Carta
Anuncio SasuKarin Month:
¡Bienvenidos al SasuKarin Month del 2025, queridos lectores!
Este año, se cumplen once años en que, el pequeño grupo de Facebook en español dedicado al SasuKarin, realizamos esta actividad. El año pasado se cumplieron diez y no nos dimos cuenta. De lo contrario, habríamos celebrado de forma especial.
Al percatarnos después de haber pasado el junio pasado, acordamos celebrar esos diez años (aunque ahora son once), este año, y elegimos celebrarlo volviendo a usar el primer calendario que se hizo para el evento. Por supuesto, ManaKarin nos hizo un remake del diseño, pero siguen siendo los mismos temas.
Me habría encantado hacer nuevas historias para este año, pero como saben, aún debo muchísimas historias y últimamente no he tenido demasiado tiempo.
Con lo anterior en mente, trabajé lo mejor posible para actualizar las historias que ya tengo en curso y procurar que los capítulos encajen con los temas del calendario.
Logré escribir varios capítulos encajados en el tema, aunque admito, que algunos son un poco forzados.
Estoy a pocas actualizaciones de conseguir los treinta temas, y aunque no prometo nada, veré si en lo que resta del mes, puedo escribir estos temas. Sin embargo, como anuncié, estos días (viernes, sábado y domingo), estaré subiendo todo lo que ya tengo. Espero que me de tiempo, si no, tendré que subir lo demás el siguiente fin de semana.
Aún si no consigo cubrir los treinta temas, puedo decirles que se cubrirán treinta actualizaciones, ya que hay dos fics donde alterno capítulos entre la perspectiva de Sasuke, Karin y Sakura (como en El cliché de los gemelos), entonces no conté los capítulos de Sakura dentro de los temas, sin embargo, es necesario subirlos para mantener el orden de la historia.
Retomando el tema de que no iba a iniciar historias nueva este año, al final, sí lo hice, ya que eran historias que tenía escritas desde hace tiempo y que no quería subir hasta no cerrar otras. Sólo son tres, y les informo de una vez, que más allá de las actualizaciones que haga durante el SasuKarin Month, estas tres historias las actualizaré mensualmente como hago con “Peligrosos deseos”. Así mismo, estaré dando final a “Inexperiencia”.
Quiero pedirles una disculpa de antemano si ven errores en las historias, ya que no les hice ninguna revisión. Me enfoqué en escribir todo lo que pude, y aunque sí intenté revisar algunas de las historias, advierto, y vuelvo a disculparme por ello, la mayoría de la historias, no están revisadas.
Debido a que busqué la forma de que las historias encajaran, no seguí el orden del calendario, así que verán en una misma historia algo del día ocho y el siguiente capítulo corresponderá al tema del día dos.
Espero que disfruten de las actualizaciones, y que las historias que estaré actualizando, sean aquellas cuyos capítulos nuevos han estado esperando.
Sin más, los dejo con las actualizaciones para que las leas cuando puedan n.n
¡Felices once años del SasuKarin Month!
Anuncio de la historia:
Esta historia tendrá un capítulo largo y uno corto, esperando que con ello pueda avanzar rápido con la historia n.n
Este capítulo corresponde al Día 12: Perdido(a) del calendario SasuKarin Month Junio 2025
La joven Duquesa de Amery salía de la iglesia vestida de violeta como símbolo de medio luto. Ese día en particular se veía feliz a pesar de que intentaba disimularlo y es que aquél era el último día en que tendría que guardar el luto a su esposo que había muerto hacía cuatro años.
Karin, había estado esperando ese día desde el momento en que se había casado, pues ahora que era viuda y el luto había terminado, podría vivir la vida que había estado anhelando sin temor a los rumores o señalamientos de la sociedad y es que, aunque las habladurías no le hacían mella al provenir ella de un país distinto, sí podría afectarle en otros aspectos si no cumplía con las costumbres tan exigentes de aquél extraño país en el que se vio obligada a vivir para beneficio de su gente y sobre todo, de su familia.
—Señora, debemos volver a la casa pronto. Aún no…
—Lo sé, lo sé… —respondió la joven pelirroja que había dirigido sus pasos con entusiasmo hacia el parque, pero que gracias a su criada, fue a su carruaje.
Mientras la viuda levantaba su pie para subir al carro, un grito entusiasmado llamó su atención, aunque debido al ruido, todos los que salían de la iglesia habían dirigido su vista hacia aquél sonido.
