Sombras de Venganza

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Summary

En un mundo donde los asesinatos masivos han dejado un rastro de 123 víctimas, Frank Kruse, un detective experimentado, es contratado por Samara Alcaza, una mujer que ha perdido a su esposo, hijos y hermana en estos crímenes. Mientras investiga en Francia, donde ocurrieron los homicidios más recientes, Frank descubre la existencia de un culto oscuro llamado "Los Hijos de la Noche", cuyos rituales parecen estar detrás de las muertes. A medida que avanza en su investigación, Frank se adentra en una peligrosa red de secretos y conspiraciones que amenazan no solo su vida, sino también el futuro de todos aquellos que se crucen en su camino.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Anochecer

Estaba a punto de anochecer y la niebla era densa, hasta que una bella dama entro la oficina del detective Frank Kruse, antes de que la dama le pudiera decir el caso, Frank ya sabía a qué venia.

F: Dígame señorita.

???: Hola Frank, usted sabe a qué vengo ¿verdad?

F: Claro, como no iba a saberlo señorita Samara Alcaza

S: Que bueno que usted sabe de mi caso, ya que nadie lo ha podido resolver, ¿cree que usted pueda resolverlo? ya que esto no me ha podido dejar dormir.

F: Claro que puedo.

S: Muchas gracias, Frank, y dígame ¿cuánto tiempo cree que le pueda tomar?

F: Bueno la verdad es que descubrir quien Asesino a más de 123 personas y algunas de ellas fue su esposo, sus 2 hijos y su hermana créame que no es algo de la noche a la mañana tiene un proceso muy extenso, pero no se preocupe es algo que tarde o temprano saldrá a la luz.

Después de 30 minutos de estudiar el caso, Frank salió rumbo a Francia ya que allí fueron registrados más de 40 asesinatos.

Frank se acomodó en su asiento mientras el tren avanzaba a través de la bruma que cubría el paisaje. Cada golpe del vagón sobre los rieles resonaba en su mente, recordándole la gravedad del caso que tenía entre manos. Samara Alcaza, una mujer atrapada en la sombra de la tragedia, había perdido todo y, en ese momento, le había confiado a él su búsqueda de justicia.

Al llegar a la estación de tren en Francia, el aire era aún más denso y frío. La niebla envolvía las calles empedradas, creando un ambiente casi fantasmagórico. Frank encendió un cigarrillo, inhalando profundamente mientras observaba a su alrededor. La ciudad parecía estar guardando secretos, y él estaba decidido a desentrañarlos.

Su primera parada fue una pequeña cafetería donde las víctimas solían reunirse. La dueña, una mujer de mediana edad con mirada cansada, lo recibió con desconfianza.

—¿Y usted quién es? —preguntó, limpiando un vaso con un trapo desgastado.

—Frank Kruse, detective. Estoy investigando los asesinatos de la comunidad. ¿Podría contarme sobre ellos?

La mujer dudó, pero finalmente cedió.

—Eran buenos chicos, siempre venían aquí a charlar. Pero desde que ocurrieron las muertes, nadie se atreve a sentarse en sus mesas. Se dice que un espíritu recorre este lugar, buscando venganza.

Frank frunció el ceño, intrigado.

—¿Espíritu? ¿Qué quiere decir?

La mujer bajó la voz.

—Hay rumores de un culto en la ciudad. Gente que dice que estos asesinatos son solo el comienzo de algo más grande. Cada muerte es un sacrificio para algo oscuro.

La mente de Frank comenzó a trabajar. Si el culto estaba detrás de las muertes, la investigación se tornaría más peligrosa de lo que había imaginado.

—¿Sabe dónde puedo encontrar a alguien que haya estado involucrado? —preguntó, tomando notas.

La mujer asintió, pero antes de que pudiera responder, la puerta de la cafetería se abrió de golpe. Un joven entró, con el rostro pálido y ojos desorbitados.

—¡Ayuda! —gritó—. ¡Los están buscando!

Frank se acercó al joven.

—¿Quién te está buscando?

—No puedo decirlo aquí. No estoy a salvo.

Frank miró a la dueña, que temía por la seguridad del lugar.

—Está bien —dijo—. Vamos a salir.

Los tres se apresuraron a salir de la cafetería, sumergiéndose en la niebla. Frank guiaba al joven por callejones oscuros hasta llegar a un viejo edificio en ruinas. Una vez dentro, el joven empezó a hablar entre jadeos.

—Hay un grupo que está detrás de los asesinatos. Se hacen llamar “Los Hijos de la Noche”. La mayoría de las víctimas eran parte de un ritual, pero mi hermano... él no estaba involucrado.

Frank se sintió helado.

—¿Y tu hermano?

—Lo mataron porque se negó a unirse a ellos. ¡No sabía que lo matarían! —exclamó, lágrimas brotando de sus ojos.

De repente, un grito desgarrador resonó fuera del edificio. Frank se asomó por una rendija y vio a varios hombres encapuchados acercándose.

—¡Rápido! —dijo—. ¡Debemos salir de aquí!

Corrieron hacia la salida, pero un grupo de hombres los bloqueó.

—No deberías haber venido aquí, detective —dijo uno de ellos, su voz profunda y amenazante.

Frank sintió el frío en su espalda mientras el grupo se acercaba. Pero antes de que pudieran atraparlos, el joven le gritó.

—¡Atrás!

El joven levantó una pistola que había escondido en su chaqueta y disparó, impactando a uno de los hombres. La confusión fue instantánea. Frank y el joven aprovecharon la oportunidad para escapar, corriendo por las calles empapadas de niebla.

Finalmente, encontraron refugio en un callejón oscuro.

—¿Estás bien? —preguntó Frank, mirando al joven, que temblaba.

—No sé cuánto tiempo podremos estar a salvo, ellos saben que estoy aquí.

Frank pensó en Samara. Tenía que volver a ella con información, pero su propia vida y la del joven estaban en juego.

Mientras se preparaban para seguir, el sonido de pasos resonó a lo lejos. Una figura emergió de la niebla, y Frank sintió que su corazón se aceleraba.

—¿Samara? —preguntó, al reconocer la silueta.

La mujer se acercó, con el rostro pálido y una expresión de angustia.

—He estado buscando respuestas... pero creo que hay más de lo que imaginamos. El culto, ellos... tienen un objetivo mayor.

Frank miró al joven, sintiendo que la situación se tornaba cada vez más peligrosa.

—Tienes que contarnos todo lo que sabes —dijo Frank—. Esto es más grande de lo que pensamos.

En ese instante, un grupo de sombras se asomó al final del callejón. Frank sabía que el tiempo se les estaba acabando.

—¡Corran! —gritó.

Juntos, los tres comenzaron a huir, pero no sabían que el culto estaba más cerca de lo que creían, y que la verdad detrás de los asesinatos podría llevarlos a un oscuro abismo del que ninguno podría escapar.