Shot 1
Corrupción
—¡Lynn! ¿¡Pero que hicieron!?
—Y-yo. —Respondió. Levantándose de la cama.
Su madre corrió a ella y la agarró de sus hombros.
—¡¿Qué hiciste?! ¿Cómo pudiste hacerle esto?. —clamo, totalmente histérica. No tardó en zarandear a su hija, como si fuese un muñeco de trapo.
La deportista no se opuso, no respondió. Con las pupilas totalmente dilatadas, solo podia ver a su madre y como el rostro de esta parecía una mezcla de miedo, sorpresa y rabia.
Su labio le temblaba y en general, apenas movía su boca. Desvío la mirada a la entrada de su habitación, donde veía al resto de su familia, con obvio terror en sus rostros o al menos eso solo en los mayores, quienes apartaban a las menores.
—¡Lynn!. —volvió a pronunciarse su madre— ¡Esto es lo peor que puedes haber hecho! ¡¿Lo entiendes?!. —la matriarca podría haber gritado todo lo que quisiera, Lynn estaba en shock. Pareciera que su mente le hubiese abandonado desde hace mucho.
—¡Lynn!
—¡Lynn!
—Lynn
—¡Lynn!
—¿Qué?. —la deportista dio un brinco sobre su asiento— ¿Cuando, que, quien? —cuestionó, con total desorientación.
—Ya casi llegamos. —le respondieron.
—¿Cuanto tiempo me dormí?. —cuestionó, frotandose los ojos.
—Mucho tiempo, sis. —le respondió, Luna. No tardó en asomarse desde la parte de atrás— Y con el sueño muy pesado eh de decir. —agregó, esbozabdo una sonrisa y volviendo a su lugar mientras se ponía los audifonos— Link lleva hablándote casi 10 minutos.
—Querido, ¿ya levantaste a Lynn?. —se escucho desde la parte de adelante.
—Si mamá, aunque tarde mucho.
—Gracias cariño, tu siempre me ayudas tanto. —agrego, mientras mantenía su mirada en el camino y sus manos en el volante.
De vuelta en los asientos de atrás, Lincoln volvía a sentarse, Lynn quien tenía los ojos entre cerrados al mirar a su madre, dejo de hacerlo desviando la mirada hacia la ventana; la cantidad de árboles y ese color verde, le robo un suspiro.
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—Muy bien, niños. —declamo a todo pulmon frente a sus hijos. O casi todos, mientras la mayoría estaba fuera del auto, escuchando a su madre. La deportista aún permanecía en el auto, si bien podía verlos desde el asiento, parecía ser algo que ella no quería— Ya se que a pasado algo de tiempo desde que hicimos una actividad en familia. —explico, a la par que gesticulaba con las manos. La deportista quien miraba la escena, con la puerta de vanzilla abierta, rodó los ojos y se retiró al otro extremo del auto, donde podía volver a ver los árboles y no a su familia.
Ante sus ojos, las ramas de los árboles eran movidas por ráfagas de viento. Sonrió al pensar como estos gigantescos especímenes eran movidos por algo que apenas empujaba sus dedos; Aunque desde lejos esto ni siquiera de debe notar. Penso—¡Lynn!. —la llamaron desde la entrada del auto. La pecosa cerró rápidamente su mano al oírla.
—¿Qué?. —Respondió al segundo, casi instintivamente.
—Más respeto. —dijo. Casi elevando la voz—ya es hora de bajar y debes ayudar sacando tus cosas de auto.
—Esta bien... —alargó la última palabra, arrastrando la vocal tanto como podía. Aprovechando que su mamá no podría verle el rostro, para rodar otra vez sus ojos.
—Estoy harta de ese tono tuyo, siempre cansada, siempre irrespetuosa. Como si tuvieras que cargar con nosotros.
La menor, suspiro. Dejando que su pecho se desinflara. Su madre le dio una mirada de dardo ante este suceso.
—Será mejor que saques tus cosas del auto. —dijo, inexpresiva, fría, vacía de cualquier emoción— No quiero que vuelvas a hacer que tu hermano haga todo por ti. Ya hace demasiado por todas, como para que te aproveches más de el.