—¡Padre!
La joven viuda vio a una niña de cinco años correr hacia un hombre de semblante serio que la recibió con una sonrisa de medio lado que se apagó en cuanto la madre de la niña se acercó lo suficientemente entusiasmada para que todos lo notaran, pero guardando su imagen.
—¿Señora? —el cochero que ayudaba a Karin a subir llamó su atención y la pelirroja desvió la mirada del cuadro familiar para entrar al carro.
Una vez adentro y abriendo con la mayor discreción la cortina de la ventana, Karin buscó a la familia que ya caminaba hacia el carruaje en que la mujer y la niña llegaron a la iglesia y antes de poderlos perder de vista por el andar del carro, la pelirroja alcanzó a ver que el hombre no subió con ellas, yéndose en dirección contraria.
La Duquesa cerró la ventana cuando supo que no podría seguir observándolos y no pudo evitar soltar un suspiro.
—Mi señora, no debe sentirse triste. El luto ha terminado y usted aún es joven. Seguro podrá volver a casarse muy pronto y tener sus propios hijos —dijo la criada que acompañaba a la pelirroja. Había sido bastante evidente que el cuadro familiar había captado por completo la atención de su señora.
—Llevo cuatro años encerrada ¿por qué crees que querría casarme de inmediato?
—Entiendo, pero…
—Escucha, eres de mucha ayuda, sin ti no habría aprendido estas costumbres tan extrañas y sé que piensas que debería casarme de inmediato aprovechando mi juventud, pero no me quedaré aquí por mucho tiempo. Este lugar no es para mi, pero aún hay una cosa que necesito hacer antes de irme.
—Pero…
—Tranquila. Volveré de vez en cuando para asegurarme que las propiedades que heredé de mi marido siguen funcionando —aseguró la joven— Mejor dime ¿Ya está todo preparado para mañana? No quiero que haya retrasos o me volveré loca. Ya he esperado demasiado para este día.
—Sí. Las invitaciones se empezarán a entregar a partir de mañana al medio día, pero aún pienso que debería esperar al menos una semana para ello, mi señora —decía la sirvienta preocupada— Si envía invitaciones a una fiesta el día que acaba su luto, todo mundo sabrá que hizo los planes dentro del luto. La harán ver como una mujer frívola.
—Tú misma me dijiste que una viuda joven debe aprovechar el tiempo. No creo que la gente vaya a juzgarme duramente, especialmente cuando no estaré coqueteando con nadie. Sólo volveré a la vida pública.
La sirvienta intentó convencer a Karin de retrasar un poco más sus planes, pero ella no cedió y las invitaciones a una fiesta que ella organizaba, fueron entregadas a todas las personalidades nobles del país. La cita sería una semana después de la entrega de las invitaciones en su mansión de la ciudad a las ocho en punto.
Cuando las invitaciones fueron repartidas, la noticia causó algunos murmullos como la sirvienta había predicho, sin embargo, ello no disminuyó el número de asistentes, pues la sociedad de Konoha quería observar de cerca el cómo aquella joven viuda y extranjera, se iría a comportar tras los cuatro años de luto que tuvo que guardar. Eso sin mencionar la curiosidad que tenían muchos sobre ella, ya que antes de la muerte de su marido, ella no socializó mucho y debido al luto, ella limitaba sus salidas a la iglesia y familiares.
En la fiesta, Karin recibió a sus invitados con un vestido color azul en un modelo juvenil, algo que habría provocado muchos murmullos dada su condición de viuda, de no ser que el peinado y los accesorios aseñorados la ayudaban a mantener un equilibrio que la cuidaba de las habladurías y la hacían ver joven.
La Duquesa fue de las mejores anfitrionas que se habían visto, pues la fiesta había sido lujosa sin ser pretenciosa, de modo que guardaba la imagen de su difunto marido sin menospreciar a los invitados. Además, se mantuvo vigilante a que todos sus invitados estuvieran bien atendidos y pasando una agradable velada, pero se había abstenido a bailar o jugar juegos de azar sin importar el estatus de quien la invitara ni que un puñado se había atrevido a insistir. Los invitados pensaron que esto último se debía a que aún guardaba algún respeto por su difunto marido y aunque hubo quien señalaba su vestido o lo pronto que había planeado la fiesta, también alababan su casa y modales.
