Prólogo
Dicen que hay personas que llegan para quedarse.
Y otras, que se van incluso antes de que te des cuenta.
Pero hay una tercera clase.
Los que nunca se fueron del todo.
Los que habitan en los rincones de tus recuerdos,
en los detalles más tontos,
en las canciones que no puedes volver a escuchar.
Así era Iver para Azul.
Un eco.
Un “y si...” constante.
Un silencio que siempre pesaba más que cualquier palabra.
Y aunque los años pasaron, aunque aprendió a dejarlo ir,
nunca supo realmente cómo cerrar esa puerta.
Hasta que una tarde cualquiera, en un lugar cualquiera,
sus ojos volvieron a encontrarse.
Y entonces, todo lo que creyó haber dejado atrás, regresó.
Porque hay historias que nunca terminan.
Solo esperan el momento correcto para continuar.
O para terminar como debieron.