La que se aprovecha es otra. Pensó.
—Levántate Stinkoln. —pronunció la deportista, apartando a su hermano y agarrando sus cosas.
Por su lado, este solo agachó la mirada. Una vez que se fue, comenzó a llevar sus propias cosas y las de algunas de sus hermanas.
Cargados con sus mochilas, la familia Loud comenzaba su camino, no sin antes hablar y recibir indicaciones del guardabosques.
La caminata ocurrió sin mucha importancia, liderados por su progenitora, habían llegado a una pradera junto a un río. Pero había algo que era diferente, diferente a cualquier otra salida que solía tener la familia Loud.
Lynn era ya una adolescente que poco a poco había abandonado sus rasgos de niña y aunque aún seguía en desarrollo, era evidente el cambio en contraste a su yo de 13 años.
El sol se posaba en lo más alto del cielo y con él, venia el calor que hacia agradecer que no muy lejos de su asentamiento, la familia había visto un paisaje casi paradisiaco con una cascada que caía en una laguna.
Durante el armado del campamento, Lincoln no pudo evitar mirar a su hermana mayor quien se fue algo mas lejos que los demás, aun así fue la primera en terminar de armar su tienda de acampar. Su seño se frunció al verla irse con algunas de sus cosas, ahí fue cuando llamaron su atención jalando de su polo.
—Linc... —lo llamaron con una voz casi apagada. El peliblanco no tardo en voltear a verla.—¿Sucede algo Lana? —pregunto, sin ningún matiz en su voz. Volviendo su vista para buscar a su otra hermana.
—No... —le contestaron— No es nada —e inmediatamente soltó la ropa de su hermano. Así como su voz era tan silenciosa, así mismo se fue. De ser alguien mas seguro nadie la hubiese escuchado, pero el pecoso la noto, escucho su tono y se concentro en ella de verdad.
Antes de seguir avanzando la rubia fue detenida por una mano en el hombro. Era su hermano quien la miraba, con una sonrisa completa. —Lo siento Lans, ¿qué es lo que necesitas? —se inclino un poco para estar a su altura.
Por un segundo en los labios de la pequeña una sonrisa se formó.
—Es solo que... —mostro su cantimplora café— Compartí mucha de mi agua con algunos animales y se me acabo. —concluyo. Agachando la cabeza.
—Ya veo,,, no te preocupes —la calmo. Poniendo su mano sobre su cabeza. Agarro su cantimplora y comenzó su camino. No dio ni un paso cuando escucho como alguien gritaba.
—¡Quítenmelo!
—¿Lola? —el peliblanco observo como su hermana salía corriendo sin rumbo mientras se sacudía el cabello. — ¡No corras! —la siguió. Su gemela soltó un suspiro al ver a su hermano correr tras Lola.
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—No puedo creer que paso tanto por un insecto —hablo. Mirando su camino de bajada, el camino que recorrió con su familia era mas complicado de vuelta.
—Por fin llegue
Frente a el estaba la laguna, de agua cristalina, los arboles se reflejaban en ella y podía sentir como una corriente de aire golpeaba contra su ropa y le refrescaba la piel. No pudo evitar suspirar.
—¿Realmente pasaron 3 años? —se cuestionó, caminando por la orilla. Perdido en sus pensamientos miro a la cascada y se dirigió a ella, ignorando como unos colores poco naturales quedaban detrás de él, ocultos entre las plantas.
El bosque era el lugar idóneo para pensar, nada importaba y Lincoln necesitaba estos momentos, estos momentos en los que se desconectaba de la vida y de sus alrededores.
¿Lynn?
El estómago se le hizo un nudo con lo que vio.
Allí estaba su hermana mayor, ¿solo 3 años? 3 años eran mucho.
El agua resbalaba de sus senos, sus pezones eran como botones y sus pechos como panquecitos. Sus manos temblaron cuando los vio, bajo aun mas por su abdomen firme, sus caderas anchas y su entrepierna tenia un poco de bello café, fue le momento de quiebre cuando lo vio, la respiración se le corto. A paso lento fue avanzando a ella, quien ajena de la vida le daba un espectáculo al albino, ella daba una vuelta y el albino un paso, con sus manos trazaba su silueta desde sus hombros hasta su cadera, pasando sus manos por su busto.
