su hijo. Las órdenes del patrón eran absolutas para él, por lo que sin dudarlo se preparó y presentó el examen de cazador, siendo una experiencia nueva considerando que no había tenido el suyo, debía admitir que probablemente estaba más nervioso que muchos de los participantes, entre los que predominaban los alfas. Había pocos Omegas y casi ningún beta.
Al principio no tomó mucho a consideración el aroma de los participantes, pues consideraba una pérdida de tiempo memorizar el aroma de muchos de los presentes tomando en cuenta que pocos menos de 10 pasarían el examen de ese año, por lo que con entusiasmo se dejó llevar por el dulce aroma de las glicinias en flor. El olor de esas flores moradas le encantaba, le daba tanta paz que decidió esperar al final del examen todo el tiempo con la excusa de que alguien podría llegar antes para poder relajarse en ese hipnotizante aroma.
Entonces ocurrió.
Fue como si el viento de un tifón golpeara su cara y empujara su cuerpo, fue tan sorpresivo que todos sus sentidos se crisparon y por poco empuño su Nichirin en busca de protección ante su humanidad.
El fuerte aroma de un alfa le hizo salivar; era floral, como ninguno que hubiera olido, era especiado como un buen ungüento, olía a rosas y romero, como la vida. Gyomei era un alfa dominante, por lo que por mucho tiempo pensó que debido a su condición el aroma de los Omega no lograba siquiera despertar en él la curiosidad morbosa del sexo, la idea de ser monje resultó incluso una excusa conveniente para su falta de apetito sexual.
Y a pesar de todo eso ahí estaba él, sintiendo por primera vez en su vida que necesitaba olfatear el cuello de alguien. Deseando tocar una piel desconocida por el solo hecho de que sus feromonas le resultaban atractivas.
—¡Lo logramos! ¡Lo logramos! — El grito de júbilo de otro alfa lo sacó de sus pensamientos. Concentrando todos sus sentidos para entender qué ocurría.
Habían dos alfas caminando hacia el, uno olía a paraíso mientras que el otro no olía más que a sudor y pimienta, el que había hablado era el último.
—¡¿T-Tu eres el pilar de la roca?! ¡¿Himejima-sama?! — Grito el alfa de pimienta.
—Es así — Respondió tranquilo, deseando conocer la voz del joven (futuro) cazador con aroma delicioso, pero este parecía aún jadeante por el ejercicio, pero no se atrevió a juzgarlo, después de todo, terminar el examen en el segundo día era un gran mérito.
—¡Wooow! ¡Eres realmente enorme! — E hizo una reverencia — ¡Sanemi-kun! ¡Inclínate también!
“Sanemi” repitió el pilar, tratando de memorizar el nombre que hizo que sus labios cosquillearan ante el deseo de pronunciarlo.
—¡Ey! ¡No me empujes, imbécil! — Ahhh, su voz. Su voz era como el frío del invierno, ese frío despiadado que congela las pestañas y corta la cara si uno no está bien abrigado. Sintió como el alfa de pimienta lo jalaba para inclinarlo y sonrió.
—Son los primeros en terminar, felicidades — Anuncio — Sin embargo deben esperar a sus compañeros antes del paso siguiente.
—¡¿Paso siguiente?! — Gritó enfurruñado Sanemi, apretando sus puños y pateando al suelo— ¡Dijeron que este era el examen para cazador! ¡¿Quieres decir que hay más?!
Se escuchaba tan temperamental que Gyomei pensó que era un desperdicio que alguien con un olor tan bueno fuera también una persona con un carácter tan repelente.
—No les puedo decir que es lo siguiente que ocurrirá, sin embargo pueden descansar y comer adecuadamente hasta entonces.
Ambos jóvenes alfa dijeron algunas groserías más antes de comenzar a caminar hacia atrás de él, donde una mesa con comida y agua los esperaba.
Gyomei se sentía desconcertado por la oleada de sensaciones que se arremolinaban en su cuerpo. Jamás había sentido tanto deseo hacia alguien como en ese momento. No se mentiría diciendo que no era un romántico, pues lo era, amaba los poemas de amor, amaba las historias de romance y los chismes de nuevas relaciones dramáticas entre los cazadores, sin embargo jamás había experimentado algo por el estilo y en ese momento, siendo plenamente consciente de los movimientos de otro alfa no tenía idea de qué hacer.
En ese punto aún no podría decir que estuviera enamorado, pero ngar la atracción hacia el olor ajeno le resultaba imposible. Decidió que no se preocuparía por eso, después de todo, el joven cazador podría ni siquiera sobrevivir a un mes de misiones dentro de la cofradía. Se equivocaba. vaya que se equivocaba.
Con el paso de dos años el patrón le encomendó la misión de cuidar de ese joven alfa, puesto que las tragedias lo estaban llevando a lugares muy, muy oscuros. Por lo que parecía había tenido una vida trágica, nada sorpresivo considerando que nadie (hasta ese punto) entraba a la cofradía por tener una vida hermosa y una familia funcionalmente estructurada.
Sin mucho ánimo Gyomei aceptó ayudarlo, ya por todos sitios se había corrido el rumor de cuán grosero y malhablado era Shinazugawa-san, el portador de la respiración del viento y futuro pilar de la misma y honestamente no estaba muy acostumbrado a escuchar insultos a su alrededor. Los cazadores siempre buscaban hablarle con el máximo respeto, pues se había ganado a pulso el nombre del más fuerte de la cofradía.
Gyomei podía decir que Sanemi no lo decepcionó en absoluto. El enano (Porque no lo podía considerar de otra forma debido a los 41 cm que los separaban) era un maremoto de insultos, había palabrotas que Gyomei no había escuchado en su vida y algunas palabras altisonantes que se preguntaba siquiera existían porque definitivamente no sabía su significado y sonaba inventada.
Cuando el patrón les encomendó su primera misión juntos Gyomei tenía ganas de poner cinta adhesiva en la boca del menor o lavarle la boca con jabón, preguntándose si había forma de que hablara sin usar insultos y palabrotas en cada (jodida) oración que salía de sus labios.
La misión salió bastante mejor de lo que cualquiera hubiera pensado, resultó que ambos eran exageradamente compatibles en el campo de batalla. Era como si sus respiraciones se coordinarán y sus cuerpos buscarán la sincronía.
Gyomei supo que no fue el único que sintió esto, pues en el camino de regreso Sanemi ya no insultaba como en el principio, más bien, parecía cuchichear entre dientes y maldecir quedito, como un niño que ha sido descubierto en una travesura.
Aun así no estaba dispuesto a estar escuchando maldiciones horas antes de una batalla, así que decidió que le enseñaría al enano a hablar como ser humano. Y en su segunda misión comenzó a tratar de entablar una conversación.
—¿Trajiste algo de comer? — preguntó casualmente. Sintió al otro pilar respingar luego chasquear la lengua.
—No, comeré en el pueblo cuando todo esto acabe
Aquello lo alarmó, no podía permitirle pelear al más joven con el estómago vacío, eso definitivamente haría que cometiera algún error, el hambre era una distracción y en el campo de batalla cualquier distracción podía causar la muerte.
—Comeremos en unos metros, traigo algunas golosinas.
—¡¿Golosinas?! — grito, y antes de que pudiera soltar alguna maldición Gyomei se adelantó.
—Es mucho mejor que tu plan inicial.
Y parecía que Sanemi le dio la razón pues no dijo nada más. Un par de kilómetros más adelante ambos se detuvieron y Gyomei se sentó en una roca, sintiendo al pilar del viento sentarse en el pasto como si fuera un niño. Sacó de su bolsillo una caja con Ohagis y repartió unos cuantos al pequeño pilar, tratando de no reír al escucharlo mordisquear como un animalito, al parecer también carecía de modales al comer.
—¡Joder, que ricos están! — El suave aroma de la nostalgia salió de los poros del más joven, haciendo que el estómago de Gyomei se sintiera extraño, escuchaba al joven morder y masticar apresurado — ¡¿Dónde mierda compras estas cosas?!
