Prólogo
Livin' un the sunlight, loving' in the moon light — Tiny Tim
Su vida era perfecta, un esposo que lo ama, un par de hijos que adoptaron con tanto amor, un pequeño gato siamés, una casa propia, trabajos estables.
No había nada en el mundo que le hiciera decir o pensar lo contrario. Las peleas eran normales, se resolvían y se apoyaban, mantener todo en orden era cansado pero no era algo de lo cual se quejaba.
Ese día su esposo salió al parque con sus hijos, le dijeron, por no decir ordenaron, que el se quedará en casa a descansar pues esa semana fue realmente pesada en su trabajo como profesor de Universidad.
Un día antes, preparó el almuerzo para ellos dejando notitas a cada uno.
Se levantó y al ir a preparar su desayuno, encontró una nota en el refrigerador.
"Gracias por el almuerzo, espero que descanses porque está noche no lo harás"
Una risita escapó de sus labios. Realmente estaba agradecido con ellos. Disfrutaba la rara oportunidad de tener un día solo para él, desayunó a gusto, se dió un baño realmente largo cuidando su piel con exfoliantes, relajándose en la tina escuchando Tiny Tim.
Bajar a la sala para ver una serie fue su último plan. Con el pequeño Dynamy en su regazo disfrutando de la paz que estaba a su alrededor y esperando a que su familia regresara para poder escuchar como les fue en su día. Siendo las 6 de la tarde, miró hacia la ventana notando como rayos anaranjado y amarillos atravesaban y chocaban con aquel jarrón rojo que le regaló su madre cuando recién se mudó con su esposo.
Un pequeño escalofrío recorrió su espalda. Empezó a ver con detenimiento el jarrón, algo no cuadraba pero no sabía qué. Volvió su vista al televisor pero la espinita de saber que era lo que se le hacía raro en aquel jarrón no lo dejó en paz.
El jarrón parecía pulsar, su presencia era más opresiva cada vez que intentaba apartar la mirada. Un zumbido casi inaudible comenzó a llenarle los oídos, como si algo invisible intentara llamarle desde el interior.
Volteando cada cierto tiempo esperando encontrar la más mínima cosa que se le hiciera extraño pero la sensación de saber exactamente lo que pasaba y no tenerlo claro lo estaba inquietando.
Y aunque a primera vista parecía un jarrón común y corriente, las líneas no seguían patrones lógicos, las curvas parecían torcerse hacia adentro y hacia afuera, como si el jarrón estuviera en movimiento, congelado en un instante imposible, pero al mismo tiempo, está completamente quieto.
No podía evitar sentir que no pertenecía allí, sus proporciones eran perfectamente correctas, pero tan incorrecto, como si no estuviera diseñada para estar donde está.
El gato le gruñó de repente saltando de sus piernas para irse corriendo.
El pequeño susto al ver qué Dynamy se puso a la defensiva de la nada hizo que se asustara aún más al escuchar como la puerta principal era abierta.
Las risas de sus hijos le hicieron olvidar, aunque fuera por un momento, la inquietud que lo embargaba, los recibió con un cálido abrazó escuchando las anécdotas de cada uno mientras él y su esposo preparaban las cena.
Después de luchar con sus niños a qué se dieran una ducha, logró que se quedarán dormidos.
Al bajar a la sala, se encontró con su esposo esperándolo en el sofá. Con una pequeña sonrisa fue hacia a él sentándose en sus piernas.
—¿Qué tal te fue hoy? ¿Descansaste?
—Si, fue bueno tener un día para mi, pero... hubo algo extraño. El jarrón... me pareció raro. —lo abrazó del cuello dejando su mejilla en su pecho.
—¿Jarrón? Yo lo veo normal...
—Si bueno... Creo que me relajé de más... —Dijo susurrando.
—Ey —Tomó al chico de la barbilla haciendo que lo mirara a los ojos. —No era broma lo que dejé escrito en la nota. —lo terminó cargando haciendo que el instintivamente rodeará su cadera con sus piernas. —No descansarás, Deku.
La sonrisa en su rostro vaciló un instante mientras sus ojos, casi por instinto, regresaban al jarrón. Allí estaba, inmóvil pero... expectante. La sensación de que algo se movía dentro le acompañaría el resto de la noche.