Al siguiente día de la fiesta, Karin recibió un montón de invitaciones a fiestas y almuerzos a las que asistió. No se negó a ninguna reunión social durante el siguiente mes y aunque aquello, de nuevo despertaba habladurías de la sociedad, se mantenía en equilibrio con los halagos rehusándose a los juegos de azar y el baile.
—Han llegado más invitaciones —la criada personal de Karin le ofreció en una charola un montón de cartas mientras la pelirroja desayunaba.
—¿Tantas? —preguntó en tono cansino.
—Creí que había dicho que le gustaban las fiestas, mi señora —comentó la sirvienta— Si está cansada, no tiene que asistir a todas las reuniones.
—¡Oh! Querida Hellen, me encantan las fiestas, pero no las de este país. Aquí hay que cuidar tantos detalles y modales que no entiendo cómo alguien puede disfrutar algo —respondió Karin tomando una de las invitaciones al azar para abrirla— Y aunque es verdad que no tengo que asistir a todas las reuniones a las que se me invitan… Digamos que necesito hacerlo para conseguir mi propósito.
Hellen miró a su señora revisar todas las invitaciones haciendo gestos de disgusto o resignación según de quién venía y aunque tenía curiosidad por preguntarle cuál era ese propósito del que siempre hablaba, se abstenía a hacerlo. Además, estaba segura que aunque lo preguntara, no se lo diría y no quería arriesgarse a hacerla enojar. Aquella extranjera tenía una forma de actuar y costumbres muy diferentes a las de Konoha y temía ser despedida.
—Señora, casi olvido mencionarle que la modista ya le ha enviado los vestidos que encargó para la semana.
—Esto sería más sencillo si Naruto estuviera en el país —espetó cansada y dando un manotazo en la mesa con la carta que tenía en la mano— En contra de lo que deseaba, creo que tendré que usar “eso” para…
—Mi señora —entró un sirviente haciendo una reverencia— Lord Villin acaba de llegar y solicita verla.
—¿De nuevo? —preguntó Karin con disgusto, pero nadie se atrevió a contestar— Si no fuera por… Como sea. Llévalo a la estancia —suspiró resignada— Estaré allí en un momento.
—Sí, señora —el sirviente hizo una reverencia antes de salir del comedor.
—Hellen, corre a mi habitación y trae el relicario —indicó la pelirroja y la criada, no perdió tiempo, quedándose con la duda de qué era “eso” a lo que la Duquesa se refería.
Karin estaba fastidiada de las reuniones, especialmente porque aquél hombre que había llegado, intentaba cortejarla “discretamente”, aún cuando se suponía que fue el mejor amigo de su marido. De hecho, usaba frases como “Sho me pidió cuidar de usted” o “Sé que mi amigo descansaría tranquilo sabiendo que está con alguien de su confianza”, pero aquellas frases jamás funcionarían porque ella jamás sintió ningún afecto por ese hombre y el supuesto respeto que le guardaba, sólo era para mantener las apariencias hasta concluir su plan.
Una vez que Hellen le entregó la joya que le pidió, Karin se la puso y se presentó frente a su invitado.
Aquél relicario, la pelirroja lo usaba en público, pues de forma inteligente, había hecho saber a todo el mundo que dentro había un mechón de cabello de su marido aunque más bien era de un caballo. Aquello la ayudaba a guardar las apariencias y también le daba la excusa para alejar a pretendientes no deseados.
Después de un rato, Karin al fin pudo librarse de ese horrible hombre y se dirigió al que ahora era su despacho para seguir con el trabajo de administración de todo aquello que había heredado y aunque Hellen estaba buscando la forma de recordarle sobre “eso”, esperando poder saber lo que era, no se le ocurrió nada que no la hiciera sonar cotilla.
—Mi señora, la comida está lista. ¿Quiere que le sirvan? —anunció Hellen al entrar al despacho después de unas horas.
—Sirve la comida aquí.
—Sí, señora.
—Espera, antes de que te vayas, dale estas cartas a Daiki. Necesito que las entregue rápidamente —detuvo a Hellen antes de que saliera del despacho y le entregó tres cartas. Señaló una de las tres— Esta es la más importante y tiene que ser entregada directamente a Lord Edivan, si no está, entonces…
—¿Lord “Edivan”? —preguntó la criada confundida.
