Capítulo 1: Mia
Tengo muchas preguntas, demasiadas dudas para todo y muy pocas respuestas a lo que quiero saber. Desde que tengo memoria siempre he querido saberlo todo, conocer y sentir tantas cosas, pero casi nadie quería contestarme a todo lo que deseaba saber, en especial sobre los sentimientos y entender que estoy sintiendo, en mi corta vida he vivido tan pocas cosas que solo hacen que mi curiosidad crezca. Me preguntaba: ¿Qué es el amor? ¿Qué se siente ser amada? ¿Cómo se siente el estar enamorada? Esas fueron mis primeras dudas al entrar a la secundaria, observaba como la mayoría de mis compañeros tenía novios a tan solo 13 años de edad, experimentando la magia del primer amor, las primeras ilusiones y luego a menos de un mes terminaban para después vivir el sentimiento de un corazón roto, mientras que yo me escondía en mis libros, soñando con historias de amor ficticias en donde no habían corazones rotos, si no finales felices. Hasta que entré a la preparatoria y me di cuenta de que el amor ya no era suficiente para nosotros, necesitábamos algo más tangible que pudiéramos tocar y sentir, algo físico que pudiera equilibrar esa frustración por tratar de entender un sentimiento tan complicado como el amor, entonces se dio paso al tema del que a todos siempre nos ha dado vergüenza hablar, la sexualidad. Y con ella también las dudas otra vez: ¿Qué se siente ser deseado? ¿Cuál es esa sensación de placer de la que tanto hablan? ¿Qué es lo que me provoca tanto ese cosquilleo entre mis piernas que hace que no quiera parar? Preguntas tan fuertes que ni siquiera me atrevería a preguntarle a mi madre .
Me resignaba solo a escuchar las pláticas de mis amigas sobre sus experiencias con chicos, no era algo de lo que me escandalizara, al contrario, era algo que me hubiera gustado experimentar, pero para mi mala suerte no tuve la oportunidad para hacerlo con alguien ya que yo resultaba poco atractiva para los demás, o eso era lo que yo pensaba. A veces sentía que vivía en las sombras de mis amigas, siempre noté que llamaban mucho más la atención, pero con el tiempo me di cuenta de que estar en las sombras también tenía sus ventajas, me ahorré muchos dramas de romance escolar, rumores y escándalos que llegué a escuchar de casi todos mis compañeros, ¿qué podía esperarse de jóvenes tan inmaduros de 15 a 18 años? Nunca se piensa en las consecuencias, solo se trata de vivir el momento. Mi hermano Lucas fue una de esos adolescentes que no se preocupaba por las consecuencias, teniendo tantas novias como pudiera y estando con otras chicas como quisiera, algo que bien había aprendido de sus amigos Christian Yu y Dominic Fike, más sobre Christian ya que era como un imán para muchas debido a su físico atractivo, su buen rendimiento en los deportes y en el gimnasio, así como su toque exótico al ser australiano asiático que hacía que muchas murieran por él, mientras que Dominic sabía ser más discreto con lo que hacía y con quien. Él era bastante diferente a Christian, siendo su complexión más delgada, su piel más morena y su cabello más largo y ondulado, añadiendo su actitud más relajada y un poco coqueta, siendo esto lo que atraía a muchas, esa esencia de chico malo que robaría su corazón y huiría con el. Una chispa de interés nació en mi cuando los noté en la escuela en el primer día, daba la casualidad que Dominic se encontraba en la misma clase que yo, mientras que Christian estaba con mi hermano a un grado mayor que nosotros. No interactuaba mucho con ellos, pero cuando estaban cerca una tensión crecía en mi pecho, una curiosidad íntima que no sabía describir con palabras, intenté ignorar ya que la creí absurda, pero entonces a mi hermano se le hizo costumbre invitar a los dos a la casa todos los días a tal punto que parecían vivir con nosotros, haciendo que esas sensaciones se volvieran más insistentes por querer desatarse, comencé a tener sueños que se sentían tan reales y fantasías que los incluía a ambos, no sabía de dónde había salido tanta intensidad si apenas los conocía, con tan solo 16 años el descubrimiento de mi sexualidad se había tornado violento y frustrado por querer sentir algo de afecto, parecía estarlo buscando desesperadamente. Fue cuando las lecturas mutaron y el amor incondicional pasó a historias de amor pasional mezclado con erotismo y deseo, junto con esa necesidad por querer no solo leerlo si no también vivirlo, sentirlo e incluso tocarlo.
