Juguete Sexual (KookV)

Summary

Kim Taehyung, un doncel de veinte años, ha pasado la mayor parte de su vida luchando para sobrevivir junto a su pequeño hermano. Con el hambre acechándolos cada noche y sin más opciones a la vista, toma una decisión desesperada: robar. Sin embargo, el destino le juega en contra cuando irrumpe en la casa equivocada, la de un hombre peligroso, frío y despiadado. Jeon Jungkook, un sicario de sangre fría, no es alguien que deje pasar una intrusión sin consecuencias. Pero en lugar de castigar a Taehyung de la forma en que cualquier otro lo haría, decide darle una alternativa aún más cruel: un contrato que lo convierte en su juguete personal, su posesión, su más oscuro entretenimiento. Lo que comenzó como un simple robo toma un giro inesperado, envolviéndolo en un juego de deseo, peligroso, y una sumisión que lo llevará a descubrir placeres y secretos que nunca imaginó. 🔥Shipp: KookV. 🔥Mención al Yoonmin. 🔥Smutt y drama. 🔥 Esta historia es de mi total autoría. ⛔ PROHIBIDO COPIAS, ADAPTACIONES TOTAL O PARCIAL, Y PDF. 🌸NIKKI.

Genre
Erotica
Author
NicolThJk
Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

🔥 Capitulo 01.


⛔ Aclaración: como muchos saben, está historia estaba (porque la voy a bajar) en mini relatos. Como la historia se va a seguir estirando un poco más, decidí con la ayuda de mi grupo, llevarla aparte y darle su propio lugar, y wuala aquí ta. 🤣


🔥 Capítulo 01.



—Jungkook, ¿crees que soy idiota, que no he notado lo que sucede? — soltó de pronto Min, tirando la colilla de un cigarro al suelo por la ventanilla, en un gesto que denotaba su impaciencia, una actitud que Jungkook conocía bien. Min siempre había sido perspicaz, y además de eso, tenía un talento impresionante para leer entre líneas.


El azabache le dio un sorbo a su café, el líquido caliente un consuelo momentáneo en medio de la confrontación, y giró su rostro hacia un costado, fuera del alcance de las reproches. —No sé de qué hablas —respondió, haciéndose el desentendido.


—¿De verdad crees que no me di cuenta? —negó con su cabeza al tiempo que una risa sarcástica escapó de sus labios—. Desde hace tres meses vienes al mismo parque, a la misma hora, y te quedas mirando "disimuladamente" —hizo las comillas en el aire con sus manos, acentuando la ironía—. Mirando a ese chico cómo baila. Tres veces a la semana llegas, te estacionas y lo miras de lejos, otras veces finge hacer ejercicio para justificar tu presencia. Vamos, Jungkook, dime qué tramas.


El azabache soltó un suspiro largo, estaba atrapado. —Solo me parece atractivo —respondió, levantando sus hombros en un gesto de falsa indiferencia, restándole importancia al dilema. Era una verdad a medias.


—¡Ah sí, y yo soy la reina de Inglaterra! Solo atractivo, ¿crees que no sé que le ordenaste a Nam que lo investigue y te dé un informe detallado de él? —Min entrecerró los ojos.


—Ya está bien, solo quiero saber quién es —respondió resignado, sintiendo la presión de su propio secreto como un peso que lo aplasta.


—¡Oh, solo eso! Yo te digo quién es —dijo Yoongi con un tono burlón, mientras sacaba de su maletín una carpeta. Jungkook abrió sus ojos de par en par, un torrente de curiosidad y ansiedad corriéndole por las venas—. Se llama Kim Taehyung, tiene veinte años, y lamentablemente, su vida ha estado marcada por la tragedia. Su madre murió cuando el tenía doce años. Apenas terminó la secundaria, y todo por culpa de su padre, un borracho perdido que se convirtió en una sombra oscura y opresiva, golpeador, apostador compulsivo y amante de los prostíbulos. Su historia es la de un niño atrapado en una tormenta familiar. Tiene un hermano menor de diez años, y él viene a bailar aquí, no solo para expresar su arte, sino también para juntar algo de dinero, para alimentar y pagar la colegiatura del niño. ¡Ah! Y un dato muy importante: es un doncel —Min cerró la carpeta con un ligero golpe, como si hubiera sellado un pacto—. Listo, ¿podemos irnos?


Jungkook se quedó en silencio observando a su amigo, asimilando la avalancha de información. Luego giró su rostro, con sus pensamientos enredados, dejo su vaso de café y se bajó del vehículo, apoyándose en el capó de este. Prendió un cigarro, el humo disipándose en el aire fresco de la tarde — Interesante. —murmuró, soltando el humo.


Min se bajó de inmediato del vehículo, sus ojos llenos de alarma. —¿Interesante? ¡Ay no! Jungkook te conozco, ¿acaso ya te volviste loco? Sabes que no puedes tener pareja, ¿o acaso quieres que lo maten? —El tono de su voz crecía más grave, con una preocupación surcada en su rostro.


