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SUITE 13 🐰KOOKMIN🐥 ONE SHOT

Summary

Que puede suceder si un día tan solo ingresas a una habitación en la que pensabas que el huésped no estaba y te llegas a encontrar con una gran escena de masturbación. Park Jimin era un chico tierno que comenzaba a trabajar como camarero en un hotel de prestigio. Jeon Jungkook era dueño y cliente frecuente del mismo hotel. Dos personas que se ven implicados en un encuentro un tanto vergonzoso más para uno que para otro y que nadie lo predijo. ꧁Historia totalmente de mi autoría. ꧁Contenido +18 ꧁No se permiten copias. ꧁Un solo capítulo. Imágenes tomas de pinterest, créditos a las personitas que hacen arte Sin más que decir espero les guste.

Genre
Erotica
Author
Kerfi
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

......... SUITE 13 .........

El sonido de gemidos inundando toda la habitación era lo único que se podía escuchar si alguien estuviera cerca.

El ruido morboso de dos cuerpos chocando con agilidad, el sudor visible en el cuerpo bien marcado de quien embestía con fuerza, sus venas y músculos tensándose, era la imagen sexy que se reflejaba en el gran espejo que colgaba del techo.

—Ahh... ya... no puedo —las palabras entrecortadas de un rubio se hicieron presentes.

Había sido la quinta vez que follaban y la quinta vez que se corrían, pero para el peli-negro eso aún no saciaba su apetito sexual.

El rubio comenzó a quejarse de que ya no aguantaba más por el gran dolor en todo su cuerpo, y terminó empujando al peli-negro, haciendo que saliera de su interior de un solo golpe, causando un gemido de dolor.

—Te dije que ya no puedo más —escupió con rabia.

Los encuentros entre estos dos eran frecuentes; nada de sentimientos, solo placer, era su acuerdo.

Resoplando como un toro, se sentó en el sillón, y mirando al rubio con ira, comenzó a acariciar su falo, que aún estaba más que duro.

—Sal de aquí —sentenció con voz gruesa y ronca.

El rubio no dijo nada, tomó su ropa y se dirigió hacia el baño a cambiarse. Le dolía el cuerpo, y mantenerse de pie después de ser penetrado al gusto del peli-negro era un milagro; esta vez se había pasado de duro.

Cambiándose lo más rápido posible para poder salir y no tener problemas, se acomodó por última vez sus cabellos rebeldes.

—Me voy —dijo al salir.

El movimiento de su mano apretando su falo y dándose un poco de placer hacía que el peli-negro se mordiera el labio inferior y cerrara los ojos.

—Ahh, joder —jadeó, sin poder alcanzar placer alguno por sí solo.

No detuvo aún sus movimientos; más bien, incrementó el ritmo para ver si lograba saciarse.

—Ve a hacer la limpieza de la habitación, ya han salido.

Una orden fue dada por su superior, por lo que debía cumplirla lo antes posible.

Dirigiéndose al cuarto de limpieza por el carrito, se encaminó hacia la suite 13, habitación que debía dejar impecable.

El peli-rosa había comenzado a trabajar en el gran hotel JK. Era nuevo, pero tenía experiencia como camarero, por lo que no se le dificultaba el trabajo.

El ascensor y el sonido de su puerta abriéndose indicaron que había llegado al décimo piso. Empujando el carrito y revisando el número de habitación, caminó hacia ella.

No tuvo que usar la tarjeta de repuesto, ya que la puerta se encontraba entreabierta. Le pareció raro desde que le dieron la orden, pues no le habían dejado la llave, pero no discutió el tema con su superior y simplemente obedeció.

Empujando la puerta con su espalda, o mejor dicho, con su gran trasero, ingresó y la cerró tras de sí.

Mala idea fue ingresar de esa forma y mirar directamente al frente.

La imagen de un cuerpo desnudo, piernas abiertas, mano moviéndose de arriba abajo sobre su miembro, cabeza levemente hacia atrás, boca entreabierta y jadeos casi inaudibles fue lo que el peli-rosa presenció.

Quedó atónito ante semejante escena frente a él, tanto que dejó caer el pequeño frasco de desinfectante, llamando la atención del hombre.

La mirada del peli-negro, para nada sorprendida y completamente penetrante, se fijó en él. Sin moverse de la postura en la que se encontraba, tan solo lo miró.

Lo recorrió de pies a cabeza y se lamió los labios de forma provocativa. Cuando pensó que su gran Jeoconda al fin estaba satisfecha, esta se puso aún más dura de lo que ya estaba, causándole dolor al ver al chico peli-rosa.

Una imagen tierna pero sexy era lo que tenía frente a él. Quería... no, necesitaba joderlo en ese instante. Su deseo de tenerlo gimiendo apareció con fuerza.

—L-lo si-siento...

Apenas habló y se dio la vuelta para no seguir mirando.

Si por delante lo había excitado, mirarlo por detrás desató lujuria pura en el peli-negro al ver ese gran, redondo y bien marcado trasero en aquel pantalón negro apretado de tela.

