༆ Deseo tu cuerpo ༆
《Capítulo Único 》
El cielo oscuro cubría la ciudad de Busan. A pesar del frío, la vista era hermosa: poco tráfico, escasa gente transitando de un lado a otro, parques desolados con apenas una que otra pareja dispersa. Todo esto era observado por un joven de silueta delgada, baja estatura, pero con un trasero voluptuoso y una cabellera que captaba la atención de cualquiera.
—¡Hey! Pero miren nada más a quién me encuentro después de días —dijo burlón un pelinegro, mientras tomaba del brazo al chico de cabello rosa, quien ya estaba por regresar a casa.
—Disculpa, ¿te conozco? —respondió este con seriedad.
—Vamos, preciosura. No me digas que no te acuerdas.
El pelirrosa tragó grueso. Claro que se acordaba. ¿Cómo no iba a recordar al pelinegro que tenía frente a él?
—¿Debería hacerlo? —dijo con indiferencia, aunque cierto rubor lo delataba.
—Ignórame todo lo que quieras, pero de ninguna manera podrás olvidar todo lo que hicimos aquella luna llena.
—Bien, pero no te creas tanto. Solo fue una noche —lo miró sin darle demasiada importancia.
—Una noche en la que te follé cada maldito segundo. Una noche donde gritabas, gemías y me pedías más —dijo, mordiéndose el labio inferior.
—Tú lo has dicho: fue una noche... donde el alcohol también estuvo presente, si mal no recuerdo. Eso formó parte de lo que pasó —lo miró, serio.
—No estabas ebrio. Sabías muy bien lo que hacías... lo que hacíamos —lo escaneó de arriba abajo mientras se lamía los labios.
—Vamos, no me digas que te enamoraste por una noche de sexo —lo miró fijamente.
—No, preciosura. Yo no me enamoro. Solo deseo tu cuerpo debajo de mí —sonrió con descaro.
Aquellas palabras le cayeron como un balde de agua fría al pelirrosa. No pensó que le dolería tanto que lo viera solo como un objeto sexual. Sabía que estuvo mal dejarse llevar aquella noche, pero no pudo evitarlo. Sentir el cuerpo del pelinegro junto al suyo... lo había hecho temblar. Todo en él reaccionaba con solo un roce suyo.
—Lamento decepcionarte, pero este cuerpo no volverá a estar ni debajo ni sobre ti —dijo, serio y molesto.
—¿Estás seguro? —se acercó a él con descaro.
—¿Quieres jugar? —soltó como si nada. Tal vez se arrepintiera, pero no quería darle la razón. Muy dentro de él deseaba que el peli-negro lo tomara, aunque eso lo haría ver fácil... bueno, más de lo que él ya lo veía.
—Contigo, a lo que sea.
—Bien. Aquella noche nos presentamos, no sé si lo recuerdas —arqueó una ceja—. Tienes cinco segundos para llamarme por mi nombre. Si aciertas, tendrás una noche más para follarme —lo miró serio.
—¿Qué? ¿Qué clase de juego es ese?
—Vamos, tú lo dijiste, no estábamos tan ebrios —sonrió de lado. Su expresión ya daba la respuesta.
—¿Juegas o no?
—Bien.
—Cinco segundos corren desde ahora —chasqueó los dedos.
El peli-negro frunció el ceño y golpeaba su mejilla con la lengua. Estaba perdido. Iba a perder... iba a perder las desesperadas ganas que tenía de follarse una vez más al peli-rosa.
—Tiempo —dijo, golpeándole el brazo para que lo mirara.
—Y bien, tu respuesta es...
—¿Jeymi? —soltó despacio, rogando no haberse equivocado.
—Era de esperármelo. Como dijiste, solo fue una noche y una follada. ¿Por qué recordarías mi nombre? Lo siento, has perdido.
—Venga, vamos, ¿acaso tú recuerdas mi nombre? —bufó divertido.
—Sí, te llamas Jeon Jungkook, pero por lo visto, esa noche el que tenía el control era tu polla.
