QUERIDA ASESINA

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Summary

¿Cómo es posible que algo cambie? Cuando la vida te a preparado para ser una máquina, sin emociones, sin sentimientos. ¿Cómo un trabajo normal se convirtió en una excepción? ¿Cómo unas palabras y una mirada me hicieron cambiar de opinión? Irina es una asesina a sueldo conocida como “El Fénix” cuando está por realizar uno de tantos trabajos. Se detiene y no lo hace. No sabe si fue por las palabras de aquella mujer conocida como “Colibrí”, su mirada o la forma en la que desarrollaron los eventos esa noche que simplemente “El Fénix” no la pudo matar. Llevando a “El Fénix” a verse en la necesidad de acercarse a “Colibrí” para poder matarla, sin darse cuenta que su cercanía la terminaría por llevar a un destino que había logrado evitar por muchísimos años. ⚠️ 🔞 Contenido de Violencia. Sangre. Sexual.

Genre
Lgbtq
Author
LUDDLSOL
Status
Complete
Chapters
36
Rating
5.0 1 review
Age Rating
13+

Cap 01

Estaba “El Fénix” atada a una silla y todo su cuerpo dolía. Habían sido posiblemente horas las que ya llevaba sentada, a merced de sus captores. Respiraba con dificultad y sentía mucho dolor, aunque quería que la tortura terminara, sabía que sus captores querían prolongar lo más que podían su agonía.

El lugar en donde estaba, una bodega abandonada con algunos barriles y la maquinaria necesaria para moverlos, era todo lo que rodeaba a “El Fénix” en su tortura y su única compañía, cinco hombres que ejecutaban las instrucciones de su patrón conocido como “Buitre” o eso le habían dicho, aunque ella sabía la verdad.

“El Fénix” se debatía entre los estados de conciencia e inconsciencia. Sangraba por la nariz, por la boca y estaba casi segura que también por otras partes de su cuerpo pero en esos momentos era tanto el dolor, que le era difícil saber exactamente que partes de su cuerpo sangraban y que partes no.

Nuevamente uno de los hombres activó una máquina para generar electroshock y “El Fénix” solo se pudo retorcer del dolor, generando las risas de sus captores. Una vez que apagaron la máquina, uno de los hombres se acercó y la tomó por la barbilla obligándola a levantar la mirada.

—Y bien. Ahora si nos dirás tu nombre.

A pesar de sentir como los dedos de aquel hombre se encajaban en sus mejillas, se armó de valor y le escupió a la cara, logrando con eso, que aquel hombre la soltará y golpeara su mejilla con el dorso de su mano.

—Otra vez.—Indicó el hombre para que activarán la máquina de electroshock.—¡HABLA!—Le grito mientras veía a la mujer retorcerse del dolor.

El hombre estaba enojado. Llevaban horas en ese lugar. Habían tenido la suerte de atrapar a “El Fénix” o eso es lo que ellos creían y sin importar toda la tortura que le habían impartido ella simplemente se negaba a hablar.

Su nombre era todo lo que necesitaban y como acto de piedad la dejarían morir pero ella se mantuvo callada. El hombre se pasó las manos por el cabello, se sentía desesperado, ocupaba su nombre y en estos momentos él era el más consciente que “El Fénix” no iba a soportar mucho más.

El hombre encendió un cigarrillo y cuando estaba a punto de acercarse nuevamente a “El Fénix” para interrogarla, escucho el sonido de unos tacones que resonaban en el suelo. Tiró el cigarrillo al suelo y lo piso, no quería que “Colibrí” lo viera.

—¿Crees que una simple quemadura de cigarro podrás hacer hablar a “El Fénix” ?—Interrogó la mujer al acercarse y captar el olor del tabaco.

“Colibrí” yo…—Se quiso excusar aquel hombre pero ella solo levanto un dedo y él hizo silencio.

Se acercó unos pasos más y vio a “El Fénix” que ya no era la mujer que ella recordaba. La mujer que ahora tenía enfrente estaba amarrada a una silla, con el dorso desnudo, unas pinzas agarraban cada uno de sus pezones, tenía una herida en el muslo izquierdo que aún sangraba, su cara estaba prácticamente irreconocible y también había sangre por doquier.

En ese momento solo se escuchaba el sonido de la respiración entrecortada de “El Fénix”. “Colibrí” se acercó y puso una de sus manos sobre su cuello. “El Fénix” levantó la mirada y con el único ojo que podía mantener abierto se perdió por unos segundos en la intensidad de esos ojos azules.

—Adiós Irina.—Le dijo “Colibrí” al oído en un susurro que solo ellas dos pudieron escuchar.

