Capítulo 1: La aldea escondida entre las hojas
Nuestro héroe Luke Skywalker se encontraba atrapado en un combate de espadas y rayos láser, una lucha claramente desnivelada. El hombre de máscara esquelética y vestimenta tan sombría como la noche no le daba ninguna oportunidad de huir.
—¡No podrás vencerme! Eres insignificante ante mi poder y mi odio —declaró aquel ser de máscara oscura.
—¡No me ganarás! Tengo la Fuerza en mí, y eso me da fe de que podré acabarte —el chico se aferraba fuertemente a su creencia.
—¡Inepto! ¡Eres una decepción! ¿Crees que la fe te hará vencerme? Eso es cosa de perdedores. Los ganadores no tenemos fe; sabemos que solo el poder importa, ¡y a ti te falta! —le replicó, arrogante, el de la máscara.
—El maestro Yoda nunca se equivocó sobre tu soberbia. Por eso jamás dominaste la Fuerza —la mirada del muchacho era intensa.
Aquel hombre con voz grave, que parecía arrastrar la niebla consigo al hablar, empezó a reírse intensamente, como si lo que el muchacho hubiera dicho no le tomara ninguna importancia.
—¡Jajajajajaja! ¡Patrañas, muchacho, solo eso! Tu ignorancia me confirma que aniquilarte es lo correcto —la voz, profunda y terrible, como si un respirador o el mismo infierno la moldearan, resonaba en los oídos de aquel muchacho.
—¡Calla! ¡Jamás me ganarás! —apenas terminó de pronunciar esas palabras cuando el hombre de negro se lanzó con su sable rojo, intensificando la batalla.
—Aquel que se dice maestro, ese enano verde, jamás entenderá el poder del Lado Oscuro, donde reina la verdadera Fuerza y donde los débiles como tú jamás podrán dominarla —a través de la máscara, su rugido se volvió aún más potente, e intensificó el duelo de espadas, haciendo que las chispas volaran por doquier—. ¡Soy la prueba, y no lo olvides, del dominio del Lado Oscuro; tú, en cambio, eres solo una insignificante hormiga!
Ambos se movían cada vez más rápido. Sus sables chocaban haciendo luces muy brillantes que pintaban el aire de rojo y azul. Luke Skywalker esquivaba los golpes fuertes de Darth Vader con la rapidez de alguien que baila para no ser atrapado. Se lanzaba a la izquierda, rodaba a la derecha, daba volteretas y saltaba hacia atrás, moviéndose tan rápido que era difícil verlo bien.
Pero Darth Vader no se rendía y, con solo acercar su sable, lograba rasgar y herir la piel de Luke. Poco a poco, Luke sintió que ya no podía reaccionar a tiempo. Al final, el gran poder oscuro de Vader fue demasiado: Luke ya no pudo esquivar un último y fuerte golpe y cayó al suelo.
—¡Este es el final, muchacho! Se ha escrito que yo venceré y el Imperio ganará —una risa malvada brotó de aquella máscara, y su voz hizo eco, retumbando con cada palabra que exclamaba.
Entonces, el muchacho, abatido y postrado en el suelo, sin dudarlo, clamó a la Fuerza. Las palabras de su maestro Yoda resonaron vívidamente en su mente: —Cuando no haya esperanza, tu última luz será tu coraje, mi pequeño Luke —. Con ese eco en su cabeza, el chico alzó una mano temblorosa, apuntando hacia el imponente hombre oscuro y, en un grito desgarrador, exclamó: —¡Que la Fuerza me acompañe y te derribe con mi último aliento, ahhhhh! —Su voz se elevó como si supiera que aquel sería su final.
—Te aferras a tu última esperanza. ¡Qué patético eres, muchacho! Esperaba más de ti. Es innegable que mi victoria está asegurada —entonces, se preparó con su sable y corrió directo hacia el chico
en el suelo, con la clara intención de acabar con él.
—¡Salúdame en el otro mundo al patético de Yoda!
El hombre enmascarado se abalanzó con todo contra aquel muchacho. Pero lo que no sabía es que el chico, con gran valentía, lanzó aquella Fuerza oculta en él.
El enmascarado rápidamente detectó el poder que se le venía encima. Reaccionó a tiempo, acomodando su sable y clavándolo para interceptarlo. Fue algo asombroso: el hombre parecía estar librando un duelo contra el propio poder del muchacho, como si este fuera una espada invisible. El rugido del sable y de esa energía creció hasta volverse un sonido monumental que, en apenas unos segundos, rasgó el espacio-tiempo, lanzando a ambos, al hombre y al chico, en direcciones opuestas.
Aquel umbral que se había abierto era grande, muy intenso y, en muy poco tiempo, empezó a absorber todo a su alrededor. El chico se aferraba a un tubo que apenas si resistía. Por su parte, el hombre enmascarado enterró su sable para aferrarse a él y resistir la succión de ese gran hoyo.
