La naturaleza del cambio
Aun cuando el sensor de temperatura exterior indica 12°C y el termostato del carro está en el centro (indicando un buen funcionamiento), la sensación que se percibe dentro de este es, de todas formas, mucho menor. Los vidrios empañados, el aire acondicionado encendido, los espaldares un poco recostados; las plumillas, llenas de polvo, mugre y polución; el tráfico, que avanza lentamente; conductores estresados y fastidiados, cansados, con sueño, con ansias de una buena bebida caliente en la comodidad de sus casas; y algo de música que los mantenga medianamente entretenidos aguardan el añorado descanso. El aburrimiento y la imaginación crecen de igual manera como lo hace la intensidad de la lluvia.
Las gotas que se aferran a las ventanas del automóvil… gotas que, pocos las miran con el detenimiento que ese joven hizo el pasado miércoles en la tarde de regreso a su casa. Su mirada, aparentemente aburrida y pensativa, veía más allá. Su mirada vivazmente fría, nostálgica e imaginativa discierne la vida. Su mirada separa de su realidad el proceso de cambio que cursan las gotas de agua. Y, aunque no sea la primera vez que esta mirada se presenta en sus ojos, esta es una nueva historia por contar.
Miguel, sale de la fiesta (con sus tragos) acompañado de una amiga que en un corto plazo será su pareja sexual. Esta, con inocencia, desea convertir la relación en algo formal y emocional, se dispone a preguntarle sobre su pasado mientras disfrutan de un cigarrillo compartido. Conforme Miguel relata su pasado, los recuerdos y problemas se van apilando. Por momentos, los tonos sarcásticos y de gracia se mezclan entre la incomodidad y el llamado de ayuda emocional que tanto requiere. Su inteligencia y depresión se han ido tornando como una maldición para su incierto futuro, se han vuelto un dúo inseparable. Sin duda alguna, se encuentra en un rumbo sin orientación, un rumbo mediado por los placeres que sigue siendo incierto. Una calidad de ser humano, un talento, desperdiciado. Su amiga, se hace a la idea de esto mucho tiempo después. Esa noche, ejercieron su derecho a la libido.
Paula, mientras se engulle con tristeza y solitud el tarro de helado, trata de encontrar la respuesta a: ¿por qué su amado finiquitó la relación? Por primera vez, y sin silenciar a esa voz interna que se preocupa por ella, se vio a sí misma con la máscara que diariamente exhibe. Comprendió que la gente no la conoce, conocen a @paulizz_priv. Recordó el divorcio de sus padres, el trauma más profundo, lo que la enfurece y dobla un poco su cuchara. Al iniciar un nuevo bote de helado, piensa en lo miedosa e indecisa que es, cavila por horas. El helado se derrite y su mente se cansa. Coloca un poco de música y continúa con su soledad. Finalmente duerme, con la intención de encontrar paz, así sea por unos minutos.
Julián, en un plan de bolos, les cuenta a sus amigos el chisme de sus fallidos amores del pasado. Se ayudan entre sí, se ríen y comparten. Una tarde idónea y balanceada. Horas más tarde, sus ojos se cansan de llorar, sus audífonos se descargan y la noche llega a su fin. Al día siguiente va a un show de comedia, disfruta como nunca pensó que disfrutaría la comedia vulgar y paisa propia del comediante. Al salir se va acompañado con unos amigos que conoció horas antes a un café; comparten, ríen, cuentan chisme y se repite el ciclo nocturno. Una serie de problemas lo llevó al psicólogo, su inestabilidad emocional ya no era más un «de vez en cuando». Ciertamente su vida cambió, pues empezó a realizar muchas más actividades de las que ya hacía antes: deporte, fiesta, estudio, videojuegos, conciertos, almuerzos, cenas, viajes, excursiones, conferencias. Sus días eran más que movidos o ajetreados y «ya no había tiempo para llorar». Resultó siendo exitoso, en la universidad, en su trabajo, le fue muy bien. La distracción lo salvó, pero ¿en algún punto habrá resuelto su volatilidad emocional?
Karen, mientras empaca su maleta, se lamenta que el paseo terminó. Fue un gran viaje con sus amigos por la costa colombiana, la diversión no faltó en lo absoluto. Era momento de volver a su puesto como “figura pública” del colegio, es decir, como personera. Volvió a su rutina con normalidad, rutina que ella misma desarrollo con ayuda de amigos y de sus padres. Esta rutina asegura un control de su vida, de su alrededor, a pesar de las dificultades y los problemas de salud de su preadolescencia. Sin embargo, una nueva posible crisis se vislumbra en su futuro próximo: ¿qué hacer? Los tiempos los tenía que manejar a la perfección, todo tenía que salir como estaba planeado. ¿Es acaso posible que esto lo dificultará? — Sin duda — se dijo a sí misma Karen, quien empezaba a cuestionar su orientación sexual. Sus amigos le decían que era normal, pero ella se distanciaba de esa discusión, pues «no tengo tiempo para pensar en amor». Tal vez sí tenía tiempo, tal vez no, pero sus buenas relaciones la mantuvieron en pie y pasó un gran último año escolar. El mundo adulto y profesional la esperaban con ansias.