—Jamás dije que lo haría mi pareja, y si fuera así, ya me hubiera acercado a él —respondió sin quitar la vista del doncel que bailaba en medio del parque, rodeado de algunos curiosos. Jungkook sentía en su interior una mezcla de emociones: admiración, frustración y un creciente deseo. Mientras el chico danzaba, su mundo parecía volverse más vívido y lleno de posibilidades, un reflejo del anhelo y la lucha que Jungkook sentía dentro de sí mismo.


Taehyung juntó su gorra, y contó las pocas monedas que había logrado recolectar tras horas de trabajo arduo. — Al menos me alcanza para comprar un poco de pan y leche para MinJu. — susurró en voz baja, su corazón se llenó de tristeza al darse cuenta de que lo poco que había conseguido era insuficiente para satisfacer el apetito de su pequeño hermano. Mientras sus propios pensamientos se ahogaban con el rugido insistente de su estómago vacío.


Al llegar a su casa, la atmósfera se sentía tensa. Su padre le salió al encuentro con una expresión de furia contenida, cada paso resonando en el suelo como un golpe. — Dame el dinero que juntaste. — Le ordenó en voz alta, su tono grave resonando en las paredes como un eco desolador.


—¿Qué? No, papá, es para darle de comer a MinJu. — respondió Taehyung, su voz temblando de desesperación. La frustración y miedo se entrelazaban en su pecho.


—Dame el maldito dinero. — Su padre lo tomó por el buzo, levantando su puño con ira apenas contenida.


Resignado y con los ojos llenos de lágrimas que amenazaban con derramarse, Taehyung entregó las monedas, cada una de ellas valiendo un esfuerzo que había costado sudor y cansancio. —Inútil, ¿solo esto conseguiste? — preguntó, su voz dura como el acero, atravesando la frágil esperanza de Taehyung. —No sirves para nada, eres igual a tu madre. — La cruel declaración se sintió como un cuchillo afilado, mientras se alejaba, golpeando con furia la puerta, dejando atrás un rastro de desolación.


Caído de rodillas, Taehyung se dejó llevar por el llanto, sus sollozos resonando en la soledad de la casa. La angustia lo invadió cual sombra, pensando que su hermanito no tendría de qué comer de nuevo por culpa de su padre. Las lágrimas caían en un torrente, cada una simbolizando su desesperación ante una situación que lo oprimía más que cualquier prisión.


Acorralado por la dificultad de su vida, decidió que había llegado el momento de tomar cartas en el asunto, una resolución que le quemaba en el pecho como una llama con la que necesitaba lidiar.


Esa noche, cuando el silencio se apoderó de la casa, su hermano pequeño, MinJu, sollozaba desde su cama, quejándose de su hambre, con sus ojos llenos de lágrimas reluciendo bajo la tenue luz de la luna que se colaba por la ventana.


—Tengo hambre. — se quejó el pequeño, su voz quebrada y temblorosa, haciendo que Taehyung se sintiera aún más impotente.


—Lo sé, cachorro, por eso voy a salir a buscar algo de comida. — mordió su labio con ansiedad. — Tu intenta dormir, cuando regrese te daré algo delicioso.


—¿De verdad? — preguntó el niño, sus ojos brillando con un destello de esperanza.


—Sí, solo debes esperarme aquí. — Aquel intercambio sencillo se convirtió en un abrazo de amor. Taehyung le dio un beso en la frente, un gesto que sellaba su juramento de cuidarlo a toda costa.


—También te amo, TaeTae. — respondió el pequeño con una sonrisa que iluminó la habitación.


Con el corazón pesado pero decidido, el mayor salió de la habitación, el sonido de su propia voz resonando en su mente, —Estás loco, Kim Taehyung. — murmuró al aire, mirando la insignificante arma de juguete de su hermano, un objeto que simbolizaba tanto la inocencia como la desesperación que lo rodeaba. —Ya no importa, todo sea por mi hermano. — finalizó, con determinación ardiente mientras cruzaba el umbral de la casa.


Una hora más tarde, cuando las sombras se alargaron y el silencio se hizo pesado, el guardia de la mansión donde trabajaba Jeon Jungkook interrumpió sus pensamientos.


—Señor Jeon, al parecer un ladrón quiere entrar a la casa; anda melodeando desde hace un buen rato. —Su rostro se torció en una mezcla de incredulidad y preocupación.


—Quiero ver las cámaras. — dijo tranquilamente el azabache, su voz reposada contrastando con el clima tenso que lo rodeaba. Al observar las imágenes en la pantalla, abrió los ojos de par en par ante la sorpresa, y una risa incontrolable salió de sus labios. —Quiero que lo dejen entrar, esto va a ser interesante.


—Pero señor, parece estar armado. — insistió el hombre, incapaz de comprender la situación que se desarrollaba, preguntándose qué clase de locura podía llevar a alguien a intentar entrar en la casa de Jeon Jungkook y, aún más, con la apariencia de un niño.