—Quería sexo. Lo tuve. No tenía por qué importarme el nombre de con quién lo hacía. Además, tú también estabas necesitado.
—Sabes... esto no va a ningún lado. Si me disculpas, llego tarde por tu culpa —dio un paso atrás y comenzó a caminar.
—De seguro vas a encontrarte con algún cliente —dijo alzando la voz, haciendo que el peli-rosa se detuviera en seco.
—No sabré tu nombre, pero sé a lo que te dedicas.
La ira del peli-rosa se disparó al escuchar esas palabras.
—¿Y según tú, a qué me dedico? —comenzó a caminar hacia él.
—Eres un prostituto —susurró—, y quieres hacerte pasar por decente. Por favor... debería preguntarte cuánto me quisieras cobrar esta vez por follarte.
—No me conoces, Jeon —lo apuntó con el dedo—. ¿Cobrarte? Por favor... ¿siquiera sabes cuánto me pagaste aquella noche, según tú?
El peli-negro no respondió. Tenía razón. No se acordaba ni de su nombre, ni de cuánto le había pagado... si es que le pagó. Lo único que recordaba era estar en aquel bar, rodeado de chicos sensuales por donde mirara, y que el único que llamó su atención fue el de cabellera rosa.
—No te quiero volver a ver en mi vida, hijo de puta —escupió a un lado y se marchó.
Las lágrimas del peli-rosa no tardaron en brotar. Le dolió en lo más profundo que lo hubiera llamado prostituto.

....Aquella noche de luna llena...
—Y bien, ¿Qué te parece el lugar?
—Vaya... es mi primera vez en un sitio así, y está increíble —sonrió de lado.
—Lo más increíble son los chicos que trabajan aquí, Kook. Son todas unas preciosuras —se mordió el labio mientras recorría el lugar con la mirada.
—Eso ya lo veré yo, Nam —comenzó a caminar en dirección a la barra.
Ambos hombres se acomodaron en la barra y pidieron dos vasos de ron, mientras observaban el lugar con atención.
—Hey, ¿por qué lleva el nombre de un bar y no uno más típico? —cuestionó el peli-negro al ver a una pareja de chicos frotándose entre sí.
—Es sencillo, Kook. El dueño quiso ser original. Por eso se llama FollBar, y explicó en la inauguración que significa “Bar de folles”. Todos saben lo que significa. Nadie puede confundirse de lugar —sonrió y alzó su trago.
—Sí que es original —río, y pidió un nuevo trago.

—Minnie, por favor, no comiences —su mirada irradiaba tristeza.
—Pero Jin, ya no vayas a ese lugar.
—No voy porque quiero, Minnie, y lo sabes. No puedo simplemente dejar de ir. Si lo hago, quién sabe qué podría pasarme —los ojos del mayor comenzaron a cristalizarse.
—Es que son unos hijos de puta. El haberte drogado para que firmaras ese puto contrato... —golpeó la mesa con toda su fuerza.
—Lo sé, pequeño. Ahora solo me queda aguantar un año y podré ser libre—trató de sonreír.
—No me imagino el martirio que debe ser lo que haces, hyung.
—El alcohol ayuda un momento... Después de eso, lo único que quisiera es morirme —sus lágrimas comenzaron a caer—. Estoy sucio, pequeño, demasiado... No deberías estar a mi lado.
—A mí no me importa nada de eso, hyung, y lo sabes. Yo sé que estás ahí porque te engañaron. Pero haré hasta lo imposible para sacarte de ahí —se acercó y limpió sus lágrimas.
—No quiero que te pase nada, Minnie. No hagas nada. Puedo aguantar. No me lo perdonaría si algo te llegara a pasar, o si alguno de ellos se atreve a ponerte una mano encima.
—Ahora tengo que irme. Descansa, ¿sí? —acarició su mejilla y le regaló una cálida sonrisa.
—Iré contigo, hyung, y no acepto un no por respuesta —caminó hacia la puerta.
—Pero Minnie... ¿Qué vas a hacer allá?
—No lo sé... divertirme un poco —sonrió.