Mientras más cerca él estaba, más fácil era ver los pequeños detalles, la cantidad de pecas en su trasero, las tenues marcas de su abdomen, su cabello hasta los hombros, su boca entre abierta y aunque a Lincoln no le importara, el lugar donde se perdía su mano.
Era su imaginación o ella estaba apretando una de sus tetas. Como un reflejo el acerco su mano.
La eternidad para el joven, no era mas que 2 metros que había avanzado.
Aterrorizado retrocedio y se fue corriendo.
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El sol estaba en su ultima etapa, cuando la familia Loud se sentaba junto a la fogata.
Luna afinando su guitarra, Luan preparando sus chistes, Lincoln mirando el fuego\, Lana miraba la cantimplora azul en sus manos, las demás menores se habían dormido hace no mucho.
—Cariño —Rita saco a Lincoln de sus pensamientos. —¿Por qué llevaste tu tienda de acampar más lejos? ¿Pasa algo?
—¿Eh? No no no —respondió de inmediato. —Es solo que quiero estar mas cerca al bosque —respondió. Con una sonrisa temblorosa. Su madre y sus hermanas lo miraron, algunas formaban una mueca ante tal respuesta— También quería... pensar un poco, ya saben, relajarme y dejar de pensar en lo demás.
—Esta bien hijo —aunque sus hermanas seguían mirándolo. Después de lo que dijo la rubia mayor pareció dar por terminado el asunto.
¿Era normal que la tienda de Lynn estuviera tan lejos de la de Lincoln?
El parecía buscar algo en sus hermanas, pero durante el compartimiento nadie lo noto. Después de todo solo eran segundos en los que el albino elevaba la mirada.
En los últimos momentos el pecoso tan solo se levanto y se fue caminando, cualquier pregunta de sus hermanas era callada por su madre.
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Cuando la luna ilumino el cielo, el albino volvió, ya todo había terminado, la fogata estaba casi extinta y de camino a su tienda se encontró con Lana, quien portaba una cantimplora café. Ella hablo con él, señalo la tienda del albino, pero este la ignoro casi totalmente, recordando lo que su madre les dijo, la niña solo se fue.
El albino estaba echado y con la ropa mas liviana que pudo encontrar, casi seguro de que todos estaban dormidos se llevo las manos al rostro.
—¡¿Qué rayos paso hoy?! —suspiro.
Ajeno de lo demás, no noto cuando la entrada de su tienda se abría.
Antes de preguntar quien o que era, una mano le tapó la boca.
La poca luz que entraba dividia el lugar en 2, uno donde no veía casi nada, solo una silueta y otro donde solo se veía un brazo qué iba a el.
Frente a él, Lynn hacia su aparición al moverse a la luz.
Portando solo una camisa blanca con los primeros 3 botones desabrochados.
—¿Qué hay? Apestoso —el albino no noto cuando ella ya estaba sentada sobre su entrepierna.
Si quería hablar o no, nadie lo sabría, su boca era callada por esa mano. Y perdido de toda sensación, casi dio un brinco a sentir el rose de piel a piel.
Miro su mano y luego a su hermana, hasta donde pudo ver y sentir, ella no tenía nada debajo.
Fracaso al retirarse, fracaso al tratar de moverla y también lo hizo al dejar que lo tumbaran por completo contra el suelo.
Ya no tardó en tratar con todas sus fuerzas, hablar o gritar.
Ella se acercó a él y con un dedo sobre sus labios carmesí, comenzó —Shhhh, no pasa nada —el peli blanco abrió los ojos y negó cuanto pudo. Su cabeza se movía de forma tan erratica qué había veces en las que podía hacer un sonido o dos. Una letra o dos, no más.
En su negación, no se dio cuenta cuando ya Lynn tenía sus labios sobre los suyos.
Absorto de lo que había pasado, solo se dejó llevar.