—Pe-pensé que ya habían salido —volvió a hablar—. Me retiraré en este momento, señor.

Con la mirada clavada en el piso, giró para tomar el carrito y salir, pero se detuvo al no poder moverlo.

El peli-negro se había acercado al ver la intención, y no pensaba permitirlo. No cuando estaba conteniéndose las inmensas ganas de tomarlo a la fuerza.

—¿Se-señor?

Su nerviosismo era evidente, y eso excitaba aún más al peli-negro.

—Has hecho que me ponga más duro de lo que ya estaba.

Por primera vez habló, con una voz ronca que hizo que el peli-rosa tragara seco al escucharlo. Su voz era sexy para cualquiera que la oyera.

—Deberías hacerte cargo.

Volvió a hablar, con descaro y un tono dulzón y pícaro.

La boca del peli-rosa se abrió formando un pequeño círculo. Lo miró fijamente... Sí que era atrevido al decir aquello.

—¿Qué?

—Lo que escuchaste. Deberías hacerte cargo de mi pequeño problema.

Aún se encontraba desnudo y dio un paso hacia Jimin, quien desvió la mirada hacia un lado.

No podía negar que verlo encendería a cualquiera, pero estaba en horas de trabajo, y debía comportarse.

Después de todo, por más tierno que pudiera parecer, el peli-rosa era descarado y sexy cuando se lo proponía.

—Lo siento, señor. Lo único que quería era limpiar la habitación, como me lo ordenaron.

Estaban a un paso de distancia. La mano del peli-negro comenzó a dibujar una línea desde la mano del peli-rosa hasta su cuello, y luego hasta su mejilla, haciéndolo estremecer ante tal contacto.

Sus miradas se encontraron, y el brillo en ellas decía mucho. El peli-rosa admiró aquel rostro bien marcado y sintió cómo el calor comenzaba a cobrar vida en su interior.

—Jodido cuerpo... pensó para sí mismo.

—¿Qué debería hacerte primero?

Delineó con sus largos dedos los abultados y rosados labios que deseaba devorar.

—¿Qué le hace pensar que accedería a algo?

La dulzura que había emanado cuando ingresó se había esfumado, dejando salir lo provocativo y sexy.

—¿Crees que podrías contenerte?

—Yo creo que usted es quien no podría contenerse.

—¿Quieres apostar?

Dio un paso atrás y tomó una toalla del carrito para colocársela en la cintura.

—Muy lindo todo, pero estoy en horas de trabajo —lo miró burlonamente.

A pesar de estar cubierto, se podía apreciar el bulto de su pene sobresaliendo, lo cual al peli-rosa le causó gracia. Parecía una tienda de campaña.

—Tienes el día libre... para jugar conmigo.

—No es mi jefe, señor.

—No, pero sí el dueño del hotel.

Una sonrisa traviesa se formó en los abultados labios del peli-rosa al escuchar aquello.

—Lástima, pero mi jefe es el señor Han y tengo órdenes que acatar.

—Eso es lo que crees.

Sin decir nada más, se acercó al velador junto a la cama y marcó a recepción para informar que no quería ser interrumpido, y mucho menos que llamaran al chico peli-rosa.

Jimin tan solo observaba al peli-negro con una sonrisa pícara. No era un angelito como aparentaba, después de todo.

—¿Ahora sí apuestas?

—No tengo nada que le pueda interesar.

—Tienes algo que me vuelve loco —dijo, sentándose en el sillón.

Las cartas estaban sobre la mesa: quien lograra que el otro no aguantara más el deseo de follar, ganaba lo que quisiera.

El típico piedra, papel o tijera fue jugado, teniendo como ganador al peli-rosa.

Lamiéndose los labios y mordiéndolos, se acercó lentamente, observándolo de arriba abajo.

Jugaría sucio, estaba más que seguro. Ganaría el juego sin duda alguna. Era pan comido hacerle perder la cordura, y eso lo notó desde el primer segundo en que entró a la habitación. Pero tuvo que aparentar ser tímido... cosa que era más fácil que la tabla del uno.

—Listo —susurró cerca de su oído.

El peli-negro tragó grueso, pero no sería tan fácil.

Con una sonrisa victoriosa, el peli-rosa, quien se encontraba detrás de él, lamió delicada y tortuosamente el contorno de su oreja.

Un estremecimiento recorrió todo el cuerpo del peli-negro. Estaba jodido. Se dio cuenta desde que le susurró “listo”, pero quería hacerse el duro.

Los pequeños besos húmedos en su cuello, las lamidas, el jugueteo con su cabello mientras dejaba salir aire caliente en su piel... todo lo estaba volviendo loco. Quería más. Mucho más.

Jamás en su vida llena de encuentros había sentido el deseo de poseer a alguien en un instante. Jamás alguien lo había prendido tanto con tan solo unos toques. Definitivamente, el peli-rosa era de armas tomar.

Fundido en deseo, sintió cómo alguien se acomodaba en sus piernas, y un jadeo escapó de sus labios.