Taehyung, con su atuendo del día, un buzo de color rosa con rayas azul claro, que le quedaba grande y jeans gris oscuro, se movía con torpeza y desespero. Para ocultar su rostro, había usado un gorro de invierno, con dos pequeños agujeros hechos por él, pero sin duda, el disfraz de ladrón no era su fuerte. Sin embargo, no permitiría que eso lo detuviera; cada paso lo acercaba más a su objetivo, y en su mente, la imagen de MinJu cenando con una sonrisa en su rostro, lo empujaba hacia adelante.


Jungkook le ordenó a sus empleados que no se dejaran ver, enfatizando que cualquier intento de acercarse al "ladrón" no sería tolerado. Además, les dio instrucciones de dejar la puerta de entrada sin llave. Después de dar estas órdenes, bajo las luces del área común y se encaminó hacia su oficina, donde la luz se apagó con un clic que resonó en el silencio. Aunque sus demandas sonaban serias y contundentes, por dentro disfrutaba de la creciente tensión de la situación. Aquel joven que iba a ver cada día bailar, ahora se encontraba en su casa intentando robar. Era como si el destino hubiera orquestado esta extraña coincidencia, un juego del azar que lo mantenía intrigado.


—La casa perfecta, no hay guardias de seguridad ni perros guardianes que se interpongan en mi camino. —murmuró Taehyung con un toque de felicidad en su voz, sintiendo que esa noche traería un pequeño festín para su hermanito. Rápidamente, su mente empezó a sopesar las opciones: —Debería romper una ventana... no, mala idea, ¿y si tiene alarmas?, eso las haría sonar. Mejor intento forzar la puerta. —aunque sabía que no funcionaría. Sin embargo, cuando tomó el picaporte y lo giró, para su sorpresa la puerta se abrió de inmediato. —¡Es mi noche de suerte! —exclamó con asombro— ¡Wouu, es enorme! —susurró al entrar, maravillado por el vasto y tenue interior. Sentía el latido acelerado en su pecho mientras la adrenalina corría por sus venas. —Concéntrate Taehyung, solo toma algo de dinero y vete... Y si antes, mejor dejo una nota de disculpas. Soy un ladrón con conciencia. —Sacudió su cabeza, como si deshacerse de esos pensamientos lo ayudaría a enfocarse. Con pasos silenciosos, comenzó a explorar el lugar apenas iluminado. —Si yo fuera dinero, ¿dónde estaría? —preguntó al aire, llenando el silencio con su voz nerviosa. —¡Oh, ya sé, en una oficina! Pero, ¿dónde estará la bendita oficina? —Después de unos momentos de incertidumbre, su mirada se fijó en una puerta entreabierta en la distancia, vislumbrando un escritorio detrás de ella. —Bingo. —murmuró, sintiendo una chispa de emoción mientras se deslizó hacia el lugar. Sin embargo, al entrar, se dio cuenta de que no había suficiente luz para ver con claridad. —No se ve nada. —susurró, intentando aclarar su vista. —Mejor prendo la luz.


Al encender la luz, el "click" resonó en toda la oficina como si hubiera activado una alarma. —¡Ay carajos! —exclamó al ver a Jungkook sentado en su silla de cuero, mirándolo fijamente con una mezcla de sorpresa y diversión. —E...est...esto es un asalto. —dijo, intentando sacar el arma de juguete del bolsillo trasero de sus pantalones, aunque sus manos temblaban visiblemente de nerviosismo.


La risa contenida de Jungkook se convirtió en un momento de incredulidad al ver a Taehyung, quien finalmente logró sacar el juguete y le apuntó con él, aunque su actitud parecía más un acto de desesperación que una amenaza real. El azabache se dio cuenta de inmediato de que el arma era solo de plástico. —De... deme su dinero. —le exigió Taehyung, temblando como una hoja asotada por el viento.


—De acuerdo. —respondió Jungkook, levantándose con calma y sin prisa. —¿Cuánto quieres? —preguntó, intentando mantener un tono serio que contrastaba con la hilaridad de la situación.


—¿Cuánto?... No sé. —respondió Taehyung.


—¿Quieres un cheque? —preguntó Jungkook, conteniendo la risa, a medida que veía el nerviosismo de su inesperado visitante.


—¡Ay no! No sé cómo usarlo. —dijo Taehyung, entrecerrando los ojos.


—Comprendo, entonces iré a la caja fuerte por algo de dinero en efectivo. —dijo Jungkook, alargando el brazo, señalando un cuadro cerca de Taehyung.


—Eso, deme solo efectivo. —intentaba sonar rudo.


—Sí, y te daré un poco más para un arma real. —dijo Jungkook, disfrutando del surrealismo de su encuentro.


—Sí, para un arma... ¿espera qué? —respondió Taehyung inclinando su cabeza hacia un costado.