El bar estaba más que abarrotado, lleno de personas de todas las edades. Las escenas obscenas no faltaban, y el alcohol fluía como agua. Era necesario para soportar ese tipo de trabajo. No todos los que estaban allí lo hacían por gusto. Muchos, como Jin, estaban obligados o habían sido engañados.
—¿No piensas buscar a alguien para un buen polvo? —cuestionó Nam, dando otro sorbo a su bebida.
—Nadie llama mi atención, Nam —una vez más, buscó con la mirada a algún chico para pasar la noche.
—Eres exigente —se burló—. Pero yo acabo de ver al chico que siempre quise y que, hasta ahora, no he podido tener. Así que, hermano, consigue a alguien porque yo no regreso —le palmeó el hombro y se fue en busca del chico que había visto.
El peli-negro estaba a punto de marcharse cuando su vista se detuvo en un joven de cabellera rosa que caminaba hacia la barra. Quedó embobado, y no sabía si era por el alcohol o por la belleza de aquel chico, pero cuando su mirada bajó y se posó en su gran y redondo trasero, lo supo: no podía dejarlo pasar.
—Hola, precioso —se acercó en un abrir y cerrar de ojos.
El peli-rosa no respondió a su majestuoso saludo. Lo ignoró y pidió una cerveza. No había ido en busca de algún chico. Tenía en mente algo muy distinto... y ya lo había conseguido.
—Auch, eso dolió —se tocó el pecho, fingiendo estar herido.
—¿Te han dicho que eres realmente hermoso? —dijo, mirándolo de pies a cabeza.
El peli-rosa por primera vez lo miró. Estaba listo para enfrentarlo y mandarlo a la mismísima mierda... de no ser porque su mirada quedó atrapada en esos ojos negros y penetrantes.
—¿Te sorprendí, verdad? —sonrió coqueto al ver cómo lo miraba.
—Pues sí. Pensé que serías de esos tipos pasados de edad y morbosos.
—Te invito una copa —guiñó un ojo.
—Lástima. Ya tengo bebida —alzando su mano, mostró su cerveza—. Y si me disculpas, estoy algo ocupado.
—No veo a nadie a tu lado, así que no creo que estés tan ocupado —se sentó junto a él, le quitó la cerveza y pidió un ron con hielo.
—¿Qué? —no entendió del todo, pero no le dio importancia.
—¿Acaso quieres emborracharme y llevarme a algún sitio? —dijo divertido, tomando de su nueva bebida.
—No me hace falta emborrachar a nadie para que se vaya conmigo —guiñó un ojo.
—Soy Jeon Jungkook —extendió la mano.
—Park Jimin —la tomó, y al instante sintió una corriente eléctrica recorrerle la espina dorsal.
Los minutos siguieron pasando, y con ellos, trago tras trago era pedido por el peli-negro. El peli-rosa, aunque quería irse —porque ya sabía a dónde iba a terminar todo eso— no pudo levantarse. Estaba más que embobado por su belleza, y más aún cuando su mano se posó en su pierna y comenzó a recorrerla con suavidad. Su cuerpo reaccionó. Se activó. No pudo evitarlo.
—Ahh —los gemidos del peli-rosa inundaban la habitación del hotel donde ya se encontraban.
—Gime para mí, precioso —mordió su labio inferior.
—Te follaré toda la noche, y solo la luna llena será testigo —comenzó a quitarle la ropa.
En segundos, ambos estaban desnudos. Jungkook lo recostó sobre la cama, abriéndose paso entre sus piernas. No dejó de besarle los pezones rosados, haciendo que se arqueara de placer y gimiera con fuerza.
Ambos estaban más que excitados, con sus miembros completamente duros. Sus cuerpos se encendían solo con rozarse.
Sin previo aviso, y con la excitación a mil, el peli-negro posicionó su grande y erecto pene en la entrada de Jimin, introduciéndolo de una sola estocada.
—¡AHH, JODER! —gritó ante la repentina intromisión, sin preparación previa.
—Tan a-apretado y e-exquisito...—tartamudeó por la sensación.
No esperó más. Comenzó a moverse con estocadas rápidas y fuertes.