La fuerza de la absorción se volvió abrumadora, arrastrando a ambos irremediablemente hacia el vórtice. Fue entonces cuando Luke percibió una mínima vulnerabilidad en su adversario. Con una decisión que era puro sacrificio, reunió sus últimas reservas de Fuerza para desprender aquel sable de las manos del hombre oscuro. Acto seguido, la inevitable succión arrastró al hombre de la máscara hacia el abismo. El chico, al borde de ser engullido, sintió cómo el gran hoyo se desvanecía y se cerraba de repente, expulsándolo violentamente lejos de allí.
—¡Maldito! ¡Púdrete donde te lleve ese agujero, porque esta vez el Imperio no triunfó! Maestro, iré pronto con usted al más allá. Confío en que nuestro legado inspire a otros Jedi. —Luke, el muchacho, exhaló un último suspiro mientras dedicaba esas palabras a su maestro; en cuestión de segundos, sus ojos se cerraron, abandonando este mundo.
El muchacho, sin embargo, calculó mal. El hombre enmascarado, a pesar de haber sido tragado por aquel hoyo brutal, no fue aniquilado. En su lugar, se vio arrastrado a través de un gusano espacial, girando sin control por un recorrido inmenso hasta que fue violentamente arrojado a un nuevo y desconocido mundo, un lugar para este depredador.
—¡Maldito seas, Luke Skywalker! —Su entonamiento era tan brutal que el aire mismo parecía temerle.
—No reconozco este planeta. Hay una vegetación excelente y, además, mis registros indican que el oxígeno aquí es muy puro y respirable —intentó escanear la zona con su mano derecha, pero su computador seguía sin registrar nada, solo aparecía “lugar desconocido”—. ¡¿Qué pasa aquí?! —exclamó con una fuerza notable.
Trató de usar su intercomunicador, pero no obtuvo señal alguna. Lo intentó repetidas veces, apretando el botón con insistencia, pero la pantalla seguía sin registrar ninguna conexión.
Tomó de nuevo el computador que sostenía en su mano derecha. Manipuló unos botones y, de su interior, un pequeño dron se liberó al aire, recibiendo la orden:
—¡Escanea una zona de 20 kilómetros a la redonda! Busca seres vivos y, lo más importante, agua potable. Registra todo y vuelve de inmediato en cuanto detectes cualquier forma de vida.
Mientras tanto, él mismo inspeccionó su área. A unos cuantos metros, vio su sable tirado. Se acercó, lo recogió y notó que todavía emitía una luz muy intensa. Guardó el objeto entre sus ropas.
—No reconozco este lugar. Jamás me había topado con algo así. ¿Es posible que haya sido transportado a otro plano dimensional? Pero eso son solo leyendas... se supone que solo existe un único universo.
Transcurrieron unos minutos y el dron regresó, anunciando su descubrimiento con un pitido. Inmediatamente, se incorporó al computador.
—Muéstrame lo que has hallado —ordenó el enmascarado.
Del dispositivo se desplegó un vasto holograma que proyectaba un breve video captado por el dron. En él, se mostraba una pequeña ciudad habitada por personas con atuendos jamás vistos por él. Lo que más le impactó fueron las cintas ornamentadas con un extraño símbolo que llevaban atadas en sus cabezas. Su asombro creció al notar la primitiva tecnología del lugar.
—¿En qué clase de planeta he aterrizado? ¿Qué tipo de seres humanos son estos? ¿Serán acaso simios? ¡Esto no tiene sentido! En todos los mundos que hemos conquistado, jamás encontramos humanos tan rudimentarios.
Un fenómeno insólito lo dejó atónito: Luke observó cómo esos seres emitían una energía peculiar, y en cuestión de minutos, formaban algo abstracto con sus dedos.
—¡Esto es terrible! ¡Esos seres pueden crear un intenso rayo de luz con sus manos, tal como mi sable! ¿Pero cómo? No existe registro de que un cuerpo pueda manifestar algo así. ¿¡En qué maldito lugar me encuentro!?
El hombre enmascarado ordenó a su computador que generara un mapa del desconocido lugar para determinar su posición. En cuanto el mapa se desplegó y lo tocó, descubrió que se encontraba a unos 2 km de allí.
—¡Nadie puede oponerse a mi poder! Me apoderaré de sus secretos y volveré para acabar con ese maldito Luke Skywalker.
—Computador, detecta cualquier forma de vida más allá de esa aldea y escanea a un individuo que satisfaga los requisitos de mi espléndido cuerpo. Proyecta un holograma de ese ser en mí. Es de agradecer que su tecnología sea tan primitiva; jamás descubrirán que se trata de una falsa identidad.
Ya próximo a la aldea, el enmascarado vio cómo su dron regresaba, desplegando ante él diversas opciones de camuflaje directo.
—Ordeno que mi cuerpo adopte la apariencia de ese anciano. Modifica el modulador de voz de mi traje.
