Capítulo 1
Si alguien me hubiera dicho que Edison Cañedo estaba llorando en la puerta de mi casa, me habría reído hasta dolerme la panza. No es mi amigo, no desde niños. Su lengua venenosa alejó a los pocos que aún lo toleraban.
Pero cuando abrí la puerta para tomar mi habitual Whisky Jack Daniel’s lejos de casa, no esperaba encontrar esta escena absurda en plena noche fría de julio.
─ ¿Edison? ¿Pero qué mierda?
─ Kenneth rompió conmigo.
Me interrumpió, aún con su teléfono pegado a su oreja.
Esto es el remate de un chiste malo, ¿Dónde quedó el chico arrogante que cuida su imagen? Con ganas de tomarle una foto y colgarla por toda la preparatoria.
Su corte de cabello mid-fade revuelto, mejillas rojas —por el frio o por las horas de estar llorando, puede ser ambas cosas— y esos ojos, con su heterocromía parcial.
¡Cómo envidio esa particularidad en él! Verlo tan distinto a su arrogancia, me hizo sentir cohibido.
Perdido en mis pensamientos, no noté cuando Edison me envolvió en un abrazo.
─ Nadie me entiende, me hacen sentir una persona horrible…
Intenté zafarme de aquel abrazo incómodo.
─ Oye Edison, ¿Qué hay de tu mama? ¿No sería mejor decírselo a ella?
Pero solo escuché un gemido ahogado en mi hombro.
─ Ella solo me criticará.
Mis manos arden, como si devolverle el abrazo me fuera a quemar —digo, es el novio... ¿Ahora ex? de mi mejor amigo— pero, ¿Quién puede negarle consuelo a alguien que tiembla como un pájaro herido? Aún cuando la persona que me abraza no lo merezca, no había vuelta atrás cuando le devolví el abrazo.
El whisky podrá esperar otra noche.
La fría brisa en mi cara me hizo consciente del lugar, me alejé para dejarlo pasar, anhelando sentir el calor del abrazo nuevamente. Lo vi secarse con el dorso de la mano su mejillas y depositar su teléfono en el bolsillo de su chaqueta de mezclilla.
Subimos escaleras arriba para estar cómodos en la habitación sin interrupciones. El pensar que estaríamos solos en mi habitación, me hizo estremecer.
Sé que Edison finge prestar atención a mi pequeña colección de vinilos, sin que ninguno de los dos hablara, la habitación quedó en silencio.
Carraspeé con la garganta para obtener su atención, quien solo se mantenía de espaldas.
─ Mis padres y mi hermana llegaran tarde, están de asistentes en las clases de catecismo, ¿Quieres que te sirva algo de beber?
─ Vaya, ya era hora que la perra de tu hermana se…
Edison se giró con una sonrisa, le dí una mirada de advertencia, pero solo se encogió de hombros.
─ Dudo que tengas ese tipo de café.
Murmuró entre dientes.
─ ¿Vas a querer algo o no?
Puso su dedo índice en su boca mientras me miraba, pude ver una sonrisa cuando lo oí contestar —conozco esa jodida sonrisa—.
─ Sírveme en la taza más fina café Kona.
─ Me refería a un poco de agua o algún jugo que tenga en el refrigerador.
─ Mejor nada Mashwell.
─ Te traeré un poco de jugo.
Con mi mano en el pomo de la puerta, lo oí hablar.
─ No se te olvide añadir un par de croissants.
─ ¿Crees que aquí es un restaurante para darme ordenes?
─ Tu casa ni a restaurante elegante llega.
─ Hace un momento estabas llorando y ahora me das órdenes.
─ ¿No te diste cuenta del frio que hace? Mi chaqueta no me calentaba del todo. Era la única manera en que me dejaras entrar.
─ Estúpido, debí dejarte afuera.
Murmuré.
Sin esperar más, fui a la cocina, sacando del gabinete una bolsa de Sabritas a medio comer.
─ Jódete Edison.
Mientras servía un poco de jugo, apreté el vaso con fuerza.