—No sé cómo se pronuncia. Creo que se apellida Ucia —contestó Karin buscando el nombre en uno de los registros para leerlo en voz alta— Se llama Sasuke Uchiha, Duque de “Edivan”.
—¡Lord Edevane! —exclamó la criada al entender a quién se refería.
—Si, como sea… necesito que esta carta sea entregada directamente al Duque. Debe esperarlo si es necesario y él debe leerla apenas la reciba.
—Claro, yo le daré la instrucción, señora, pero Lord Edevane rara vez está en el país. Si lo que debe hablar con él es de negocios, sería mejor que se le entregara la carta a su administrador.
—No, este asunto es algo que debe tratar él personalmente —comentó Karin mientras quedaba pensativa— Dile a Daiki que si Lord “Edivan” no está, se la entregue a su esposa para que la lea.
—¿A Lady Edevane? —preguntó Hellen confundida, corrigiendo la pronunciación de su señora discretamente— Pero señora, recuerde que…
—Sí, sí, lo sé. En este país la mayoría de las mujeres no entienden de negocios, pero cuando Lady Edevane lea la misiva, se pondrá en contacto con su esposo mucho más rápido que cualquier administrador. Este asunto les apremia a ellos más que a mí.
Hellen, teniendo muchas preguntas al respecto, pero siendo sólo una criada que no podía interrogar a su señora, sólo asintió y se apresuró a acatar la orden. Mientras tanto, la Duquesa suspiró cansada cuando se vio de nuevo sola en aquél despacho.
En el Remolino, la edad casadera de hombres y mujeres era a partir de los dieciocho años y aún así, muchos se casaban después de los veintitrés. Sin embargo, Karin había sido obligada a casarse apenas cumplió los quince con un vejete extranjero para mejorar las relaciones políticas entre su país y el país del Fuego.
Karin no podía culpar a sus padres por su destino, ella había visto lo mucho que habían abogado por ella, pero el hombre con el que se casó, se rehusó a esperar tres años y si esa alianza no ocurría, se temía llegar a la guerra en la que su país tenía las de perder.
Claro, este último dato el país del Fuego no lo sabía, pues el Remolino había sido un país muy próspero y con un ejército temido por su excelente defensa, pero la gente de su país no era bélica y conforme pasaban los años de paz, la fuerza de su ejército disminuía y aunque el Rey buscaba la forma de reforzarlo, no había mucha motivación de parte de la gente que prefería la vida pacífica. Al país sólo le había quedado fingir que seguían siendo los mejores y evitar cualquier conflicto bélico.
Karin nunca estuvo de acuerdo con ser uno de los puentes de alianza, porque ella no había sido la única con ese trabajo, pero sí la que representaba una alianza significativa por ser sobrina directa del Rey, y su difunto marido tenía el mismo grado sanguíneo con el Rey del Fuego.
Bajo otras circunstancias, ella habría huído de ese destino de ser necesario, pero además de evitar la guerra a toda su gente, el momento de su matrimonio ocurrió cuando perdió motivación para su propio futuro y lo único que le devolvió algo de esperanza, había sido que ese marido suyo murió de un paro cardíaco a los tres meses de haberse casado.
Estando viuda, con un título de Duquesa tanto en su país natal como en el extranjero y con grandes negocios en las manos, hizo que se diera cuenta que en ese punto era muy poderosa y que difícilmente alguien volvería a obligarla o presionarla a hacer algo que no quisiera. Al menos eso pensó hasta dos meses antes de que su luto terminara en que recibió una carta del Rey del Fuego.
Para Lady Amery:
Reciba mis más cordiales saludos y una vez más le doy el pésame por el fallecimiento de su esposo. Ahora que el luto está por terminar, espero que el dolor haya disminuído.
Lamento decir que esta carta no es de asunto social, así que me disculpo de antemano si la misiva le causa incomodidad, pues aunque sé que lo ideal habría sido enviarla tras el luto, decidí hacerlo en esta fecha para darle tiempo de planear su proceder.
Como sabe, su matrimonio con su difunto esposo fue hecho como alianza política y aunque no fue el único para mejorar las relaciones del país, me atrevería a decir que sí era el más importante, por lo que se esperaba al menos un hijo varón de este.
Dadas las circunstancias, no pudo ser y aunque se entiende que no es culpa suya, las leyes y costumbres son bastante claras al respecto de su situación. Empero, se hará una concesión a su caso, no sólo por su origen extranjero, sino porque el país del Fuego está muy interesado en mantener las buenas relaciones con usted y el Remolino.
