I
Montreal es una familia de baja cuna que obtuvo su título bajo la suerte del azar ganándole una apuesta al primer gobernante del imperio en sus inicios; la familia se caracteriza por su afinidad al juego y por tener un sentido tan agudo para prever los movimientos de su adversario según el ambiente en el que se encontraban, poniendo una apuesta mayor a su beneficio, pero sin que se note la avaricia.
“El dinero es tan importante como la sangre”.
Era un dicho creado desde el fundador de la familia, quien les inculcó a sus miembros sus técnicas para que así las desarrollaran acorde a la situación que experimentaran. Podían ser unos completos lambiscones o el terror de sus víctimas; no importaba la forma mientras el beneficio se excediera a lo que establecieron en un inicio, porque siempre iban a ganar.
Tanto hombres como mujeres eran vistos como iguales al ser compañeros criminales en sus primeros años de vida, porque lo que no tenía un hombre en confiabilidad lo tenía una mujer al verse inofensiva. La realidad es que ambas partes eran como un par de depredadores actuando mimosamente con la víctima antes de rebanarle el cuello y devorar sus órganos, aunque claro, los muertos pobres no pagan las facturas.
El símbolo de la casa era un felino envuelto con una serpiente, imagen que podría atribuirse a un sentido en que los Montreal eran serpientes que eliminarían a los más lamentables con tal de estar satisfechos, pero en que en realidad la imagen representaba su peligrosidad como su falsa vulnerabilidad en una batalla.
Porque no puedes ser un Montreal completo si no sabes cómo verte encantador con un cuchillo en mano.
Los últimos descendientes de la rama principal eran un par de hermanos que habían perdido a sus padres debido a una enfermedad que los degeneró a un punto en que ni siquiera eran reconocibles, una enfermedad a la que ambos hermanos fueron autoinmunes de una u otra forma que desde afuera era desconocida, dejando al hermano mayor a cargo de la pequeña niña como único sustento.
Rey y Reina Montreal, únicos descendientes de una familia de tan bajo nivel que podían ser pisoteados con gran facilidad, una plaga que muchos nobles aborrecían por las enormes cantidades de dinero que fueron tomadas por sus tratos manipulados, una plaga que muchos quisieron eliminar… si solo trataran con la hermana menor.
Rey era la viva imagen de las reglas de los Montreal, una persona que no teme adornarte el cuello de perlas y ahorcarte con ellas, alguien que no tiene preferencia en dañar a hombres ni mujeres, alguien que cada vez que sus ojos se encuentran se sienten observados por un animal hambriento, alguien que puede escupir sobre el cadáver de sus padres si eso significa tener un día más de vida.
Cruel y aterrador, la verdadera serpiente de Montreal.
Una serpiente que tiene una debilidad por la pequeña gatita de Montreal, Reina. Contrario a su hermano, tomó un modo más suave para vaciar los bolsillos de sus víctimas, usando el corazón a cambio de unas cuantas monedas: una mujer hermosa y cariñosa que saca sus garras cuando su víctima pierde valor, una cazafortunas en toda la palabra.
Una joven de 19 años que sabe cómo usar sus atributos a su favor sin llegar a entregar su cuerpo… o sabía hacerlo.
—Rey, ¿crees que es muy pronto para que tenga un cachorro?—.
Reina Montreal, aun si sabía cómo manipular el corazón de hombres y mujeres cercano al nivel de su hermano, seguía siendo una joven soñadora que deseaba encontrar el mismo amor que leía en sus novelas, así que, ignorando las señales, se dejó tomar y, en cierta medida, era ridículamente estúpida.
—Ah… Reina, creo que oí mal. ¿Podrías…?—.
—si es muy pronto para tener un cachorro—.
—No, no oí mal—.
Rey estaba resignado sobre su posición en la familia, pero realmente no esperaba que su hermana de 19 años tuviera hijos antes que él; aunque si lo piensa bien, tampoco sería extraño.
Aunque Rey se autoproclamara hermano de Reina, técnicamente era su tío, ya que era hijo directo del abuelo de Reina y fue adoptado por su hermano mayor, que es medio primo, debido a que este mismo fue adoptado de su fallecida tía, así que es tío/primo/hermano de su hermano y sobrina…
Hay que agradecer que los Montreal no practiquen el incesto porque, si no, su posición sería aún más confusa.
—No sé si sería muy extraño, digo, es inevitable que quede en estado sabiendo que tendré contacto íntimo a futuro —Reina juntó las manos y entrecerró los ojos pensativa —si ese es el caso, deseo conservarla sin la intervención del padre biológico, claro, si él está dispuesto—.
—Es decir, me pides que le dé el apellido, ¿correcto?—.
—Sí, así es—.
No planeaba tener hijos; es común que por cada dos hijos se decida quién tomará el mando de la familia y quién tendrá los hijos, así que si nos vamos por tecnicismos, Reina tendrá los descendientes y él se mantendrá como jefe de familia hasta un sucesor adecuado. Lo raro es tener un sucesor tan temprano; ni siquiera había llegado a sus 30.
—Tiene nuestra sangre, ante todos ese bebé es mio—.
Deben comenzar a preparar el dinero para la llegada de ese niño o niña; aunque no son personas que gasten dinero de la misma manera en como llega, sigue siendo algo que debe mantenerse como preocupación del futuro en caso de emergencia. No pasa nada al ser prevenidos.
—Debo reconocer que me tomas desprevenido, pero supongo que está bien—.
—¿En serio?—.
—Aunque entiendes que debes informar al progenitor, ¿no? —Rey tomó un gran trago de su vino y soltó un suspiro de resignación —si lo reconocen, es mejor para nosotros, ya que podemos sacarle dinero de manutención o para evitarnos peos ajenos—.