Jungkook sonrió levantando sus cejas, un brillo juguetón iluminaba su mirada. —Sé que es un arma de juguete. —dijo acercándose a él con una confianza que solo alguien que ha estado en situaciones complicadas podría tener.


—Es... es un arma real y si sigue avanzando voy a disparar. — Taehyung comenzó a temblar, no tanto por el miedo a la pistola de juguete, sino por la vulnerabilidad que sentía al estar frente a Jungkook, cuya sonrisa intimidante era su mejor defensa.


Jungkook, en un movimiento rápido y decisivo, apoyó su mano en el juguete. —Dispara entonces. —su tono era divertido, casi burlón, lo que sorprendió a Taehyung.


—¡Esto no es un juego! Juro que... —la voz de Taehyung se quebró mientras su corazón latía desbocado, atrapado entre la adrenalina y la desesperación.


Sin previo aviso, Jungkook se movió con agilidad, desviando la mano temblorosa de Taehyung hacia un costado con un gesto dominante. Su mano libre se deslizó por la cintura del Doncel, atrayéndolo hacia él, quedando a unos escasos centímetros de distancia, un espacio tan corto que Taehyung podía sentir el calor del cuerpo de Jungkook y el ardor creciendo en sus mejillas. —¿Qué, acaso vas a matarme con tu ternura o quizás con tu belleza? —su voz era un suave susurro, lleno de ironía.


Taehyung tragó grueso, sus mejillas se tornaron rojas como un amanecer radiante, sintiéndose vulnerable frente a la mirada confiada de Jungkook. Luego, bajo su mirada al suelo, soltando un suspiro que parecía más un susurro de rendición. —Lo siento. —murmuró, dejando caer el juguete.


Jungkook, aliviado, lo soltó y dio un paso hacia atrás, poniendo distancia entre ambos. —Voy a llamar a la policía. —su voz era seria, pero su mirada juguetona traicionaba la broma que se escondía en su interior.


—De acuerdo. —respondió Taehyung con una voz temblorosa, y las lágrimas comenzaron a brotar, rodando por sus mejillas como si fueran ríos de emociones reprimidas. Se sentía atrapado, y la única salida parecía ser ese vacío oscuro de la desesperanza.


—O puedo perdonarte y contratarte como mi empleado. —dijo Jungkook, levantando su móvil como si realmente estuviera marcando el número de la policía, pero su tono dejaba claro que había algo más que un simple juego en su propuesta.


—¿De verdad va a contratar a alguien que intentó robarle? —preguntó Taehyung, sus ojos llenos de lágrimas reflejaban incredulidad.


—Sí, solo depende de que tú lo aceptes. —Jungkook caminó hacia su silla, sintiéndose seguro de su oferta y del efecto que tenía sobre Taehyung. —Solo deberías firmar un contrato. —dijo señalando la silla frente al escritorio.


Taehyung lo miró confundido, aún así tomó asiento. —¿Un contrato? —preguntó con un tono de voz que no podía disimular su incertidumbre. Jungkook asintió, con sus ojos fijos en él. —¿Y cuál sería mi puesto de trabajo? —su curiosidad creció, alimentando la pequeña chispa de esperanza que aún ardía dentro de él.


—Bailar para mí. —respondió con una sonrisa. Era una propuesta absurda, pero no podía evitar sentirse intrigado por la idea.


—¿Qué? ¿Cómo sabe que bailo? —preguntó sorprendido.


—Te he visto bailar en el parque, sé que no eres un ladrón. —respondió encendiendo la computadora, su interés en Taehyung evidente. La luz de la pantalla iluminaba su rostro, dándole un aire casi mágico en medio de ese juego de poder.


—¡Ah! Pero qué suerte la mía, mi primer día como ladrón y ya sabe quién soy. —finalmente se sacó el gorro de lana, dejando al descubierto su cabello despeinado que caía de forma encantadora sobre su frente.


—No debiste usar la misma ropa con la que bailas para robar. —sugirió Jungkook con una sonrisa, mientras su mente se llenaba de imágenes de Taehyung danzando, su vibrante buzo rosa claramente llamativo, una elección poco sensata para alguien que intentaba ser un ladrón.


Taehyung miró su buzo rosa, sintiéndose ridículo. —Tiene un punto. —respondió negando con la cabeza, dándose cuenta de lo absurdo de la situación. " Definitivamente, soy el peor ladrón de la historia". Pensó.


Jungkook comenzó a teclear rápidamente, como si lo que estaba escribiendo ya lo hubiera planeado desde antes, su mente estaba llena de estrategias y posibilidades para ese inesperado encuentro.


—¿Tu nombre es? —preguntó Jungkook fingiendo no saberlo, lo que lo hacía parecer aún más intrigante.


—Kim Taehyung, ¿y el suyo? —respondió, intentando no dejarse llevar por la confusión, tratando de mantener la compostura en medio de aquella surrealista conversación.