Para ser más claros en lo que a su caso se refiere, es costumbre que una viuda tan joven que no pudo dar a luz un heredero, pierda el título adquirido por el matrimonio dos años después de terminado el luto. Por este motivo, muchas mujeres en su situación optan por casarse antes de perder el título de su difunto esposo y con él, todas las posesiones que conlleva.
Sé que en el Remolino se maneja diferente y tal acción es impensable cuando no ha hecho nada en contra de la corona, así que no quisiera que tal retiro sea visto por usted y su país como una ofensa, pero nosotros no podemos pasar por alto la falta de un heredero.
Tras discutirlo con el consejo y teniendo la aprobación de su Rey, hemos llegado a la conclusión de que usted puede quedarse con el título y lo que ello conlleva, incluídos los negocios, sólo si cumple las siguientes condiciones:
1) La administración de los negocios deben favorecer al Fuego por sobre el resto de los países. En caso de que estos negocios se limiten al Fuego y al Remolino, debe haber un equilibrio en la toma de decisiones.
2) Debe tomar un segundo matrimonio con alguien de la alta nobleza del Fuego y dar dos herederos, uno para el título de su difunto marido y otro para el nuevo. Sin embargo, en cuanto la vida de casada, deberá respetar los negocios de su segundo marido como algo aparte y si usted lo desea, puede concederle a él los negocios del título de Duque para vivir su vida como esposa.
3) Se le darán tres años como máximo para tener ese segundo matrimonio. Si no está casada para ese momento, se harán nuevas negociaciones con el Remolino, pero no se garantiza una resolución pacífica.
No quisiéramos dar un límite de tiempo tan estrecho, pero las costumbres en el Fuego disminuirán las posibilidades de un segundo matrimonio conforme los años avancen. Sin embargo, le hemos concedido un año más de lo que se les suele dar a las viudas en su situación.
También se ha considerado el hecho de que actualmente no hay hombres casaderos de la alta nobleza, pero podría aceptársele un matrimonio con alguien de al menos grado de Marqués. Lord Villin es una excelente opción por el poder e influencia que tiene en el país, pero si alguien de un estatus aceptable enviuda en el tiempo que se le ha dado y es de su agrado, se le otorgará una concesión para acortar el luto y puedan tomar las nupcias.
Nuestro principal interés, es que haya un heredero para el título que usted ostenta y tenga sangre del país.
Esperando que estas flexibilidades le quiten un peso de encima y que el tiempo sea suficiente para que encuentre un feliz matrimonio, le deseo una buena tarde.
Atte: Su Majestad Hiruzen Sarutobi.
Karin no quería volver a casarse por razones políticas, detestaba la idea. Sin embargo, tampoco podía dejar que su país entrara en guerra. ¿Acaso no podría haber otra opción para mantener la paz y sin que ella tuviera que sacrificarse de nuevo?
Era injusto que ese peso recayera sólo sobre ella, especialmente cuando pensaba que tras enviudar, sería libre y volvería a su país natal. Ella ya era feliz pensando que era libre y su único pendiente en ese extraño país era una simple despedida.
Suspirando, la pelirroja miró el collar que siempre llevaba puesto, pero que en lugar de un dije, había un pequeño anillo con un rubí cortado como una rosa adornándolo. Esta joya la ocultaba siempre bajo el vestido y sabía que aún siendo viuda no podía dejarlo a la vista de miradas indiscretas.
—Quería verte una última vez antes de la boda, pero supongo que fue mejor para no arruinarlo —le hablaba al anillo y después de mirarlo un rato y volver a mirar la carta, sonrió— Creo que tengo una idea mejor. Aunque no sé si tú vayas a estar de acuerdo conmigo. ¿Me habrás olvidado?
¿En quién está pensando Karin? ¿Qué historia guarda para sí misma? ¿Qué hará ahora que tiene que seguir cumpliendo con una petición política? ¿Encontrará una pareja que le agrade o encontrará una forma de evitar el matrimonio? ¿Habrá alguna forma de que Karin deje de estar sometida a las obligaciones? ¿Qué otras preguntas les han nacido al leer el capítulo?
Me encantará leer sus preguntas y teorías en los comentarios n.n
¡Hasta la próxima actualización!