Capítulo 1
Muerte
El no sabía nada, estaba caminando en lo que se suponía que era suelo, solo sabía que de repente estaba ahí, su mente estaba en blanco, de repente, apareció una luz cegadora y atrayente, que fue cautivándolo cada minuto que pasaba, el empezó a caminar hacia aquella luz, a medida que se acercaba, sensaciones desconocidas para él le llegaban, y esas sensaciones aumentaban mas y mas cada vez que se acercaba, de repente escucha algo, sus sentidos se agudizaron, miro detrás de él y había una especie monstruo negro y viscoso que se camuflaba con su alrededor, ya que todo era negro, se dio a vuelta y corrió hacia la luz, corrió desesperado mientras la oscuridad y el monstruo se acercaban, en ocasiones, mientras corría escuchaba un nombre que desconocía y a la vez conocía, cuando estaba a milímetros de la luz, la oscuridad le tragó.
Entonces despertó.
Confundido y asustado miró a todas partes y pudo sentir a su mujer y sus hijos abrazándole desesperadamente mientras lloraban, detrás de ellos estaban los médicos hablando entre ellos aliviados .
- Menos mal cariño, casi te perdemos._ Dijo la mujer.
Ahí recordó lo que había pasado, había tenido un accidente de coche.
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Bucle
Ella se encontraba conduciendo su moto por la noche, quería llegar a casa después de un día cansado en el trabajo, la carretera estaba vacía y la noche era más oscura que otros días, de repente ella escucha algo pero no le dio importancia, por lo que siguió concentrándose en la carretera, de pronto se escucha un rugido detrás de ella, lo cual la desconcertó por completo, miró hacia atrás por un segundo con cuidado de no perder el control y chocar, pero, no había nada allí.
Ella aceleró un poco y siguió su camino un poco inquieta, poco después empezó a escuchar pasos ruidosos detrás de ella que se acercaban de forma rápida, asustada aceleró la moto, pero las pisadas se seguían oyendo cada vez más y más cerca, inesperadamente vio una luz a lo lejos y cuanto más se acercaba mas nítida se veía la escena, era una persona que parecía haber tenido un accidente, estaba en el suelo con una moto al lado, ella quería parar para ver si la persona estaba bien pero empezó a oír los pasos de nuevo más cerca y más cerca. Ella centró sus ojos en la carretera y aceleró, al pasar oyó a la persona pedir ayuda, pero no se detuvo, ella empezó a oír los gritos de terror de esa persona, pero siguió su camino.
- Eres tú o yo._ Pensó ella
Siguió su camino intentando no pensar en lo que había pasado antes, ella estaba más tranquila y solo oía los grillos, por lo que cerró los ojos un segundo para calmarse, inspiro y exhalo, eso hizo que no pudiese ver el bache de la carretera y que se estrellara contra el suelo de la carretera, adolorida y sin poder moverse, giró su cabeza y vio como se acercaba una moto a lo lejos, cuanto más se acercaba y más conocida se le hacía, ella pidió ayuda, pero, con horro vio que se trataba de ella misma y cuando pasó de largo vio horrorizada lo que había detrás de la ella y gritó.
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Otra persona
Él se despertó sobresaltado de su cama mientras se agarraba el cuello intentando respirar, se sentó en la cama y empezó a mirar a todos lados, aterrorizado, parecía que había tenido una pesadilla.
Después de un rato se calmó y vio el reloj, eran las 3 de la mañana, recordó que su familia había hecho una fiesta en su salón y él se había ido a dormir temprano, ya que tenía mucho sueño y no le gustaban mucho las fiestas.
Se levantó y al tocar el suelo le dio un escalofrío sentía como si algo lo estuviera mirando, rápidamente se puso sus zapatillas que estaban al lado de sus pies y apresuradamente se dirigió al marco de su puerta, al llegar presiono el interruptor de la luz del pasillo que estaba a la derecha de su puerta, pero vio que a la bombilla le estaba costaba encenderse, parecía que no tenía fuerza, pero al final se encendió por lo que no le dio importancia. Siguió por el pasillo se dirigiéndose al salón, para estar con sus padres y familiares.
Él quería consuelo, había tenido una pesadilla espantosa en la que una silueta se adentraba en el salón y mataba a sangre fría a todos, lo peor de todo es que nadie podía hacer nada, ya que nadie se daba cuenta de dicha silueta. Siguió caminando hacia el salón y de repente se dio cuenta de una cosa.
- ¿Por qué no había ningún ruido?._ Pensó.
Otro escalofrío recorrió su espalda al darse cuenta de que la mirada que había sentido en su habitación la sentía ahora fijamente en su espalda, se giró lentamente y al final del pasillo había una puerta abierta y en el marco de la habitación que estaba oscura vio una silueta, a una persona, un niño, este le saludaba desde lejos y lo mas característico era la sonrisa dulce que tenía, él lo reconoció como su primo menor, era el más pequeño de la familia, no le dio importancia por lo que lo saludo de vuelta y se dirigió al salón.
El estaba preocupado, no oía nada, ni murmullos ni risas ¡ni música!, al llegar a la puerta del salón vio un charco de una sustancia roja que salía de la puerta, asustado y tembloroso acercó su mano al pomo de la puerta y la abrió dejando ver un escenario grotesco y lleno de sangre, pegó un chillido horrorizado, el estaba a punto de vomitar, pero de pronto vio que a los cadáveres les habían quitado la piel. Mareado, asqueado y horrorizado él vio algo en el salón que hizo que se le helara la sangre había un cadáver pequeño que era mas pequeño que los otros, dio dos paso hacia atrás saliendo del salón, giró la cabeza hacia el pasillo dónde había visto antes a su “primo” y se encontró con su “primo” en el mismo lugar de antes, pero con una sonrisa muy distinta a la anterior, menos humana. La luz del pasillo empezó a parpadear y su “primo” empezó a acercarse con cada parpadeo, más y más, hasta que estar a unos pasos de él, se desplomo en el suelo y antes de que pudiese reaccionar su “primo” estaba a milímetros de él, ya no tenía el aspecto de su primo sino un monstruo grotesco, con cuerpo grande y alargado, sus ojos parecían cuencas vacías y tenia una boca gigantesca con dientes afilados.