Suaves
Pensó
Tan delicados...
Como ningún otro
No fue cosa de él, cuando lo correspondió y tampoco cuando alzaba su cabeza, pero eso hacía.
El frío de su boca entre abierta le devolvió la razón.
Allí estaba ella, mirándolo, con sus dedos sobre la boca, sentada sobre el.
—Yo... Yo no...
—¿No querías meterme la lengua en la boca? —en su rostro ahora se formaba una pequeña sonrisa. —Supongo que no querías penetrar mi boca con tu lengua—casi era injusto para el albino, quien retiro su mirada. —No querías abusar de mi, ¡meterme tu lengua hasta hacerme gemir! —casi extaseada dijo, dejo salir las palabras como clavos.
—¡No! —se apresuró. —No... Y por favor baja más la voz, alguien podría escucharnos y venir.
Ella miro a los lados, sus ojos denotaban pereza. Aunque casi al mismo tiempo dejó escapar una carcajada de sus labios.
—Tu te aseguraste de estar muy lejos, hermanito...—de su sonrisa se escapó un corto resoplido. —Y no me importaría, francamente nuestra familia no tiene la mejor opinión sobre mi. —Lynn vio como el albino apartaba la mirada. —Tu sabes lo que creen sobre mi, lo que creen nuestras hermanas y lo que cree nuestra madre. —el albino giro un poco sus ojos para mirarla cuando hablo de su madre. —Y yo... —hizo una pausa— Yo se lo que piensan de ti, abnegado, rápido, altruista. —clavo su dedo en el pecho de Lincoln— Amable, responsable. —fue bajando— Y... —se detuvo— ¡Puro! —termino al llegar sobre su entrepierna.
El gemido qué soltó, chocó contra sus labios, aunque débil, hizo reír a Lynn.
—Alguien que no vería como una de sus hermanas se lava el cuerpo. —inclino su cabeza a la par que el peli blanco agachaba más la mirada— Como en su, momento más íntimo —cada letra de las últimas palabras eran tan pesadas y lentas— Unos ojos de deseo la acechavan, la detallaban, miraban cada parte privada.
—Yo no... —se detuvo cuando la volvió a ver. Tenía una de sus manos sobre su teta. Al mirar su rostro, podía ver como ella se mordía el labio.
—¿Qué sentiste Linc? —este miro como comenzaba a apretar su seno. Como la luz se reflejaba en la piel de su hombro— ¿Tenias ganas de mirar más? Mira lo que desees —gimio— ¿Quieres tocarme? Tocame —le susurro— Puedes hacerme todo lo que desees y creo saber cuanto es lo que quieres hacerme. —se mecio sobre el.
Con la respiración al límite, el trago saliva.
—No... No puedo —compuso su voz— No podemos.
Ella terminó por quitar los últimos botones con un tirón y así de rápido agarro las manos de Lincoln y las puso sobre su busto.
—Sientelas, estrujalas, lame y chupalas —fingió un gemido cuando este rodeo la circunferencia del par, sus yemas rosaban el paraíso. Ese último acto de Lynn solo termino por romper la línea de ambos mundos.
Hundió su rostro en ellos, lo primero que hizo, fue dar un hondo respiro embriagandose de su aroma. Dio una lamida sobre su esternon y subió la mirada.
Como un golpe, casi aterrorizado. Trato de apartarse, la imagen de los recuerdos le dio un lapso de cordura.
Finalmente ella lo beso, lo beso por completo, como el cuerpo del joven quería desde que empezó esta charada.
Sus lenguas jugaban en la boca del otro, fue cuando Lynn soltó un gemido, que el beso se detuvo.
—Te gusta, ¿verdad? Tocarme —se rio. Dejando que él la manoseara— Pasar tus dedos por mi piel... —se mordió el labio.
Su hermano poco o nada entendía de lo que estaba haciendo, solo dejaba salir sus más primitivos deseos.
Hace ya tiempo había despertado sus deseos carnales, pero era hoy cuando podía dejar libre a su aprendizaje.
