Prologo.
El sol apenas rozaba los lomos dorados de los cerros cuando Yoongi salió al porche con su taza de café en mano. El aire olía a tierra húmeda, a madera vieja y a recuerdos. Era una mañana como cualquier otra... excepto por la forma en que el silencio parecía pesar un poco más que de costumbre.
Había envejecido poco. Su cuerpo, curtido por el trabajo, seguía firme y fuerte; su mirada, aguda, era la de un hombre que había vivido más de lo que le correspondía. No tenía arrugas profundas, pero su rostro hablaba con la experiencia que dan el duelo, la crianza en soledad y los años de observar sin decir demasiado.
Hacía veinte años que Hoseok se había ido.
La gente del pueblo hablaba de tragedia, pero Yoongi nunca pensó en esos términos. Para él, Hoseok no se había ido del todo. A veces lo sentía recostado en su lado de la cama, o caminando detrás de él cuando iba al granero. No era miedo, tampoco locura. Era amor. El tipo de amor que se aferra incluso cuando ya no debería.
Jungkook, su hijo, era lo único que lo mantenía en movimiento. Era su reflejo, su salvación, y al mismo tiempo, el recordatorio constante de lo que había perdido.
Nunca volvió a amar. Nunca quiso. Porque amar era abrir una herida que jamás terminó de sanar.
El corazón... ese no había vuelto a florecer.
La vida en el campo no perdonaba la nostalgia, pero tampoco la ignoraba. Allí, cada raíz sabía guardar secretos, y cada sombra arrastraba consigo una historia.
Yoongi se había prometido no volver a amar. No después de Hoseok.
Pero el destino, como la tierra, sabía remover lo enterrado.
Y justo cuando las mariposas regresaron al campo... llegó Jimin.
Lo vio por primera vez una tarde tibia de primavera:
Un omega delgado, de paso tímido pero firme, bajando de un vehículo con dos maletas y un aura cargada de secretos.
Un nuevo vecino. Un extraño. Un soplo de viento que trajo con él algo más que preguntas.
Y, sin que Yoongi pudiera explicárselo, también la mirada silenciosa de Hoseok, que desde algún rincón del rancho parecía observarlo con dulzura.
Como si, por fin... lo estuviera dejando ir.