El monstruo lo agarró y lo arrastró por el suelo a la habitación mientras él gritaba y dejaba marcas en el suelo.
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Oh Pobre Amelia~
Esta era una tarde normal como la de cualquier día, solo que hoy iba a ser un poco diferente para nuestra querida Amelia la cual estaba ansiosa debido a que por la noche, cuando estaba a punto de acostarse en su cama, sus padres le dijeron que le iban a regalar algo especial por la mañana, estaba muy emocionada lo cual es normal para una niña de 10 años.
Estaba saltando en el sofá del salón y no se había percatado de que su casa estaba raramente silenciosa, además de que estaba raramente oscura para ser por la mañana y que sus padres no estaban por ningún lado.
- ¡Mama, Papa! ¿Dónde estáis? ¡Quiero mi regalo!
Amelia siguió gritando llenando el silencio de la casa, sin oír nada, ni una pisada, poco a poco se fue calmando y asustando a la vez ya que nadie le respondía.
- ¿M- Mama...? ¿Pa- pa?
Poco a poco las cabezas de sus padres se asomaron en la oscuridad por la puerta del salón estos tenían una sonrisa inusualmente grande y muy tétrica, oh, la pobre Amelia le daba miedo decir algo ya que las caras de sus padres le daban un miedo horroroso, la inquietaba, lo cual le causaba extrañeza ya que eran sus propios padres, ¿Por qué tendría que tenerles miedo?, era como si ya no fueran sus padres, esa mirada vacía que tenían los dos haría que Amelia tuviera pesadillas durante toda su vida. La pobre Amelia no sabía qué hacer, pero quería dejar de mirarlos, ella no podía porque sabía que si dejaba de hacerlo algo pasaría y no sería bueno, al menos para ella no, Amelia empezó a escuchar un ruido que antes había pasado por alto, un chapoteo, como si un grifo no estuviera bien cerrado.
- ¿Ma- mami?. _ Preguntó temblorosa Amelia al ver que estos no se movían.
Amelia vio como sus padres no hablaban, ¡ni siquiera pestañeaban! simplemente la miraban lo cual la horrorizaba.
- ¿Quieres tu regalo, mi niña?. _ Preguntaron los dos a la vez con una voz gruesa, grave y oscura.
Amelia no sabía que hacer, si dejaba de mirarlos estaba segura de que algo pasaría y que no sería bueno, pero, si seguía mirando presentía que también le pasaría algo malo. Su instinto de supervivencia le decía que se quedara quieta ya que un mal movimiento y lo que pasaría la dejaría muerta del miedo.
De repente se percato de algo rojo que salía de debajo de la cabeza de su padre.
- ¿Entonces, quieres tu regalo?. _ Siguió preguntando con la misma voz.
Amelia no respondió a la pregunta y el ambiente de repente se puso frio y tenso.
- RESPONDE._ Dijo de forma pausada, fuerte y con voz rasposa, casi como si lo hubiera gritado.
S-si. _ Dijo Amelia.
Oh pobre Amelia, ella seguía siendo una niña pequeña con ganas de un regalo aunque la situación que estaba viviendo la aterraba.
-Entonces acércate a nosotros para que te lo podamos dar. _ Dijeron poniendo una sonrisa todavía más grande que antes.
Amelia se fue acercando poco a poco y la cara de sus padres se volvían mas distorsionadas, mas terroríficas, cuanto más se acercaba mas se daba cuenta de lo blancos que estaban, parecía que no tuvieran sangre alguna, sus ojos cambiaron de estar vacíos a tener un destello de alegría, pero, no una de alegría normal sino más bien una mirada de locura. Amelia, de repente se detuvo a unos centímetros de la puerta, de pasar de la luz de la habitación a una oscuridad profunda y espesa.
De repente los padres de Amelia cambiaron su cara, esta ya no poseía una sonrisa sino que ahora era una mueca de tristeza.
_¿Por qué te has parado?. _ Un líquido rojo empezó a salir de sus ojos y sus bocas.
Amelia empezó a retroceder poco a poco.
_¡A dónde vas!. _ Gritaron los dos.
Empezaron a lamentarse y sus caras estaban deformadas, ya no parecían humanas.
Amelia comenzó a llorar y mientras se quitaba las lágrimas miraba a los que se suponían que eran sus padres. De repente la luz parpadeo, Amelia miro hacia atrás al techo quitando la mirada de sus padres por un segundo, de repente escucho dos golpetazos detrás suya y miró lentamente de nuevo hacia la puerta, vio las cabezas de sus padres en el suelo con una sonrisa en sus rostros cubiertos de la cosa viscosa que salía de ellos, de repente Amelia se tenso y paralizó al notar algo en sus hombros, ella miro hacia la derecha y vio que eran mis manos, me acerque a su oído y le dije.
_Oh pobre Amelia, ¿nunca te habían dicho que no mirar a tus mayores cuando están hablando es de mala educación?. _ Susurré hacia ella.
Amelia gritó de horror al escuchar mi voz en su oído.
De repente todo se volvió negro para Amelia.
Oh pobre Amelia, no se supo más de ella.