—¿Te gusta, precioso?
—Ahh, sí... más... dame más...
Las embestidas no cesaban. El sonido de sus cuerpos chocando era tan fuerte que se escuchaba incluso en el pasillo.
—Ahh Jeon, más fuerte...—el peli-rosa estaba absorto de placer.
—Eso es, precioso... gime mi nombre —dio una estocada tan profunda que lo hizo gritar.
—Ahh, joder... ¿Cómo es que eres tan apretado? —jadeó mientras echaba la cabeza hacia atrás, mordiéndose el labio.
Los minutos pasaban entre gemidos, estocadas, suspiros, sudor y deseo.
—Ahh J-Jungkook... m-me v-vengo... —le costaba hablar.
—H-hazlo, precioso. Córrete para mí.
Jimin alcanzó su clímax, y después de unas cuantas embestidas más, Jungkook también.
—E-estuviste genial, precioso —jadeó.
—L-lo mismo digo, Jungkook...
—Segundo round, precioso. Esta vez en la ducha —lo tomó de la mano y lo llevó al baño.
—¿Qué? ¡Apenas acabamos de hacerlo! —pero sus palabras no sirvieron de nada.
Tal como lo dijo, volvieron a follar, llenando el baño de gemidos.
La noche era joven, y Jungkook, insaciable. No solo lo hicieron en la cama y la ducha: lo hicieron en el sillón, contra el velador, contra el pie de la cama... tantas veces que llegaron al límite de su resistencia.
La incógnita era si todo eso se debía al alcohol... o si sus cuerpos realmente se deseaban con esa intensidad.
Los rayos del sol se colaban por la ventana. Jungkook y Jimin yacían desnudos, recostados en la cama, exhaustos.
Jimin despertó primero. Desconcertado, observó el lugar y luego miró a su derecha. Jungkook dormía profundamente a su lado.
Se maldijo en silencio al recordar todo lo que había hecho. Con cuidado, retiró el brazo que lo rodeaba y trató de levantarse. Pero apenas sus pies tocaron el suelo, cayó al instante. Su cuerpo dolía, su entrada dolía... no podía siquiera estar de pie.Lo había follado tan duro que ahora lo estaba pagando.
—Joder, Jungkook... me dejaste sin piernas —susurró, viendo que aún dormía.
Reuniendo toda su fuerza de voluntad y aguantando el dolor, se vistió en silencio y salió de la habitación. Ya se culparía después por lo que había hecho.

........ Día actual .........
Después de aquel encuentro, una fuerte lluvia se hizo presente. Jimin había corrido a casa, destrozado por cómo lo había llamado; no sabía por qué le dolió tanto que el peli-negro lo llamara así. Por otro lado, Jungkook quedó inmóvil donde se encontraba. Algo dentro de él sintió quebrarse al ver cómo el de cabellera rosa salió corriendo.
Los días habían pasado. Jungkook regresó al mismo bar con la esperanza de volver a ver al peli-rosa. No había dejado de pensar en él ni un solo momento. Ya no solo deseaba su cuerpo, deseaba tenerlo cerca, quería averiguar qué era lo que le estaba pasando.
“Ignórame todo lo que puedas, pero de ninguna manera podrás olvidarte de todo lo que hicimos aquella luna llena”, le dijo aquella vez al peli-rosa. Eso se estaba volviendo en su contra: ahora él era quien no podía olvidar todo lo que había pasado. Sin duda alguna, el dicho “No escupas hacia arriba porque te puede caer a ti mismo” se aplicaba al peli-negro.
—Necesito hablar con tu jefe —la voz gruesa e intimidante del peli-negro se podía escuchar en el bar.
—No se encuentra en este momento —respondió el guardia.
—Dile que el amigo de Kim Nam-joon lo quiere ver, sé que está aquí —lo miró serio.
—El señor Kim, permítame un momento —hizo una reverencia y se adentró a una habitación.
Paciencia era lo que menos tenía el peli-negro; se estaba comenzando a encabronar por tener que esperar.
—Por aquí, por favor —el guardia había llegado.