Apretando los labios respondió.
— Los hago yo.
— ¡¿Los haces tu?! — Por su aroma pudo darse cuenta de lo sorprendido que estaba el cazador, deseando saber más preguntó, pero solo recibió una mueca y un malhumorado “No es nada”
Tomó esa primera conversación como una victoria y siguieron con la misión tal y como estaba planeada.
Fue sorpresivo para Gyomei que a partir de este momento su camino parecía estar estrechamente entrelazado con el del más joven. Algunas veces se lo encontraba en pueblos cercanos. Otras se lo encontraba yendo a la mansión del patrón, y a veces solo se encontraban mientras compraban, pequeñas conversaciones casuales comenzaron a surgir entre ellos, cosas sin importancia como el clima, el precio cada vez más inflado de las cosas o la recomendación de bocadillos. Pero esas pequeñas conversaciones eran pequeñas victorias para Gyomei, quien no podía evitar sentirse cada vez más cercano al joven pilar.
—Hola— Lo saludo Sanemi un día mientras llegaba de una misión, Gyomei estaba a punto de salir a una, encontrándose en las escaleras de la casa del patrón — ¿A donde vas? ¿Iras de mision?
—Si. En realidad es muy cerca — habló tratando de no sonreír, encontrarse con el menor siempre le hacía feliz. — ¿Tú acabas de llegar?
— Si, mira— Y Sanemi se levantó el Haori, el olor a sangre le invadió las fosas nasales y entendió que el pilar del viento quería presumirle una nueva cicatriz, probablemente se la mostraría con una fuerte sonrisa.
—Impresionante — Dijo, escuchando una risita por parte del otro pilar — ¿Qué es lo que debería estar viendo?
Escuchó un jadeo sorpresivo y después sintió que el joven se sonrojaba violentamente.
—¡Oh joder! — Gritó el menor— ¡Lo siento, lo siento! ¡Olvidé que no puedes ver!
—No es importante— Trato de calmarlo, pero alfa seguía maldiciendo en voz baja — ¿Qué era lo que querías mostrarme?
Su sorpresa fue mayúscula cuando sintió la mano de Sanemi separando sus manos unidas en un rezo, luego dirigiendo la a su abdomen, permitiéndole sentir sus costillas donde sus dedos sintieron la sangre del menor y la suave y caliente piel palpitar por una profunda herida.
—¡Por Buda! ¡Debes ir a suturarte eso!
La risa de Sanemi se hizo presente — ¡No, quiero esa cicatriz!
—¡Te vas a desangrar!
—¡Y una mierda! — Dijo el pilar comenzando a subir las escaleras corriendo, dejando las manos de Gyomei manchadas de su sangre. Sin evitar sonreír ante los pasos rápidos del chico quien parecía huir de la idea de ir al médico.
Gyomei no pudo evitar pensar que el olor de la sangre de Sanemi era delicioso, tampoco pudo enterrar el pensamiento intrusivo de cómo sabría su sangre mientras le marcaba la piel con una mordida de propiedad.
***
Con el paso de las semanas su curiosidad hacia ese fuerte y delicioso aroma comenzó a crecer y entre más sabia del pequeño pilar más necesitaba. Sanemi era como una droga. Y él parecía muy predispuesto a las adicciones.
—Como vi que te gustaron los Ohagis que prepare hace un tiempo decidí traerte unos — Dijo el pilar de la roca, un día que se encontraron en un mercado y por fin decidió invitar al chico a comer algo, habría amado ver en su rostro la expresión que estaba seguro haría, pues su aroma se tornó dulce y alegre, con ligeras notas de sorpresa — Si gustas puedo enseñarte a prepararlos.
Escuchó los palillos del más joven azotar sobre la mesa con un fuerte CLAK mientras el alfa se levantaba, poniendo sus manos sobre la mesa e inclinándose sobre él.
—¡Me encantaría! ¡De verdad! ¡Me gustaría aprender a prepararlos!
Gyomei no pudo evitar alzar las cejas, ese ánimo nunca antes visto en el joven pilar lo desconcertó.
—Deben gustarte mucho, jamás te había escuchado emocionarte así.
Podía sentir el ritmo cardíaco aumentar, la sangre correr a través de las venas del más joven con una rapidez abrumante y pensó que debía haberse sonrojado. ¿Cómo se vería un sonrojo? Sabía que hacía que las mejillas se pusieran calientes y decidió que le gustaría tocar la piel ajena en busca de respuestas.
Escuchó al pequeño pilar volver a sentarse mientras abría y cerraba la boca, como tratando de responder a una pregunta no formulada.
—Es… tus Ohagis saben… — Un suspiro surco sus labios y las cejas del alfa dominante se alzaron — Saben igual que los que hacía mi madre. Cuando los probé pensé que podría comprarlos, cuando me dijiste que los hacías tú me decepcioné un poco, pero ahora que me propones enseñarme a hacerlos yo mismo… de verdad te lo agradezco.
Aquello Sonó tan legítimo, tan vulnerable y lleno de verdad que Gyomei pudo haber puesto las manos al fuego por cada una de aquellas palabras sin dudarlo por un momento.
Fue en ese instante en el que supo que no había vuelta atrás..
Estaba jodidamente enamorado de Sanemi Shinazugawa.
***
Había tratado de mantener esos sentimientos a raya, después de todo tenía pleno autocontrol de su cuerpo, había intentado que todo su amor quedará como algo meramente platónico. Pero el joven alfa se lo ponía muy difícil.
—¿Escogiste este lugar por la montaña o fue solo coincidencia?
— Por la montaña — Respondió tratando de que su voz sonará normal. — Necesito el espacio para el tipo de entrenamiento que realizó, la cascada también es un buen ejercicio de meditación.
—Es una gran elección, definitivamente. — Pudo escuchar el pantalón del más joven caer al suelo, y tragó saliva intentando no imaginarse a sí mismo recorriendo ese cuerpo con ambas manos.
Lo siguiente que escuchó fue un chapuzón.
Desde la muerte de Kanae su amistad se había estrechado. En algún momento, y víctima del deseo reprimido había invitado al joven alfa a pasar la tarde de viernes en su finca, esa era de hecho la segunda visita del menor, sin embargo había querido ir a bañarse en la cascada y, sin dimensionar el problema de sus acciones Gyomei acepto.
Ahora estaba ahí, desnudo, mojado y alejado de todo rastro de civilización. Trato de no imaginar ninguno de los múltiples escenarios a los que su mente había viajado, y centrarse únicamente en escuchar al joven pilar divertirse, pero las feromonas de felicidad que expedía le revolvían los pensamientos.
Había pecado suficientemente solo las noches pasadas, imaginando al más joven en múltiples posiciones poco decorosas que sabía no serían de su agrado si se atrevía a decirle. No podía regañarse a si mismo, tenia 26 años y deseos sexuales que había reprimido por años y que ahora le golpeaban en la cara con la intensidad de una caballada salvaje. Deseaba a Sanemi y no iba a negarlo, pues no había manera de hacer algo al respecto.
Sin embargo, el cuerpo del menor se había apoderado de sus pensamientos, pues las múltiples misiones que habían tenido juntos le habían dado una idea bastante sólida de cómo sería su cuerpo, sus fuertes brazos y su marcado abdomen, sus trabajadas piernas y su espalda musculosa. Deseaba recorrer cada uno de esos músculos con las manos y la boca, dejando besos en todas partes. El aroma del alfa no ayudaba. Gyomei jamás había olido algo como Sanemi Shinazugawa y deseaba más y más de ese olor.
—¿No piensas venir? — Inquirió el más joven, y lo escucho flotar a sus anchas — ¡No es divertido nadar solo!
