01
El punto de vivir como un lobo solitario en Alaska era la bendita soledad. Hyunjin no había visto una cara que no conocía, y no había sido molestado por ningún conocido o familiar durante casi cinco años.
Hasta hoy.
Alaska se jactaba de los únicos trenes de silbato que aún existen en los Estados Unidos. Con una línea que atraviesa el corazón de la tierra salvaje, los pasajeros que probablemente no tenían agua potable, mucho menos Wi-Fi, podían esperar al lado de las vías y parar un tren que se aproximaba si necesitaban ir a la cuidad. Hyunjin mantuvo sus visitas a un estricto programa trimestral... semestral si podía hacerlo, y algunas veces podía hacerlo. Pero sin importar lo bien que lo planeaba, eventualmente se quedaría sin elementos esenciales como el café, y un viaje no podía evitarse.
Por supuesto, no saber exactamente cuándo vendría el tren podría significar horas de espera en la nieve profunda hasta el muslo, pero esos eran los descansos.
Hyunjin acababa de envolver su abrigo forrado de lana más apretado alrededor de sus hombros cuando llegó un ruido que no había escuchado en años. Era tan extraño que al principio levantó las orejas confundido, incapaz de identificar el ruido.
Pero cuando el Omega se alejó de su línea de árboles, todo volvió a fluir. Los labios de Hyunjin se abrieron en shock al ver un extraño en su propiedad, y uno torpe en eso, claramente no acostumbrado a caminar en la nieve tan profunda, tropezando en cada paso, y mostrando signos de haber caído de bruces varias veces en las últimas horas.
Tan sorprendido estaba que no pudo decir una palabra hasta que el extraño se había acercado a él. El Omega se detuvo allí y buscó la cara de Hyunjin con desesperada velocidad, luego dejó escapar el aliento en una bocanada de... ¿alivio?
—No eres un Alfa— dijo el Omega. Tenía una dulce voz hecha desigual por el esfuerzo—. No eres un Alfa, ¿verdad?
Los dientes de Hyunjin dolían por el frío, y finalmente se acordó de cerrar la boca.
—No. No lo soy.
El sonido de su propia voz le resultaba extraño después de tres sólidos meses de silencio, pero las palabras salieron como siempre lo habían hecho. Cortantes, frías, precisas. Sin emociones.
Sabía cómo debía lucir, volviendo la mirada para mirar al Omega. Casi de la misma altura, demasiado delgado y demasiado huesudo para cualquier tipo de belleza, con una boca fina y ojos marrón oscuro.
No había forma de evitar la impresión de desaprobación, por lo que generalmente no se molestaba. Cruzó sus manos frente a él y levantó su barbilla.
—¿Quién eres tú?
—No importa. Lo siento. Sé que fue grosero. Pero tenía que estar seguro— dijo el Omega deprisa, con un encogimiento de hombros avergonzado—. Te ves como un Alfa desde la distancia.
—Tú no.
El Omega palideció y miró sus botas.
—Oh.
¿Por qué eso es algo malo? Hyunjin se preguntó. Eso era cierto. Tierno y delgado y de forma delicada, este gritaba Omega desde el momento en que apareció. Es cierto que sería mejor descrito como lindo en vez de bonito, con las mejillas redondas... ¡Y ese cabello! Parecía que debió de haberlo tenido largo por mucho tiempo, luego lo ató en una cola de caballo y lo cortó justo encima de la banda con un par de tijeras de cocina. Desafiladas.
—Y no respondiste mi pregunta, ¿quién eres tú?
—Sí respondí. Dije que no importa— el Omega levantó la cabeza, la fuerte emoción le dio color a su piel a pesar del frío—. ¿A dónde vas?
Hyunjin consideró no responder, pero los viejos hábitos de cortesía eran profundos.
—Talkeetna. Por suministros.
Los labios del Omega se movieron en lo que parecía un silencioso gracias. Hizo un movimiento repentino que culminó con la presión de unos cuantos de billetes doblados, en su mayoría uno y cinco, en la mano de Hyunjin.
—Cómprame un boleto con eso. Por favor.
Hyunjin no cerró los dedos alrededor del dinero.
—¿Qué demonios?
—Por favor— suplicó el Omega, lanzando una mirada cautelosa hacía la línea de árboles de Hyunjin —. Por favor. Te ves como un Alfa desde la distancia.
Sí, y el hecho de que le recordaran sus fracasos no era precisamente lo que lo llevaba al lado Omega.
—Ya no son los 1800. Los Omegas tienen permitido comprar sus propios boletos.
