Prólogo
Hace millones y millones de años, antes de que el tiempo tuviera nombre, un ente de poder inconmensurable dio origen a los mundos. No solo uno… sino ocho, fragmentos de una creación más grande, cada uno con su propio ritmo, su propia esencia.
Pobló estos mundos con seres extraordinarios, dotados de inteligencia, sensibilidad y la capacidad de amar. Al principio, la armonía reinaba: no existía el odio, ni la traición, ni el dolor. Todos vivían en paz, compartiendo su existencia como si formaran parte de un mismo corazón.
Pero aquel ente les otorgó un don peligroso: el libre albedrío.
Y con él, llegaron las primeras grietas.
Lo que fue creado con equilibrio pronto comenzó a torcerse. Algunos decidieron dominar, otros decidieron destruir. Nacieron la ambición, el miedo… y el sufrimiento.
Lo que alguna vez fue una creación perfecta se convirtió en una herida abierta entre mundos. Algunos olvidaron su origen. Otros fueron consumidos por la oscuridad. Y unos pocos… aún recuerdan.
Porque entre esos mundos rotos, una chispa ha despertado.
Y una niña —de ojos avellana y alma dividida— está a punto de abrir el umbral entre la verdad… y todo aquello que no debería ser visto.