1

Siempre quise saber porque mamá trabajaba tanto, la pasaba mayormente sola, y yo no quería estarlo.
Había crecido sin un padre, tenía solo a mi madre, ella era muy buena, siempre me sonreía a donde sea que vaya, o diga.
No recuerdo como era papá, pero, tenía una muñeca, lo último de él, aun así, mamá siguió adelante.
Me enseñó a pelear, decía que debía defenderme, y lo aceptaba, me gustaba mucho aprender algo nuevo, pero, el tiempo era pequeño, y no podía hacer todo lo que quería.
Cuando no podía quedarme sola en casa por mucho tiempo, una de las vecinas me cuidaba, ahí aprendí hacer cosas de casa, era un señora muy amable.
Hasta que a mis siete años...
— Mamá..., hay un chico en la puerta.
— ¿Un chico?
— Si... - fui tras ella aun escondiéndome en sus piernas, el chico era alto, de cabello y ojos negros, pero se peinaba raro.
— ¿Usted es Koemi Fujiwara?
— Si, ¿en qué puedo ayudarte?
— Mi nombre es Shinichiro, Shinichiro Sano – sentí a mamá mirarme para luego sonreírme.
— Ve a tu habitación, bajarás cuando te lo diga, ¿de acuerdo?
— Si...
No me quedó más opción que obedecer, pero, aun así, quería saber quién era, me daba hambre, hasta que la puerta de mi habitación se abrió, y por ahí entraba ese chico.
No lo conocía, y me daba mucha desconfianza.
— Cariño, saldré por un momento, diviértanse.
— ¿Cuál es tu nombre? – el sólo se sentó frente a mí.
— Yumei...
— Yumei, es un bonito nombre, ¿sabes quién soy?
— No.
— Tal vez te suene raro, pero, soy tu hermano mayor.
— ¿Mi hermano mayor?
— Puedes decirme Shinichiro, pero no te enamores de mí.
— Eres feo.
Su cara lo decía todo, parecía haber pasado por algo similar, asique sonrió, Shinichiro, era muy bueno conmigo, y me hacía reír.
Había soñado con no quedarme sola, ahora tenía a mamá y a Shin-nisan.
Habían pasado varios días, a veces no lo veía diario, pero otras veces si lo hacía.
— Yumei.
— ¿Sí?
— ¿Quieres conocer a tus otros hermanos?
— ¿Tengo más hermanos? ¿somos una familia numerosa?
— Algo así, tienes un hermano mayor, por tres años, otro por dos meses, y una que es menor que tú por un año.
— ¿Es una niña?
— Lo es.
— Quiero conocerla a ella, por favor.
Tal vez había insistido demasiado, no lo sabía, tampoco es que tuviera muchas amigas en la escuela, eran feas, asiqué, cuando salía de mi escuela, ahí estaba Shinichiro, tenía de su mano a una niña.
— Shin-nisan.
— Yumei, ¿cómo te fue?
— Muy bien – miré a la niña frente a mí.
— Me alegro, Yumei, ella es tu hermana pequeña, Emma, Emma ella es tu hermana mayor, Yumei.
— Somos hermanas, no importa si soy niña, te cuidaré, hablaremos de chicos, e iremos de compras.
— ¿He? ¿me cuidarás?
— Lo haré, eres mi hermana, asique te protegeré – miré sus ojos dorados, parecían haber recordado algo, pero empezó a llorar – no llores, ¿dije algo malo?
— ¡Tengo una hermana!
Ella era muy tierna, era una niña muy bonita y alegre, ese brillo en sus ojos me confirmaban más cosas, la protegería, a como dé lugar.
Lo haría sin importar el que, me alegraba de tenerla conmigo, hablábamos de muchas cosas, nos conocíamos un poco más.
Mamá también le agrado la idea, asiqué la traje a casa, pero a medio camino...
— Es la hermana de Mikey.
— No está, es nuestra oportunidad.
— ¿Te molestan? – miré a mi hermana, parecía algo triste – yo me haré cargo.
— ¡Hey! ¿qué harás sin tu hermano?
— No eres nadie sin tu hermano mayor.
— ¿Quién dijo que estaba sin su hermano mayor? yo soy su hermana – me acerqué a los niños de ahí.
— ¿He? Vete de aquí niña.
Todo pasaba en cámara lente frente a mí, verlos acercarse, había hecho que Emma se abrace de mí, pero solo hice que me suelte para golpear a esos niños.
— ¿Lo vez Emma? Siempre te protegeré.
— Yumei...
— Vamos a casa.
