Capítulo 1
Primer día de universidad, no niego estar nervioso, es algo nuevo para mí. Nuevos profesores, nuevos compañeros, que, seguramente, no me caigan muy bien. No me mal entiendan, no soy tan asocial como sueno, simplemente, no soy monedita de oro y eso, eso está bien.
Me dirijo primero a conocer lo que será mi lugar favorito, donde todos los días cargaré mi batería social; el cafetín.
Observo los precios de los jugos, snacks, pasteles, tortas, empanadas, tequeños… pero lo que realmente me importaba era eso que me generaba placer; el café.
—Dame un café negro, por favor— le ordené al barista — ¿Cuánto es?.
—Son 50 bolívares— respondió.
Introduzco mi mano izquierda en mi bolsillo izquierdo, saco la billetera, saco el dinero para cancelar el pedido.
Guardo nuevamente mi billetera.
Al rato me entrega el café y lo agarro, camino dándole un primer sobró, uno lento, disfrutando el sabor en mis papilas gustativas.
Siento que todo mi cuerpo tomó energía. «Mejor que un Gatorade» pensé.
Con mi mano derecha saco una caja de cigarros de mi bolsillo derecho. Tomó un cigarrillo y guardo la caja.
Coloco el cigarrillo en mis labios y saco un encendedor. Enciendo mi cigarrillo y le doy un primer jalón.
—¡Haaa…!— suspiré de placer —ahora sí, perfecto para comenzar este día — susurré.
Término de fumar y boto la colilla. Le doy un último sorbo a mi café.
Entro a la torre A y tomo el ascensor hasta el piso 8. al llegar veo muchas personas frente a una cartelera, todos estaban viendo en qué sesión fueron asignados. Me acerqué para buscar mi nombre.
Solo pensé en conseguir rápido mi sesión y salir de esa multitud. Ví lista por lista, hasta que por fin.
«José Rodríguez - session 1102D; Psicología»
En otra cartelera estaban los horarios. Busqué mi sesión. Cómo no tenía tiempo ni paciencia, sobre todo paciencia, saque mi celular y le tomé una foto.
Salí de la multitud para dirigirme a buscar mi salón.
Camino al ascensor noté un cartel que está en una pared
«Comunicación social»
En esta universidad, cada piso está asignado a una carrera. Piso 8 es de comunicación social. Mi piso, psicología, queda en el piso 9.
Al ver el cartel recordé a mi madre.
—Deberías estudiar Comunicación social, eso es lo tuyo— me reclamó —la verdad, no te veo estudiando psicología, ni siquiera sé por qué elegiste esa carrerra. Solamente vas a perder tu tiempo —
Admito que me gusta llevarle la contraría.
A lo mejor ella tenga razón, debí elegir Comunicación Social, pero la verdad es que quería estudiar algo diferente, salir de mi zona de confort.
Seguí caminando. Subo por las escaleras hasta el piso 9. Busco mi salón. Entré. Ya había varios esperando. Me siento en uno de los últimos puestos. Tenía esa costumbre desde el liceo. No me gusta estar al frente. Siento que aquí no llamo mucho la atención.
Comencé a observar con disimulo a cada uno de mis nuevos compañeros. Nada interesante la verdad.
Terminan de llegar los demás y tras de ellos la profesora.
Saco mi cuaderno para anotar lo que considere importante. La profesora se presentó y luego realizó una dinámica para que cada uno nos conociéramos.
Responder las típicas preguntas que hacen al iniciar. ¿Nombres? ¿Dónde vives? ¿Por qué eligieron está universidad? ¿Por qué eligieron está carrera?.
Terminó la clase y ya estaba listo para salir. Moría por deleitarme con otro café mientras me fumo un cigarrillo. No estoy muy interesado en hacer nuevos amigos. Aunque. Admito que había chicas bellas en el salón. En especial una. Llamó mi atención al salir. Delgada, cabello negro, morena; llevaba un pantalón blanco y una camisa negra ajustada que hacía que se le notara su cintura. Tal vez si hubiera prestado más atención, recordaría su nombre cuando se presentó, aunque no soy muy bueno con los nombres.
Sentí deseo de acercarme. Preguntarle ¿Cómo se llama?. Conocerla más.
Tomé un suspiro y caminé a dirección contraria. No quería que pensara que soy “un palo de agua”.
Ya son las cinco de la tarde. Estoy en el lobby esperando la hora del transporte mientras escuchaba una música de La Comarca en mis audífonos y entre mis dedos sostengo un cigarrillo.
Termino de dar el último jalón. Suelto la colilla.
De pronto, comencé a sentir una sensación extraña. Era una energía que me estremecía todo el cuerpo. Cómo si algo me estubiera llamando.
Tenía tiempo que no sentía algo similar. La última vez fué cuando estaba en un encuentro espiritista. Pero este se sentía diferente.
No me generaba miedo pero sí curiosidad. ¿Por qué siento esto? ¿Será él… o ellos que me quieren decir algo?
Pero no.
No es el momento ni el lugar, aunque, no sentía que me llamaran.
Me quité los audífonos y respire tres veces para calmarme. En un artículo de Psicología leí que respirar tres veces ayudaba a aliviar la tensión. Pero sabía que esto no era algo psicológico. Era algo… ¿Espiritual?.
Un instituto me llevo a voltear mi mirada a la salida del lobby. Entonces la ví.
Una chica delgada, cabellos castaño rizado, tenía la piel clara, aunque no tan pálida. Llevaba un vestido amarillo que brillaba cómo oro. Su actitud extrovertida es lo que más se notaba, aunque, yo notaba algo más allá. Algo que no me explico.
Volteo mi mirada nuevamente y decidí ignorarla. Tal vez es simplemente un mal entendido. Ya el cansancio del día me estaba haciendo efecto, o tal vez fueron las tazas de café.
Tomé mis audífonos para seguir escuchando música, pero de la nada, escuché una voz detrás de mí.
Volteo mi mirada y ahí estaba ella.
—¡Hola!— me saluda de manera extrovertida —¿estás a la espera del transporte?— preguntó.
—Hola… eh, sí — respondí extrañado.
—¿Debes ser nuevo?— me cuestionó —¿En qué carrera estás?.
—Psicología— respondí un poco cortante.
—¿Eso no es para locos?.
Levanté una ceja y volteo mi mirada sin decir nada.
—Soy Sofía, mucho gusto—
—José— respondí.
—SALIENDO— Gritaron para avisar que el transporte iba a salir.
—¡Uy! Mejor me adelanto para apartar un puesto— comentó ella.
Al subir observo que hay un puesto vacío al lado de la ventana, sin pensarlo lo aparté. Me gusta ir viendo el camino. Me siento más cómodo de ese lado.
Durante todo el camino no podía dejar de pensar en esa energía rara que sentí. ¿Por qué de pronto sentí eso?. Volteo para atrás. Veo a Sofía. ¿Y por qué ella apareció y se me acercó de repente?.
«A lo mejor ya estoy alucinando» pensé.« Mañana será otro día».