Con torpeza y rapidez, cada movimiento era la exploración de un sueño y un deseo. Recorrer la piel de una hembra y ser correspondido por gemidos y jadeos. Pequeños gritos cuando su inexperiencia le jugaba en contra, aun así, no dejo de apredender, apredender cuando el cuerpo de su amante se tensa, cuando se muerde el labio o cuando gime.
Notar como acariciar su trasero la hace sonreír y estremecer.
Desear que aun con su rostros pegado a su piel y sus labios conectados, el quería más; estar más cerca, estar más juntos.
—Eso —gimio— Así... —ronroneo— ¡sigue! —ella no era la más experimentada, pero entendía lo que su cuerpo quería. Que Lincoln le lamiera la piel y torneara sus muslos hasta su trasero, qué estruajara cada glúteo.
Sentía como aceleraba más su corazón.
Con las manos en el torso de su hermano, lo empujó. Lo sometió contra el y paseo sus manos por su torso. Se rio. No había casi nada que tocar, así que miro para abajo y paso su lengua sobre sus labios.
—Linky, veo que necesitas un poco de ayuda... —como un rayo, su mano llego hasta la tienda en campaña en las bermudas de Lincoln, quien gruño con el tacto.
—Eres alguien depravado. ¿No es así? —agarraro su circunferencia— ¿quieres usarlo, verdad? —el albino desvío la mirada— Quieres usarlo conmigo, ¿O me equivoco? H E R M A N O. —cada letra caía con el peso de un elefante. Lincoln trato de levantarse, pero Lynn lo siguio empujando contra el piso— Quieto, vaquero, yo solo hice una pregunta. —agarrando la muñeca del albino, llevo su mano temblorosa hasta su pelvis— El peli blanco palpo y acarició la feminidad de la deportista, aunque fuese sobre sus bragas.
El calor de su entrada chocaba con la palma de Lincoln y aunque de forma lenta, comenzó a sentir un poco de humedad en la tela. Inexperto, pero curioso paso toda su mano de atrás a a delante, pudo sentir como la pecosa se apoyaba en sus hombros y los apretaba.
—¡Diablos! —chillo—....Oh.... ¡LINKY! —en su exploración había apartado la prenda para tener un contacto directo. Ahora su dedo mayor paseaba en medio de su rajá— ¡Por favor! Como-como puedes hacer tanto allí abajo —jadeo.
Prendandose de su cintura, el albino ahora sentado, estaba agarrado de uno de los pezones de Lynn. Había dado un paso más en tratar de recostarla.
Sometida, el primer dedo llego. La excitacion y esa época de deportista, habían vuelto su suelo pelvico una trampa para cualquier cosa que quisiera explorarla.
Ese dedo, solo ese dedo tenia problema al abrirse paso entre las paredes húmedas de la deportista. —¡Joder! T-te mueves, te mueves muy rápido. —boto su cabeza para atrás al sentirse penetrada. Casi dio un alarido cuando todo el dedo entró en su feminidad.
—¿L-lo, lo hago bien? —dijo entre jadeos. Perdida, no noto que todo esto era una experiencia muy pesada para el chico. Ella sonrió y le agarro de sus mejillas, el beso no se hizo esperar. —Follame. —su espalda se arqueo cuando su coño comenzó a ser jodido.
Su palma chocaba contra su pubis y al momento de entrar, pequeñas gotas brincaban de su entrada.
El escaso espacio que compartían, tenía ahora sonidos húmedos y chasquidos del contacto piel con piel.
Con jadeos y gemidos, miró a su alrededor, su cabeza le daba vueltas. Pero un pensamiento se aclaró en ella.
Así, una pelea por el dominio comenzó, entre besos y caricias, cada uno luchaba por ser el que estuviera arriba, sometiendo al otro. Ella por poder, el por instinto.
El cansancio de Lincoln pudo más.
—Tu... —suspiro. Apoyando su mano sobre el pecho del albino— Eres mi juguete. —se señaló— No voy a dejar que juegues conmigo. —su respiración comenzaba a normalizarse, la del peli blanco aun era irregular.
—Lynn ¿Qué estas...? —su boca se cerro luego de un gemido ahogado.