—Lo sé, yo sólo... por favor— el Omega intentó cerrar el puño de Hyunjin, sus dedos delgados y fríos ¿Sin guantes? Si él no fuera un cambia formas, habría sucumbido a la congelación horas atrás. Aún así, tenía la suerte del diablo.
Hyunjin presionó sus labios juntos.
—¿Quién eres?— preguntó por tercera vez—. ¿En qué clase de problema estás?
El Omega negó con la cabeza.
—No puedo... quiero decir... no estoy, no tengo ningún problema. Juro que no.
—Sí, lo estás, y eres un mal mentiroso encima de todo— Hyunjin se frotó la frente. Oh, este era un problema andante. Cualquiera podía ver eso. Y sin embargo... sabía algunas cosas sobre querer huir de sus preocupaciones y sus peores –que– preocupaciones. ¿No había hecho exactamente eso? Mirando los enormes ojos suplicantes del Omega, ¿cómo podía hacer otra cosa que ayudar?
El tren estaba llegando. Hyunjin podía escuchar sus grandes motores rugiendo y traqueteando a corta distancia. Tenía un minuto, o menos, para decidirse.
Dejó escapar un largo suspiro que sacó vapor blanco en el aire helado y cerró los dedos alrededor del dinero del Omega.
—Con una condición. Dime tu nombre.
El Omega se hundió con alivio.
—Seungmin. Soy Seungmin. Gracias. Te debo una.
—Hmm— dijo Hyunjin. Guío al Omega Seungmin unos cuantos pasos atrás cuando el tren se acercó—. Puedes devolvérmelo diciéndome de quién o de qué estás huyendo.
Un vendaval, azotado por el tren que se aproximaba, arrojó los cabellos castaños desiguales de Seungmin en un desorden salvaje alrededor de su rostro, pero negó con la cabeza obstinadamente.
—No puedo decirlo.
—¿No puedes, o no quieres?— Hyunjin quería saber.
—La misma diferencia al final, ¿no?—Seungmin lanzó una mirada preocupada al dinero en manos de Hyunjin—. ¿No cambiarás de opinión? Sobre el boleto.
—¿No puedes o no quieres?— preguntó Hyunjin de nuevo con una ceja arqueada—. No. Dije que lo haría, y lo haré. Pero eso es todo, ¿me entiendes?— había elegido vivir solo en la tierra salvaje por una razón específica, y verse envueltos en un asunto ajeno no era parte del plan—. No más favores. Te subes al tren, y lo que haces después de eso no es de mi incumbencia. ¿De acuerdo?
—Sí. Yo sólo...— Seungmin se lamió los labios, y para sorpresa de Hyunjin el Omega le dedicó una sonrisa tímida—. Gracias. Escuché que había una clínica en Talkeetna. Iré directamente allí y no te molestaré.
Hyunjin frunció el ceño. Seungmin se veía lo suficientemente saludable para él. Antes de darse cuenta de que iba a hacerlo, había vuelto a abrir la boca.
—¿Estás enfermo?
—Umm— dientes blancos y afilados mordisquearon la curva del labio de Seungmin, y su cara brilló profundamente un carmesí por un momento—. Yo... podría estar embarazado— dijo en voz tan baja que era una maravilla que Hyunjin lo escuchara en absoluto.
Pero lo oyó, y el estómago de Hyunjin cayó. Sus labios estaban entumecidos mientras respondía.
—Ya veo.
—No sé, es la cosa— continuó Seungmin, su discurso ganando velocidad ahora, como el dulce vino que fluye de una botella abruptamente descorchada—. Creo que sí, pero nunca... no sé cómo estar seguro. Pero lo creo.
La lluvia de palabras fluyó por y alrededor de Hyunjin sin hundirse. Miró hacia abajo para ver que había apretado un puño sobre su propio vientre estéril, le había costado todo lo que una vez había querido, y esa era la mano con el dinero de Seungmin apretado en ella.
Seungmin dejó de hablar con un parpadeo de preocupación en Hyunjin.
—¿Estás bien? Te pusiste pálido— él alcanzó a Hyunjin, que esquivó su toque.
—Estoy bien— dijo, sin sentir su boca moverse a pesar de escuchar su propia voz. Se podría haber preguntado por qué un Omega embarazo quería que un extraño comprara su boleto de tren, o por qué no podía ver un médico sin correr a una cuidad extraña, o por lo que temía, pero no era asunto de él. Nada de esto lo era, y necesitaba recordar eso.
Así que no preguntó. En cambio, movió sus labios en forma de sonrisa.
—Bien. Felicidades.