Gyomei trato de obedecer, quitándose el Haori y la camisa (evitando quitarse el pantalón) y tirando los al suelo, debido a su discapacidad lanzarse un clavado estaba descartado (por mas divertido que le pareciera la idea) por lo que entró al agua caminando, desgraciadamente para él el río tenía solo 2 metros de profundidad, por lo que aun estando de pie el agua no lo cubría totalmente.
—¡Eres jodidamente enorme! — Exclamó el pequeño pilar yendo hacia el, — ¡Mierda! ¡Tus pies tocan el fondo ¡¿Se puede saber cuánto mides?!
—220 cm.
—¡Puta madre! — Jadeo extrañado. — ¿Cómo es que eres tan alto?
No pudo evitar reír— Quizá no soy alto, tal vez tu eres muy bajito.
Pasó una media hora más escuchando al joven pilar maldecir y gritar a los 4 vientos. Gyomei pensó que debía haber traído algún aperitivo que le permitiera hacer la conversación más relajada, aun así no fue necesario. El pequeño pilar parecía tener mucho interés en escuchar sobre su vida. Gyomei por primera vez le contó a alguien, a parte del patrón, la tragedia de su pasado, como había perdido todo y como estuvo a punto de perder la vida por un montón de niños que no confiaron en él por el simple hecho de ser ciego.
—¡No jodas! ¡¿Cómo que eres ciego?! — Exclamó el menor nadando rápidamente hacia él — ¡Te he visto pelear! ¡¿Quieres decir que he tenido tu arma cerca de mi cabeza y yo no estaba enterado de que eras ciego?!
—Si no me equivoco mis ojos son muy obvios.
—¡Pensé que estabas en un jodido trance budista o algo así! — Gyomei podía decir que a pesar de estar feliz con la nueva forma de comunicación estaba harto de los insultos de Sanemi, decidió que quizá la forma de terminar con eso seria relajándolo, no se le ocurrió nada mejor que usar sus propias feromonas tranquilizadoras para ello, sintió como el más joven respingo, después como relajo su cuerpo y por último lo escucho musitar en un suave susurro — Disculpa… no quise…
Oírlo disculparse, otra victoria.
—Por cierto —Dijo el alfa mientras flotaba frente a el— ¿Cómo dijiste que se llamaba el “niño” que los traiciono?
Gyomei repitió el nombre, sintiendo todo su odio ser impregnado en su voz.
Pocos minutos después de eso ambos hombres salieron del agua, arrugados como pasas y riendo ante un chiste obsceno que dijo el menor.
Su sorpresa fue mayúscula cuando 3 semanas después de esa conversación Kaigaku fue encontrado desmayado, con el rostro desfigurado por los golpes y varios dientes menos en su pueblo natal. Mismo pueblo en el que Sanemi había tenido una misión con el pilar de la serpiente en el mismo periodo de tiempo.
La idea de que Sanemi hiciera eso por él, que vengara su suerte como él nunca había podido le hizo revolotear el estómago, deseando muy en sus adentros que eso fuera real.
La siguiente vez que se lo encontró, Gyomei cuestionó a Sanemi por el ataque hacia Kaigaku, pero lo único que el chico dijo fue:
— Por cierto, seguí al pie de la letra la receta de los Ohagis, no me salieron igual que a ti por alguna razón.
Y después de eso Gyomei no quiso preguntarle más al respecto.
Se sentía profundamente halagado de pensar que el alfa había hecho eso por él. Su propia religión le negaba la venganza y eso lo mantenía en un eterno estado de furia. Ese pequeño acto de empatía hizo que los sentimientos de Gyomei surgieran más y más en su pecho.
No había día en que no pensara en el joven pilar, no había día en que no lo imaginara, no había día en que no pensara en su hermosa voz y en su olor hipnotizante.
Y aquello lo hizo sentir una mierda (usando las palabras del chico)
Enamorarse iba en contra de sus votos, sabía que en el momento que lograra controlar sus deseos sexuales sería libre de las ataduras más grandes que existían y su camino espiritual lo llevaría directo al nirvana. Y si sabía todo eso ¿Por qué no podía dejar de pensar en Sanemi de todas esas formas obscenas?
Su mente le regalaba visiones de lo que sería tocar el cuerpo del pilar del viento cuando se acostaba a descansar después de una noche de cacería, sabía por comentarios que su cuerpo estaba lleno de cicatrices que decoraban su piel como medallas olímpicas y que sus ojos eran grandes y afilados como los de un lobo. Esa poca información le era suficiente para que su imaginación , que había estado reprimida por 2 décadas, comenzará a fluir como un río.
Imaginaba al más joven abriendo las piernas para él, gimiendo su nombre, rogándole por más mientras se aferraba a su espalda con jadeos incomprensibles. Muchas veces fingía que meditaba pero su mente era incapaz de quedar en blanco por el pensamiento de cómo se sentiría la piel ajena entre sus dedos.
***
Y las visitas continuaron por varios meses, solo siendo interrumpidas por las misiones lejanas que les impedían coincidir. Recientemente Gyomei se había tomado la libertad de tocar la suave piel de Sanemi.
Había comenzado como algo inocente, simplemente cuando el joven pilar preguntó por un libro que estaba a punto de tirar a la basura la idea llegó a su cabeza.
Le explico que el libro era sobre las estrellas, que estaba hecho con tinta gruesa a modo de poder sentir lo que pasaba. Y aunque la reacción inicial de Sanemi fue no entender nada respecto a las constelaciones en el libro, alegando que en el cielo no había líneas, Gyomei fue rápido, tomando su mano entre las suyas mientras estaban sentados en el pasillo exterior que daba a su jardín.
— ¡¿Qué haces idiota?! — Escucho alegar al joven, sintiéndolo tratar de quitar su mano de su agarre, pero no iba a permitírselo y lo tomó con fuerza
Podía sentir la adrenalina acelerarle el corazón, su mano se sentía caliente donde su piel tocaba la suave piel de la mano de Sanemi, trato de respirar calmadamente, sintiendo el calor de la mano contraria y oliendo su aroma, memorizando esas notas florales y fuertes que le encantaban.
El pilar se había robado el aroma de las rosas, y su piel ardía por tocar más. Pero debía conformarse con lo poco que tenía
Con su otra mano comenzó a dibujar puntos y líneas en la mano ajena, sintiendo como la piel contraria se enchinaba ante su toque, pensó que el menor lo empujaría lejos, lo patearía y después se iría molesto maldiciendo al aire.
Pero no lo hizo.
— Mira al cielo— Ordenó con la voz más ronca de lo que le hubiera gustado, aclarándose la garganta para disimular lo emocionado que estaba — Busca lo que dibujaré en tu mano.
— Yo… — Sanemi tosió varias veces y Gyomei se preocupó porque estuviera enfermo, sintió el pulso de la mano contraria acelerarse — Podría verlo directamente del libro ¿Sabes?
— No, ves, pero no observas, de esta forma sabrás que buscar sin necesidad de bajar la mirada.
Y siguió dibujando, divertido, tratando de memorizar el calor de la piel contraria, su mente viajo a lugares muy oscuros donde sus manos hambrientas se llenaban por completo de la calidez de la piel del menor, donde no debía controlarse y respetar los votos con los dioses y con la perfección humana y podía dedicar su tiempo para acariciar, besar y perfumar la suave piel de su compañero.
La voz de Sanemi lo sacó de su trance, para su sorpresa había encontrado la constelación y curioso le había preguntado por ella. Gyomei le conto la historia de Lira, la constelación de los amantes, tratando de no proyectarse en dichas palabras pues desde hacía un par de meses él también esperaba con locura esas noches de viernes.
—Jamás pensé que las estrellas hicieran figuras — Dijo Sanemi en un suspiro, sin apartar su mano como si fuera lo más normal del mundo. — Honestamente siquiera había estado pensando en ellas desde hace mucho.
Gyomei apretó la mano del hombre entre la suya, como tratando de reconfortarlo, pero el alfa apartó su mano lentamente. Preguntas morbosas se aglomeraron en su cabeza, impidiéndose a sí mismo centrarse en esos pensamientos mientras su compañero siguiera en su casa.