Ya cerca de los imponentes muros que rodeaban la aldea, y luciendo su nueva apariencia, desenvainó su sable. Con precisión, ejecutó un corte circular impecable, y se desvaneció al interior de aquella misteriosa aldea.
—Computador, escanea los alrededores: ¿qué dialecto hablan aquí?
La pantalla respondió que no había registro alguno.
—¡Demonios! ¿Cómo que no hay registro? ¡Escanea de nuevo! —exigió.
El dispositivo volvió a confirmar la ausencia de datos, señalando incluso que el lugar parecía completamente desconocido.
—Así que, efectivamente, estoy en otra dimensión. Poseemos un censo de más de diez mil lenguas, y esta es inexistente. Será arduo conseguir el poder que observé en pantalla; me veo obligado a aprender su idioma. Aprovecharé mi aspecto actual de anciano frágil, fingiendo mudez para atraer a alguien.
Se camufló entre los habitantes y, al llegar a un callejón, encontró su oportunidad: un par de delincuentes acosaban a una persona. Una sonrisa maligna se dibujó en su rostro.
Entonces, se aproximó con lentitud a los agresores, quienes reaccionaron al instante, empuñando sus punzones:
—¿Qué quieres, viejo inútil? ¡Vete de aquí, no es tu sitio! —espetó el primer asaltante.
—¿Creíste que pasarías sin más? ¡Aquí se paga tributo o se enfrenta la muerte, ¿comprendes, anciano? ¿Comprendes?! —El segundo asaltante le sostuvo la mirada de reojo, irradiando una arrogancia palpable.
Desenfundó su sable sin un ápice de prisa, pero con una velocidad tan cegadora que, en meros milisegundos, rebanó las manos de los dos asaltantes. Ellos ni siquiera lo percibieron; la incisión fue tan precisa que solo registraron sus extremidades cayendo al suelo y, entonces, estallaron en gritos ensordecedores.
—¡¿Qué diablos me hiciste, viejo infeliz?! —bramó el primer asaltante.
se movió?! —el otro clamó, atónito y en agonía.
Los asaltantes, y la mujer a quien pretendían atracar, huyeron despavoridos tan rápido como pudieron. Sin embargo, uno de los ladrones resbaló. En ese instante, él alzó su mano izquierda y su verdadera forma se hizo evidente:
—¡Nadie escapa de mí! ¡Y mucho menos unas criaturas tan insignificantes! —La Fuerza oscura fluyó de su brazo con una potencia palpable, arrastrando sin piedad al desdichado asaltante que había caído.
El asaltante quedó inmovilizado ante la mano gigante del enmascarado, que le oprimía el cuello con una fuerza férrea. Mientras la víctima se retorcía, el hombre de la máscara desenvainó de nuevo su sable. Con una precisión aterradora, realizó varios cortes en el cuerpo del infortunado asaltante.
—¡Quédate quieto, maldito! —rugía el enmascarado, mientras lo acuchillaba.
Levantó su brazo derecho, y el dedo índice de aquel guante comenzó a transformarse en algo similar a un taladro. Sin piedad, lo acercó directo a la boca del asaltante, perforándola y sellando por completo su cavidad bucal. La sangre manaba a borbotones mientras los dientes eran molidos, hasta que el taladro alcanzó la garganta del hombre, la sujetó y la arrancó de cuajo.
El cuerpo del hombre impactó contra el suelo. Sin dudarlo, tomó el trozo de garganta que aún se adhería a su brazo derecho y lo alimentó al compartimento de su computador en el brazo izquierdo, emitiendo una orden de escaneo. El dispositivo emitió un zumbido, abrió una ranura, y él depositó la carne del asaltante en su interior.
Tras unos pitidos, la voz imperativa se escuchó:
—Computador, muestra los resultados.
La pantalla confirmó el éxito: el habla era 100% replicable.
—computador instala en todo la armadura el lenguaje primitivos humanos.
Intensos ruidos oyeron y unos gritos de desesperación al parecer aquella armadura estaba lastimando al ser que se habitaba adentro en este caso el enmascarado.
Unos pitidos se volvieron a oír y una voz robótica prenució:
— el lenguaje se ha instalado en el cuerpo y en la armadura tome sus precauciones se aclama descanso.
Aquel ser enmascarado se encaminó por aquel pasillo para tomar un descanso breve ante su nueva inmersión ante el nuevo lenguaje.
—Computador, inyecta el lenguaje primitivo humano en toda la armadura.
Unos ruidos intensos resonaron, seguidos de gritos de desesperación. Era evidente que la armadura estaba castigando al ser que la habitaba, al propio enmascarado.
Nuevos pitidos se hicieron oír, y una voz robótica, metálica, pronunció:
—Lenguaje instalado en cuerpo y armadura. Se aconseja tomar precauciones. Reposo sugerido.
Aquel ser enmascarado se movió por el pasillo, buscando un breve descanso que le permitiera asimilar la inmersión en su nuevo lenguaje.