“El Fénix” o más bien Irina, levantó un poco la mirada, su frente casi rozaba el hombro de “Colibrí” esbozó una leve sonrisa y cerró el único ojo con el que podía ver. Intento con todas sus fuerzas no llorar y acepto su destino.

—Adiós “Amor mío”—Le susurró Irina a “Colibrí” en el oído.

Momentos después “Colibrí” soltaba el cuello de “El Fénix” y se alejó un paso. Parecía como si las palabras que le había dicho no la hubieran afectado. Chasqueó la lengua y de su pantalón sacó un pañuelo y se quitó la sangre de sus dedos.

—La muy maldita me insultó.—Les dijo a los hombres.

Se volvió a acercar a “El Fénix” y quitó las pinzas de sus pezones. Los hombres que sabían que no podían objetar sobre las decisiones de “Colibrí” solo la observaron.

—Está muerta.—Les indico y todos tragaron saliva.—Bien hecho imbéciles.—Les dijo.

“Colibrí” sacó su teléfono y mandó un mensaje. Dos minutos después entró su hombre de confianza apodado “Cóndor” y justo detrás de él, entraría su padre apodado “Águila” y su hermano apodado “Buitre”.

“Buitre” al ver a “El Fénix” en tan mal estado, no pudo más que intentar reprimir un poco el asco que le causaba el verla tan mal y no solo eso, el olor a carne quemada mezclada con sangre no era el escenario ni el olor más agradable.

“Cóndor” llévatela.—Le ordenó “Colibrí”.

—¿Está segura que está muerta?—Se atrevió a preguntar uno de los cinco hombres que estaban torturándola.

“Colibrí” con la serenidad que la caracterizaba lo miró y esbozó una media sonrisa que heló a los cinco hombres ahí presentes.

—Acaso dudas de mis palabras.—Pregunto “Colibrí”.

Su padre que conocía a “Colibrí” sabía mejor que nadie que estaba enojada y no solo eso, también sabía que su hija sería capaz de cualquier cosa en estos momentos. Hacía meses pensaba que “Colibrí” era la mejor y la peor elección para ser su sucesora pero ahora no estaba seguro de nada.

“Cóndor” haz lo que dijo “Colibrí”.—Reafirmó la orden el “Águila”.

—¿Puedo quedármela?—Preguntó otro de los hombres que estaban ahí.

—Claro. Eres igual que “Buitre” necesitas que estén muertas para poder acercarte.—Le contestó “Colibrí” con ironía.

El comentario mordaz de “Colibrí” no pasó desapercibido para ninguno de los presentes y menos para su hermano, con el cual tenía una enorme rivalidad y justo con lo que acababa de pasar, “Colibrí” estaba en ventaja, por eso todos ellos se quedaron callados.

“Cóndor” fiel a “Colibrí” se acercó a “El Fénix” y soltó las esposas de sus muñecas para después comenzar a quitar la soga que la mantenía amarrada a la silla, todo siempre con el máximo cuidado.

Una vez que ya nada la mantenía atada a la silla, se quitó el abrigo que llevaba puesto y lo puso sobre su dorso desnudo, la levantó en brazos y caminó hacia uno de los tambos del lugar, la acomodó en el suelo y abrió el primer tambo que encontró vació, para después colocarla dentro y cerrar el tambo con seguro.

Momentos después le pidió ayuda a uno de los hombres que estaban en el lugar y subieron el tambo con “El Fénix” adentro, dentro de un camión, “Cóndor” cerró el camión y subió a el, para momentos después salir del lugar, con la orden de hacer desaparecer el cuerpo “El Fénix”.

Una vez que “Colibrí” vio cómo el camión salía de la bodega, se giró sobre sus tacones y miró directamente a su padre y a su hermano. Tenía un sinfín de sentimientos encontrados dentro de ella, si estaba ahora aquí, en este lugar y viviendo este momento, sabía que era por su culpa pero estaba segura que todo esto se acabaría el día de hoy.

—Ninguno de tus hombres logró sacarle el nombre a “El Fénix”, claro que no me extraña siempre has sido un imbécil, por eso tus hombres también lo son.—Dijo “Colibrí” dirigiéndose a su hermano.

La tensión era palpable en el lugar. A pesar de que había cinco hombres apoyando a “Buitre” ninguno tenía el valor suficiente para mover un dedo en contra de ella.

—Vámonos. Tenemos que hablar.—Dijo su padre para interrumpir el incómodo silencio.

Los tres salieron, no sin antes de que “Buitre” les dejara indicaciones a sus hombres para que limpiaran todo el lugar y no dejarán ningún rastro sobre lo que ahí había sucedido.

Una vez fuera “Colibrí” subió a su auto deportivo y salió a toda velocidad del lugar, mientras su padre y su hermano se subían a la camioneta familiar.