Después de tanto tiempo viéndolos en mi casa y en la escuela, comenzaron a interactuar conmigo de una manera bastante peculiar, lo suficientemente diferente a como lo hacían con otras chicas a las que tenían como su objetivo, no me sentía cercana pero tampoco éramos extraños, como si hubiera una barrera que ellos no querían cruzar, mientras que yo me moría porque lo hicieran. Dominic se acercaba con naturalidad cuando me veía sola a preguntarme cualquier cosa, iniciar una conversación o simplemente sentarse a acompañarme en silencio, mientras que Christian se aparecía solo para coquetearme descaradamente estando sola o burlarse de mi por ser introvertida, pero cuando ambos se juntaban parecían disfrutar molestarme en lo que estuviera haciendo. Si tan solo no hubiera tenido la autoestima tan baja en esos años quizá podría haber pensado que era una rara forma de querer llamar mi atención, pero se sentía como si hubiera otra intención.
Pero con el tiempo eso cambió cuando cumplí los 18 años y por fin tuve mi primer novio, una relación que duró 8 meses pero fue la primera experiencia en todo, sentimental y sexual, algo que me hizo tener sentimientos encontrados, tantos pensamientos y sensaciones que me había perdido a lo largo de mi etapa como adolescente. Antes por mucho que empatizara con mis amigas no entendía ese sentimiento de haber querido tanto a alguien y luego ser votada como si nada hasta que tuve esa relación, sólo así entendí lo que habían sentido todos mis compañeros en esa época.
En ese lapso de tiempo el comportamiento de ambos chicos se volvió más errático, como si estuvieran perdiendo algo que fuera suyo, parecían estar interesados en mi relación ya que no paraban de preguntar sobre qué tan bueno era conmigo en todo, y cuando digo todo, se referían a todo. Preguntas incómodas o “bromas” sobre las migajas de amor que él apenas y ofrecía. Dominic parecía estar ansioso por saber cuándo sería el día en que acabara mi relación tratando de acercarse más a mi para provocar celos, mientras que Christian se burlaba directamente preguntando:
¿Dónde rayos sacaste a ese idiota? No lo entiendo. - decía con un tono burlón mientras se reía.
Quizás eran esas ansias de tener un poco de amor en mi vida que terminé tomando lo primero que me hiciera sentir querida con algo tan banal, pero ellos, ¿qué se creían para juzgarme? Ellos ni siquiera tenían novias, desde antes habían mencionado no creer en el amor, que solo eran mentiras para justificar la falta de amor propio y el simple deseo físico, demostrando su poca madurez y que nunca se habían enamorado antes, otra de las razones por las que se burlaban de mí ya que yo sí creía en el amor y a pesar de que mi primera relación no durara tanto, si había sentido algo al menos.
En esos momentos mi madre me dijo que cuando una relación termina es como si se tuviera un periodo de luto, que no es solo cuando la persona desaparece de nuestro círculo, si no que una parte de nosotros es la que realmente muere y desaparece con ellos. En ese lapso de tiempo me ausente de toda clase de interacción con muchas personas, sobre todo de ellos, lo que me sorprendió fue que ambos respetaron ese luto ya que ninguno se acercó en ese momento, estaba sumergida en la tristeza que no lo notaba hasta hace tiempo que lo había recordado.
Luego de que esos tormentosos días pasaran, mi corto romance se convirtió en motivo de bromas de ellos incluyendo a mi hermano, pero no hacia mí si no a mi ex y de cómo pudo ser tan desalmado como para haber estado conmigo si no quería nada serio realmente, palabras contradictorias viniendo de ellos.
Ahora solo me encuentro entre mis libros sola en mi casa, a pesar de que la tristeza haya pasado después de un año, perdí las energías y motivación que antes solía tener, ese brillo tan joven se había ido, o quizás solo era otra etapa del corazón roto, pero mi pequeño mundo entre mis cuatro paredes era mi mayor distracción hasta ahora. Me había quedado sola en la casa, mis padres habían salido de viaje a visitar a mis abuelos que se encuentran en otro estado, mientras que mi hermano salió por ahí, probablemente con alguna de las chicas con las que le gusta estar, al menos tenía todo el lugar para mi hasta que llegara Lucas. Me encontraba tan sumida en mi lectura, releyendo mi libro favorito hasta que sin previo aviso, la puerta de mi habitación se abrió, apareciendo al otro lado Christian con Dominic a un lado.
-Hey Mia, ¿está tu hermano? - preguntó Christian con su sonrisa juguetona mientras se recargaba en el marco de la puerta.