» ¿Por qué diablos no se me ocurrió quedarnos en la sala? «
De regreso a la habitación, lo escuché gritar por teléfono.
— Que te jodan a ti, a tu estúpido poodle y a tu contestador Kenneth, ¡Vete a la mierda!
Dudé un segundo en entrar y sin notarlo mi pie izquierdo ya había empujado la puerta. Edison guardó el teléfono con una mueca y le tendí el vaso.
Decidí ignorar los insultos que salían de su boca mientras se acomodaba en mi cama. Me dejé caer en la silla giratoria con una fritura en la boca.
No quiero insistir en el tema, pero solo mira el vaso como si este tuviera la culpa de su enojo.
─ Tu casa es una pocilga, me traes este jugo insípido y te pedí café Kona.
Deja el vaso en mi mesa de noche, se recuesta y hace una mueca que me resulta graciosa, trato de tapar la risa que sale de mí.
Lo ví bajar la cabeza y reír bajo, nunca se había visto así. Poco a poco aquella tensión que se sentía desapareció y empezamos a conversar, como dos grandes amigos.
Claro, excepto que no somos amigos y lo más importante: ¿Qué pasó con Kenneth y él?
Conversar con Edison se me hizo tan agradable que por un momento olvidé el motivo por el cual estaba en mi habitación. Un golpe fuerte se escuchó al otro lado de mi puerta.
Posé mi mirada al despertador y noté que era muy tarde.
« 2:03 a.m. »
Logré visualizar.
Bajando las escaleras, escuché el sonido de trastes siendo lavados con un tatarateo de parte de mi mamá. Mientras mi papá estaba tirado borracho en la sala con su traje a medio quitar. Antes de salir, el sonido del lavabo se detuvo. Tragué saliva y salí a despedirme.
─ Mashwell, tu papá y tu cuarto son un asco.
─ Me arrepiento de dejarte entrar.
Quise sonar molesto, pero la risa me traicionó. Yo sé que papá es un asco en todo sentido.
─ Dejemos esta "visita" solo entre nosotros.
─ ¿Y perder mi oportunidad de humillarte en público? Tentador.
─ Vete a la mierda, Mashwell. Sé un buen chico y obedéceme.
Me lanzó una de sus típicas sonrisas —"coquetas" —. Aparté la vista sin saber el porqué.
El motor rugió y me hice a un lado solo para verlo alejarse. De vuelta en casa, mi mamá estaba con mi cesto de ropa, como una guardiana al pie de las escaleras.
─ ¿Que hacía el hijo de Lucía Cañedo en mi casa y en TÚ cuarto?
─ Solo conversábamos.
─ No quiero que vuelva a entrar a esta casa.
─ No te importaba eso cuando éramos niños.
─ Es gay, Alexander, esa gente trae problemas y enfermedades contagiosas.
─ ¿No dice Mateo 22:39: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo"?
Pude ver cómo sus orejas se volvían rojas —del coraje o de vergüenza— y se acercó con furia ante mi.
─ Vives en mi casa y respetas lo que digo. Date un baño y duermete en el sótano mientras lavo todas tus cosas.
Sus palabras me enojaron, subí de golpe, procurando no azotar la puerta ya que el castigo sería peor. A regañadientes, me bañé y buscando ropa nueva un dulce aroma inundó mi nariz.
« Edison »
El recuerdo de él en mi cama, como cuando éramos niños, me hizo sonreír. Pero sentí que algo dentro de mi, se movía por todo mi cuerpo.
» ¿En qué mierda estoy pensando? «
»¿Por qué lo dejé entrar? «
» Por su culpa me regañaron «
» Si Kenneth se entera que Edison estuvo en mi casa, ¿Me tachará de mal amigo por no decirle? «
— Pero... Kenneth no me ha dicho nada sobre la ruptura, ¿Será que prefiere no hablar de ello o no me considera lo suficiente como amigo para decirme sus problemas?
Digo inconsciente, sin notar que apretaba la ropa.