Los dos hombres comenzaron a caminar por un angosto pasillo hasta que llegaron al final, donde una puerta de color dorado estaba entreabierta, dejando ver las luces de la habitación.
—Me dijeron que me buscaba —habló un hombre de unos 60 años, robusto y barbado, detrás de un gran escritorio.
—Soy Jeon Jungkook, mucho gusto. Necesito información de alguien y usted es el único que me la puede dar —dijo sin rodeos.
—Vaya, un hombre que va directo al grano, me gusta. Si puedo, con gusto lo ayudo —entrecruzó sus dedos, prestando atención a quien tenía en frente.
—Hace una semana, para ser exactos, había venido aquí. Me encontré con uno de sus chicos y me lo llevé fuera. He venido nuevamente por el mismo chico, pero no lo he vuelto a ver. Quisiera saber qué ha pasado con él —dijo serio.
—Uno de mis chicos te flechó —sonrió de lado, dejando ver uno de sus dientes de oro.
—¿Me dirá lo que quiero saber? —arqueó una ceja, disgustado.
—¿Cómo era el chico? Tengo a muchos aquí y tal vez está de vacaciones.
—No hay cómo confundirlo, resalta entre todos por su belleza y por su cabello.
—¿Su cabello?
—Es peli-rosa. ¿Qué ha pasado con él? —lo miró fijamente.
—Peli-rosa, un color llamativo, pero lamento decepcionarlo señor; entre mis chicos nadie tiene ese tipo de color de cabello. Tal vez fue un chico normal que decidió venir al bar nada más, pero mi chico no es así.
—¿Qué? Imposible, él...
El peli-negro no acabó de hablar; las imágenes del peli-rosa llegaron a su mente desde que lo vio en el bar y lo enojado que se puso cuando le dijo que era un prostituto. Le cayeron como golpes; lo había insultado y faltado al respeto.
—Gracias —dijo y salió del lugar sin dejar hablar al mayor.
—Joder, Jungkook, hasta le ofreciste dinero para follarlo de nuevo. Qué hijo de puta fuiste desde un comienzo. Si fuera prostituto, lo primero que hubiera hecho es cobrar, como te lo decía Nam, carajo —se maldecía y golpeaba el volante de su auto.
........ Un mes después ........
Un mes había pasado. Jimin trató duramente de olvidar al peli-negro, pero su cuerpo no colaboraba. Después de tanto tiempo entendió que solo fue una noche, donde las copas lo llevaron a eso. Se repetía aquello como un mantra para poder olvidarlo.
—Hyung, me voy o se me hará tarde para el trabajo —su dulce voz resonó en la pequeña casa que compartían.
—Ve con cuidado, Minnie —respondió su mayor.
Jimin había conseguido trabajo en una cafetería por las noches. Durante el día se había dedicado a averiguar cómo ayudar a su amigo y sacarlo de ese bar. Necesitaba contratar a un abogado, uno de esos que jamás haya perdido un caso, uno que estuviera dispuesto a hacer lo que sea para ganar el caso. Entre tanta búsqueda, dio con uno, pero el precio era su barrera; tan reconocido era que cobraba en exceso.
No se iba a dar por vencido. Haría lo que fuera por ayudar a su hyung y ya tenía preparada una cita con dicho abogado.
La noche en su trabajo fue tranquila. Su turno había acabado, por lo que se dirigió a casa; mañana sería otro día.
—Buenos días, soy Park Jimin, tengo una cita con el abogado Kim Nam-joon —el peli-rosa se dirigió a la señorita con educación.
—Joven Park, claro, deme un segundo y puede pasar —respondió con una linda sonrisa.
Jimin tan solo asintió y comenzó a mirar los cuadros a su alrededor, reconocimientos quizás, se dijo a sí mismo.
—Puede pasar, siga hacia la puerta azul marino.
—Gracias —hizo una reverencia y comenzó a caminar.
Tocó dos veces, anunciando que estaba ahí, y un pase se pudo escuchar desde adentro. Tomando una gran bocanada de aire, ingresó, pero cuando estuvo a punto de dar un paso más, se detuvo en seco al ver quién estaba ahí.