Al momento de dejar atrás la bodega e ingresar a la carretera “Colibrí” bajo el capó de su auto deportivo y dejó que el aire moviera su cabello, al mismo tiempo que intentaba contener todas las emociones que sentía la consumían por dentro.

Mientras “Colibrí” conducía no dejaba de pensar en lo que había pasado con “El Fénix”. Sabía que nada de esto hubiera pasado si ella hubiera sido más inteligente y hubiera dejado de pensar que su familia jamás la traicionaría.

—Irina…—Dijo “Colibrí” al viento.

Cuando llegó a la mansión se bajó de su auto y subió las escaleras, estaba justo en la entrada y antes de tocar siquiera la puerta, está se abrió y ella entró ignorando al mayordomo que se encontraba dándole la bienvenida en ese momento.

Se dirigió directamente hacia el despacho de su padre. Un lugar igual a cualquier otro. Un lugar lleno de libros, trofeos de equitación y armas, todos exhibidos en pulcras vitrinas de cristal. Se sentó en el sofá que quedaba justo enfrente del escritorio de su padre y esperó.

Momentos antes de que su padre y su hermano entrarán, recibió una llamada que no contestó, porque justo en esos momentos entrarían su padre y detrás de él su hermano.

Su padre se sentó en la silla detrás de su escritorio mientras su hermano se quedó justo a unos pasos de la puerta. «Maldito cobarde» pensó “Colibrí” pero no dijo nada.

—Estoy orgulloso de ti.—Le dijo “Águila” a “Colibrí”.

—Si, claro.—Contestó ella sin más.

El ambiente en el despacho era tenso y “Águila” estaba buscando la mejor manera de aliviar el ambiente pero “Colibrí” no estaba de humor para las formalidades estúpidas. Solo tenía algo en mente y eso no implicaba estar en este lugar.

—Yo cumplí. Quiero que ahora tú cumplas.—Le dijo “Colibrí” a su padre.

—Si quieres el mando de la organización. Adelante. Es todo tuyo.—Le dijo “Águila”.

—No. Lo que quiero es mi libertad.

Para sorpresa de ambos hombres “Colibrí” estaba pidiendo dejar la organización, dejar la familia y aunque por un tiempo ambos habían planeado sacarla de la familia, simplemente no lo habían logrado.

—Puedo saber ¿Por qué tú repentino interés en dejarnos?—Pregunto “Águila” con fingido interés.

—¿Hasta cuándo van a dejar de mentirme? ¿Acaso creen que nosé la verdad?.

Ambos hombres se voltearon a ver, al mismo tiempo que “Colibrí” se levantaba de su asiento y se acercaba un poco al escritorio de su padre evitando al mismo tiempo darle la espalda a su hermano.

—Sí Papá. Yo sé que tú.—Dijo señalándolo con el dedo.—Y tú—Señalo a su hermano.—Le pagaron a “El Fénix” para matarme pero… bueno… creo que al final logré que “El Fénix” cayera a mis pies.

Dichas esas palabras “Colibrí” solo se dedicó a observar como su padre se removía incómodo en su silla, mientras su hermano se aflojaba un poco el nudo de su corbata ya que en esos momentos parecía que lo estaba comenzando a asfixiar.

—Claro. También puedes dejarme amputarle su miembro a Jonathan y sería lo mismo.

—Pero ¿Qué estupidez estás diciendo?—Reclamosu hermano.

—¿Estupidez? Tengo las pruebas de que ustedes me querían fuera de la familia y contrataron a “El Fénix” para hacerlo pero logré capturar a “El Fénix” antes de que lo hiciera o ¿Acaso son tan cobardes para negarlo?

Ambos se quedaron callados ante la información que “Colibrí” les estaba dando. Tenía razón, ambos habían planeado matar a “Colibrí”, lo que no se imaginaron fue que las cosas no salieron según lo que ellos habían planeado.

—¿Y bien? ¿Qué eliges? O le cortó su miembro a Jonathan o me das mi libertad.

—Karina…—Se interrumpió su padre antes de tomar una decisión.—Eres libre.—Dijo al fin al ver la cara de preocupación de su hijo.

—Muy bien. Jhon… Jonathan… desde este momento dejamos de ser familia pero no olviden que… si se acercan a mi, si intentan algo… bueno… mi información llegará a manos de sus enemigos y… no creo que eso sea lo que están buscando ¿O si?

Dichas esas palabras, “Colibrí” salió de ese despacho, se dirigió a la puerta, bajó las escaleras y subió a su auto deportivo. Sabía lo que dejaba atrás pero también sabía que la amenaza que les hizo no funcionaría por mucho tiempo.

Encendió su auto y de la guantera del mismo sacó un nuevo teléfono, al mismo tiempo que conducía a toda prisa hacia su libertad.