Fortaleza

Nori
Se presentaba tan calmada y sonriente, brillaba demasiado a pesar de estar apagándose por cada minuto que pasaba.
—Cariño, siempre seré la estrella que estará ahí para guiarte, porque brillarás por ti misma, nunca serás la copia de alguien, vive siento tú, como a ti te plazca, pero siendo feliz.
Mamá...
Oh madre mía, cuanta poca razón tenías, y cuanta verdad había en tus palabras, es difícil ser feliz si sólo soy yo.
No puedo decirte nada más, no me permites hacerlo, y lo única que escucha es una piedra fría que no me brinda el calor que tanto anhelo.
—Mamá, ¿Era necesario irte tan pronto? Desearía que te hayas quedado más tiempo con nosotros, en casa, es muy difícil.
Nada, no recibí respuesta, al menos no de ella, no de la que esperaba, no la que quería escuchar.
—Es hora de volver, Nori.
—Si.
Miré por última vez el nombre de mamá grabada en la piedra, dejé de verla para conducir la silla hacía la voz furiosa que me llamaba. No dije nada, sólo dejé que me guie a casa, un lugar tan oscuro que sólo hay gritos y llantos nocturnos.
Y hoy no fue diferente, yo era la culpable esta vez.
—No lo golpees, yo tomaré su lugar, fue mi culpa de que tuvieras que salir y que esto haya ocurrido, yo tomo ese lugar —dije para ponerme frente a mis hermanos, mientras uno lloraba, otra trataba de no hacerlo.
—Si así lo quieres...
Si, tal vez en esto también se equivocó mamá, yo no estaba brillando, estaba dejando que algo me consuma poco a poco mientras protegía lo que quería, a pesar de que quería lo que me hace daño.
Pronto los días de ver a mamá se veían cada vez más lejanos, no podría salir sin su permiso, y molestaba un poco, pero también, veía la carga que somos, veía que trataba de hacer algo por nosotros, traer dinero a casa.
—Déjame salir hoy.
—No estaré asique no.
—Iré con ellos, asique podremos volver ¾dije, intentando convencerlo.
—Los golpearé si no están para la cena.
Sin más, salió, no esperé más para llamar a mis hermanos pequeños, que vinieron corriendo.
—Iremos a ver a mamá —dije, a lo que asintieron, aun somos niños, pero debía cuidarlos, y no dejarle todo el peso a él.
Me ayudaron con la silla hasta llegar al cementerio, lo cual fue un poco complejo, pero ya ahí, era un logro.
—Cuéntenlo todo lo que quieran, mamá espera escuchar lo que hicieron, díganle todo lo que quieran desde su corazón, nadie más que ella escuchará.
Los miré atentamente asentir para ponerse a mis lados y empezar a rezar, es lo mínimo que podía hacer, al menos yo debía hacerlo.
No nos quedamos mucho tiempo, por más que queríamos, debíamos volver temprano.
—Nori —miré a mi pequeño hermano algo, o más bien, temeroso.
—¿Sí?
—¿Por qué se fue? —debía encontrar una respuesta a su pregunta, a pesar de que no la tenía y también quería que me lo dijeran, en verdad que sí.
—Porque ya cumplió con su misión.
—¿Misión? ¿Así como los soldados?
—Si, si —dije rápidamente —ahora, nosotros tenemos otra misión.
—¿Y cuál es?
—Ya nos dirán lo que debemos hacer —dije, a lo que me miró confundido —ya sabremos qué hacer.
Llegamos a casa, no era tarde, y no era la hora de la cena, asique apenas entramos, pedí ayuda de mi hermana menor, era la segunda en la familia, asique debía hacerme cargo también de mis hermanos menores.
No sabía cuanto tiempo más debía estar en esta silla, no aguantaba, no me gustaba, lo detestaba con todas mis fuerzas.
Hice lo único que sabía hacer, como la hermana mayor, debí aprender antes que Yuzuha, debía hacer algo, pero no sabía el que.
Esperamos un momento a que llegara Taiju, apenas se hizo hora de la cena, apareció por la puerta, Yuzuha y Hakkai estaban en sus sillas, a la vez que yo me acercaba a la mesa para igual sentarme y esperar a que el haga lo mismo.
No dijo nada, apenas empezó a comer nosotros también lo hicimos, era duro, demasiado duro, cuando terminamos, Yuzuha levantó la mesa con Hakkai para lavar los trastes, mientras me quedaba en la mesa con él.
—Irás a rehabilitación.
—Lo haré desde aquí, no podemos darnos el lujo de desperdiciar dinero —dije mirándolo, aún somo niños —no siempre nos llegará.
—Yo me haré cargo de eso, irás y punto.