—Jeon Jungkook. —respondió sin apartar la vista de la pantalla, su voz firme y decidida.


—Su nombre se me hace familiar. —dijo Taehyung mientras tomaba su mentón, intentando recordar si había escuchado alguna vez sobre él, quizás en las noticias o en redes sociales.


—No lo creo, muy pocos conocen mi nombre, o mi rostro. — " Y sobreviven" pensó Jungkook.


—Tal vez me confundí. —dijo levantando sus hombros, dándole un aire de despreocupación que contrastaba con la intensidad del momento.


—Bien, en unos minutos estará listo. —señaló la máquina fotocopiadora que comenzaba a sonar.


Pocos segundos después, el contrato estaba listo, Jungkook se lo entregó a Taehyung, quien tomó los papeles y comenzó a leer, sintiéndose atrapado entre la emoción y la duda.


—Kim Taehyung; Deberá bailar para Jeon Jungkook y solo para él. —leyó en voz alta.— Durante los tres años que dure el contrato, vivirá en la mansión del señor Jeon. —de pronto, el rubio dejó de leer y apoyó bruscamente la hoja, y se colocó de pie, su mente borboteando de emociones contradictorias.


—Muchas gracias, pero no puedo aceptarlo, señor Jeon. —su voz tembló, sentía que cada palabra era un tiro directo a su esperanza.


—¿Por qué? —el interrogante de Jungkook parecía genuino, sus ojos explorando cada rincón de las expresiónes de Taehyung.


—Lo que más quisiera en esta vida es irme lejos de mi casa, pero tengo un hermanito que cuidar, y no pienso dejarlo solo. —Taehyung se dio vuelta para retirarse.


—Eso puedo solucionarlo. —dijo Jungkook, haciendo que el rubio se detenga, su voz clara y segura.


—¿Cómo? —se giró y lo miró a los ojos, la esperanza chispeando brevemente en su interior.


—Haré que mi hermana lo adopte, ella vive en la casa de al lado. —respondió, seguro de sus palabras, como si tuviera todas las respuestas a los problemas de Taehyung.


—Eso sería imposible, mi padre no lo dará en adopción y... —la desesperanza comenzó a ahogarlo nuevamente.


Jungkook se adelantó a responder— Voy a demostrarte lo que puedo hacer. Si quieres, no firmes ahora; espera hasta mañana por la tarde, y si tu hermano está aquí para entonces, firmarás el contrato. —sus palabras resonaban con una determinación inquebrantable.


—De acuerdo, ahora debo irme, prometo regresar. —Taehyung sintia la necesidad de volver a su casa junto a hermano aunque sea con la manos vacías


—Antes de irte, quiero que me acompañes a la cocina. —Taehyung lo miró confundido.


—Tu hermanito debe tener hambre. —le dijo Jungkook mientras caminaba hacia la puerta. —Y estoy seguro que estará feliz que le lleves algo de cenar.


—Gracias, gracias señor Jeon. —dijo Taehyung, secando las lágrimas que habían comenzado a caer con los puños de su buzo, sintiendo que había un rayo de esperanza incluso en la oscuridad.


Jungkook no lo dejó volver solo a su casa, le ordenó a su chofer que lo llevara de regreso, asegurándose de que antes hicieran una parada en un local de comida. La idea de que los hermanos compartieran algo caliente le alegraba, especialmente porque sabían que la empleada que normalmente cocinaba en la casa se había retirado más temprano aquel día. Jungkook quería asegurarse de que Taehyung no pasara la noche sin una buena comida en el estómago; después de todo, había sido un día complicado.


~


—Cachorro. —susurró el rubio de rodillas en la cama de su hermano, intentando secar sus lágrimas que se negaban a dejar de caer. Era difícil ver a su hermano pequeño pasar hambre.


—TaeTae, regresaste. —dijo el pequeño, con una sonrisa que apenas veía la luz, pero que se iluminaba al ver a su hermano. Se sentó en la cama.


—Sí, y te traje lo que te prometí. —le dijo con una sonrisa amplia, feliz de ver cómo un simple gesto podría animar a su hermano. Sus ojos brillaban con una luz de complicidad mientras sacaba un objeto enigmático detrás de su espalda.


—De verdad. —Taehyung asintió fervientemente, su corazón rebosando de felicidad. —Eres el mejor hermano mayor del mundo mundial. —dijo antes de lanzarse a abrazarlo por el cuello con fuerza, como si temiera que Taehyung pudiera irse de nuevo.


El rubio colocó sobre la cama una caja grande de pizza, el aroma envolvente llenó la habitación. —Es con doble queso. —dijo, abriendo la caja con un gesto teatral, mientras el pequeño daba pequeños aplausos de felicidad. Emocionado, tomó una porción y extendió su brazo para dársela con amor.


—No TaeTae, quiero que la primera la comas tú, siempre me engañas y luego no comes nada. —replicó el pequeño, con una sonrisa traviesa que revelaba su preocupación por la salud de su hermano, un rol que asumía a menudo.