—¿Tú? —la voz de uno de los que se encontraban en la oficina resonó.
Jimin palideció y rogaba porque la tierra lo tragara y lo escupiera en cualquier otro sitio.
—¿Joven Park? —Nam habló al ver la situación.
—Sí, buenos días —hizo una reverencia, ignorando al peli-negro y aguantando las ganas de salir corriendo.
—¿Podemos hablar? —el peli-negro dio un paso hacia Jimin.
—Señor Kim, ¿cree que podríamos hablar de mi caso? —ignoró completamente al peli-negro.
—¿Ustedes se conocen? —cuestionó Nam al ver a Jungkook cómo lo miraba fijamente.
—Sí. —No.
Los dos hablaron al mismo tiempo, confundiendo al más mayor en la habitación.
—Lo siento, pero necesito hablar con él —en un segundo lo tenía agarrado del brazo.
—Suéltame, no tenemos nada que hablar —se quejó mientras trataba de zafarse de su agarre.
El peli-negro hizo caso omiso a sus palabras y simplemente lo jaló hacia la habitación de al lado. Mientras que Nam no dijo nada, no entendía nada.
—¡Suéltame, idiota! —gritó, zafándose de su agarre.
—Lo lamento —soltó sin dejar de mirar al peli-rosa.
—¿Qué? —Jimin no entendía nada de lo que estaba pasando.
—Lamento lo de aquel día, no debí tra...
—No importa, ya está en el olvido —su tono era serio y frío, además de su mirada.
—Yo...
—Era todo, si me disculpa, tengo cosas que hacer —se dio media vuelta para salir.
—Escúchame —lo acorraló contra la puerta, evitando que saliera.
Y ahí estaba nuevamente esa sensación al estar juntos; sus cuerpos reaccionaban a la cercanía que tenían, esa corriente que recorría sus cuerpos, pero que ninguno sabía por qué.
—La última vez la yo lo dejé claro —habló tratando de no verse débil.
—Fui un idiota, no sabía cómo eran las cosas. Estaba con copas encima, sí, pero no cuando estuvimos juntos en el hotel. Todo este tiempo te busqué, quise disculparme, no sé qué me pasa, pero siento que me volveré loco si no te tengo a mi lado.
—Bien, estás disculpado por cómo me trataste. Ahora sí, me disculpa, tengo cosas que hacer —quiso retirarse, pero el agarre por su cintura lo impidió.
—Eres tú, siempre fuiste tú —susurró casi en los labios carnosos del peli-rosa.
Jimin tragó grueso ante tal cercanía; su cuerpo se activó como si de una alarma se tratara. Odiaba el hecho de que reaccionara de esa manera ante el peli-negro.
—Creo que me enamoré de ti, pequeño peli-rosa —estuvo a punto de besarlo.
—No, lo que usted desea es mi cuerpo —se apartó y lo miró fríamente.
Silencio se formó. Jungkook se preguntaba si en realidad deseaba su cuerpo o deseaba tener su compañía.
—Señor Kim, ¿cree que podríamos hablar de mi caso? —ingresó llamando la atención de este.

—Ah, claro, siéntese y cuénteme de qué se trata —indicó el asiento frente a él.
—Y así es como lo tienen obligado a estar en ese lugar. He podido conseguir algunas pruebas, pero no sé si ayuden en mucho —le había contado todo.
Nam no había dicho ni una sola palabra, pues el lugar del crimen, por llamarlo así, era donde él frecuentaba y, como si no fuera poco, se llevaba con el dueño. Lo que sí desconocía era cómo conseguía a los chicos que trabajan en aquel lugar.
De todos los chicos, siempre hubo uno al que siempre quería y a como diera lugar lo tenía para él. Por alguna razón, su belleza lo cegaba, y ni se diga de su personalidad; no quería que alguien más estuviera a solas con él. Le había tomado tanto afecto.
—Es el señor Kim —le mostró una foto en su celular.
