El último resplandor

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Summary

Un hombre encadenado en una cueva oscura y abandonada, lucha por mantener su esperanza y espíritu indomable. Atrapado en un silencio opresivo, su única compañía es una voz en su cabeza, cuya preocupación y amor, le dan fuerzas para resistir el sufrimiento. Pero la paz se rompe cuando una misteriosa luz penetra en la prisión, trayendo consigo a Jié, un extraño ser con apariencia de conejito y un propósito claro: reclutarlo para viajar entre mundos. El hombre no tarda en descubrir que su cautiverio es solo una pieza en un vasto entramado de mundos controlados por sistemas superiores y la traición de un ente oscuro llamado 01. Ahora debe enfrentarse a sus propios límites y fuerzas que buscan impedir el equilibrio de toda la existencia, mientras persigue la sombra de la única persona a la que amo alguna vez.

Genre
Lgbtq
Author
Liz Wilora
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo I

Un sonido claro, breve y resonante se adentraba por dos orejas cubiertas por largos mechones de cabello negro. Eran hilos oscuros y finos como la seda, que funcionaban como una especie de cortina, ocultando dos pequeños oídos que no podían escapar al único ruido presente. En una abandonada, maloliente y oscura cueva solo se escuchaba el rítmico caer de gotas de agua sobre un charco.

Eran gotas delicadas, que con un “plop”, desencadenaban un monótono movimiento en el lugar. No solo el silencio se veía interrumpido y debía retroceder ante un nuevo sonido, sino que se creaban ondas en esa acumulación de líquido, provocando que pasara de ser un charco estático a un espacio en movimiento y vivo. Creaba un entorno rutinario, que hasta se podría definir como tranquilo y rutinario, de no ser por las bruscas sacudidas de cadenas que raspaban el suelo y dejaban líneas grabadas, junto a las huellas de un hombre desaliñado y desnutrido. Sus muñecas y tobillos estaban firmemente sujetas por esposas de hierro negro, unidas a cadenas incrustadas en las paredes de la cueva que imposibilitaban toda escapatoria.

El hombre podía avanzar un par de metros, pero estaba atado a ese vacío lugar, atado a una realidad de sufrimiento, castigo y tortura. Pero se mantenía sereno y con la cabeza en alto. A pesar de que sus mejillas estaban cubiertas de polvo, y mechones de su cabellera obstruían su visión, sus ojos destellaban con determinación y un profundo deseo de venganza. Venganza hacia quienes lo habían aprisionado, pero principalmente, hacia quienes le habían arrebatado su única razón de existir.

El hombre formó ambas manos en puños y sacudió sus brazos. Provocó que las cadenas resonaran con intensidad, transmitiendo un eco por toda la cueva y cubriendo el sonido de las gotas de agua al caer.

“Aburrido”

El hombre captó una voz en su cabeza. Era un timbre profundo y grave, que cargaba un evidente desinterés y desapego por el mundo. Incluso se podía palpar el sentimiento de insatisfacción ante una realidad que no cambiaba sin importar el tiempo que transcurriera.

El hombre esbozó una ligera sonrisa.

“Ve a dormir si estás aburrido”

La voz se sumió en un profundo silencio, antes de pronunciar palabra nuevamente.

“No pienso dejarte solo”

“No soy un niño. Puedo cuidarme en lo que no estas”

Ira, impotencia y temor fueron apoderándose de esa grave voz. La imagen de desapego y desinterés sufrió un par de quebraduras por un instante.

“No volveré a repetirlo, Fhez. No te quedarás solo”

El hombre encadenado, que parecía llevar por nombre Fhez, inclinó la cabeza y negó con impotencia. Su corazón se sentía cálido ante la preocupación de su hermano. Era evidente que lo amaba, y de la misma forma, él sentía un intenso aprecio por él.

“Far”. Pronunció suavemente Fhez, atrayendo la atención de su hermano.

“¿Hm? ¿Qué sucede?”

“Nada. Solo quería-”

La conversación entre los hermanos se interrumpió ante la llegada de un visitante no deseado y totalmente inesperado. Una mota de luz atravesó la roca que bloqueaba la única salida de la cueva y avanzó hacia el hombre, cuyos ojos se habían entrecerrado mientras su cerebro corría entre miles de ideas. Intentaba descifrar qué estaba sucediendo.