—Esta vez sí voy a comer. —dijo Taehyung, retando a su hermano mientras daba una mordida generosa, sintiendo cómo la calidez de la pizza le llenaba el alma tanto como el estómago.


—Así me gusta, ahora sí voy a comer. —dijo el pequeño con una sonrisa satisfecha, sintiendo que todo estaba en orden de nuevo en su mundo.


Una vez que terminaron la pizza, ambos estaban acostados boca arriba, sobando sus panzas satisfechas. —Es la mejor pizza que comí en mi vida. —habló el pequeño, los ojos brillantes de alegría.


—Sí, definitivamente la mejor pizza... pero aún no termina. —se sentó en la cama con la energía renovada y un gesto cómplice, como si tuviera un secreto para revelar. El infante lo miró, curioso, anticipando la sorpresa adicional que su hermano tenía guardada.


—¿Hay más? Debiste bailar mucho para conseguir todo eso. —preguntó el niño, sus ojos grandes y expectantes, llenos de inocencia y entusiasmo por lo que vendría a continuación.


—Un poco. —dijo entre risas, su voz llenando la habitación con un aire alegre mientras recordaba todo lo ocurrido esa noche.—Ya vuelvo, cierra los ojos. —Con un gesto dramático, el niño tapó sus ojos con sus pequeñas manos.


—¡Sorpresa! —exclamó, entrando a la habitación con un pequeño pastel de chocolate. La luz de la lámpara de noche iluminaba el pastel haciendo que pareciera brillar como un tesoro en medio de la oscuridad. El aroma del chocolate llenó el aire, tentador y dulce, despertando el apetito de cualquiera.


—Mmmm, pastel y de chocolate, ¡mi favorito! —dijo el niño, sus ojos brillando con emoción mientras observaba cada movimiento de Taehyung. Ambos comenzaron a disfrutar del pastel, el sabor rico fundiéndose en sus bocas como un abrazo cálido en un día frío.


Taehyung, con una cucharada de pastel que apenas alcanzaba a llevarse a la boca, comía con su mirada perdida, recordando cómo Jungkook había abierto la puerta del refrigerador, sacando ese pastel cuidadosamente y dandoselo para su hermano. En ese fugaz instante, se dio cuenta de que más allá del simple acto de compartir un pedazo de postre. En ese momento, pensó que tal vez aquel hombre podría ser su salvación.


Esa noche, como cada noche, su padre llegó a su casa oliendo a alcohol y cigarrillo, una mezcla que desgastaba el aire de la pequeña vivienda. Con un andar torpe y ruido de botas en el suelo de madera, buscó algo de comida en la despensa, haciendo ruido y dejando caer varios objetos de cocina que resonaron como ecos de su frustración en el silencio de la noche. Maldecía en voz baja unas palabras que Taehyung había escuchado muchas veces antes, palabras que traían consigo una sombra de miedo y desesperación, hasta que, finalmente, se deslizó hacia su habitación, dejando tras de sí un rastro de desorden y caos emocional. Taehyung respiró aliviado, consciente de que había sobrevivido otra noche más a la furia de su padre, pero el alivio era agridulce; también sabía que cada nuevo día traería consigo nuevos desafíos y recuerdos dolorosos que no podía evitar.


Al otro día, los hermanos se levantaron temprano, estimulados por la necesidad de escapar de la opresión de su hogar y buscar momentos de felicidad en el mundo exterior. Se alistaron rápidamente para salir, y Taehyung le preparó en un pequeño tupper una porción del pastel que había guardado específicamente para que Minju lo llevara al colegio. Era un pequeño gesto de amor fraternal en medio de la luchas diarias, un intento de normalidad en un mundo que a menudo se sentía tan pesado y sombrío. Durante el camino, ambos hermanos iban conversando, compartiendo risas y sueños, era un momento que ambos disfrutaban y que les permitía olvidar, aunque fuera por un instante, las dificultades que enfrentaban. Luego, Taehyung fue al parque como lo hacía tres veces a la semana; aquel lugar era su remanso de paz, un espacio donde podía ser él mismo. En los otros días, se dedicaba a ser voluntario en un hogar para ancianos, donde a veces los abuelitos les cocinaban galletas y les contaban historias de tiempos pasados, bajo la luz tenue de la cocina. Para ambos hermanos, aquel lugar solía ser un pequeño refugio, un rincón de luz en medio de la oscuridad que los rodeaba y donde podían hacer una diferencia, por pequeña que fuera.


Taehyung no lograba conseguir un trabajo fijo, y las razones eran claras: la falta de estudios lo limitaba, y muchos empleadores no aceptaban la idea de que él trabajara junto a su pequeño hermano. Él temía dejarlo solo con su padre, especialmente durante el día, época en la que el hombre parecía desatar toda su frustración en forma de gritos y violencia. Esa angustia lo seguía como una sombra, implacable y opresiva.