Si antes no dijo nada, ahora estaba peor al ver quién era la víctima de tal acto repugnante que le habían hecho. Su rostro palideció y sus manos comenzaron a sudar; frente a él estaba el chico por el cual no faltaba ni una sola noche.
—¿Pasa algo? ¿Cree que podrá ayudarnos? No importa el precio que tenga que pagar con tal de que ese malnacido anule el contrato que lo obligó a firmar.
—Dame una semana y tu amigo será libre —esta vez habló firme y mirándolo fijamente.
—Se lo agradezco, señor Kim, pero ¿Cuánto me costará?
—Hablamos de eso cuando él esté libre —le regaló una sonrisa.
—Bien, una semana entonces, señor Kim —se levantó, hizo una reverencia antes de salir.
No se volvió a encontrar con el peli-negro y agradeció aquello; quería olvidar lo que le hacía sentir con tan solo su cercanía.
La semana había pasado. El señor Kim había hecho de todo para liberar a Jin y con más razón lo hizo en tan corto tiempo, pues era el chico por el que iba todos los días; siempre lo pedía para él, pero no para lo que buscan todos, él lo pedía para conversar. Se había encariñado tanto que incluso habían formado una relación. A Kim no le importaba su trabajo, pero Jin no le había contado cómo llegó a ese lugar. Nam tampoco preguntó.
El día de la noticia, Jimin estaba más que feliz: al fin su amigo era libre, y ese mismo día se enteró de la relación que esos dos mantenían, pero que nadie sabía. Kim le agradeció a Park que lo hubiera contratado; de no ser así, las cosas aún estarían como antes.

—¿Jimin? —el peli-negro se había acercado a ellos.
Tanto Jin como Nam se miraron entre sí y lentamente se hicieron para atrás, dejando al peli-negro y al peli-rosa, pues ellos ya estaban enterados en parte de esos dos.
—¿Puedo hablar contigo?
—Ya lo está haciendo y, sobre todo, gracias. Gracias por haber dictado la liberación del caso de Jin.
—No tienes que agradecerme, solo hice mi trabajo como juez que soy.

—De todos modos, gracias, y si me disculpa, me tengo que retirar —dio un paso a un lado para comenzar a caminar.
—Espera, por favor, necesito hablar contigo, solo escúchame —lo tomó de la muñeca.
—Bien, tienes 5 minutos y comienzas desde ahora.
—Estos días que han pasado no he dejado de pensar en ti, ni en lo último que me dijiste en la oficina donde te arrastré. Le he dado tantas vueltas a lo mismo que he terminado mareado y exhausto de tanto pensar, y llegué a la conclusión de que no es verdad lo que dijiste.
—No deseo tu cuerpo, Jimin, deseo tu compañía y que estés a mi lado siendo mi pareja —lo miró fijamente.
Jimin, ante sus últimas palabras, quedó sin habla. El peli-negro lo traía babeando a pesar de cómo lo había tratado; a pesar de todo, lo quería como algo serio.
—Yo...
—Te soy sincero, Jimin, no es solo el deseo de tu cuerpo, tú también lo sientes, sientes cómo nuestros cuerpos se activan cuando estamos cerca, esa necesidad de estar juntos, y no es solo por lo de aquel día, va más allá de eso y lo sabemos —se acercó quitando toda distancia que los separaba.
—Te quiero a ti completo en mi vida, no sé cómo lo sé, pero estoy seguro de que hay algo que nos une y que quiera que estemos juntos.
—También te quiero en mi vida, Jungkook.
—¿Aceptarías entonces ser mi novio? —susurró en sus labios.
—Claro que sí, acepto ser tu novio —unió sus labios en un cálido beso.

—Jamás vuelvas a decir que solo deseas mi cuerpo —hizo puchero cuando se apartaron del beso.
—Jamás lo haré —besó su tierna nariz de botón.
Y ahí dos personas que se habían encontrado por casualidad o destino de la vida iban caminando hacia un futuro juntos. Se habían unido en una relación.
—Deseo tu cuerpo, Jimin.
—¡Jeon Jungkook, date por muerto!
........Fin.......