No dije nada más, sabía lo que diría apenas quisiera contradecirlo. Se fue, era difícil tratar con él, me dejé caer en la mesa.
Mis lagrimas salieron sin que pueda hacer algo mientras sentía a Hakkai abrazarme, era duro, no quería seguir siendo una molestia.
—Nori...
—Está bien, Hakkai, algún día, pasará, y no tendremos que luchar contra esto.
—¿Cuándo será eso?
—No lose, pero, te prometo que estaremos bien ¾dije.
Mentira, empecé a ir a las rehabilitaciones, tal y como lo dijo Taiju, pero, eso significaba alejarme de mis hermanos menores.
No quería estar en este lugar, pero, debía mejorar rápidamente para volver a casa. Las horas pasaban muy lentas.
Las primeras veces, no sucedía nada, pero, conforme pasaba el tiempo, más complicado era tener que volver a casa, siempre veía lo mismo, siempre terminaba curando a mi hermana y consolando a Hakkai.
Fue un proceso largo y tedioso.
—Hakkai se ve algo diferente —dije a Yuzuha que asentía —¿Qué sucedió?
—Conoció a un chico, dijo que..., no debíamos odiar la situación en la que nacemos —la miré atentamente por ello, no odiar la situación, no la odiaba, tenía a mis hermanos que los amaba, pero, si hubiera querido que fuera algo diferente.
—Ese chico es bueno.
—Si.
Sabíamos lo que significaba, pero, la odiábamos.
Y llegué a conocerlo.
—Taka-chan, ella es mi hermana mayor, Nori —Hakkai me tomaba del brazo mientras me apoyaba en un bastón.
—¿Tu eres Taka-chan? —dije al verlo cargar con una bebé y tomar la mano de una niña pequeña.
—Soy Mitsuya Takashi.
—Nori Shiba —dije para sonreírle y darle una reverencia —gracias por cuidar de Hakkai ese día.
—No, está bien, yo sólo...
Sonreí por ello, no era un mal chico, miré a Yuzuha tras de mí, que miraba fijamente al chico, no creí que sería el lugar seguro de mis hermanos, se lo agradecía demasiado.
Pero, mientras ellos estén bien, no debía preocuparme demasiado.
Los días pasaban con normalidad, a veces debía meterme en la pelea de Taiju y Yuzuha, normalmente no llegaba a golpearla siempre, pero siempre debía hacer algo cuando eso pasaba.
—¡Detente! ¡Ya déjala! —dije para empujarlo haciendo que caiga mientras me acercaba a Yuzuha y la abrazaba contra mi pecho.
Sabía que no fue una buena idea, lo tenía claro, aun así, sólo me importaba que Yuzuha esté bien.
Los golpes en mi espalda no esperaron demasiado, sentía claramente la sangre brotar.
—No lo vuelvas hacer.
—Lo haré las veces que sean necesarias —dije para verlo un momento, eso sólo para tomarme del cabello y lanzarme contra la pared.
—Con esto aprenderás.
En algún punto dejé de emitir quejidos para ver a mis hermanos y darles una sonrisa, necesitaba que se vayan, no necesitaban ver esto.
Pero Yuzuha era terca y lo detuvo, a pesar de que también recibió golpes.
—¡Déjala! —la miré un momento, no quería que le hagan daño —yo..., recibiré los golpes por Hakkai, pero ya no la golpees.
—¿Ah? ¿Lo harás?
No pude decir nada, yo tomaría los golpes que fueran a ella, mientras que ella tomaría los de Hakkai, esto no pinta nada bien.
Pasaron varios días para que podamos salir de casa sin que alguien diga algo, y eso, no pasó desapercibida por Taka-chan.
—Nori...
—Está bien, mientras ella no tenga esto, está bien.
No podía ocultarlo siempre, y Taka-chan, ha sido quien me ha curado incontables veces, se lo agradecía demasiado.
Hasta que cierto día, Taiju llegó diferente, bueno, siempre volvía algo diferente, pero no estaba segura de sí la religión era lo que en verdad lo hacía cambiar o simplemente hacía uso de eso.
Estaba cansada de esto, y empecé a deambular cada noche, en busca de algo que no me haga depender de él.
Mamá, una vez nos preguntaste a Yuzuha y a mí si odiábamos a papá, ahora puedo decir que si, nunca estaba en casa, y nunca nos protegió como se debía, ¿Por qué te casaste con alguien como él? Puedo contar las veces que lo vi en toda mi vida, y ni siquiera llevaría la mitad de los dedos de mis manos, era molesto.
Lo odiaba.
Pero siempre debía regresar, aun tenía a una familia que cuidar y proteger, eran mi vida después de todo.