“Error detectado. Procediendo con control de seguridad”

Una voz aguda, indistinguible del ser humano, resonó en los oídos del hombre. La mota de luz se detuvo a unos cuantos centímetros de su rostro, emitiendo destellos que dañaban esos ojos tan acostumbrados a la penumbra.

Fhez no pudo evitar entrecerrar los ojos, formando una delgada línea.

“Control finalizado. Entidades perjudiciales no identificadas. Procediendo con la reanudación del sistema operativo”

Fhez se esforzaba por comprender las palabras que emitía esa bola de luz, aunque su cerebro no podía captar el significado detrás de ciertas expresiones. Si bien se consideraba un erudito y amplio conocedor del mundo, por primera vez, estaba ante una situación que iba más allá de sus capacidades.

Presionó sus dientes.

“Estableciendo la conexión. 3…2…-”

“Far”. Llamó Fhez, mientras la cuenta regresiva concluía.

“Estoy aquí”. Le respondió él, antes de que resonara el último número de la lista.

“...1”

Una potente energía iluminó la cueva de repente, no dejando ningún lugar oscuro salvo sombras que se esforzaban por reclamar soberanía en un entorno sumido, actualmente, en la completa claridad.

La mota de luz se estremeció y un cuerpo fue formándose. Emergieron largas y delgadas orejas de conejo, dos enormes y brillantes ojos junto a una diminuta boca que se movía de un lado al otro y provocaba que sus mejillas regordetas fueran confundidas por bolas de algodón.

Fhez quedó en shock ante la aparición de un peculiar ser. Su cuerpo era redondo, sin manos, pies o cola y con solo su rostro siendo identificable. ¿Acaso era una bestia mística deforme o algo similar?

Los ojos del extraño ser se enfocaron en Fhez y rápidamente adquirieron color. Brillaron de emoción, sin tener en cuenta la anormal situación que componía todo su aparición y encuentro.

“Que bueno que te encontré”

El ser acortó aún más la distancia entre ambos. Su pequeña boca se movía sin parar.

“Mi nombre es Jié y soy el sistema operativo 02. Vine a reclutarte para salvar el universo y combatir a-”

Fhez no lo dejó terminar. No solo la emoción del conejo sin cuerpo le estaba causando repelús, sino que además, no podía seguir el hilo de la conversación. Hablaba tan deprisa y con términos nunca antes escuchado. Era un genio pero no omnipotente.

“Antes que nada, aléjate de mí”. El conejo inclinó la cabeza hacia un lado con desconcierto. “Retrocede un poco. Respeta mi espacio personal”

El ser abrió los ojos con sorpresa, y siguiendo sus indicaciones, se alejó flotando unos centímetros. Su cuerpo yacía suspendido en el aire y no le dificultaba el moverse de un lado al otro.

Fhez extraía la mayor cantidad de información y la procesaba a gran velocidad, sin levantar la más mínima sospecha. Ese ser no parecía percatarse de los complicados razonamientos de la persona que estaba frente a él a quien consideraba amigable, inofensivo y hasta beneficioso.

“Gracias”. Algó secamente Fhez. “Dices llamarte Jié, ¿pero a qué te refieres con sistema y universo?”

“Soy el sistema 02, una entidad creada por seres con inteligencia superior y con la tarea de controlar el desarrollo de los diversos mundos. El espacio en el que te encuentras es solo una de las miles realidades que existen distribuidas por todo el universo. Mi trabajo es garantizar que esos mundos puedan crecer y arribar a su máximo potencial. Pero todo depende del camino que adopten los protagonistas”

Fhez frunció el ceño.

“¿Protagonistas?”

“Si. A cada mundo se le asignan uno o dos individuos, quienes serán los encargados de guíar y contribuir en el desarrollo social, cultural y tecnológico. Gracias a su presencia, podrán llevar a la humanidad a alturas inimaginables”. Jié bajó la vista con pesar. “Sin embargo, todo se vino abajo con la traición de 01. En lugar de contribuir a la expansión de los mundos, generó interferencias. Se fusionó con personas con poder e influencia negativa, también conocidos como villanos, ayudándolos a torcer los planos y a derrotar a los protagonistas seleccionados”. Jié levantó su redonda cabeza y depositó sus ojos en el escuálido cuerpo de Fhen. “Justo como te pasó a ti”

Fhen se esforzó por ocultar sus emociones, manteniendo una expresión seria y fría. Pero sus líneas de expresión estaban tensas, su respiración era inestable y su corazón palpitaba cada vez más rápido.