Casa..., una palabra muy pequeña para un niño, pero muy grande para las personas adultas. Ese día se la pasó apegada a mí, a mamá también le agradaba, decía que podríamos ser como dos gotas de aguas, pero que seriamos más diferentes de adultas.
Estudiábamos en escuelas cercanas, siempre la veía caminar con miedo, hasta que un día, les hizo frente, seguía teniendo miedo, pero se hizo respetar.
Eso era bueno, después de todo, nunca dejaría que algo le sucediera, aunque, la he visto con un niño rubio, se parecía a Shinichiro, y Emma confiaba en él, no sabía quién era, pero no me gustaba.
— ¡Shin-nisan!
— ¿He? ¡Yumei! – salté a su espalda para abrazarlo, pero, calculé mal y caí de sentón – Yumei, ¿estas bien?
— Me dolió.
— No hagas movimientos bruscos, ¿de acuerdo?
— Si...
— Llegas en buen momento – me levantó para tomarme de la mano y llevarme con un niño, que veía todo con confusión.
— ¿Quién es ella Shinichiro?
— Ella es Yumei, es tu hermana pequeña, Yumei preséntate.
— Uh, si... - miré al niño que me veía fijamente – mucho gusto, soy Yumei Fujiwara.
— ¿Fujiwara? ¿no deberías ser Sano?
— No sé mucho de mí papá, pero a mamá no le gusta hablar de él, ¿tú también eres mi hermano mayor?
— Izana Kurokawa – el alzó su mano hacía mí, miré a Shinichiro esperando que aceptara, pero sólo aparte y corrí abrazarlo, haciendo que caigamos.
— ¡Tengo otro hermano! – mis ojos picaban, y sin poder evitarlo, lloré – ya no, me siento sola.
— Nunca estarás sola Yumei, nos tienes a nosotros.
Izana Kurokawa, si, tal vez no nos parecemos, pero Shinichiro dijo que somos hermanos, asique para mi estaba bien, tenía muchos hermanos, él era mayor para mí, tenía diez años, había venido varias veces a vernos.
A pesar de que no estaba muy presente, sujetaba mi mano, ya había ido a mi escuela a verme, e íbamos a ver a Shinichiro.
— Pueden traer a uno de sus hermanos, para pasar el día.
La maestra había dicho las palabras mágicas, cuando estaba en primer año no tuve a nadie quien traer, pero ahora, tengo que decidir.
— Iza-nisan, Shin-nisan.
— Yumei – los abracé a cada uno, quedando alado de Izana mientras tomaba su mano – saliste temprano.
— En mi escuela dicen que mañana puedo llevar a un hermano, quiero que vengan conmigo.
— Oh, era eso, lo lamento, no podré ir, debo hacer algo con Manjiro mañana – Manjiro, no lo conocía, pero, sentía a Shinichiro cada vez más lejos – Izana puede ir contigo.
— ¿Vendrás Iza-nisan?
— Lo haré.
— Gracias – lo abracé.
Izana me había enseñado muchas cosas en poco tiempo, me ayudó con mi fuerza, también me contó su sueño que tiene junto a su siervo, o amigo, también jugaba conmigo, era divertido, y me protegía.
Kakucho decía que también me protegería y que estaría conmigo, era un buen chico, me despedí de ellos para ver a Iza-nisan al siguiente día, había estado muy emocionada que apenas dormí.
Aun así, llegué temprano, y yo sólo esperaba en la puerta de mi escuela a que apareciera, hasta que vi esa cabellera blanquecina junto a sus ojos violetas.
— ¡Iza-nisan! ¡Aquí!
— Yumei, no debes gritar.
— Lo siento, vamos – tomé su manos llevándolo conmigo a mi clase, muchos de mis compañeros se sorprendieron al verlo – él es mi hermano mayor, Izana, es tres años mayor que yo.
— Oh, ya veo, bien, pueden recorrer la escuela, si sucede algo deben llamarme, ¿de acuerdo?
— ¡Sí! Vamos Iza-nisan.
— Si.
Llevarlo por mi escuela era genial, le mostraba cada cosa, y el sólo sonreía, hasta que era la hora de mi salida, donde nos fuimos juntos.
— Fue divertido.
— ¿De verdad? ¿no te aburriste?
— Nunca podría aburrirme Yumei.
— Te quiero Iza-nisan.
— También te quiero Yumei.
Habían pasado dos años, ahora tenía nueve, Iza-nisan siempre venía verme, se convirtió en mi hermano mayor ideal, en mi mejor amigo, y en la persona que más confío.
Solía decir que cuando crezca más, tomará lugar de la pandilla de Shin-nisan, y que yo estaré a su lado.
Emma también pasaba tiempo conmigo, ambas hablábamos de muchas cosas, y a la vez estudiábamos juntas.