Esa noche, mientras sentía al menor irse de su finca se preguntó ¿Hasta dónde sería capaz de permitirle ir el menor? ¿Tocar sus manos había sido el límite de intimidad al que podía acceder o solo el inicio de más contacto? Claramente debía haber un límite para la intimidad de “Amigos” que supuso era lo único a lo que podía acceder por parte del alfa, sin embargo, no podía discernir dónde quedaba dicho límite. Sonrió mientras se sentía perfectamente capas de aceptar una bofetada o un golpe por un “atrevimiento” para después disculparse mientras veía hasta donde lo dejaba llegar el menor, por mas cobarde y ruin que eso fuera.
Decidió seguir tocando sus manos y tomar eso como otra victoria personal.
***
—¡Resulta que él tampoco sabía que no se movían! — Le contaba Sanemi animosamente, Gyomei llevaba una cuenta mental, tratando de que no se notara lo nervioso que estaba. — ¡Le enseñé donde estaba tsuzumi boshi! Le costó bastante saber dónde estaba, pero una vez la vio no pudo dejar de verla.
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— No entiendo como teniendo los ojos sanos…
—¡Ya sé! ¡Ya sé! “¿Cómo no pueden ver la belleza que tienen enfrente?” — Se burló Sanemi y Gyomei lo escucho tomar una galleta — ¿Sabes? Creo que a veces sí podemos ver las cosas bellas, pero no podemos entenderlas y cómo no las entendemos no podemos apreciarlas.
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—Es probablemente lo más profundo que te he escuchado decir.
—¡¿Me estás llamando ignorante?! ¡Idiota! ¡Puedo ser muy listo si me lo propongo!
Gyomei río—No lo dudo.
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—Obanai dice que ahora que ve a tsuzumi boshi cada que mira al cielo tratara de usarlo para guiarse en las noches, piensa que si de verdad no se mueven quizá sirva como una brújula.
—Suena realmente interesante, y una desventaja más para mi.
—¡¿Desventaja?! — Esta vez fue el turno de Sanemi de reír, su risa era estridente, ruidosa y definitivamente era el sonido más hermoso que había escuchado en su vida—¡Si nadie sabe que eres ciego! ¡Es más! Cuando se lo dije, Iguro pensó que mentía, aún ahora piensa que miento, así que agradecería que chocarás contra alguna pared delante de él o algo.
Gyomei comenzó a reír ante la ocurrencia, entonces Sanemi pareció darse cuenta de lo que pasaba y retiró su mano de la suya.
El alfa dominante había hecho otra prueba. Había tomado la mano del joven pilar con la excusa de buscar constelaciones, pero en lugar de eso comenzó a conversar con el pilar del viento sobre la misión con Iguro. Sanemi comenzó a hablar animadamente, sin retirar su mano. Todo ese tiempo Gyomei se dedicó a deleitarse con el calor de las manos del pilar. Visiblemente más pequeñas que las suyas, preguntándose internamente que se sentiría entrelazar sus dedos mientras le besaba.
La fantasía de besarlo se había apoderado de él recientemente y cobardemente quería culpar al pilar. Recientemente había desfilado por su finca, quitándose el Haori, a veces sacándose la camisa por el calor y otras veces simplemente oliendo delicioso y Gyomei necesitaba todo su autocontrol para mantener la calma y no querer devorarlo como si fuera un caramelo.
Sobre todo cuando de sus labios salía el nombre del pilar de la serpiente. Gyomei sabía que eran cercanos. A veces sus pensamientos se desviaban a ¿Que tan cercanos eran en realidad? ¿Sanemi le permitiría tocarlo de la misma forma que a él todas las noches de viernes? ¿Tendrían otros días para encuentros programados? Jamás se atrevería a preguntar algo tan asqueroso como aquello, porque en el fondo sabía la respuesta. No había manera en que Sanemi permitiera que otro alfa lo tocara de esa manera. Algo en él era especial para el albino y por eso le permitía esos pequeños roces.
También existía la posibilidad de que Gyomei viera cosas donde no las había y toda esa intimidad y cercanía que sentía con el pilar del viento fuera solo imaginaciones suyas. Pero también sentía que algo había cambiado entre ellos desde hacía unos meses.
Y ese momento era prueba de que algo estaba cambiando en la dinámica de los dos.
Shinazugawa había permanecido tomando su mano sin percatarse por deliciosos 602 segundos. Prácticamente 10 minutos que habían sido disfrutados por el alfa dominante quien sintió la ausencia cuando el menor retiró su mano sin decir absolutamente nada.
La conversación siguió, animosa, divertida, haciendo que ambos sacarán todo el estrés de sus cuerpos con charlas revitalizantes que no llegaban a ninguna conclusión y que solo terminaban cuando los primeros rayos del sol se asomaban.
Gyomei deseaba armarse de valor para pedirle al pilar quedarse a dormir con él, pero pensó que de ser así el podría cometer alguna locura y prefirió ver al joven alfa partir ese día. Suspirando al sentirse un maldito al pensar que alguien tan enamorado como Iguro Obanai podría estar siendo infiel a su hermosa alfa de cabello rosado solo por celos injustificados.
***
El tiempo siguió su curso, las estaciones pasaron y pronto el clima se volvió frío, Gyomei podía decir que amaba más el clima frío que el calor. Era más cómodo y dormir era agradable aunque tuviera que hacerlo en el día. Dormir de noche se había vuelto un placer que solo obtenía los días que Sanemi iba a su casa.
Tres semanas habían pasado desde la última vez que eso pasó. El joven estaba en una misión, sería una misión de reconocimiento, por lo que 3 semanas eran el tiempo mínimo que podía esperar antes de que regresara. Ese tipo de misiones siempre duraban alrededor de 2 o 3 meses.
Gyomei uso este tiempo para aclarar su mente respecto a Sanemi. No era un idiota en el inicio de su adultez, era un adulto consolidado, por lo que decidió analizar bien la situación con el objetivo de tener muy en claro el lugar que tenía Sanemi en su vida.
La atracción sexual era innegable, deseaba al pilar, añoraba su piel, fantaseaba con poseerlo de todas las formas que sabía que podía ser poseída una persona. Ahora bien, sentimentalmente hablando la cosa se complicaba. Sabía que estaba enamorado de Sanemi, pero por la forma de ser del chico era imposible desear una relación de cualquier tipo.
El pilar del viento era homofóbico en toda la extensión de la palabra. En varias ocasiones había escuchado como se refería negativamente a personas que gustaban de alguien de su mismo género, refiriéndose a ellos con maldiciones subidas de tono y palabras que él siquiera se atrevía a pensar.
No había manera de que Sanemi se enamorara de él. Y no había manera de que él dejara de amarlo.
Su mente llegó a un punto de colapso, donde todas sus preguntas se dirigían a preguntas nuevas que era incapaz de responder. Aterrado y sin saber qué hacer con su corazón decidió que lo mejor sería hablar directamente con él patrón al respecto.
No le enorgullecía decir que necesitaba el consejo de una persona menor que él en ámbitos donde él debería ser quien aconsejará, pero el patrón estaba casado con una hermosa Omega y tenia 5 maravillosos hijos, cosas que él mismo no había logrado en sus 27 años de vida.
Cuando el día de la cita con el patrón llegó, sintió esa paz que emanaba el cuerpo deteriorado de un alfa que, en otras circunstancias sería muy poderoso. El patrón lo esperaba en posición de loto, meditando mientras las flores de Glicinias aún estaban verdes y su olor no era más que el de la hierba.
—Acompáñame a meditar, Gyomei — Habló el hombre y el pilar obedeció. No hubo necesidad de palabras, el patrón parecía ver a través de él, como siempre — ¿Desde cuando lo amas?
