Sonrisas Perdidas "El Dios De La Destrucción"

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Summary

Sonrisas Perdidas "El Dios De La Destrucción" es una historia dramatizada basada en hechos reales llevada a la ficción, las personas, lugares y acontecimientos han sido en partes cambiadas para su seguridad y la del autor, cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia, se recomienda discreción.

Genre
Drama
Author
Leonardo
Status
Ongoing
Chapters
16
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo I "El Comienzo"

Ciudad de México, Tepito (21-SEP-2001)

Leobardo se encontraba llorando y asustado dentro del baño, debajo del lavabo con la luz apagada y la puerta cerrada, afuera sus padres golpeándose y gritándose como era costumbre, esta vez peleaban porque llamaron de la escuela de Leobardo diciendo que el niño se había orinado en plena clase y es que no era la primera vez que pasaba eso.

Antuan se dirigió a la puerta del baño.

-¡ABRE! ¡ABRE! ¡HIJO DE TU PUTA MADRE! ¡ABRE! -dijo Antuan mientras golpeaba a puño cerrado la puerta con fuerza.

-¡Pero si lo hago me van a pegar y ya no quiero! -dijo Leobardo con voz temblorosa y llorosa.

-¡YA! ¡ABRE LA PUTA PUERTA! -gritó Antuan histérico mientras comenzó a patear y golpear la puerta para tratar de romperla o tirarla.

Leobardo del otro lado de la puerta veía como la puerta rebotaba y rebotaba con cada golpe de su padre hasta que por fin votó los seguros de la puerta y la puerta cayó, Antuan vió al niño tapándose la cara con ambas manos, lo tomó con una mano del cabello y entre patadas y jalones lo sacó del baño.

-Ya deja de hacer tus chingaderas -dijo Antuan mientras cargaba al niño del cabello con una mano y lo golpeaba directamente en la cara a puño cerrado con la otra hasta que lo tiro al piso.

El niño se puso en posición fetal para taparse la cara mientras su padre trataba de pisar su cabeza hasta que se cansó y se fue de la casa, Leobardo se quedó en posición fetal hasta que se quedó dormido por dos horas, hasta que su madre lo despertara.

-Oye, tú, cámbiate tu ropa, tu uniforme jiede, cabrón -le dijo Myrla a Leobardo.

-Pero toda mi ropa huele casi igual -dijo el niño con sangre seca en toda la cara.

-Pues no se... Al rato va a llegar ese pendejo y es estarlo aguantando, si no tienes otra cosa, mejor salte allá al patio o a la calle, lo que quieras -dijo Myrla desinteresada.

-Si mami.

Leobardo se salió del departamento, estaba en el patio de la vecindad, pateaba y jugaba con una taparrosca de refresco.

-Hola Leo -le dijo Doña Josefa

-¡Hola!

-¿Y eso? ¿Qué te pasó en la cara? ¿Eso que está en tu uniforme es sangre? ¿Qué pasó hijo? -dijo algo sorprendida Doña Josefa.

-Mis papás se enojaron otra vez... -dijo el niño mientras no dejaba de jugar.

-¿Te hiciste pipí otra vez? -le preguntó Doña Josefa.

-Si... La puerta del baño se rompió, si no se hubiera roto no me hubiera pasado nada -dijo Leobardo algo triste.

-¿Qué no puedes controlarlo?

-No, me pasa cuando mi mami me pega en un costado y cuando estoy asustado -dijo Leobardo mientras trataba de alcanzar su ficha que se fue a la coladera.

-Sabes que, ven, vamos a mi casa para que te bañes y te cambies, algo de lo que usaba mi hijo de niño te ha de quedar, él era gordito igual que tú. -dijo Doña Josefa al niño mientras le sonreía.

-Está bien -contestó Leobardo.

Doña Josefa llevó a Leobardo al departamento para que se bañara, le buscó un cambio limpio de ropa, le preparó el agua y Leobardo se metió a bañar y mientras Doña Josefa esperaba en la sala llegó su hijo Ernesto

Amá ya llegué, ¿Donde está? -Dijo Ernesto

Doña Josefa se paró y fue a recibirle.

Hijito mío, de mi vida, ¿Tienes hambre? ¿Como te fue? ¿Qué pasa allá? -le dijo Doña Josefina a su hijo.

-No mamá, las cosas están bien malas -dijo Ernesto algo preocupado mientras se sentaba en el sillón quitándose la gorra y tocándose la nuca.

-Ay ¿Pero porque mijo? ¿Hablaste con los muchachos?

-Si mamá, pero los muchachos dicen que los Villada no quieren a nadie ahí en la zona centro, El Gato y El Peque andan a lo loco y me enteré que la "Jaguaría" Anda a lo loco también, que hasta andan metiendo gente allá en santo Dñdomingo y en los reyes, mami, hay que irnos, tienes que irte -dijo Ernesto algo frustrado.

-¿Y dejarte? ¿En este sitio visitado diariamente por el diablo? ¿Estás pendejo? Así por lo menos si se meten aquí a la casa y nos hacen algo nos lo hacen juntos, no quiero andar en otro lado muriéndome de preocupación por ti mijo.

-Ay mamita, pero yo no quiero que me le hagan algo, no me lo perdonaría -dijo Ernesto mientras le agarraba la mano a su madre.

¡Ay ya! A mi ya que me pueden hacer -dijo Doña Josefa sonriéndole y dándole unas palmadas a su hijo en la mejilla.

Leobardo salió del baño, con el nuevo cambio y con un intento de tapón en la nariz con papel de baño ya que por el calor del agua caliente le empezó a salir sangre.

-Espérate Leo, deja te pasó mejor un pañuelo para que no te ensucies la ropa -dijo Doña Josefa mientras se paró por el pañuelo.

-¿Y ese wey quien es? No inventes ¿Trae mi ropa? -dijo algo burlón Ernesto.

-Se llama Leo, no "wey", pelado -dijo Doña Josefa mientras le daba un sape a Ernesto -Y sí, le di esa ropa porque no tenía más ropa limpia.

-¿Y de quien es o qué? -Preguntó Ernesto.

-De acá del 7

¿De los histéricos esos? - dijo Ernesto poniendo cara de desagrado -Pues ten cuidado mami, porque...

-Ay ay ay, ¡ya! -le interrumpió Doña Josefa -¡Con esos hasta Sara y Moly pueden eh! Y hablando de ellas, ¿el nene? ¿Cómo está?

-Ya sabes mami, guardados en la casa, sin salir más que pa' la escuela, ya sabes. Pero mami vuelo, te dejó, tengo que ir pa' la plaza. Bendición -dijo Ernesto levantándose del sillón.

-Que dios te guarde mi amor, ven pronto y salúdame a los muchachos -dijo Doña Josefa mientras persignaba a su hijo -Y bien Leo, ¿tienes hambre? ¿Ya comiste?...

-No.

-Mira te puedo hacer una hamburguesa o un sándwich.

-¡HAMBURGUESA! -dijo el niño con gran euforia.

-Bien, hamburguesa será.