-Ehh, él salió hace rato. Pero, ¿cómo es que entraron? - los cuestioné cerrando mi libro al instante.
-Al parecer Lucas dejó abierta la puerta principal. - explicó Dominic con un tono relajado mostrando su despreocupación.
-Ese idiota. - murmuré sentándome en la cama.
¿Entonces no está? Rayos. - comentó Chris mientras comenzaba a entrar invitándose solo a la habitación. - Vaya, creo que nunca habíamos entrado antes a tu cuarto.
-Sí, es lindo. - dijo Dominic sonriendo desde la entrada.
-¿Para que buscaban a mi hermano? - pregunté intentando que no evadan el tema de haber entrado a la casa sin permiso.
No es novedad que estuviéramos buscando a tu hermano Mia, no es la primera vez que estamos en tu casa. - contestó Christian con sus típicos aires sarcásticos mientras se sentaba al otro extremo de mi cama como si nada.
-Queríamos saber si quería jugar basketball, lo de siempre. - aclaró Dominic.
-No te quedes ahí Dom, pasa. - le insistió el otro como si fuera su casa, algo típico de Christian es tomar confianza rápido.
Dominic sonrió ante su actitud y me miró, pero en esta ocasión fue un mirada distinta, lo había atrapado observándome muchas veces pero en esta ocasión sentí que me estaba escaneando, me miró de pies a cabeza, como si quisiera desnudarme con sus ojos. La ropa que tenía puesta no ayudaba, al estar sola en casa me vestí con una blusa blanca bastante holgada que se transparentaba, tenía suerte de tener puesto mi sostén, junto con unos shorts tan cortos que gracias al largo de la blusa no se notaban, me hacía lucir como si solo tuviera puesto un camisón. Sus ojos cafés clavados en mí me hacían sentir como si no llevara nada.
-¿Puedo pasar? - preguntó manteniendo su sonrisa coqueta y mordiendo ligeramente su labio inferior.
-Cl…claro. - dije intentando no trabarme al hablar.
Dominic también quiso darse un paseo por mi habitación dando un vistazo más minucioso, observando mis recortes de revistas en las paredes acompañada de fotografías instantáneas que formaban recuerdos de otras épocas, así como también mis libros, sentí nervios al ver que se acercaba a las portada, no quería tomara alguno de los eróticos que tenía.
-¿Qué estabas haciendo antes? - preguntó Christian sacándome de mis pensamientos.
-Ahh, estaba leyendo. - dije señalando mi libro.
-Como siempre. - dijo Dominic lanzándome otra vez esa maldita sonrisa.
-Siempre estás leyendo, no lo entiendo. - dijo el pelinegro con tono de burla. - Digo, enserio, ¿que tienen estos libros que hacen que quieras leerlos tanto? - dijo mientras tomaba el libro que estaba leyendo hace unos momentos, seguro estaba disfrutando molestarme mucho más que otras veces.
No pude evitar dejar salir un poco de mi nerviosismo al ver que Christian iba a comenzar a hojear mi libro, si tan solo no hubiera sido tan despistada. Lo que me ponía nerviosa no era solo que lo tuviera entre sus manos, podría simplemente ver las páginas y volverlo a cerrar, pero aquel junto con el resto de mis libros tenían etiquetas, textos subrayados y anotaciones pequeñas así como diminutas calcomanías de expresiones que representan mi emoción por cierta escena, frase o diálogo del libro. Eran atajos más claros para llegar directamente a las escenas explícitas y por lo tanto vergonzosas para mí, algo que ninguno debía de leer.
-Espera, dame eso. - dije intentando arrebatarle el libro de las manos, algo que resultó en vano.
-¡Hey! Wow, ¿cuál es la prisa? - dijo Christian mostrando una vez más esa sonrisa maliciosa que demostraba que algo había encontrado que no quería que viera.
-No quiero que lo maltrates. - dije inventando una excusa intentando volver a tomar el libro, sin darme cuenta de que entre más me estiraba, más me acercaba a él.
-Claro que no, está en buenas manos. - dijo riéndose, como si amara ver cómo trataba de recuperar mi libro de él.
-¡Dije que no! - dije subiendo más el tono de mi voz volviendo a acercarme cortando bruscamente nuestra distancia, provocando que mi respiración se acelerara.
Christian dejó salir de nuevo su sonrisa maliciosa, como si estuviera disfrutando ese momento, como si le gustara que le suplicara, mis ojos conectaron con los suyos, estaba comenzando a perderme en ellos hasta que baje a sus labios, mientras que el momento parecía estarse tornando cada vez más tenso.
