PERFECTO [SatoSugu - Mpreg]

Summary

Suguru es capturado a tres meses de haberse vuelto un hechicero maléfico. Satoru decide visitarlo en su celda tras descubrir que está en espera de un bebé. Su bebé.

Status
Complete
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo I: Debiste

Podría fingir que duerme, pero ni siquiera tiene fuerzas para eso. Además, Satoru se daría cuenta. Lo conoce como la palma de su mano, estúpido sería pretender engañarlo a estas alturas. Por eso, cuando el chirrido de la puerta pasó de quejido a silencio se quedó quieto, esperando pacientemente a que se acercase a lo que alguna vez fue un colchón y ahora no era más que un trozo de espuma plano y mugriento arrinconado en una celda.

Las muñecas y tobillos le duelen a causa de las esposas, brazos y piernas pasando a ser historia por culpa de los talismanes de restricción colocados con sumo cuidado alrededor de ellos para limitar tanto su técnica como la movilidad.

-¿Vienes a matarme? -susurra con voz cansada, más por romper el silencio que por otra cosa. Se queda allí, de cara a la pared, respirando el aire polvoso y soportando la incomodidad de la suciedad pegada al cuerpo y la sangre reseca endureciendo las prendas que viste en las zonas donde la técnica de sus captores había impactado. Está tan exhausto que el dolor es más una como una sugerencia que un llamado de apremio. Al menos permitieron que Shoko lo tratase. Aunque no resultó ser la mejor de las ideas.

-¿Es cierto lo que dicen? -inquiere Satoru luego de un largo rato de compartir espacio y respiraciones acompasadas. No contesta. ¿Para qué? La pregunta es un mero tecnicismo, ya tiene la respuesta de antemano-. ¿De cuánto estás?

-Tres meses. -Una frase sencilla que parece poder quitarle el aliento. Tan, tan cansado.

-Te apresaron cerca de una clínica. -Satoru no parará. Ya lo había supuesto y que ridículo de su parte suponer otra cosa. ¿Qué esperaba de todos modos? ¿Flores y chocolates?-. ¿Qué estabas haciendo allí? ¿Ibas a deshacerte del problema?

-Era de rutina -explica con desgana, la voz tan baja, tan rota que apenas levantaría polvo del suelo-. Una visita de rutina. El médico dijo que corría el riesgo de perderlo, asique he estado haciendo seguimiento.

-¿Y?

-Todo bien -se obliga a decir, rasguñando en su interior un poco de fuerza para continuar- Todo estará bien a partir de ahora.

Silencio. Denso y pesado silencio asentándose sobre sus huesos. Aplastándole las entrañas. Allí, donde una nueva vida se gesta poco a poco, revolviéndose, aún demasiado diminuta como para comprender los entresijos del mundo en el que se verá obligado ese pequeño ser a sumergirse. Maldita suerte tiene de nacer bajo tales condiciones.

-¿Por qué no me lo dijiste?

-Porque no tenía idea. Te lo juro. Me enteré después, pero ya era tarde. De haberlo sabido yo... -No mientas, se dice. De haberlo sabido no habría cambiado nada. Ya las cosas estaban rotas y nada, ni siquiera un niño, podría haberlas cambiado-. Me iré del país. Tengo todo preparado. No dejes que le hagan daño. No permitas que lo maten.

Rogaría de ser necesario. Lamería los zapatos de cuanto maldito se lo ordenara, suplicaría con lágrimas de sangre manchándole el rostro, pero por favor que no lo lastimen. Cualquier cosa, lo que sea, menos eso.

-No, de hecho, esto es perfecto -dictamina Satoru tras un momento de reflexión haciendo que voltease alarmado. Conoce ese tono, lo ha escuchado cientos de veces. Lo que sea que venga a continuación no le agradará. Para nada.

-¿P-Perfecto? -escupe torpemente al ver que no parece tener intenciones de continuar hablando.

-El clan ha estado presionándome con la cuestión del heredero. Pretenden casarme con una mujer insulsa para tener hijos. Esto cambia las cosas.

La comprensión lo atraviesa con más fuerza que un rayo, haciendo que recobre la energía de pronto, casi saltándole al cuello por la indignación y la furia.

-¡No! No dejaré que lo hagas, no me lo quitaras, no lo permitiré. Es mío ¿Me oyes? ¡Es mío!

-Eso lo hubieras pensado antes, ¿no te parece? -La recriminación le sabe a ácido, mucho peor que tragar cien maldiciones a la vez. La expresión de Satoru de absoluto desdén mirándolo como... como nunca antes lo ha mirado. La frialdad en sus ojos... El azul, se da cuenta, ya no lo es. Apenas un gris opaco, incapaces de reflejar la luz. Como si estuviese muerto por dentro. Un cadáver malvado con el rostro de quien había sido alguna vez su amante y mejor amigo-. Debiste metérmela tú en vez de rogar como una estúpida zorra para que te la enterrara.

-Entonces es eso -escupe con toda la ira que le sube a la garganta en forma de bilis caliente y espesa-. Una venganza. Te estas vengando por haberte dejado.

-Yo te amaba, Suguru. Habría bajado la luna para postrarla a tus pies. Lo que fuera lo hubieras tenido. Ahora no. Ya no. Al menos, me quedará el consuelo de tener una parte de ti a través de él. Podré corregirlo antes de que se transforme en un monstruo.

-Me iré. Te lo juro, no volverás a verme. Dejaré atrás la hechicería, me olvidaré de todo esto, te lo suplico no me lo quites. Es... Es lo único que me queda. Satoru, por favor. Ya no tengo más.

Que patético se siente, rogando como un perro moribundo. Todo el enojo disuelto por una pátina de miedo. No pueden quitárselo, es suyo. Una parte de ambos, un trocito de lo que alguna vez fue amor. Amor de verdad. El único que ha sentido nunca.

-Eso debiste pensarlo antes de traicionar a quienes te amaban. Antes dematara tus propiospadres. Quien sabe que retorcidos pensamientos intentarías inculcarle a la criatura. La negligencia de dejarla a tu cargo resultaría imperdonable.

-No dejaré que críes a mi hijo bajo tus estúpidas leyes. Me niego a que acabe sufriendo como yo. Lucharé si es necesario. No...

-Guarda tus amenazas. Solo estás haciendo el ridículo. -¿Quién es esa persona? ¿Dónde está su Satoru? No ha pasado tanto tiempo, apenas unos meses. Ese hombre de pie frente a él le resulta desconocido. Un rostro desapasionado y flojo, carente de la luz que podía estrujarle a la vida.

-Tengo otro compromiso ahora -dice Satoru cortando cualquier posible discurso mientras mira su móvil con aburrimiento; como si amenazarlo y tratarlo como basura fuese parte de una simple rutina. Como si decirle que le arrancará el ser que porta en su vientre no significase matarlo en vida-. Debo terminar de coordinar tu traslado. Mañana te llevarán a mi finca y cuando el niño nazca te encerrarán para siempre.

-Satoru...

-Intercedí por ti. Ellos querían la perpetua. Y por si acaso te quedaban dudas, jamás lo verás. No dejaré que contamines mi herencia con tu locura.

Y se va. Así de simple. La puerta abierta y cerrada en un pestañeo, cualquier posible iluminación extinguida. Volvía al inicio, a la cueva que llamaban prisión, a las sombras amenazantes trepando por las paredes esperando a que se duerma para colarse entremedio de sus sueños.

No lo dejará. El niño, su hijo, es suyo. Luchará. Así tuviese que matar a todos y cada uno. Esto no quedará así.


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