Dejó su gorra en el suelo y comenzó a bailar como lo hacía cada vez que sentía que el mundo se le venía encima. Cerró sus ojos, se dejó llevar por la música que sonaba de su celular, todo roto en la pantalla, como un símbolo de su propia fragilidad. En esos momentos, el baile era su única forma de escape, un refugio donde podía expresar todas las emociones que a menudo mantenía reprimidas.


Unos minutos después, cuando abrió los ojos, se encontró con Jungkook sentado en un banco cercano, con un cigarrillo en la mano y una sonrisa en sus labios que parecía iluminar el lugar. Taehyung sintió una mezcla de sorpresa y alegría por verlo.


—Señor Jeon. —dijo sorprendido, su voz un poco temblorosa.


—Es lindo verte bailar de cerca. —comentó Jungkook mientras dejaba escapar una nube de humo, su mirada llameante. —Ahora ven conmigo, tengo algo importante que mostrarte.


—¿Qué? Es muy temprano aún. —dijo Taehyung confundido, sintiendo una corriente de curiosidad pero también de temor.


—Sí, lo sé. Aún así, ya solucioné lo de tu hermano. —dijo Jungkook, tirando el cigarrillo al suelo y pisándolo con un gesto decisivo.


—¿Cómo? —preguntó Taehyung, su corazón latiendo más rápido por la intriga.


—Ven, que te muestro. —le extendió la mano, ofreciendo un gesto de confianza. Taehyung, a pesar de sus dudas, tomó la mano de Jungkook, sintiendo que a veces era necesario arriesgarse para encontrar respuestas, y juntos comenzaron a caminar hacia el vehículo.


El camino fue silencioso; el motor del auto resonaba mientras Taehyung luchaba por comprender lo que estaba sucediendo. A medida que avanzaban, la incertidumbre crecía junto a su ansiedad. Al llegar a la casa de Jungkook, una repentina explosión de alegría llenó el aire cuando el pequeño Minju salió corriendo a abrazarlo, su pequeño cuerpo casi desbordando energía. En un instante, el rubio se agachó y lo tomó en sus brazos con ternura, sintiendo cómo el miedo y la presión de la noche anterior se disipaban, aunque solo fuera por un breve momento.


—TaeTae, me asusté, creí que no te volvería a ver. —dijo llorando el pequeño, sus ojos llenos de lágrimas pero también de amor.


—Buen día, soy Jeon Jisoo, la hermana mayor de Jungkook. —lo saludo una mujer con una sonrisa cálida y auténtica, que irradiaba una dulzura casi maternal. Taehyung la miró con desconfianza, inseguro aun cuando ella poseía una sonrisa tierna y una mirada que parecía transmitir tranquilidad y promesas de seguridad. —Tu hermano estará seguro conmigo y puedes verlo siempre que lo desees, así que no te preocupes. —agregó, intentando infundirle confianza a su voz. Había una delicadeza en su expresión que sugería que había luchado por mucho tiempo para llegar a este momento, donde finalmente podría brindar a los niños una vida mejor.


Taehyung giró su rostro hacia Jungkook, buscando respuestas en sus ojos. —¿Cómo lo hizo? ¿Cómo logró que mi padre lo entregue? —La preocupación lo envolvía; no podía permitir que su hermano cayera en un lugar desconocido sin garantías de que estaría bien.


—Eso no importa ahora, dije que cumpliría mi palabra. Ahora te toca a ti cumplir. —respondió Jungkook.


—Antes quiero ver los papeles, quiero asegurarme de que mi hermano estará bien. —dijo firme, sosteniendo a MinJu con fuerza, como si fuese la única cadena que los unía en ese mundo incierto.


—No es una separación, estarán a dos pasos, yo pagaré su colegiatura y todo sus estudios, te prometo, Taehyung, que él estará bien. —aseguró la mujer, notando la angustia en los ojos del rubio y tratando de ser la voz de la razón en la tormenta emocional que enfrentaban.


—Los papeles están junto al contrato. —respondió Jungkook. Taehyung asintió con su expresión aún tensada por la ansiedad y la incertidumbre.


—Cachorro. —lo llamó para que lo mirara. —¿Cómo te sientes?— Una pregunta sencilla que llevaba un peso inmenso.


—Bien, la señora me preparó chocolatada con galletas, y me mostró una habitación llena de juguetes, pero si tú no estás conmigo no quiero nada. —respondió sollozando, sus palabras eran un reflejo de la dependencia que sentía hacia Taehyung.


—Te prometí estar a tu lado siempre, no voy a dejar que te lleven lejos. — secó las lágrimas de su hermano con su pulgar. —Ahora voy a ir a ver unos papeles, debes quedarte con la señora Jisoo, luego iré a verte.


—¿Lo prometes? —la ansiedad llenaba la voz del infante.


—Sí, cachorro, lo prometo. —le dio un beso en la mejilla y lo bajo de sus brazos con ternura, entregándolo cuidadosamente en las manos de la mujer, como si lo estuviera confiando una parte de su corazón.