-Estás…muy cerca, ¿sabes?. - dijo en un susurro para que solo yo lo escuchara, haciendo él típico juego de coquetear conmigo como si fuera una de sus chicas.
Me alejé rápidamente dejando salir una expresión de rechazo hacia él, esa era mi dinámica con Christian, una costumbre desde la preparatoria que parecía que ambos no queríamos superar.
-Ahhh ya veo. - comentó Dominic desde los estantes de mis libros, el tono juguetón con el que había hablado me decía que había encontrado lo que quería evitar. - Esto no es lo que querías que viéramos. - dijo mientras sostenía uno de mis libros en una de las etiquetas que marcaban en que escena se encontraba.
Me levanté rápido de la cama para ir a quitárselo, algo que fue en vano ya que tanto Dominic como Christian son mucho más altos que yo, por lo que cualquier intento sería en vano.
-¿Qué es, Dom? - lo animó Chris a revelar la vergüenza que invadía mi habitación.
-No es nada… - intenté hablar pero ya nada podría detenerlos.
Al parecer a esta niña le gusta leer cosas…prohibidas. - dijo mientras me miraba de nuevo con esos ojos intensos.
-¿Qué? Te refieres a…
-Sí, de eso mismo hablo.
-Dios Mia, tan inocente que te ves. - comentó Christian mientras volvía a abrir el libro que me había quitado y comenzaba a observar mis anotaciones.
-Ya no es la pequeña Mia que todos recordamos. - comentó Dom mientras se sentaba en mi cama al lado de Chris dejándome parada frente a ellos.
-¿Ya viste? Ella no solo los lee, tiene textos marcados. - Christian parecía sorprendido mientras leía y lo examinaba.
-¿Y las notas que escribe?
-Sigo sin creer que leas todo esto, ahora entiendo porqué estás tan pegada a estos libros, hasta yo lo haría.
-Ni siquiera aparentas ser esa clase de chica que le guste leer estas cosas.
-Dom, ¿te imaginas qué hará mientras lo lee?
-No solo lo que hará, si no a quien se imaginará mientras lo hace.
Ambos continuaron burlándose mientras se lanzaban miradas cómplices, como si hubieran descubierto un tesoro, algo que ahora solo querían mantener para ellos. Escondí mi rostro enrojecido por la vergüenza, me senté en mi escritorio tratando de pensar cómo podría zafarme de esta situación, pero era claro que ellos no me dejarían en paz con esto.
Mia, quiero hacerte una pregunta. - habló Christian sacándome de mis pensamientos manteniendo su mirada fija en mí sin borrar esa sonrisa cómplice de su estúpido rostro.
Dirigí mi mirada hacia ellos de nuevo sintiendo que el aire de la habitación había cambiado completamente, volvía a percibir esa tensión que había estado persiguiéndonos desde hace años, ambos parecían haber borrado todo rastro de burla y risas, sus ojos se habían oscurecido y sus expresiones se volvieron serias, alzando ligeramente sus barbillas.
-¿Qué? - pregunté casi en un susurro, a estas alturas podrían preguntar cualquier cosa.
Se tomó su tiempo para contestar, se miraban de reojo como si estuvieran comunicándose y cuestionando si harían la pregunta o no. Aquella pausa me desesperó, no sabía si sería para cuestionarme sobre mi estado mental después de haber leido tanto contenido erótico por tantos años, el tipo de contexto que tenían los libros, o si continuarían solo riéndose de mi por ser tan patética al encerrarme a leer en ves de salir a experimentar por mi misma, como ser un adolescente precoz que a penas estaba conociendo la pornografía. Qué vergüenza.
-¿Alguna vez has hecho algo de lo que has leído en estos libros?
El escuchar su pregunta hizo que un calor en mi pecho apareciera impidiendo que pudiera respirar bien, sentía como si mi cuerpo estuviera ardiendo por dentro. No sabía si era por la pena o emoción, sé que no estoy obligada a contestar su pregunta, podría mentir o simplemente ignorarlo. Pero una parte de mí quería seguir este juego, saber a que me llevaría y que sucedería después de contestar. Por primera vez quería seguir mis instintos, dejarme consumir por las llamas y que mis cenizas acaben con esta frustración de fantasías por fin concretadas. Solo tenía que contestar la pregunta.
-No. - contesté intentando evadir sus ojos.