“¿Quieres decir que yo soy el protagonista de este mundo?”

Jié asintió. Su cuerpo entero se inclinó de adelante hacia atrás, en una peculiar postura.

“Eres solo uno de los protagonistas seleccionados. Según mis datos, este mundo se compone de dos protagonistas: tú y el principal discípulo del maestro de la secta Scal”

La máscara que tanto estaba tratando de mantener Fhen se quebró. Sus ojos se abrieron ampliamente mientras su cerebro procesaba la explicación de Jié; mientras asimilaba cómo todo lo que había padecido era gracias a la manipulación de una fuerza externa. Si lo que decía Jié era verdad, ellos estaban destinados a guiar el mundo y escalar grandes alturas, pero su final había sido trágico y cruel.

Y lo peor de todo era él. Ese hombre debía ser bendecido por los cielos, pero estaba muerto. ¡¿Por qué diablos estaba muerto?!

Fhen no pudo cargar con el remolino descontrolado de emociones que lo invadía. Su mente fue perdiendo raciocinio, adentrándose en una tétrica oscuridad y un odio que lo quemaba por dentro. Le costaba respirar; sentía como si estuvieran drenando su vitalidad y matándolo muy lentamente. No podía soportarlo.

Fhen se rindió. Se arrojó a un sueño profundo, cediendo su cuerpo y obligando a Far a tomar el control. En un simple pestañeo, se produjo un cambio de identidad y el hombre encadenado pasó de identificarse Fhen a Far.

Far separó sus párpados y contempló al conejo sumido en la completa ignorancia. Desconocía lo que sus palabras habían desencadenado dentro de la mente del hombre.

Far formó las manos en puños.

“Ese discípulo sufrió una desviación de energía al caer en la trampa del villano. Murió en combate sin poder resistirse y siendo traicionado por sus mismos compañeros de secta, los cuales debían asistirlo en sus planes de expansión y el derrocamiento de la secta demoníaca, de acuerdo a la línea original”

Una vena apareció en la frente de Far. Era gorda y de color verde, latiendo y denotando el flujo de la sangre por su cuerpo.

Enseguida se levantó del suelo y avanzó hacia la salida. Las cadenas fueron estirándose con cada uno de sus pasos, emitiendo un tintineo y arrastrándose por la tierra húmeda. Líneas aparecieron como si fueran garabatos sobre una hoja, delatando el brusco movimiento de su portador.

El hombre caminó a paso decidido y veloz, hasta que las esposas se tensaron, marcando el final del camino. No podía ir más allá; debía dar marcha atrás y regresar a su posición, sentado contra la pared y aguardando por qué las arenas del tiempo siguieran cayendo en el reloj. Pero no esta vez.. Far estaba demasiado consternado y furioso como para dar marcha atrás, y Fhen no estaba activo para instruirlo como su voz de la conciencia.

Era un animal que había sido presionado hasta perder el control. Estaba nervioso e inestable, dispuesto a morder a quienquiera que se le acercara. Estaba fuera de sí.

“Lo mataré. A ese maldito infeliz…¡Lo mataré!”

Jié entró en pánico al notar su estado. Voló hacia Far y trató de calmarlo para evitar que se hiciera daño.

“No puedes atacarlo. El villano es asistido por 01. No solo cuenta con conocimientos avanzados y la capacidad de saber lo que está sucediendo a tiempo real, sino que también puede otorgarle manuales, habilidades y hasta reservas de poder. No puedes contra ellos en tu situación actual”

Los ojos de Far estaban rojos. Sus dientes se presionaban con fuerza, amenazando con quebrarse en cualquier momento.

“¡¿Y crees que eso me importa?! No tengo miedo de ese inutil que depende de la ayuda de un animal deforme”

Jié se detuvo en seco. Estaba ante el dilema de sentirse ofendido por el término “animal deforme” o continuar con sus intentos por calmarlo. Que gran y devastador dilema.

“Si insistes en luchar contra él, terminarás perdiendo y 01 podrá consumir el mundo. Una vez que todos los protagonistas estén muertos, el balance del plano se romperá y no habrá reglas que lo protejan. Quedará desamparado y factible a ser consumido por entidades externas”

“No me interesa”

Far sujetó las cadenas y comenzó a jalar con fuerza. Las esposas se sacudieron con violencia, provocando raspones en sus muñecas. Su piel clara y lisa estaba siendo lastimada por el roce contra el hierro.