Aún así le resultó aterrador. Siempre que el patrón predecía el futuro y hablaba de él como si hubiera estado personalmente en el periodo de tiempo que se avecinaba le daban escalofríos. Gyomei tardó lo que pareció una eternidad en responder, a pesar de eso, el patrón esperó pacientemente, rezando a su lado.
—Desde que lo conocí.
—Ah, el amor a primera vista es algo maravilloso — Hablo dulcemente, como si su voz fuera ceda. — ¿Y él te ama también?
—No lo sé.
El silencio volvió a reinar, y Gyomei sintió el frío viento moverle la ropa, sintió que el patrón se movía incómodo y apretó los labios ante la mortalidad ajena. Aquella posición debía ser dolorosa considerando que las piernas del alfa a su lado comenzaban a tener úlceras debido a la maldición, sin embargo no dijo nada por respeto.
— ¿y no pretendes hablar con él al respecto?
— No, en realidad no.
El patrón resopló con la nariz, como si se burlara.
—Nuestras vidas pueden apagarse tan rápido como el fuego de una vela, sin dejar rastro, sin afectar a nadie o a nada. No quiero que vivas tu vida amando a alguien platónicamente, nadie lo merece. Debes hablar con él.
—Pero él…
—Lo sé — Lo interrumpió el patrón como un muro invisible que no le permitió decir otra palabra — Y sé también que no puedes vivir toda tu vida con miedo al rechazo. Es más honorable perder una batalla que no haberla luchado. El amor, Gyomei, es la mayor batalla de todas. Y tú debes ser honesto contigo mismo, y con el. No puedes permitirte amar en silencio, ese tipo de amores solo te consumen hasta que no te queda nada, y algún día, mientras estés solo, miraras hacia atrás, pensando en lo que pudo o no haber sido. No quiero eso para ti Gyomei. Tampoco quiero eso para Sanemi. Ambos merecen la paz de la honestidad, por más dolorosa que esta sea.
Gyomei saboreo cada una de las palabras mientras seguía meditando. El patrón tenía razón, debía hablar con Sanemi de sus sentimientos y de esa manera liberarlos a ambos de una relación platónica que ni lo satisfacía a él ni a alfa. Pues si el menor solo quería amistad, él no podía ofrecerle solo eso cuando el estaba dispuesto a ofrecerle su alma y su vida misma.
***
Gyomei había planeado cómo decirle a Sanemi sus sentimientos. Había planeado 17 escenarios diferentes (16 de ellos catastróficos) y tenía las palabras exactas para cada uno, quizá era una crisis de ansiedad, pero desde que comenzó el día todo le estaba saliendo fatal.
Primero, no despertó a la hora correcta, por lo que no pudo entrenar, después, su ama de llaves renuncio pues Tomioka la había contratado con un mejor sueldo (a veces entendía porque todos lo odiaban) así que su día perfecto y estratégicamente cronometrado estaba yéndose al carajo.
Debido a que su ama de llaves no había dejado nada preparado tuvo que tomarse su tiempo para preparar deliciosos pastelillos de matcha y te negro el mismo, decidiendo a medio camino y con un sorbo de té que no era la combinación correcta (en principio no debería estar pasando por esa situación) y a falta de la despensa hecha porque se había levantado tarde como para ir a comprar decidió que lo mejor sería acompañar el pastel de matcha con te rojo.
Para colmo, su estrategia de mandar a su cuervo a la hora habitual y arreglarse mientras Sanemi llegaba había salido terriblemente mal. El alfa había llegado media hora antes.
Su respiración se atoró en su garganta cuando el olor del otro alfa lo golpeó en la cara.
Sanemi olía delicioso. Su olor era tan puro que le hacía babear. No se había dado cuenta de que nunca había olido al alfa como ese día. Siempre había un ligero aroma a jabón y limpieza, pues contrario a lo que se podría pensar el rudo y tosco pilar era un hombre muy limpio, incluso un poco obsesivo cuando de olores se trataba, su cuerpo siempre olía a limpieza y jabones, sales de baño y espumas perfumadas. Gyomei siempre imaginó que eran cosas que le gustaban. Sin embargo ese día no olía a otra cosa que no fuera el mismo.
El aroma de las rosas y el romero le hicieron suspirar mientras trataba de no lanzarse hacia el hombre con todo su ser.
—Buenas noches — Hablo Sanemi y Gyomei recordó la única noche en que aceptó participar en una fiesta de té con una hermosa cortesana que olía delicioso. Pero ni siquiera esa Omega había olido tan bien como olía Sanemi esa noche — ¿Estás bien? Parece que viste a un fantasma.
Himejima se preguntó cuál sería su propia expresión en ese momento.
Lastimosamente no tendría nunca una respuesta para eso.
—No… no es nada.
Sanemi pareció pensar, y Gyomei por primera vez se sintió verdaderamente ciego.
El aroma del alfa hacía que todos sus otros sentidos se apagaran y por primera vez en mucho tiempo no podía decir con certeza que había a su alrededor. Se sentía como un náufrago ante un oasis, cegado ante la promesa de agua cristalina que debido a la debilidad no podía siquiera tocar.
—Siéntate, yo prepararé el té está vez — Dijo Sanemi y escucho sus pasos dirigirse a él
—No es necesario.
—Si lo es — Respondió el hombre con una voz juguetona — Tu siempre lo haces, quizá deberíamos comenzar a turnarnos para hacer estas cosas. Además hoy no traje nada.
Sanemi no dijo nada más y se dirigió hacia su cocina. Gyomei lo siguió como un perro faldero detrás de su dueño, indispuesto a separarse de la fuente de ese aroma celestial. No entendía porque el pilar parecía sólo tener ese efecto en él. Jamás escuchó a otro alfa de la cofradía o de los propios pilares hablar de lo delicioso que era, siquiera se había mencionado.
Tampoco entendía qué había hecho el menor para oler tan bien ese día, tan a él. Se preguntó si había sido algo casual como cambiar su jabón de baño, o algo más específico como ir con un doctor para buscar un remedio para hacer más fuertes las feromonas y de esa manera atraer a más y mejores omegas.
Sea lo que sea que hubiera hecho, le encantaba y esperaba que siguiera haciéndolo cada viernes.
Siguió al joven pilar hasta que lo escuchó tararear mientras endulzaba el té con miel y vaciaba las primeras tazas sobre la mascota de arcilla en forma de cerdito que habían comprado.
Y simplemente no pudo más.
Se agacho sobre el gabinete superior, encerrando al pequeño cuerpo del pilar del viento quien le daba la espalda con su propio cuerpo. Su nariz buscó su nuca y acarició ligeramente la piel con la punta de esta, olfateando, perfumando con su propio aroma mientras trataba de llenar sus pulmones con el aroma ajeno.
La fantasía de morder su carne le hizo salivar, Sanemi olía tan bien que no marcarlo en ese momento sonaba casi como un pecado que merecía una severa penitencia. No supo cuanto tiempo se quedó ahí, olfateando su aroma, pero antes de que pudiera pensar su boca dijo lo que muy en el fondo pensaba.
—Hueles tan bien— escapó de sus labios cuando sintió que, si se quedaba un segundo más, se volvería loco y podría hacer una estupidez.
En todo momento el cuerpo de Sanemi había permanecido rígido ante la situación, y al ver que no se movía Gyomei entró en pánico, quiso arrodillarse y comenzar a pedir perdón por tan terrible acción.
Pero antes de que pudiera hacer algo sintió al más joven dar media vuelta sobre sus propios pies, posando sus manos tímidamente sobre su pecho. Gyomei sentía que el corazón se le salía del pecho, pero sus instintos fueron más rápidos que su mente y se inclinó más hacia el hombre.
Pudo sentirlo ponerse de puntillas, pudo sentirlo acercar su nariz a su cuello, ladeando la cabeza y aguantando la respiración se dejó hacer. Sintió el perfume del otro alfa tratar de impregnar en su piel sin éxito y por primera vez en su vida deseo que un aroma permaneciera en su piel. Escucho al alfa más pequeño suspirar y apretar la tela de su ropa entre las manos. Después lo sintió bajar hasta que sus talones pisaron nuevamente el suelo.