Su hermana tenía la cabeza apoyada sobre su pierna, con los ojos bien clabados a su vara de carne.
Lo agarro.
Él suspiro por el tacto frío. Esa mano cubría poco más de la mitad de su longitud.
Tiro su piel hacia abajo.
Gruño, su glande libre, tenía contacto directo con el ambiente. Un ambiente caliente y pesado qué el par de hermanos se había dado la tarea de construir. Ayudados de su calor corporal y la cualidad aislante de la tienda de acampar.
—Haz crecido mucho, apestoso. —se mordió el labio— No se si me entre todo. —se rio. El tacto no era fino, tampoco agresivo. Pero sin duda era extraño.
—¿Qu-Que haces? —la miro a los ojos— ¿P-por que me siento así? —jadeo— Me duele.
Su hermana lo miró, curiosa por lo que dijo, se levantó ligeramente para verlo.
—Te estoy masturbándo. —Respondió. Con una mezcla de frialdad, risa, nerviosismo y curiosidad. La cara de Lincoln la hizo pensar— Tu... ¿Tu nunca te haz...? —cuando ella miro sus ojos, lo entendió. Él solo conocía la palabra.
Lo miro, luego a su falo y se lamío los labios. Le dio una larga lamida, desde sus bolas hasta el frenillo de su polla.
—¡Pero que...! —se estremeció. Sacándole una carcajada a Lynn.
Había empezado a bombear de su polla. Los cortos gritos de dolor hacían notar la escaza comprensión de la deportista, y cuando entendío lo que pasaba, no se nego buscar uno o dos gritos de su hermano. Después de todo, ella parecía estar más feliz cuando pasaba.
En la misma posición de hace algunos momentos, podía sentir el cuerpo de su hermano estremecer y los tensos músculos de su muslo. Con su pulgar arrugó un poco de esa piel qué rodeaba el miembro. Era suave y liso, pensó. Una sonrisa apareció en su rostro, una de esas que parecen reales, de aquellas cuando no piensas, solo lo sientes.
—Lynn, yo... —volvió a la realidad y lo miro. Apretó su agarre para que gritara, volvía a reír, pero no era igual.
—Probemos algo. —lo soltó.
—¿Qué? —preguntó él. Semi consciente.
Abriendo sus piernas tanto como pudo, ella apoyo ambas manos en los muslos del albino y se acercó.
Primero el glande, tan solo con eso Lincoln comenzó a aullar de placer. Cada centímetro era una mezcla de placer y tortura, él era virgen en más de un sentido y toda esta experiencia lo volvía loco.
La boca de Lynn no trago todo, cuando ya sintió que no podía avanzar más. Antes de siquiera hacer algo él la llamo, grito su nombre como nunca lo había hecho y gruño. Un gruñido tal, que demostraba lo mucho que se estaba corriendo.
Toda su semilla golpeó contra el posterior de su boca, sus mejillas se inflaron y con reflejo se retiró para toser.
—L-lo siento. —hablo entre jadeos. Tapándose los ojos con el brazo.
Ella había tragado un poco, pero el reflejo del cuerpo pudo más.
—¿Por que mierda no me avisaste? —bufo.
—Lo siento, yo no sabia y fue tan rápido.
—Ya se que te gustó, pero a mi no me gusta tener esa mierda en mi boca.
—Perdón. —termino. Con la voz baja como hormiga.
Al reponerse por completo la deportista, miro el escenario, su hermano que acababa de tener un orgasmo se veía exhausto. Su ingle estaba manchada por lo que acababan de hacer.
Ella tan solo se levantó y recogió su ropa.
—Tu limpiaras esto. —y se fue.
Pero ahí quedaba él, solo, algo confundido y con un pensamiento claro luego de todo este tiempo.
Volvió a taparse la cara.
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Acá esta otra hisoria, ya se que es larga y tal vez el lemon no sea el mejor. Solo creo que así salieron las cosas y ya, se que hay cosas que parecen nada que ver, pero para mi si importan.
Se que no soy la persona más talentosa, pero quería darle un poco más de trasfondo a los personajes.