—Oh… cierto, es posible, ¿no?—.
—Sabes cómo son algunos nobles, es mejor tenerlos de los huevos a dejar nuestra cola expuesta—.
Reina era estúpida, una chica enamoradiza que cree en el amor y sobre cómo este está por encima de todo. Aun si conocía las reglas y educación de Montreal, está tan ingenua como sus víctimas; ella es un objetivo fácil cuando el corazón está de por medio.
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“Querido Rey Montreal.
Yo, Reina Montreal, he decidido partir de casa y unirme al padre de mi hijo y hijo, como dictan las reglas de la gente fuera de nuestro territorio. Soy conciente de que mi desicion es apresurada en muchos sentidos, pero también debes entender mi posición de no querer ser víctima de tu dominio como jefe de la familia, aunque soy consciente de que nunca has ejercido tu autoridad en mí.
Rey, si no me comunico contigo dentro de 2 a 3 años o no tienes noticias de mí, por favor, búscame y tráeme de vuelta.
Mi hijo o hija tiene tu sangre y, bajo tus propias reglas, el bebé que nazca de mí será reconocido como tuyo aun sin tu participación en el proceso; por favor, cumple con tu palabra.
Reina Montreal.“
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Rey miró al jardín desprolijo y con flores de múltiples formas y colores que habían sido recopiladas por cada generación de Montreal. El cuidado de estas plantas era realizado única y exclusivamente por los miembros de la familia, así que no era común ordenar a jardineros que atiendan a su enorme jardín, también porque no tienen la economía para pagar un jardinero que solo va a estar cada ciertos días asegurándose de que las flores sean de ese mismo color; tampoco es que lo quieran mucho.
—Dices que escapó y al olerla detectaste un embarazo, ya veo—.
—Sí, señor, pero tal vez sea un error de mi olfato—.
—Es estúpida, pero tampoco es como si no tuviéramos contramedidas sobre este tema —Rey suspiró haciendo un silbido silencioso— No sé qué está pensando ahora, pero debo respetar sus decisiones—.
—¿Qué hacemos?—.
Los ojos se centraron en la figura encapuchada de pie en medio de la habitación. La recorrió de arriba a abajo antes de acercarse a la mesa y servirse una copa de vino. Los Montreal, pese a no ser una familia grande, siempre dieron bienvenida a nuevos miembros; la subfamilia creada con fines de investigación y como “gremio” improvisado eran los Santos, quienes eran una mezcla de sangres que adoptaron ese apellido para no ser considerados esclavos. Contrario a los Montreal, estas eran familias divididas en varios poblados, las cuales mantenían una constante comunicación debido a su posición como espías; eran inesperadamente devotos a su manera.
—Vasile, es bastante simple—.
—Todo es mentira hasta escucharlo de tu boca, así que no me jodas—.
Vasile de Santos era uno de los miembros de más alta estirpe en el gremio y, aunque siempre mantenga un aura de madurez excesiva, es un terrón de azúcar con Reina, a quien considera su hermana menor; esto es culpa de que se criaron juntos en las calles y en sociedad. Es una rata callejera de esas que pueden arrancarte el dedo si vas de confianzudo.
—Investiga quién se comió a Reina y… no, no hagas nada—.
—¿Qué? ¿Me estás jodiendo?—.
—Déjala sola, si fue tan precavida es porque quiere mantenerse lejos de nosotros por un tiempo—.
—¿Quieres que me quede quieto? ¡Es reina! ¡Ella nos necesita!—.
—No, Vasile, ella necesita darse de golpe con la realidad—.
—¡Pero, Rey! ¡No podemos dejarla sola!—.
—Reina pidió explícitamente que no la sigamos ni interfiramos con sus decisiones hasta que pasen dos años o ella lo solicite—.
—Rey, por favor—.
—Dale tiempo de experimentar la vida lejos de nosotros ¿Qué clase de persona sería si no apoyo las decisiones de mi familia? —Rey dio vueltas al vino en su copa, apreciando el tono vinotinto que queda tras su paso —Si no se adapta a una vida más allá de esta, es inevitable que vuelva a los negocios tarde o temprano—.
—¿El bebé…?—.
—Es un Montreal y será registrado a mi nombre; una mujer embarazada y soltera en esta sociedad es un objetivo fácil, es mejor que me tilde a mí de irresponsable—.
Bebió un sorbo de la bebida y entrecerró los ojos viendo a Vasile salir de la habitación cerrando tras de sí; el desagradable olor a cigarro seguía en el aire y le producía náuseas de tal manera que se vio obligado a abrir la puerta del balcón para ventilar. Su dedo índice dio unos cuantos golpecitos contra el cristal mientras su mirada volvía al jardín adornado coloridamente con múltiples flores. Estaba vacío y así sería por un buen tiempo; era una pena.
Es común que los jóvenes tengan su momento de rebeldía y descubrimiento para comprender qué quieren ser en el futuro; por su parte, no experimento aquello, ya que esta vida fue bien recibida como anillo al dedo debido a su tipo de personalidad, pero comprendía que no a todos les gustaría ser comparados a prostitutas o estafadores. Vivir con el estigma es desagradable en muchos sentidos.
Reina iba a volver de uno u otro modo; aun si quiere fingir ser otra persona y odia esta vida, es inevitable que busque tener algo de ella en su nueva realidad. Los gatos siempre se quedarán en donde el sol se sienta agradable, así como las serpientes estarán en el lugar donde consigan presas fáciles.
—Agh, tengo secas las escamas—.
Hay que darle tiempo al tiempo y así todo volverá a su sitio; por ejemplo, tiene que empezar a cerrar su propiedad antes de que inicie su celo. No quiere estar asustando a nadie por estar subido en el tejado, otra vez.