La corona es mía

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Summary

"Una pareja sin hijos por fin fueron bendecidos con dos gemelas, Kate y valen. Unos hermosas pelirojas deseadas, pero una teniendo más maldad que la otra..."

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Complete
Chapters
58
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n/a
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18+

Inicio

Dennis Wilde ۝

✧ Joan De Wilde ✧

✧ Valen Wilde✧

✧kate Wilde✧

Dennis y Joan Wilde, una pareja sin hijos, por fin son bendecidos con dos gemelas llamadas Valen y Kate, unas hermosas pelirrojas rizadas que tenían el cabello como la princesa Merida. Una era valiente como ella. La otra era reservada y dulce. Nacidas el 9 de noviembre del año 2002 y confundidas por todo el mundo por el gran parecido entre ellas. Lo único que lograba identificarlas era que Valen tenía un lunar cerca de la boca.

Kate: Toda la vida he compartido habitación con mi hermana. Siempre hemos sido unidas a pesar de las circunstancias. Mi hermana es... Bueno, digamos que ella y yo tenemos nuestras diferencias. Ambas teníamos puestas una bata blanca de dormir. Nuestros padres siempre nos han comprado ropa igual. Nacimos en una familia rica, por la cual mi hermana es la más caprichosa de las dos.

—¡Kate! ¿Cuántas veces debo decirte que no toques mis cosas? Esa bata es mía.

—Valen, te das cuenta de que nuestras pijamas son iguales, ¿verdad? Esta es la mía, estaba en mi cajón...

Valen revisó su cajón y efectivamente allí estaba la suya.

—Bueno, sí tiene razón... Pero igual ya sabes que no debes tocar mis cosas.

Valen salió a comer porque nuestros padres nos estaban esperando abajo. Yo me recogí el cabello y me fui.

—¡Valen, Kate, a comer! Bajamos lo más rápido que pudimos y yo me senté al lado de mi papá y Kate al lado de mi mamá.

—Niñas, las escuchamos discutir de nuevo. Saben que no deberían hacerlo. Son hermanas, no enemigas. No son Caín y Abel.

Valen de inmediato levantó la mano para hablar, pero nuestro padre negó con la cabeza.

—No, Valen, déjame hablar a mí, por favor...

Mi hermana se quedó callada y bajó la cabeza. La verdad me sentí muy mal porque mi padre siempre se ponía de mi lado y hacía sentir mal a mi gemela. Y su dolor lo sentía yo también.

—Valen, no hay necesidad de bajar la cabeza... Mi padre se acercó a ella y le puso una mano debajo de la barbilla, levantándola ligeramente. Una señorita siempre mantiene la cabeza en alto y baja los codos de la mesa.

Mi hermana estaba casi llorando. Literalmente, mi padre no la dejaba tranquila jamás y todo era una presión para ella.

—Padre, basta... Mi padre volteó a mirarme con una mirada severa mientras yo lo veía con desafío.

—No es justo que la trates de esa manera. En esta casa no tiene que haber favorita.

Joan, mi madre, se levantó poniendo una mano en el hombro de mi padre.

—Dennis, basta. Deja tranquila a la niña. Kate tiene razón, no puedes tratar así a Valen todo el tiempo.

—Es que esta niña tiene que aprender a comportarse. Nada más mírala. ¿Cómo crees que se sentirá el hombre que la despose? Eh? Dirá que su esposo es una vergüenza para esta familia.

—¡Basta ya! Gritó mi madre frustrada mientras que Valen seguía llorando y se levantaba para irse a la habitación.

Yo me fui detrás de ella y la tomé por el brazo.

—Valen... Hermanita, no hagas caso a lo que dice papá. Sabes cómo es de amargado, solo ignóralo.

Me quitó la mano de su brazo y me gritó:

—¡Suéltame! No intentes hacerte la buena hermana. Papá no me quiere y todo por tu culpa.

Iba a responder, pero mi padre se paró a nuestro lado.

—Valen, tengo que hablar contigo en privado...

Tomó a mi hermana del brazo y se la llevó a la sala. Yo solamente me quedé rogándole a Dios que no la regañara más.



****

Dennis:

—Siéntate, Valen. Mi hija se sentó a mi lado. Sus manos temblaban y su rostro estaba empapado de lágrimas.

—No llores... Dije pasando mi pulgar por sus mejillas y tomando su barbilla.

—No te voy a hacer daño, Valen. Soy tu padre. Tampoco te voy a regañar. Solo te traje aquí para pedirte perdón y preguntarte... ¿Qué es lo que esperas de mí?

Valen siguió llorando y suspiré abrazándola.

—Mi niña... Dime qué pasa contigo. Últimamente has estado peleando mucho con tu hermana y no me quieres obedecer. Quiero ayudarte, Valen, pero si no me dices qué pasa, no puedo hacerlo... Solo háblame. Mira, ustedes tienen 23 años... Y pelear a esta edad? Es cuando más deben quererse.

—Pero es que tú siempre estás del lado de ella y eso es lo que me molesta. No entiendo tu favoritismo.

—Valen, no es favoritismo, ok? Solo que...

—Solo que ella se comporta... No es una maleducada asquerosa como yo, ¿verdad?

Al escuchar las palabras de mi hija, mis ojos también se cristalizaron.

—Hija, no... Valen se levantó y se fue de allí, pero antes de que pudiera salir, yo la tomé del brazo y le di un beso en la cabeza.

—Quédate conmigo un rato más... Por favor, no quiero que me veas como un mal padre. Solo quiero que veas que las amo a las dos por igual.

Levanté su rostro, quitándole un rulito rojo de su cabello de su rostro.

—Los amo a las dos... Mis pelirrojas. Cargué a mi hija como si fuera una niña pequeña. Puede tener 23 años, pero para mí sigue siendo mi bebé. Me senté en el sofá y la acosté en mi pecho.

—Sácate la idea del favoritismo, mi libélula... Un apodo que le tenía a Valen desde pequeña era libélula, porque siempre ha sido su insecto animal favorito... Y siempre fingía volar como ellas.

—Esto era lo que me hacía falta... Gracias, papá.

Sonreí con ternura y comencé a leer su libro favorito, "La princesa prometida" de William Goldman. Todas las noches de su niñez solía leerlo y eso comenzó a relajarla hasta que se durmió con una sonrisa en el rostro.

Mi otra hija, Kate, observaba la escena con ternura y le hice un gesto para que se acercara.

—Ven, Kate. Se sentó a mi lado, acostando mi cabeza en su hombro. Y dándole un beso en la mejilla a su hermana ya dormida.

—Sin ella no me imagino la vida... Sonreí mirándola con amor. Creía en sus palabras. Kate desde pequeña nunca le ha gustado estar lejos de su hermana.

Con el calor de mis princesas me quedé dormido yo también.