Chapter 1
Historia Anónima. “Algo me sigue desde el bosque”
Esto no es una historia para entretener.
Si estás leyendo esto, necesitás saber la verdad antes de que sea tarde.
Hace dos semanas fui a acampar con tres amigos a una zona boscosa al Norte de Navarra.
Uno de ellos había encontrado un mapa algo viejo, sin marcas, con una frase escrita a mano en el borde, estaba en euskera:
> "Ez hitz egin gauarekin."
(“No hables con la noche.”)
Pensamos que era una advertencia poética. Una frase antigua.
Pero esa noche, rompimos esa regla.
Hicimos una fogata y empezamos a contar historias. Uno de mis amigos, para hacerse el gracioso, dibujó un símbolo en el suelo con el carbón del fuego.
Era un círculo irregular, con tres líneas que se cruzaban al centro.
Lo había visto en el mapa, en la esquina inferior, al lado de la palabra "Ezabatu" (borrar).
Jugando, nos pusimos en ronda y dijimos nuestros nombres completos.
Como una “invocación”. Una tontería.
Esa noche fue la primera vez que comenzaron a suceder cosas extrañas, escuché pasos fuera de mi tienda.
Y una voz, la mía, me susurró desde el bosque:
> —Diego… ven un momento… quiero mostrarte algo.
Al principio pensé que era el viento, creí que solo estaba imaginando cosas. Hasta que escuché la voz de Hugo, repetidas veces, una y otra vez:
> —Diego ven… necesito mostrarte algo…
Pero era como escuchar una grabación vieja. Algo distorsionada.
Y por puerta curiosidad decidí abrir la cremallera de la tienda y creí ver a Hugo de espaldas frente a un árbol, no le di demasiada importancia creí que solo estaba orinando y andaba medio dormido aún.
Al despertar al día siguiente, el símbolo que dibujamos ya no estaba en el suelo.
Pero apareció el mismo símbolo marcado como con garras sobre el tronco del árbol más cercano a nuestras tiendas.
Marcas alrededor de la tienda tal vez algún animal fue, pensamos.
Pero aún seguia la sensación de que algo nos escuchaba.
Como si usara nuestras palabras y voces como para construir una copia
Al volver al pueblo, un anciano del bar nos lo confirmó.
Vio nuestro mapa y susurro las palabras marcadas al costado en euskera y nos miró.
> —Si pronuncian sus nombres cerca del símbolo, le dan forma.
Él no puede crear. Solo imitar.
Pero una vez que toma tu voz…
puede entrar.
Nos dijo que el símbolo que dibujamos es una puerta.
Una muy vieja.
Que solo se abre si alguien entrega su nombre con intención.
Y nosotros no solo lo hicimos,
Lo dijimos con fuego.
Después de eso, al volver a nuestras casas, Hugo desapareció. No respondía llamadas, mensajes, no habían rastros de Hugo.
Y allí empezó todo.
Desde que volví, tengo la sensación de que algo me persigue.
Mi reflejo se mueve tarde.
Mi voz me llama desde dentro de mi casa.
Y cada noche, a las 3:40 AM, algo toca mi ventana tres veces.
Anoche no fue diferente.
Pero esta vez, encontré algo nuevo en el suelo de mi habitación:
El mismo símbolo. Grabado. Con cenizas.
Y escrito en el espejo con mi letra.
> “Ahora él tiene tu nombre.
Y está aprendiendo a usarlo.”
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Si alguna vez encontrás un mapa con símbolos que no entendés,
si alguna vez sentís curiosidad por una palabra antigua,
si alguna vez te piden tu nombre en la oscuridad…
no respondas.
Porque el bosque no pregunta por preguntar.
Pregunta para tomar.
 ̄ ̄ ̄ ̄
Shei.P