José, desde pequeño, demostraba gran interés en los saberes, la política y la ética. Conforme se fue enriqueciendo de conocimiento, la cruda realidad se le hizo más difícil de soportar. Su etapa de adolescencia se vio teñida de matices rebeldes, pesimistas y amargos. La inteligencia, sus demonios y la falta de carácter lo llevo a problemas personales. Quiere un cambio, pero incluso hoy, no sabe cómo, se reprime estos sentimientos (o por lo menos los ignora) y se guarda todo. No es positivo, pues ya se enfermó de esta en el pasado, pero al menos intenta mantenerse con fuerza. Su vida como adulto se dedicó a la ayuda de los demás, y, sobre todo, a los movimientos sociales. De cierta manera buscó la respuesta en ayudar a los demás, a la sociedad.
Manuel, apunta muy alto, quiere estudiar Administración de Empresas en Europa y desarrollar aún más el amor que le tiene a la música. «¿Qué mejor lugar, no es cierto?», se le oyó decir repetidas veces a sus familiares. Pero se enfoca en el ahora, ya que tiene que aprovechar el regalo de su presente, la larga relación que tiene con su novia, su buen desempeño en los deportes, su vida social y su sentimentalismo. Para algunos, tiene una vida perfecta. Y sí, eso cree él. No tiene miedo al futuro, ni al éxito, solo espera ser lo más responsable y constante como sus padres le han enseñado, tiene grandes expectativas.
Sara, hoy una famosa artista y actriz, sufrió y llegó a sus puntos más bajos en su adolescencia; problemas familiares, personales y económicos la quisieron retener. No lo lograron, su vida estuvo llena de éxitos y desde finales de su educación media la prosperidad estaba por los cielos. Sin embargo, se guarda muchas cosas para sí misma, y es difícil pedir ayuda con tantos focos mirándola, tantas amistades desde joven la han agobiado y enfermado de amabilidad y sentimientos. No es excesivamente fría, tiene sentimientos, solo que pocos los expresa de manera adecuada.
El tráfico empezó a avanzar con mayor frecuencia, las gotas se terminaban de escurrir por el vidrio del carro. Finalmente, el padre del joven parqueó, se bajaron y disfrutaron de un chocolate caliente. Las ventanas, por su lado, vivieron en los ojos ingeniosos del joven estas historias: unas gotas de lluvia que llegaban a un ambiente desconocido, el movimiento del carro que poco a poco las movió de un lado hacia otro hasta que se juntaban con más y más gotas; este peso generado hacia todo más grande, más difícil para que las gotas se mantengan en el vidrio. Unas gotas se acumulaban de peso y sucumbían a la gravedad de sus cortas vidas, otras fluían como pez en corriente de agua, otras avanzaban sin darse cuenta. Las gotas, vivieron aventuras, desacuerdos, tristezas y demás, sin embargo, todas vivieron el trayecto en el vidrio de manera diferente. El paradero de estas, al ojo humano, es claramente desconocido, pero para el ojo del joven intrépido, la conclusión individual de las siete gotas a las que prestó especial atención fue un poco más clara. Esa noche el joven no pudo parar de pensar. «Si todas estas personas acabaron sus vidas de igual manera, ¿por qué unos vivieron mejor que otros? Acaso, ¿algunos supieron vivir mejor? ¿Existen caminos alternativos? ¿Cuál es el correcto?», fue la mejor conclusión que cavilo esa noche.
Los cambios, vidas y trayectos de las gotas, no son simbólicos. Enrealidad son naturales, pues viven en un mismo espacio, son únicas y asociables a nuestras vidas. Puede que vivan diferente, puede que no existan, puede que todo sea una simulación, puede que el joven tenga varios problemas que solucionar… todo puede pasar… pero aun así sería natural. La naturaleza del cambio es abrumadora, es confusa y a ciencia cierta, no se puede comprender en su totalidad. Es por eso por lo que no hay límites a nuestro conocimiento y creación. Las gotas de lluvia son tan pequeñas e insignificantes a nuestras vidas como nosotros lo somos al universo. Pero, siempre nos sirve un poco de orgullo y darnos valor como dioses o como hijos de dios. ¿Para qué? Nunca lo sabremos, continuaremos en las ventanas de los carros aferrándonos a una superficie llena de complejidades, resistiendo los movimientos del carro, sujetando o lidiando con las demás gotas y enfrentando el cruel viento congelado; avanzaremos, sin saber a dónde, en unión y acompañaremos al joven que nos observa con dedicación y frialdad.