—Bingo —susurró el peli-rosa con una sonrisa tierna, mezclada de pasión y lujuria.

Sus pequeños dedos comenzaron a recorrer su pecho expuesto y bien marcado, delineando alrededor de los pezones y bajando hasta las líneas en “uve” que llevaban directamente al miembro, que se sacudió al contacto.

El peli-negro la estaba pasando mal... o muy bien, según cómo se viera. Si seguía así, no tendría opción de seguir con el juego.

El miembro, más que duro y punzante, rozó la parte trasera del peli-rosa, haciéndolo morderse el labio. Era grande. Muy grande.

El último truco bajo la manga estaba a punto de ser expuesto, y con ello se acabaría la apuesta.

Meneándose lentamente de arriba abajo sobre él, luego en círculos, y sin dejar de delinear su pecho, fue la gota que hizo al peli-negro correrse. Ya no aguantaba más.

—Ahh… tú ganas —dijo, sosteniendo la delgada cintura para detener los movimientos.

Tomando el mentón del peli-rosa y acercándose peligrosamente a sus labios, susurró:

—He ganado, señor… y lo hice en pocos minutos.

Y en un beso demandante se unieron. Sus lenguas se buscaron, se invadieron, y el beso subió de tono más de lo que ya estaba.

Las grandes manos del peli-negro se colaron bajo la camisa del otro, alcanzando sus pezones, duros y sensibles. Comenzó a acariciarlos, provocando gemidos ahogados entre sus labios.

La ropa sobraba. El peli-rosa quedó al descubierto, aún sentado a horcajadas sobre el peli-negro. Pobre de él...

El beso continuó mientras dos dedos curiosos encontraron su entrada, ya algo lubricada por la excitación.

Un jadeo más que sexy escapó al sentirse invadido, el placer recorriéndolo con cada movimiento que esos dedos hacían.

—¿Quieres montarme?

Su voz ronca lo prendió aún más.

Regalándole una sonrisa traviesa, llevó su mano al gran falo para posicionarlo en su entrada, sintiendo cómo la punta comenzaba a entrar.

—Ahh...

Jadeos y gemidos por parte de ambos resonaron en la habitación al ser penetrado por fin.

—Muévete —ordenó, besando sus rosados pezones.

Obedeciendo como un niño bueno, comenzó a moverse, dando saltitos, auto-penetrándose con fuerza.

—Ahh, joder —soltó el peli-negro.

—Ahh… sí… ahh… —gemía el peli-rosa.

Las embestidas se hicieron más fuertes y certeras, dando justo en su punto dulce. Gimió como nunca, y el peli-negro sintió que estaba viviendo el mejor polvo de su vida.

—Ahh… estoy a punto de venirme…

La cosquilla en la parte baja del vientre se hizo presente en ambos. Unas cuantas embestidas más y se corrieron juntos: uno manchando el abdomen, y el otro llenándolo por dentro.

—Segundo round —susurró mientras lo cargaba rumbo a la cama.

Solo de verlo despeinado, sudoroso, ya estaba duro de nuevo.

Besándolo por todos lados y haciendo que gimiera otra vez, lo penetró de una sola estocada, haciéndolo gritar y arquear la espalda.

Comenzó a moverse lento, haciéndolo delirar y pedir más.

—Date la vuelta —ordenó, y el peli-rosa obedeció de inmediato.

Apoyando sus brazos sobre la cama y alzando ese gran trasero, fue penetrado con ritmo marcado, rápido y preciso, dando justo en el lugar exacto.

Se sentía tan profundo que lo llenaba por completo. Su mente se nublaba y se entregaba al deseo.

El sonido morboso de sus cuerpos chocando, el sudor invadiendo cada rincón, maldiciones, jadeos… una vez más se corrieron juntos.

Y así como se corrieron, volvieron a follar. Esta vez en el baño. Y luego sobre la mesa.

Lo hicieron tantas veces que terminaron exhaustos. Habían saciado su deseo sexual de igual forma.

—Como he ganado la apuesta, pensaré qué es lo que quiero y le avisaré luego —dijo Jimin, abotonándose la camisa.

—No te limites a pedir lo que quieras.

—No lo haré, señor.

Lo miró, mordiéndose el labio inferior a modo de provocación.

—Por cierto… soy Park Jimin, por si solicita limpieza privada en la suite 13 —guiñó un ojo y volvió a morderse el labio.

—Jeon Jungkook, quien solicitará deseoso aquel servicio —respondió, acercándose a él.

Y así, lo que comenzó como una simple orden de limpieza en una habitación que se creía vacía, se convirtió en el escenario de un polvo descomunal entre dos cuerpos que encajaban a la perfección.

Suite 13. Una habitación que todos los días era inundada por gemidos y olor a sexo… a más no poder.



Hola mis bebus regresé con este One Shot espero les haya gustado, aunque sea un poquito.

La idea surgió mientras esperaba como niña buenaque soy a que mi turno en fisioterapia llegue y dijeran mi nombre para ingresar.

Así que me dije porque no escribirlo y matar el tiempo y lo hice.

Las ama kerfi.

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