Mi pecado favorito

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Summary

Ian, con solo 19 años, nunca imaginó que su vida cambiaría al encontrarse con un demonio de 48, un ser cuya mirada oscura esconde secretos más profundos que la misma muerte. Atrapado entre el deseo y el miedo, Ian comienza a entender que el verdadero terror no es la oscuridad... sino lo que podría sentir por alguien que no es humano. En este juego mortal, cada caricia es un pacto, y cada beso, una condena.

Genre
Lgbtq
Author
Amaiya34
Status
Complete
Chapters
29
Rating
n/a
Age Rating
18+

El Marcado Destino

El Marcado Destino

En el borde de la realidad, donde el cielo se encuentra con el infierno, existen tres mundos. El primero, el más puro y sublime, se llama el Cielo: un lugar lleno de luz, donde los ángeles miran hacia abajo con compasión, observando a la humanidad sin interferir. El segundo, el más oscuro y temido, es el Infierno, gobernado por demonios que comercian con las almas perdidas como si fueran mercancía. Pero el tercer mundo, el que todos temen, es el más cercano al de los humanos: el Mundo Humano. Un lugar donde la ignorancia es tan profunda que ni siquiera se percatan de que sus destinos están marcados desde el momento en que nacen.

Desde el momento de su nacimiento, cada ser humano lleva consigo una marca. Una marca invisible, que solo se revela cuando cumplen los 19 años. Es entonces cuando descubren si su alma está destinada al Cielo o al Infierno, dependiendo de un destino inscrito en sus venas. Unos pocos afortunados nacen para pertenecer a la luz, pero la mayoría… están marcados para ser reclamados por el Infierno. Y no es una simple condena. En el Infierno, el comercio de almas es tan común como el pan diario. Las almas condenadas son propiedad de aquellos que las reclaman, y no todos los demonios son iguales. Algunos, como los mafiosos humanos, toman estas almas con poder, astucia y una mirada fría que hiela la sangre.


Ian siempre había sabido que algo estaba fuera de lugar en su vida, aunque nunca entendió exactamente qué. Había crecido en una familia humilde, en un barrio de calles polvorientas donde la esperanza se disolvía con el paso de cada día. Tenía 19 años, una edad que todos los jóvenes del mundo humano temían, no por el paso a la adultez, sino por el marcado destino que esta traía consigo. Para Ian, era solo otra carga que tendría que soportar, otra preocupación que agregar a su lista de problemas cotidianos.

Estudios... Ian no era un prodigio, pero tampoco un fracasado. Su inteligencia era promedio, lo suficiente como para conseguir algunos trabajos a medio tiempo que le ayudaran a pagar las cuentas. Siempre había soñado con algo más, pero las oportunidades se le escapaban como el aire entre sus dedos. Sin dinero, sin recursos, solo con una voluntad tenaz que le impulsaba a seguir día tras día. Todo parecía rutinario, pero la noche de su cumpleaños número 19 algo cambió en él.

Era una noche fría, la luna brillaba de una manera extraña, como si el cielo mismo estuviera observando a todos los humanos que caminaban despreocupados por las calles. Ian se encontraba sentado en su habitación, mirando la pequeña pantalla de su teléfono. No tenía grandes planes para celebrar, ya que el dinero escaseaba, y las fiestas no eran lo suyo. Sin embargo, esa noche fue diferente, algo en el aire lo sentía.

De repente, un extraño resplandor surgió en su pecho. Se llevó las manos al lugar, como si quisiera quitarse una quemadura, pero no había nada. Solo el ardor persistente que se deslizaba por sus venas. Su corazón latió con fuerza, y la sensación de estar siendo observado lo invadió, como si algo o alguien lo estuviera esperando, justo al otro lado de la puerta.

No era normal. Nada de esto lo era.

Miró el reloj. Era la medianoche exacta.

De inmediato, un sonido bajo y gutural retumbó en la habitación. Como si algo estuviera en el aire, pero invisible. Un susurro, como una sombra, lo envolvió, y antes de que pudiera moverse, la puerta se abrió de golpe.

Ian miró hacia arriba, el pánico congelándole las entrañas. Ahí, en la entrada, se encontraba una figura. Alta, elegante, y con una presencia que no podía describir con palabras humanas. Un hombre vestido con un traje oscuro, sus ojos negros como la obsidianas brillaban en la penumbra. No era humano. No lo era de ninguna forma.

El hombre sonrió con una sonrisa fría, y aunque su rostro parecía casi de porcelana, había algo en su expresión que helaba el aire.

—Feliz cumpleaños, Ian.

La voz del hombre era profunda, suave, casi como un canto que llegaba a lo más profundo de su alma. Ian tragó saliva, incapaz de pronunciar palabra alguna. El hombre dio un paso al frente, y con cada movimiento suyo, el aire a su alrededor parecía volverse más denso, como si el infierno mismo estuviera filtrándose en su habitación.

—Soy el demonio que ha venido por ti —dijo el hombre, sin prisa, como si estuviera describiendo el clima.

Ian no entendió. ¿Un demonio? ¿Él? ¿Por qué? Lo único que alcanzó a hacer fue levantarse de la cama, intentando retroceder, pero algo en la mirada del hombre lo paralizaba.

—Tienes una marca, ¿verdad? —El demonio continuó, su voz suave pero cargada de una amenaza tangible—. Una marca que te hace mío, Ian. Desde el momento en que naciste, tu alma fue marcada, como las demás. Y hoy, con tus 19 años, es el momento en que el destino se cumple.

Ian trató de gritar, pero las palabras se ahogaban en su garganta. Su mente solo podía procesar una cosa: Esto no es un sueño. Esto está pasando.

El demonio dio otro paso hacia él, y el aire se volvió más pesado, más denso. Ian sintió como si la gravedad misma lo estuviera aplastando. No podía moverse, no podía hablar. Su mente solo podía procesar el terror que se apoderaba de él. ¿Qué quería? ¿Qué hacía un demonio aquí?

—No te preocupes —continuó el demonio, su rostro casi suave, como si estuviera disfrutando del miedo de Ian—. Yo no soy uno de esos demonios menores, los que se conforman con reclamar almas. Yo soy alguien importante. Y aunque tú no lo sepas aún, tú... eres importante para mí.

De repente, Ian sintió un calor en su pecho, una sensación de ardor como si el demonio hubiera tocado directamente su alma. Su corazón latía más rápido, y la marca que siempre había sido invisible para él parecía ahora brillar con intensidad. El demonio sonrió aún más, como si hubiera visto lo que deseaba.

—El Infierno tiene muchas caras, Ian. Algunos demonios son más conocidos por su poder, otros por sus contratos. Pero yo... soy diferente. Y tú... tú eres mi pecado favorito.