Somos como estrellas

All Rights Reserved ©

Summary

¿Y si la persona que más te hace sentir, es la que menos tiempo tienes para amar? Alisa Jones está a punto de empezar la universidad junto a Cameron, su mejor amigo, y espera dejar atrás el pasado. Pero escapar de él no es tan fácil, sobre todo cuando alguien te atormenta. Desde el primer instante, el compañero de habitación de Cameron tiene claro que quiere a Alisa. Y para conseguirlo, está dispuesto a todo. Cuando las llamadas del pasado se vuelven más intensas, Mike le propone algo inesperado: fingir que están juntos. Una relación falsa para mantenerla a salvo... y de paso, tal vez, curarse mutuamente. Y lo que empieza como una mentira se convierte en lo más verdadero que han sentido jamás. Pero no todas las historias de amor tienen un final feliz, algunas están destinadas a brillar solo por un momento. A romperte. Y a quedarse contigo para siempre.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo.

—Me vas a poner los cuernos.

Lol.

No acaba de soltar eso. Literalmente acabamos de follar y es lo primero que dice.

Ni un beso, ni un abrazo, ni siquiera un te quiero. Roi abre la boca y suelta eso, como si fuera lo más normal del mundo. Como si no acabáramos de estar desnudos, compartiendo piel, respiración y una historia de cuatro años.

Me quedo en silencio. La realidad es que no se que decir, solo me giro un poco, todavía sin saber muy bien si reírme en su cara o echarme a llorar.

—¿Qué?

—Pues eso, que te vas a ir a la universidad, vas a conocer a un montón de tíos, y tarde o temprano vas a terminar en la cama de alguno de ellos. Así que prefiero romper antes de que eso pase.

Y lo dice sin ningún tipo de vergüenza, ni asco. Ni siquiera parece dudar, como si hubiera estado ensayando esa frase desde hace semanas y solo estuviera esperando el momento perfecto para soltarla.

Y qué mejor momento que justo después de correrse, claro.

Me siento en el borde de la cama. No sé si me arde el pecho, la cara o los ojos. Me duele todo y al mismo tiempo no siento absolutamente nada.

—Pero, ¿te estás escuchando? —Le pregunto, mirándolo.

—Solo estoy siendo realista, Alisa. No quiero quedarme aquí siendo el gilipollas que te espera mientras tú le enseñas las tetas al primero que pasa.

¿Qué cojones dice? Se está refiriendo a mi como si fuera literalmente alguien que vende su cuerpo. Llevo cuatro años con este gilipollas. Cuatro años dedicándole cada puto segundo de mi vida. Dejé de salir con mis amigas porque a él no le caían bien. Dejé de ponerme ciertas cosas porque, según él, enseñaban mucho.

Y lo peor de todo, que nunca he tenido un orgasmo. En mi vida. Simplemente lo acepté, como si fuera algo normal, y seguí con mi vida.

—¿Y te parece bien soltar esto después de metérmela? —Se me rompe la voz un segundo, pero lo trago— Me has usado como si nada, Roi.

Él se incorpora un poco, pero no me mira. No dice nada. Yo, en cambio, me levanto y empiezo a vestirme. No quiero estar aquí. Me pongo los vaqueros con las manos temblorosas, pero sin detenerme. Como si cada prenda fuera una barrera más entre él y yo. Como si me estuviera reconstruyendo con la ropa que él me ha quitado hace diez minutos.

Puto precoz.

Él sigue mirándome, pero no se mueve. Ni siquiera se disculpa. Solo observa, como si fuera una escena más de una película aburrida que ya ha visto mil veces.

—¿Sabes qué es lo más triste, Roi? —Le digo mientras me abrocho el sujetador— Crees que ahí fuera me espera un ejército de tíos, y en realidad lo único que llevo intentando durante años es que tú confíes en mí. Lo he dejado todo por ti. Literalmente he perdido a todo mi círculo cercano solo porque tú me lo has pedido, gilipollas.

Cojo mi camiseta, la meto por la cabeza y camino hacia la puerta.

—No me merezco que me hables así.

—¡Precoz de mierda!

Doy un portazo y corro escaleras abajo. Salgo de su casa con la camiseta del revés, el pelo enredado y las lágrimas a punto de salir como una estampida, pero no me atrevo a mirar atrás, porque sé que está observándome desde la ventana, y me niego a que me vea llorar.

Me alejo caminando rápido. Cruzo la calle como si el asfalto pudiera tragarme y atraparme. No quiero pensar, no quiero recordar su cara, ni su voz, ni su olor en mi ropa.

Simplemente quiero irme.

Saco el móvil con manos temblorosas. Lo desbloqueo y marco su número sin pensarlo dos veces.

—¿Ali?

Responde casi al instante. Su voz es cálida y familiar. Cameron, hermanastro y mejor amigo desde que tenemos memoria, aunque no compartamos ni una gota de sangre. Solo historias.

Llevamos siendo vecinos toda la vida, y nuestros padres se casaron hace dos años. Mi padre es un pilar fundamental para mi, pero hora mismo, CamCam es lo único que tengo.

—¿Puedes venir a por mi? —le digo. Y aunque intento disimular mi dolor, la voz me tiembla— Por favor.

—¿Dónde estás? ¿Estás bien?

—Es un gilipollas, Cam —respondo, y ahí se me escapa el primer sollozo—. Estoy al final de su calle.

—¿Qué ha hecho? —Vuelve a preguntar.

—Usarme.

No pasa ni medio segundo cuando responde.

—Ya voy. No te muevas, ¿vale? Estoy a cinco minutos.

Asiento con la cabeza, aunque él no puede verme. Me muerdo el labio para no llorar en público, pero es inútil. Las lágrimas ya se están escurriendo por mi mejillas. La garganta se me a cerrado, me duele el estómago y siento que se me ha caído el mundo encima.

Me siento en el bordillo de la acera, con las piernas recogidas y la cabeza hundida entre los brazos. Y mientras espero a Cameron intento recordar quién era antes de conocer a Roi. Antes de convertirme en esa chica que se conformaba con migajas disfrazadas de amor.

Hace tanto que no me acuerdo, pero quiero volver a ser ella.

Un coche para frente a mí. Levanto la cabeza y veo como mi hermano se baja rápido del coche y se acerca. Sin decir nada, me abraza. Y yo, por primera vez en toda la noche, me dejo caer contra alguien que de verdad me quiere.

Lloro como una niña prqueña que está rota, porque ahora mismo eso es lo que soy. Sin duda, hay algo en mí, muy en el fondo, que sabe que esta es la última vez que lloro por Roi.

La próxima, lloraré por algo real.

Aunque no sabía que lo sería tanto.