1
Dolía como si de 50 balazos se tratase, cada golpe, cada grito, cada reprimenda. Era mi culpa, dicen. Fue mi error, lo sé, si yo tan solo me hubiese esforzado más, si tan solo...no fuese tan inservible, inútil, tan idiota como para haberme equivocado tanto en mi única responsabilidad...decían. Los restos de aquel examen, ahora roto, se mantenía en el piso. Ese era uno de los recuerdos pasajeros que solía tener, y que con miedo ahora se incrustaba en mi mente, aquel dolor de fallarles no solo a mis padres, sino a todos. Pero ahora estamos en el presente, en una situación en donde yo mismo me he metido. ¿Será esta mi sentencia de muerte? Quizás. ¿Cómo fue que terminé hablando de la chica que me gusta con mi padres? Ni puta idea, pero así es mi vida...cada día lleno de nuevas sorpresas...
¿Saben lo horrible que es tener padres estrictos?, que sigan cada uno de los malditos pasos que doy. Al carajo el sentimentalismo, odio que sean así conmigo, sobre todo en mi vida amorosa. Pero para ser sinceros no los culpo. Después de cierta cosa que me pasó el año pasado.... Entiendo que quieran proteger mi maldito corazón desembocado, pero no puedo, ella lo es... Todo. Yo quiero creer que lo sucedido fue un acto de repulsión de parte de ella, o al menos eso es lo que me dice mi corazón, pero la parte racional de mi cabeza me dice que ella no me merece.
-Ayron, ¿me estás escuchando? - dijo mi madre, sacándome de mi pequeño trance.
- ¿Eh? ¡Ah! sí sí- ¿Por cuánto tiempo me estuvo hablando?
-Bueno como te decía, no quiero que te acerques a esa niñata, estás muy joven para tener ese tipo de relaciones, aparte, tienes que concentrarte en tus estudios, es lo único que te pedimos- vi como ambos me observaban enojados.
-Tu madre tiene razón en eso, Ayron, tu única responsabilidad es sacar buenas notas, ¿Y lo peor? ¿Puedes explicarnos qué es esto? - Lanzó 2 hojas, aquellas que había escondido cautelosamente en mi habitación...eran aquellos exámenes fallidos. Lentamente levanté la mirada, aterrado por lo que sucedía.
Conocía muy bien esas miradas, siempre lo hacían cuando ellos consideraban que había hecho algo malo, el sentimiento que siento al verlos mirándome de esa manera es inexplicable. Me miran como si hubiera cometido el peor de los asesinatos, como si fuera su peor y su mayor decepción, ya me acostumbré a esa sensación, pero ese sentimiento que se acumula en mi pecho es tan abrumador que se lleva todo el aire de mis pulmones y gran parte de mi alma. Quizás todo sería más fácil si...
-Respóndeme, Ayron. ¿Ahora qué excusa vas a poner? Habla.
-Yo...
- ¿Ves? No tienes nada que decir, ¿Sabes el gran esfuerzo que hacemos yo y tu madre para mantenerte?
-Papá... escúchame.
-No, no pienso escucharte. Con esto me has demostrado lo suficiente, nos has decepcionado. ¿¡Sabes todo lo que hacemos porque tengas una buena educación!?- grito tras grito, siempre fue lo mismo. -T-te juro que me esforcé, m-mamá...tú me-me viste mientras estudiaba, ¿a que si estudié? - la miré con ojos suplicantes, quería que me ayudara.
-Pudiste hacerlo mejor Ayron...no fue suficiente- El nudo en mi garganta se apretó, las lágrimas nublaron mi vista. Cada palabra suya era un puñal, clavándose profundo en mi alma. ¿Acaso no veía el esfuerzo? ¿Acaso no importaba cuánto me esforzara? La impotencia me invadió, un torbellino de emociones. ¿Qué más podía hacer? ¿Cómo podía alcanzar sus expectativas? El silencio se apoderó de la habitación, un silencio cargado de reproches y decepción. Me sentí pequeño, insignificante, un fracaso total. Quizás, después de todo, tenían razón. Quizás no era suficiente, nunca lo sería.
Con el corazón hecho pedazos, me encerré en mi habitación, el único lugar donde podía refugiarme de la tormenta emocional. Me acurruqué en la cama, abrazando a mi viejo oso de peluche, el testigo silencioso de mis penas. Las lágrimas corrían por mis mejillas, empapando la almohada, mientras el dolor me consumía por dentro.
Un recuerdo emergió de las profundidades de mi mente, un eco de risas y abrazos cálidos. Mamá, cuando era niño, me envolvías en tus brazos y me decías que todo estaría bien. ¿Qué pasó con esa mujer? ¿Dónde quedó el amor que una vez nos unió? El oso de peluche en mis brazos se sintió frío y sin vida, un mero recordatorio de tiempos más felices. Cerré los ojos, intentando aferrarme a esa imagen, a esa sensación de seguridad, pero solo encontré vacío.
Este maldito corazón no deja de latir, estoy cansado de tanta mierda. ¿A esto se le puede llamar vida? No. ¿Sentirse tan miserable se volvería un tabú hoy en día? Sentimientos que reprimo, secretos que guardo, palabras que callo, acciones sin concluir, deseos inalcanzables. Siento que la única razón por la que vivo es por aquella niñata que me mira con esos ojos tiernos, labios pequeños pero lindos y esa estatura que la hace tan pequeña como una flor. Ella es como una droga, no puedo vivir sin ella; cuando la miro siento que respiro y cuando ella no está siento que me muero. Estoy tan intoxicado de ella... aunque ella no me ame, yo la amo con todo mi alma, daría todo por ella, hasta mi vida...Y sin embargo, aquí estoy, atrapado en este infierno personal, donde el amor es un lujo prohibido y la libertad una quimera.
¿Qué clase de vida es esta? ¿Una existencia donde cada latido del corazón es una agonía, donde cada respiro es un recordatorio de mi fracaso? Me siento como un fantasma, invisible, inaudible, condenado a vagar por los pasillos de mi propia miseria. Incluso el oso de peluche, mi confidente de la infancia, parece burlarse de mí con su silencio cómplice.
¿Acaso no hay nadie ahí fuera que pueda verme, que pueda escucharme, que pueda salvarme de este abismo? Quizás no. Quizás estoy solo en esto, condenado a vagar por este laberinto de dolor hasta que la oscuridad me consuma por completo. Me levanté de la cama, con la mirada perdida, y comencé a caminar sin rumbo por la habitación. No sabía a dónde iba, pero necesitaba alejarme de este lugar, de este recordatorio constante de mi fracaso. Me sentía como un náufrago en un mar de soledad, a la deriva, sin esperanza de ser rescatado.