-¿Por qué? - preguntó Dominic frunciendo el ceño, como si no lo creyera realmente.
-Creo que no he tenido la oportunidad…
-¿Y con tu Ash? - interrumpió Christian intrigado, refiriéndose a mi ex.
-Pues… - no sabía cómo es que tenían el descaro de preguntarme tantas cosas íntimas sobre mi historial sexual, yo nunca los cuestione a ellos. - hicimos cosas…
-¿Y?
-Pues, ¿bien? Supongo. - respondí dudosa, mis palabras no sonaban convincentes.
Aún recordaba bien mis momentos íntimos con él pero sabía en el fondo que algo faltaba, esa conexión que me hacía creer que teníamos realmente no estaba ahí, no sentía esa desesperación de querer tenerlo ya, esa intensidad por necesitarlo de verdad.
-¿Supones? Entonces no fue suficiente. - las palabras de Dominic fueron duras, pero era la verdad, no había sido suficiente.
-Sabía que él solo te haría perder el tiempo, si ni siquiera supo como hacerte feliz, menos iba a saber cómo satisfacerte en la cama…- comenzó a hablar Christian con un tono burlesco.
-¿Y tú qué sabes? ¿Ustedes que saben? - dije explotando poco a poco, la frustración en mi cuerpo estaba haciendo que saliera de manera agresiva.
-Pues sabemos lo suficiente del tema. - dijo Christian incorporándose en la cama para verme mejor. - Y por lo que podemos ver, no estás del todo satisfecha. - a pesar de que su expresión fuera cínica, sabía que estaba hablando en serio, como si pudiera ver a través de mí.
-Eres un idiota. - solté como respuesta ante su declaración, el calor del momento me hacía decir lo primero que me viniera a la mente.
-También sabes que es cierto, Mia. - dijo Dominic distrayendome del otro que comenzaba a sacarme de quicio.
-Basta, Dominic. Dejen de pretender que me conocen.
-Aún así sabemos lo que necesitas. - continuó tomando un tono más profundo de su voz.
-También estás siendo un idiota, Dom.
-Vamos, eso es lo que más te gusta de nosotros. - dijo Dom en un susurro grave mientras se mordía su labio inferior, como si quisiera convencerme de que ellos tenían las respuestas para todo.
Los dos me estaban probando, podía notarlo. Parecían estar midiendo mi paciencia o quizás solo querían ver cuanto aguantaba antes de rendirme en lo que fueran a intentar proponer después, pero el simple hecho de que estuviera burlándose e intentar aprovecharse de mi vulnerabilidad era lo que me hacía estar a la defensiva en este momento. Estar tan cegada por el calor en mi pecho me impedía ver lo que ellos siempre habían hecho, solo jugar conmigo. Me habían acorralado y lo sabían, me miraban sonriendo como si tuvieran algo en mente.
-Mia. - habló Dominic después de que otro silencio apareciera entre los tres.
-¿Qué? - dije mientras me frotaba las palmas de mi mano sobre mi rostro con fuerza sin saber cómo seguir llevando esta situación, el calor de mi cuerpo fue reemplazado por una creciente ansiedad por no saber controlar mis sentimientos claramente.
-¿No te gustaría que nosotros te hiciéramos vivir lo que lees en los libros? - preguntó Christian con un tono suave y profundo haciendo que un escalofrío recorriera mi espalda.
Alcé mi mirada lentamente para verlos a ambos serios de nuevo con sus ojos oscuros mirándome profundamente como si quisieran atravesarme. No creía para nada en sus palabras, pero algo parecía decirme que estaban hablando en serio. Todos estos años conociéndonos, frecuentándonos casi todos los días, quizás, tan solo quizás eso pudiera significar que esa tensión que había entre nosotros no solo era una sensación mía. Y tal vez, esa línea que nos separaba y que siempre rodeaban, al fin estaban decidiendo cruzar como tanto la había deseado antes.
-De qué hablas. - los cuestioné.
-Tu sabes bien. - dijo Dominic acercándose más a la orilla de la cama, como si fuera a levantarse.
-No lo dicen en serio.
-¿Quieres apostar, Mia?
-¿Quieres ver que tan en serio estamos hablando? - dijo Christian mientras humedece sus labios.
Apreté mis labios ligeramente, volviendo a sentir ese calor pero esta vez entre mis piernas, percibiendo esa dulce sensación que ahora anhelaba que ellos colmaran en mi, cegada de nuevo por mis sentidos, me sentía tan caliente que estaba dispuesta a decirles sí a todo.