Jungkook lo acompañó a la oficina y le mostró todos los papeles de la adopción de MinJu. —No entiendo, ¿cómo lo logró, y en tan poco tiempo? —Sus palabras llevaban una mezcla de asombro y frustración; la rapidez de los acontecimientos era abrumadora.


Jungkook tocó su mentón, una sonrisa ladina surgiendo en su rostro mientras recordaba los eventos de la noche anterior. —Lo importante es que cumplí. —La satisfacción en su voz contrastaba con la inquietud que experimentaba el Doncel.


—Lo sé. —respondió Taehyung, dejando a un lado los papeles de adopción para tomar el contrato, sintiéndose atrapado en una red de complicaciones imprevistas. —Sé que debo firmar; aun así, anoche no terminé de leerlo. —dijo, su voz llena de determinación mientras inclinaba su atención hacia el documento que cambiaría el rumbo de su vida.


Jungkook se inclinó hacia atrás, con una sonrisa victoriosa que revelaba un juego de poder en el aire.


—¿Qué? ¿Cómo que debo usar la ropa que a usted se le plazca? —exclamó levantando la voz, sintiéndose atrapado por cláusulas inesperadas que giraban en su contra.


—Debiste leerlo completo antes de decir que lo firmarías. —Jungkook sacó un cigarrillo, encendiéndolo con despreocupación, entregándose al placer de la nicotina mientras disfrutaba el sabor y la situación insólita que habían creado.


—¡Maldito sea! —murmuró entre dientes, sintiéndose estafado, aunque sabía que la culpa era suya por no haber leído el contrato completo la noche anterior. —¡Ay carajo! ¿Qué significa esto? —señaló con su dedo el párrafo que le había llamado la atención, el corazón latiendo rápido en su pecho.


—Simple, tú solo tienes que bailar para mí, yo no voy a tocarte, pero si tú me pides que te toque, o vaya más allá, las reglas cambian, y serás mi juguete sexual, deberás estar a mi disposición. —la claridad de su respuesta lo hizo sentir atrapado, como si estuviera caminando en un campo minado emocional.


Taehyung quería gritar y golpear a Jungkook; la frustración se acumulaba en su pecho, sintiéndose estafado y manipulado, aun cuando sabía que la culpa era totalmente suya por no leer el contrato completo. —A ver si entendí bien, mientras yo no le dé permiso de tocarme o de ir más allá, ¿el trato no cambia?


—Exacto. —respondió Jungkook, levantando una ceja, disfrutando del juego.


"Bien, no voy a caer en su juego" pensó, y siguió leyendo, ansioso por descubrir más detalles—No entiendo, dice que no puedo estar con nadie, ¿a qué se refiere?


—No puedes estar con nadie. Ni sentimental o tener simplemente sexo. —le explicó con una sinceridad fría, que dejó claro el monopolio que estaba intentando establecer sobre la vida de Taehyung—. Cualquier relación que consideres significativa será prohibida. —agregó.


—¡Ah!, pero usted sería la excepción. —dijo con sarcasmo, la ironía en sus palabras resonando con el desdén. —¿Puedo estudiar? —preguntó en voz alta, sorprendido al leer aquello en el contrato.


—Sí, puedes estudiar, voy a pagar por ello. —respondió, dando una segunda calada a su cigarro.


—¡Wouu! Ese es el sueldo de un mes. —dijo, abriendo los ojos como platos, pensando que era más de lo que ganaba en un año completo.


—Sí, además no tendrás que gastar en comida o ropa, yo pagaré por todo. —explicó con calma, apagando su cigarro e inclinándose hacia adelante, esa mirada de determinación en sus ojos que prometía un mundo diferente.

—¿Y vas a firmar? —su voz surgió como un eco ansioso.


—Tengo una duda más. —respiró profundo, la gravedad de su pregunta carcomiéndolo por dentro. —¿Qué va a pasar con mi hermano cuando termine el contrato? —La inseguridad lo mantenía alerta.


—Tú ya serás mayor; si no renuevas el contrato, podrás irte y llevarte a tu hermano contigo, nadie va a separarte de él. —explicó tranquilo, sus palabras eran una promesa de resguardo y apoyo en un mar de incertidumbre.


—Quiero que eso quede asentado en el contrato. —dijo sin dudarlo, queriendo tener la certeza de que al final estarían juntos.


—De acuerdo. —variados minutos después, las nuevas cláusulas estaban listas, un puente que significaba el inicio de un nuevo capítulo.


Taehyung releyó el contrato, dio un suspiro largo de resignación y finalmente lo firmó, sumergiéndose de lleno en el laberinto en el que había decidido entrar.


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Hola Dulces obsesionadas por el KookV/Taekook.


🌸 Espero que les haya gustado el primer capítulo 🫶🏻.


🌸 Gracias por el apoyo.

🌸Los quiero.


🌸Nikki🌸




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