—Tú… tampoco hueles mal.
Susurro el joven alfa apenas entendible, mientras daba la vuelta y tomaba la charola con una jarra y dos tazas con sus manos y empujándolo mientras murmuraba “permiso” se dirigía a su lugar habitual de ver las estrellas mientras conversaban.
Todo lo que Gyomei pudo pensar esa noche era en su olor tatuado en la piel de
Sanemi, marcándolo. Y la idea de seguir perfumando esa piel le pareció maravillosa.
Al día siguiente se dio cuenta en un jadeo miserable que ninguno de sus 17 planes se había realizado.
***
Gyomei había pasado toda la semana pensando en lo que había sucedido, dándole mil vueltas, tratando de entender que había pasado. No tenía ningún sentido.
Se habían perfumado mutuamente, aquello era un nivel superior de intimidad al que había tenido alguna vez con cualquier persona. No había manera de que eso fuera algo fraternal o amistoso, debía ser romántico, según el poco conocimiento que tenía en el tema.
O eso pensó, hasta que el martes escuchó a Sanemi hablar con Iguro respecto a una pareja de Omegas que habían salvado en un pueblo cercano, hablando de lo sucio que le parecía eso, que ambas necesitaban ser curadas de su asquerosa enfermedad.
Gyomei escucho esas palabras amargamente, pensando en cómo se sentiría el pobre Iguro ante ellas, siendo que el estaba enamorado de Mitsuri, la hermosa Alfa de la cofradía. Si él tenía el corazón roto ante tan terribles palabras, no se imaginaba cómo estaría el pilar de la serpiente.
Considerando lo cruel que eran todas las frases del pilar del viento pensó que quizá lo había malinterpretado, incluso llegó a cuestionarse si no era un choque cultural dado a que las regiones en que nacieron estaban muy separadas la una de la otra.
Cuando su cabeza comenzó a doler, y sus opciones se fueron limitando decidió parar de darle vueltas al asunto y comenzar a idear nuevos planes para decirle sus sentimientos al joven alfa.
Merecía saberlo. Más ahora considerando la situación.
El viernes llegó y como siempre mandó a su cuervo a llamar al menor. Nuevamente fue sorprendido por la presencia del más joven media hora antes de lo usual. Pero no fue eso lo que verdaderamente lo tomó por sorpresa.
Su sorpresa fue mayúscula al volver a olerlo. Olía tanto a sí mismo que se sintió mareado. Sanemi olía delicioso nuevamente y entonces algo hizo CLIK en su cerebro, el día que lo encontró conversando con Iguro no olía así.
Sanemi había hecho algo plenamente consciente para oler así de bien para la ocasión. Para oler así de bien para él.
—Bienvenido — Dijo y su voz sonó como un susurro. Apretó los labios sintiéndolo acercarse, tratando de no babear por lo bien que olía. — Llegas antes.
—¿Tiene algo de malo?
— En absoluto — Respondió con una sonrisa.
Sanemi se sentó donde mismo y Gyomei se apresuró a preparar el té, poner los dulces y acercarse cargando la gran charola
Para ese punto cualquier pensamiento de decirle a Sanemi que lo amaba se había desvanecido de su cabeza, era como si el menor erradicara totalmente el raciocinio de su cerebro, como si fuera incapaz de pensar racionalmente mientras sentía su delicioso aroma.
— Hueles bien — Se atrevió a decir — ¿Estás usando algo en especial?
Escuchó a su compañero chasquear la lengua y se preguntó si su intento de sonar casual había fracasado.
Para su sorpresa el pilar se acercó más a él, quien apenas se había sentado y dijo suavemente:
—Compre un jabón neutro, es algo caro, pero es bastante bueno.
Las cejas de Gyomei se alzaron.
—¿Por qué hiciste eso?
—No lo se — Sintió que nuevamente Sanemi estaba siendo completamente honesto con él, incluso sintió como el corazón del hombre se aceleraba en su pecho— Solo quise hacerlo.
Gyomei suspiro, era verdad, Sanemi era del tipo de personas que hacen las cosas porque quieren hacerlas, quizá sin un objetivo claro, o tal vez sin pensar en las consecuencias.
¿Debería actuar de la misma manera? ¿Tomar lo que el joven le ofreciera y resignarse a un olvido rápido? No quería eso. Pero la idea sonaba tentadora.
—¿Puedo? — Pregunto en un susurro, sintió como el más pequeño temblaba y después volteaba hacia otro lado con las mejillas calientes
—… adelante — Respondió tan quedito como el.
Gyomei no aguanto más y lo acercó, tomándolo por la mano, obligándolo a ponerse de rodillas frente a él mientras su cara se dirigía hacia su cuello. Esperaba que lo empujara o lo golpeara, pero nuevamente Sanemi no hizo más que quedarse muy quieto dejándose hacer.
No se limitó en respirar el delicioso aroma del más joven, respiró de su cuello como si no quisiera que otra cosa llenará sus pulmones, sintió como la piel ajena se impregnaba de su olor, necesitaba más.
Con sus brazos rodeo por la espalda al más joven, quien solo suspiro, siguió olfateando hasta que se sintió a gusto con la cantidad de feromonas sobre el cuerpo ajeno, acaricio su espalda desde su trapecio hasta el músculo dorsal, escuchando a Sanemi jadear sorprendido y sostenerse por sus hombros ante su toque. No lo estaba deteniendo y no había indicios de que quisiera detenerlo en algún punto, las manos de Gyomei bajaron a sus anchas por la espalda del menor, pensando que la ropa era malditamente estorbosa y regañandose a sí mismo por la cantidad de improperios que ahora pensaba debido a su cercanía con el más joven.
Unió sus frentes en un intento de tranquilizar sus nervios y sintió la piel caliente de su compañero, y un ligero temblor en su cuerpo.
—¿Yo también puedo…? — Parecía que la palabra “perfumarte” no saldría de los labios de Sanemi aunque su vida dependiera de eso.
—Adelante — Gyomei se avergonzó de lo desesperada que sonaba su voz ante la idea del menor perfumando su cuerpo con su delicioso aroma.
Sanemi escondió su cara en su cuello, acariciándolo con la nariz, respirando pesadamente y sosteniéndose de sus hombros para evitar caerse. Gyomei paso sus manos a su espalda y la acarició de arriba abajo, mientras lo dejaba hacer su santa voluntad. A veces las manos del pilar del viento se apretaban sobre la tela de su Yukata, y otras simplemente suspiraba mientras exhalaba sus feromonas.
Gyomei se sentía en las nubes, su corazón latía a mil por hora y sabía que el otro hombre podía escucharlo. Estaba tan cerca que él mismo escuchaba el corazón del otro alfa latir como si corriera un maratón.
Sanemi se separó de él jadeando y con la cara caliente.
—¿Has escuchado que…? — Su voz pareció ahogarse en un suspiro — ¿Has escuchado que Uzui se peleó con una de sus esposas?
Gyomei parpadeo varias veces sintiendo a Sanemi separarse de él. Lo escucho sentarse normal y tomar su taza de té con una mano y un panecillo al vapor en otra.
Supo entonces que esa atmósfera de sensualidad e intimidad se había ido.
—Si, también escuche que escaló tanto que casi se separan.
Era un cobarde.
No se atrevía a decirle a Sanemi lo que sentía porque sabía que de hacerlo el menor no volvería a acercarse a él. Y a ese punto no estaba dispuesto a perder lo poco que tenía. Se aferraría a esas migajas de amor que le daba el más joven mientras pudiera.
Porque le amaba.
Y porque no tenía el valor para dejarlo.
