La niña que nunca pudo volar

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Summary

Esta es la historia de Aenara. Una chica que creció en una casa donde nadie gritaba, pero todo dolía. Donde su madre usaba palabras como cuchillos, su hermana repetía la misma violencia… y su padre estaba, pero no del todo. Aenara no quería llamar la atención. Solo quería ser ella. Pero cada vez que mostraba un poco de color, se lo quitaban. Cada vez que intentaba brillar, alguien apagaba la luz. Al final, dejó de hablar. Dejó de sentir. Y un día, también se fue. No es una historia sobre huir. Es sobre todo lo que uno aguanta antes de irse. Sobre el silencio, el dolor que no se dice, y lo que pasa cuando crecer se vuelve sobrevivir.

Genre
Drama
Author
Musa Oshin
Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
16+

A veces no es que no puedas volar… es que te enseñaron a tener miedo de tus alas.

Aenara nació con un corazón lleno de luz...en una casa donde todo brillaba, menos el amor.

Era la tercera de cuatro hermanos. Y muy pronto entendió que hablar de lo que sentía...era como gritar al viento con la boca cerrada.

Su madre no levantaba la voz. La usaba como cuchillo.

Humillaba. Comparaba. Juzgaba sin mirar.

—“No seas débil.”—“Así nadie te va a querer.”—“No llores. Ridícula.”

Y Aenara aprendió a sonreír...cuando lo único que quería era desaparecer.

Su hermana mayor era su madre con los puños cerrados. El día que Aenara se pintó las uñas ,la golpeó tan fuerte que por primera vez vio luces en plena oscuridad.

Su madre no la abrazó. Solo dijo:—“Algo habrás hecho. ”Y los demás...se rieron.

Desde entonces, cada color era una amenaza. Si usaba rosa, la llamaban tonta. Si se vestía alegre, era “la rara”. Si se mostraba feliz... la castigaban.

Empezó a esconderse. Primero la ropa. Después la voz.

Su padre venía los fines de semana. No decía mucho. Pero cuando la miraba... ella se sentía un poco menos invisible.

El problema era que nunca se quedaba. Y A odiaba los domingos, porque con él se iba la única persona que no la rompía.

Las bromas dolían más que los golpes.

—“Pareces una florería podrida.”— “Nadie te va a tomar en serio.”—“¿Quién te va a amar si eres así?”

Aenara dejó el color. Después, la ropa que amaba. Y un día, también dejó de hablar.

Hasta que un día se cansó. De todo. De todos. De ella.

Se vistió de negro. Se escondió debajo de una gorra. Se hizo amiga de la oscuridad. Aprendió a ser seca, dura, invisible.

Porque ser ella dolía demasiado.

Quiso amar. Nadie la vio. Quiso encajar. La rechazaron. Quiso brillar. Le apagaron la voz.

Quiso amar. Nadie la vio. Quiso encajar. La rechazaron. Quiso brillar. Le apagaron la voz.

Una noche se miró al espejo. No se reconoció.

—¿Quién soy? —se preguntó. El silencio fue lo único que respondió. Y luego... las lágrimas. Lentas. Frías. Incontenibles.

No gritó. No rompió nada. Solo se acostó... deseando no despertar.

Al día siguiente se fue. Con poco en la mochila. Con todo el dolor a cuestas.

Su madre no dijo nada. Su hermana no preguntó. Su padre... ni se enteró.

Y eso fue lo que más dolió: que nadie dijera “Quédate”.

El cuarto era frío. Las paredes vacías. La cama dura. Y el silencio... ensordecedor.

Pero por primera vez...nadie la juzgaba. Nadie la insultaba. Solo ella. Y su tristeza.

Quiso gritar. Pero no salía la voz.

Quiso escribir. Pero no tenía palabras.

Quiso llorar...pero el cuerpo ya no podía.

Solo había rabia. Miedo. Y un dolor que no sabía cómo nombrar.

Todos creían que era fuerte. La rebelde. La que se fue por capricho.

Pero nadie sabía que cada noche... se abrazaba sola para no romperse del todo.

Aenara soñaba con volar. Pero no tenía alas.

O quizás sí... y se las arrancaron. O peor aún: se las arrancó ella misma para no parecer débil, para que nadie la tocara, para no sentir nunca más.

Ahora solo le queda un hilo. Un respiro. Una frase en su cuaderno:

“Si un día me ves sonriendo otra vez... no fue magia. Fue batalla.”



🪞Reflexión final corta:

A veces no es el mundo el que te apaga.

Son las personas más cercanas, las que deberían cuidarte, las que aprietan el interruptor.

Pero aunque el alma tiemble y el cuerpo se esconda…

si sigues aquí, incluso con las alas rotas,

eso también es resistencia.