“Pero…pero…”

Jié estaba entrando en desesperación. No sabía qué más decir para convencer al protagonista de abandonar su temerario accionar. Podía prometerle poder, fama, fortuna, una vida nueva o…

El cerebro de Jié se encendió.

“Puedo ayudarte a darle su merecido. Si accedes a firmar un trato conmigo y viajar entre mundos, restaurando el daño causado por 01, puedo retroceder en el tiempo. Así tu y el otro protagonista podrán vivir su vida original”

Far se detuvo en seco. Las cadenas ondearon ante su abrupta interrupción y trozos de roca cayeron desde donde yacían conectadas. Algunas grietas habían comenzado a marcarse en la pared.

Jié prosiguió diciendo.

“Solo debes acompañarme en un viaje entre mundos y derrotar a los villanos seleccionados por 01. Podrás disfrutar de una venganza ilimitada y recuperar tu destino original”

Far emitió una fría carcajada.

“¿Y eso es todo? ¿Debo aceptar trabajar para ti para solucionar un problema que ocurrió por culpa de su inoperancia? ¿Me crees estupido?”

Una intensa presión comenzó a ser emitida desde su cuerpo. Un frío potente, que helaba hasta el alma, se extendió por lo largo y ancho de la cueva. Hacía que fuese difícil respirar.

Far extendió su mano y sujetó las orejas de Jié. Aferró sus dedos con firmeza sobre las dos mullidas y delicadas orejas, estrujándolas con fuerza.

El conejo chilló de dolor.

“Lo único que quiero es acabar con el maldito villano. Me importa una mierda el sistema 01 o como sea que se llame. Si se entromete en mi camino, solo necesito destruirlo y ya”. Far acercó su rostro hasta el de Jié. Sus ojos enrojecidos destellaban con furia y locura, ocasionando que un intenso temor calara en el tierno cuerpo del sistema. “Y eso no se aplica sólo al sistema 01 ¿entiendes?”

Lágrimas inundaron los ojos de Jié. Como uno de los sistemas más reconocidos por la entidad creadora, había sido mimado y cuidado desde su nacimiento. Jamás había sufrido un atropello de estas características y ni siquiera un compañero lo había mirado de forma desagradable.

Far arrojó a Jié con brusquedad y continuó con sus intentos por liberarse. El conejito rebotó un par de veces contra el suelo, cubriendo todo su pelaje de tierra. El impacto le provocó un dolor que su cuerpo no pudo soportar y comenzó a llorar de forma desconsolada, con enormes lágrimas descendiendo sin parar y humedeciendo el suelo.

Las orejas de Jié cayeron, reflejando la tristeza de su portador, y creando una imagen adorable que Far no tenía intención en apreciar.

En ese momento, la cueva se estremeció. La roca que ocultaba la salida comenzó a ceder, emitiendo un intenso crujido y permitiendo que la luz del exterior se filtrara en la oscuridad del encierro.

“¿Porqué tanto alboroto?”. La figura de un hombre vestido con túnicas blancas y detalles en azul apareció a la vista de todos. “Esa no es forma de comportarse para un maestro del clan Karin, o debería decir: ex maestro.”

El cuerpo de Far empezó a temblar con violencia. La furia y la locura que pesaban su corazón pareció extenderse por sus venas y cabalgar por su torrente sanguíneo con total descontrol. Llenó por completo su cuerpo, sin dejar un rincón o poro libre.

En su rostro se dibujó una cínica sonrisa.

“Akar”. Pronunció Far con desdén.

“¿Te complace verme, después de tanto tiempo?”. El hombre de túnica se adentró en la cueva, ignorando la humedad y el calor que emanaba. La sensación de encierro se podía palpar en el aire, al igual que el desagradable aroma de la persona desaliñada que la ocupaba. “Vine a terminar con tu sufrimiento. Es hora de acompañar a tu amado compañero taoista en el más allá”

Far presionó sus dientes y gritó a todo pulmón.

“¡Te mataré!”

Pero Akar no parecía afectado ante su amenaza. Mantenía una sonrisa de satisfacción, mientras un ser de color gris, y con una cicatriz en uno de sus ojos, se apoyaba en su hombro con la mirada fija en Jié.

“Este es el fin”. Aseguró el sistema 01.