***
Ese día Gyomei se dedicaba a curar sus heridas, tenía heridas sangrantes en el torso, producto de una pelea más dura de lo que le gustaría admitir contra un demonio la noche anterior. Para su suerte Shinobu había hecho un viaje hasta su finca con el objetivo de curar sus heridas y de esa manera no tuvo que trasladarse más. La hermosa beta olía delicioso, Gyomei se preguntaba como podía oler tanto a glicinias aun siendo una beta.
—No debes hacer más esfuerzos por una semana — Dijo la chica sonriendo cálidamente, tocando con sus suaves y pequeñas manos su torso — Eso incluye entrenar ¿De acuerdo?
Había dicho eso antes de irse y él ya sentía el hartazgo de estar todo el día en casa sin hacer nada.
Suspiro derrotado, ese día Sanemi se iría en una misión y no podría verlo en algún tiempo, y aunque no se sentía especialmente feliz con que lo viera en esa posición tan desfavorable, sentía que podría morir por extrañarlo.
Se preguntó qué se sentiría al tener una relación con el chico. Añoraba la calidez de una relación romántica. Esas pequeñas cosas que traen la exclusividad. Cómo despedirse cariñosamente con suaves besos en los labios. Tomarse de las manos despreocupadamente cuando nadie los veía o susurrarle bellas cosas al oído antes de dormir
Podía ver al chico haciendo cada una de esas cosas con él, pero sabía que era imposible. Ya se había resignado que su amor no llegaría a absolutamente nada. Se había resignado a siquiera poder besar los labios ajenos y mucho menos a tocar su suave piel.
Y estaba bien con eso. O al menos de eso se convencía todos los días.
—¡¿Qué mierda estabas pensando?! — Un grito lo sacó de sus pensamientos. Volteo para ver de dónde venían los gritos y un fuerte golpe le dio en el costado, apretó los dientes por el dolor y terminó de girarse.
Sanemi lo había golpeado muy cerca de una de sus heridas. Dejó de subir las escaleras y frunció el ceño, toco su costado y para su suerte no sintió la humedad de la sangre.
—¿No deberías estar en una misión?
— ¡Y una mierda con la misión! ¡¿Qué carajos te pasa?! — La voz de Sanemi se escuchaba histérica, casi al borde del llanto rabioso — ¡Y no digas que no sabes de qué estoy hablando porque definitivamente lo sabes!
Gyomei chasqueó la lengua acorralado. Si, sabia a que se refería, aunque para ser honesto no pensaba que se enterara tan rápido, había pensado tener al menos dos meses de paz antes de que la noticia llegara a Sanemi (Ahora se daba cuenta de que los cazadores eran más chismosos de lo que creía ¿Porque lo juzgaban tanto?)
—No tenía a donde ir— Se excuso — Pensé que si lo dejaba quedarse conmigo estaría seguro.
—¡No hay jodida puta forma de que esté seguro siendo un maldito cazador! ¡Es un puto beta de mierda! ¡No tiene siquiera la fuerza para tomar una espada! ¡Dile ahora mismo que se largue a la verga!
Gyomei escuchó cada una de las venenosas palabras de su compañero, sonaba tan desesperado que, por un momento la idea de que Sanemi odiara a su hermano (como este le había dicho la noche anterior) sonaba tan descabellada que casi era graciosa.
—No lo haré
Lo escucho hacer un sonido de rabia que le pareció gracioso, luego sintió que pateaba el piso en una pataleta y después apretaba los puños.
—¡Entonces me encargaré de que no pueda pelear!
Decidido el joven alfa emprendió el camino hacia arriba de las escaleras. Gyomei olió hostilidad e irá en él y su cuerpo reaccionó solo. Sanemi olía a que verdaderamente iba a hacerle daño a Genya.
Veía inconcebible que un hermano dañara de gravedad a otro hermano, por lo que con un rápido movimiento cargo al pilar por la cintura, haciéndolo gritar de ira mientras se adentraba en el bosque con el chico sobre su espalda pataleando haciendo que cualquier posición que no fuera cargarlo como un saco de papas fuera imposible.
—¡¿Cómo te atreves a hacer esto?! ¡Suéltame imbécil! ¡Tengo que arreglar la pendejada que hiciste! ¡¿Me estás escuchando imbécil de mierda?! ¡Te digo que me sueltes maldita sea! ¡Primero haces esa pendejada y luego te atreves a cargarme así! ¡Que me sueltes joder! ¡Idiota! ¡Imbécil! ¡Gigantón de mierda!
Cuando Gyomei sintió que estaban lo suficientemente lejos como para que Genya ni nadie arriba de la montaña los escuchara tiro a Sanemi contra el suelo, tal como espero el pilar se levantó como un gato y saltó hacia él con el objetivo de atacarlo.
Pero él lo recibió en sus brazos, abrazándolo con fuerza impidiéndole moverse.
Lo sintió forcejear, lo sintió intentar morderlo y rasguñarlo como un animalito salvaje y esa fue la señal de que un simple abrazo no serviría de nada y usando todo el conocimiento que había adquirido con los meses de Sanemi Shinazugawa comenzó a emanar feromonas tranquilizadoras.
Le sorprendió la rapidez con la que el pequeño alfa relajaba su cuerpo, pero no le sorprendió su terquedad. A pesar de estar visiblemente más tranquilo aún lo empujaba y trataba de zafarse de su agarre, por lo que tuvo que tomar medidas desesperadas.
—Detente — Ordenó, su voz de mando sonó fuerte y gruesa, en automático sintió el cuerpo del menor estremecer en sus brazos, después, tranquilidad.
Sanemi se relajó al instante, dejando caer cada extremidad por su peso, Gyomei aprovechó la situación y lo acomodó mejor, cargándolo, invitándolo a subir sus brazos y sus piernas a su alrededor y así lo hizo.
Sintió como Sanemi enterraba su cabeza en su pecho, suspirando, respirando su aroma y una sensación cálida surgió en su pecho.
Después de 5 minutos así sintió que era suficiente y se alejó ligeramente del pilar.
— ¿Mejor? — el aludido no contestó, solo asintió energéticamente mientras continuaba escondiendo su cabeza en el hueco de su cuello — ¿Porque haces esto? Es tu hermano, sentí que podrías lastimarlo.
—Planeaba lastimarlo. — Contestó por fin el pilar, Gyomei lo sintió incluso algo mareado, pero decidió no decir nada — Solo quería incapacitarlo, no sé, dejarlo cojo o manco…
—¿Por qué? Si lo que buscas es que sienta dolor ya lo hará de por sí en este trabajo, más teniendo el talento tan deficiente que tiene.
—No quiero que sienta dolor.
—No te entiendo — admitió honestamente, no entendía porque Sanemi a veces parecía más enigmático que el mismo Confucio.
—Yo… no lo odio. — Dijo el chico, aun oliéndolo y abrazándose a él como un koala— Al contrario, yo… pasamos por tanto cuando éramos niños… me gustaría que al menos pudiera dormir de noche ¿Sabes?
Las palabras parecían no poder salir de su boca. Fue entonces que todo tomó sentido en la cabeza de Gyomei, como si tuviera todas las piezas juntas de un rompecabezas y las piezas encajaran estratégicamente. Amaba cuando los chismes eran así.
—Déjame ver si entendí — Dijo anonadado, sintiendo su cerebro chismoso analizar todo a una velocidad estupenda — Amas a tu hermano. Por lo que no quieres que esté en la cofradía porque quieres que viva como una persona normal. Así que en lugar de comunicárselo normalmente optas por ignorarlo, ser malo con él y en tu desesperación buscas incapacitarlo para que no pueda pelear porque eres incapaz de poner lo que sientes en palabras.
Sanemi se alejó de él y después se volvió a abrazar a su cuello.
—Más o menos, si.
Gyomei río, no podía juzgar a Sanemi. El estaba en una posición similar donde poner sus sentimientos en palabras era imposible, por lo que luchaba miserablemente por disfrazar sus sentimientos reprimidos en una amistad con una tensión sexual muy alta, ambos eran patéticos en su respectivo ámbito.
—Suena lógico. — Indicó. Haciendo que el otro alfa bufara en una burla seca.
Los minutos pasaron y ambos cuerpos permanecían así, Gyomei pensó en que esa era la ocasión en la que Sanemi parecía disfrutar más de olerlo, se atrevía incluso a decir que parecía haberlo deseado.
Decidió que se lo permitiría hasta que el menor se hartase.
—Oye— Escucho la suave voz del hombre en sus brazos — ¿No quieres olfatearme hoy?
Fue como si un relámpago surcara su columna. El alfa dominante fue atraído al cuerpo contrario como un imán. Olió su cabello, su cuello, sus hombros, dedicando especial tiempo en oler el cabello suave y corto de Sanemi. Deleitándose con los suspiros ajenos cuando su nariz tocaba demás su piel. El alfa olía delicioso, se aferraba a su espalda mientras suspiraba por el toque de su cara contra la piel desnuda de su cuello y jadeaba sorprendido cuando subía hacia sus orejas.
—Te prometo que lo protegeré— Susurró contra su cuello, oliendo y sintiéndolo temblar, pues sus labios habían estado muy cerca cuando hablo — Haré lo que sea necesario para que no tengas que preocuparte por su seguridad.
Sanemi pareció suspirar, sintió sus dedos enredarse en su corto cabello y luego el menor se apretó con fuerza.
---Te lo encargo entonces.
***
Oohhh Gyomei la había cagado.
No era orgulloso ni mucho menos tenía prejuicios, por lo que decir cuando cometía errores era fácil para él. Mucho tenía que ver su predilección religiosa.
Y esa vez la había cagado, porque la palabra “error” no era suficiente para lo que hizo.
Se había sobrepasado con Sanemi.
El menor llegó ese día oliendo como paraíso, Gyomei ya se había acostumbrado a sentir su aroma así, su pecho se hinchaba de orgullo cuando imaginaba al pequeño pilar haciendo todo lo posible por oler así de bien únicamente para el, con el solo objetivo de gustarle más y más. Guardo esa fantasía en el interior de su corazón y lo recibió con los brazos abiertos.
Contándole chismes que se había encargado de recolectar y seleccionar para mantenerlo entretenido.
En un momento dado sintió al menor muy cerca de él, respingando por la cercanía.
—¿Está todo bien? — preguntó el albino con una voz tan dulce como la miel.
Gyomei podía sentir su calor, preguntándose morbosamente si Sanemi sabía cuando lo tentaba.
—Si, es que… de repente te acercaste, fue repentino.
Sanemi soltó una risita que le hizo temblar— ¡Oh! Pensé que podías sentir todo lo que pasa a tu alrededor ¿Cómo es que te asuste?
—Cuando estoy contigo bajo la guardia, no es necesario estar pendiente de todo, tu me relajas, Sanemi.
Sintió que el más joven se acercaba a él, pudo sentir la textura suave de la tela de un nuevo Yukata muy fino cubriendo la piel ajena y no pudo evitar tocarla con la yema de sus dedos, deseando tocar lo que estaba debajo de esa estorbosa tela.
—Tu también me relajas — Susurró el más joven y toda su cordura se fue al carajo.
Lo jalo hacia él, recargándolo contra su torso, sintiéndolo pequeño y delicioso. Sus manos hambrientas comenzaron a vagar por el cuerpo ajeno consciente de que Sanemi no oponía ninguna resistencia. Gyomei se sentía en las nubes, necesitaba más. Quería más acercamiento, quería tocarlo, quería tomarlo.
Quería poseerlo.
Oscuros pensamientos de marcar como suyo al más joven se posaron sobre su mente y no pudo más que dejarse llevar cuando sintió como el más joven se movía, haciendo que la tela bajará coquetamente por su hombro, dándole permiso de acceder a más piel.
Los sentidos de Gyomei se agudizaron, tratando de recordar la textura de esa suave piel e inconscientemente olió desde la nuca del menor hasta su hombro, donde depositó un suave beso.
No hubo resistencia, Sanemi parecía estar disfrutando tanto como él. Un segundo beso se posó sobre el mismo hombro. Sin resistencia. Sus labios subieron hasta el trapecio del alfa, besando ese sensible lugar, sintiéndolo temblar y gruñir. Decidió subir más, amenazando con llegar más lejos besando la nuca ofrecida.
Sanemi suspiro y su cuerpo se volteo hacia el, Gyomei sintió como la tela de su Yukata seguía bajando y se preguntó si aquello era consciente o inconsciente pero poco le importaba entonces.
Se preguntó qué tan calculados estarían los movimientos del pequeño pilar, y la idea de que el más joven hiciera todo aquello con el objetivo de seducirlo le pareció antojable.
Sintió la nariz del menor respirar sobre su cuello mientras lo rodeaba con sus trabajados brazos por la espalda y no pudo más.
Tomó sus muñecas impidiéndole el movimiento, apretándolo contra sí, oliendo su cuello, susurro su nombre suavemente mientras besaba su cuello. Sanemi solo Gimió ante el toque, temblando de placer.
Sentir el cuerpo tembloroso y dispuesto del otro le dio valor, permitiéndose a sí mismo seguir.
Lo empujó hacia abajo, haciéndolo suspirar, y su cuerpo se posó sobre el de él.
Necesitaba marcarlo.
Necesitaba reclamarlo como suyo y que nadie más pudiera voltear siquiera a verlo.
Necesitaba marcar esa piel con sus dientes, enlazándolos de por vida.
Sus manos acariciaron el torso del más joven, quien suspiraba y jadeaba pesadamente por el cúmulo de feromonas de excitación que se aglomeraban alrededor de ellos en una danza hormonal intensa y deseosa.
—Gyomei… — Lo escucho suspirar y sintió que podía volverse loco.
Con sus manos fue acariciando la piel del menor hasta que sintió que el Yukata sobre el solo estaba simbólicamente sobre su piel. El deseo de retirarlo totalmente de la piel ajena lo impulsó a tocar más y más.
Hasta que en un movimiento su pierna rozó contra la entrepierna del más joven.
Sanemi estaba duro. Y no hubo más dudas. El pilar del viento deseaba eso igual que el.
Pero contrario a lo que esperaba Sanemi pareció despertar de algún tipo de transe, forcejeando.
—E-Espera… — Gimoteo separándose.
Los detalles de lo que pasó a continuación estaban borrosos en la mente de Gyomei, sólo sabía que Sanemi había dicho algo con el objetivo de hacer el ambiente menos incómodo fallando miserablemente. Y que después de eso se había ido mientras él se revolcaba en su autodesprecio.
¿Qué carajos le había pasado? Se sentía despreciable. No debería estar haciendo eso. No debería haberlo tocado, no debería siquiera haber pensado en tocarlo.
Sentía que no había vuelta atrás, aquello había sido una carta de suicidio. Había sido peor que poner sus sentimientos en palabras.
No había forma de que Sanemi no supiera lo que sentía por él después de eso. Y estaba aterrado por las consecuencias de sus acciones.
Y aquí estamos otra vez! Jajaja ¡La verdad estoy agradecida! Si estas personas no me hubieran avisado que harían esto ni le habría hecho un respaldo a todo esto, así que ¡Dentro de lo malo lo bueno! Se que todas estamos tristes, y enojadas ¡Pero hagamos milagros!
Ya no tengo esperanza de recuperar este mes todo, como los seguidores ¡Pero tengo fe que para diciembre ya tendremos una cantidad similar!
Por favor compartan estas historias, enseñenselas a sus amigas, para que este shipp sea más conocido y las que creamos de el no seamos tan odiadas, para mi lo más triste es ver como estas personas se enorgullecian de haberme tirado la cuenta, ya hasta a mi página de Facebook fueron a hacerme burla.
¡Pero ya las bloquee! Así que ¡A trabajar para recuperarnos!
Con amor.
Dulce de Luna